Sunday, February 22, 2026

COMO UN ECO DEL FUTURO


ÍNDICE

-A la tristeza
-A esta flor
-A mi madre y a mi hija
-Allá lejos y hace tiempo
-Antídoto al rencor
-Busco y no
-Cabalgata
-Como en los cuentos
-Como un eco del futuro
-Cosas que no diré a mi hijo
-De aquel tórrido romance
-Declaración de principios
-Del mismo modo
-Desarraigo
-Dixit
-Dos soledades
-El bosque de Targoviste
-El camino
-El hambre del corazón
-En el circo
-Error de redundancia
-Gato negro
-Iconoclastas del siglo XXI
-La costumbre de callar
-La mañana que partiste
-Leaving Havana
-Los besos que no has brindado
-Lo imponderable
-Lo que me dijo un loco
-Mi sed
-Noche del día de los inocentes
-Oficio
-Personas
-Piedra en el agua
-Poema a una mujer de olvidado nombre
-Rolling over Bukowski
-Si es que hay mañana
-Soneto del deseo sereno
-Soneto para una flor
-Tablas
-Tal vez
-Tiempos
-Todo, nada y a la vez
-Todavía
-Tóxico
-Tu ausencia y yo
-Uno llega casi a olvidarse
-16 años
-Vi
-La urgencia de una frontera



A LA TRISTEZA


A la tristeza,

déjala estar.


Sigue ocupado en tus deberes.

Coexiste.


Ella habita tu espacio

y tú habitas el suyo.


No te incomodes por su presencia,

déjala estar.


Se volverá a marchar

del mismo modo

que ha venido,

sin pedirte permiso.


A ESTA FLOR


¿Será que te vuelvo a ver

o no nos vemos más nunca?

¿Será tan fugaz y trunca

toda esa magia de ayer?

¿Será su alquimia, mujer,

un eco gris del pasado?

El día menos pensado

¿te encontraré sin buscarte?

¿O acaso debo olvidarte

como un sueño desechado?


¿Será que el tiempo de amar

es tiempo breve y contado?

¿Será que muere apagado,

cual ola en el vasto mar?

¿Será su precio (el de hallar)

languidecer de añoranza?

¿Será su triste enseñanza

tu desvanecido rastro?

¿Será el capricho de un astro

quien me priva de esperanza?


¿Será, de tanto no verte,

que de pronto me acostumbro?

¿Será el día que vislumbro

anticipo de la muerte?

¿Será que, de no tenerte,

tu imagen se borra entera?

¿Por qué dio la primavera

a esta flor vida tan corta?

¿Por qué es que tu gracia aborta

travestida de quimera?


A MI MADRE Y A MI HIJA


(Sobre un verso de Sor Juana Inés de la Cruz.)


Como un libro que hojeo y desempolvo,

son tus letras las frases que me pierdo

o que leo de un tú que ya es recuerdo:

es cadáver, es sombra, es nada, es polvo.


Donde estás sin estar, y donde asombra

tu presencia que siéntese en el viento,

aquel tú que no dio consentimiento:

es cadáver, es polvo, es nada, es sombra.


Sé que vives, bien sé yo que la muerte

no es del todo verdad, que tu mirada

es la misma de quien no alcanzó a verte.


Son tus ojos los suyos, deslumbrada.

Esa tumba que dice contenerte:

es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.


ALLÁ LEJOS Y HACE TIEMPO


Allá lejos y hace tiempo

yo creía en la verdad,

y aunque era impropio a mi edad

busqué el saber a destiempo,

amar era un pasatiempo

y el mar, mi mejor amigo.

Fui mal actor y aun lo sigo

siendo, si esa es la pregunta;

junto a mi infancia difunta

dejé el calor de su abrigo.


Supongo estará conmigo

algo de aquello que yo era,

pero es de la primavera

el otoño un mal testigo.

Con el presente litigo,

mi temor de los espejos;

voyme al país de los viejos,

de ese que no se regresa;

se va una vida que empieza

hace tiempo y allá lejos.


ANTÍDOTO AL RENCOR


El rencor es una planta

que necesita cuidado,

siembro en terreno abonado

y tal prospecto me espanta.

Vi tu mueca de percanta,

y te odié profundamente;

te vi fingir insolente

que mi presencia ignorabas

o que ni cuenta te dabas,

cercada por tanta gente.


Terco soy. Es evidente

o así lo empiezo a entender

que reprocharte, mujer,

argucia es cruel de mi mente.

Al corazón incongruente

la estulticia de sufrir

recrimino; su insistir

como si algo te debiera

de gratitud, y aún pudiera

hacerte un sitio al vivir.


Mejor dejarte morir

para sonreír al verte,

¿cuánto más puedo perderte

si ya te he visto partir?

Debo educarme el sentir

y a esta planta malnacida

que pugna por tener vida,

cortar su raíz de cuajo

mandando para el carajo

tu silueta tan querida.


BUSCO Y NO


Te busco, no lo confieso

ni a mí mismo, pero busco

señales tuyas; traduzco

tu huella amada y tropiezo,

deliro el rastro de un beso,

sueño soy, tu alma conquisto.

Soy lobo hambriento y existo

solo en virtud del deseo;

huelo tu sangre, olfateo,

busco y no, soy terco, insisto.


Te busco, tengo la prueba

de que he mirado tus ojos;

llámanme tus labios rojos,

haga sol, escampe o llueva.

Sigo tu pista, la nueva,

donde me llevan tus pasos.

Recupero los pedazos,

la ilusión que se repuebla;

busco, me adentro en la niebla,

trazo en el aire tus trazos.


Te busco, sigo constante

un camino que me invento;

en cada atajo presiento

que estará tu boca amante.

Busco de ti nuevo instante

y la esperanza revisto;

olor, colores, persisto,

hállote en una madeja,

hilo cruel de amor y queja:

busco y no, soy terco, insisto.


CABALGATA


Deja caer al suelo tus bragas y el vestido,

y que el deseo fluya como la lava ardiente,

aliento de conjuro que confirma y desmiente

ese instante perpetuo que nos fue concedido.


Así te habrá soñado mi piel, mientras deshiela

al roce voluptuoso de tus convexidades,

como el repique sordo de las profundidades,

badajo enfebrecido de un tajo que se anhela.


Encájate a mi cuerpo, que mi carne se apresta

para ser por la tuya, con gusto, devorada;

la ofrezco ante tus fauces, desnudada y enhiesta.


Sostente de mis manos en la noche estrellada.

Yo te seré sedienta montura para el vuelo;

desandaremos juntos el camino hasta el cielo.


COMO EN LOS CUENTOS


Hijos míos,

quisiera decirles

que el bien y el amor

van a triunfar

como en los cuentos,

pero no consta

y ni siquiera depende

completamente de nosotros.


Lo que sí les diría

es que no olviden

que debemos vivir con esa idea:

que ese bien y ese amor

merecen su lugar en nuestros corazones.


Que prevalezcan allí

como en los cuentos,

y hacer de ese modo

nuestra parte,

nuestra pequeña parte,

la que dependa de nosotros,

porque así sea.


COMO UN ECO DEL FUTURO


Como un eco del futuro

o de un lejano pasado,

temo que ya he visitado

el sol en su lado oscuro;

me embriagó su aroma impuro

hasta llenar mis pulmones,

contaminó mis visiones

con su olor fétido e inmundo.

Vengo de un sitio profundo,

desprovisto de ilusiones.


Yo estuve con las legiones

que destruyeron Cartago;

tengo un recuerdo algo vago

de tener como anfitriones

a reyes de mil naciones,

a constructores de imperios.

Soy flor de los cementerios

donde a los hombres se hermana

cuando el gusano se ufana

develando sus misterios.


Yo he estado en los improperios

que acompañan las revueltas,

en las naciones disueltas

y en todos los cautiverios;

he ejercido magisterios,

me han aclamado en el podio,

he sido ingrato custodio

disfrazado de quimeras.

Me llaman de mil maneras,

pero mi nombre es el odio.


COSAS QUE NO DIRÉ A MI HIJO


Del mismo modo que tú

lo creerás en el futuro,

también yo creí

que el amor podía vencerlo todo,


pero me hicieron comprender

que estaba equivocado,

y fue un trago bien amargo,

aunque no llegó a matarme.


Debí recomponerme la sonrisa,

debí reinventarme las razones

y debí comprender

que solo ustedes, los dos,

me extrañarían,


y no tuve más opción

que llenarme de coraje,

perdonar

y perdonarme


para seguir viviendo.


DE AQUEL TÓRRIDO ROMANCE


Creo a veces no pasó,

de tanto tiempo pasado,

quizá yo lo haya soñado

o mi mente lo inventó.

Solo sé que nos juntó

(paradojas del invierno)

el instante casi eterno

de aquel tórrido romance;

fue tu adiós absurdo trance

luego del beso más tierno.


Bien sé del disfraz fraterno

que es una burda ilusión,

que arropa a la sinrazón

todo anhelo sempiterno.

Idilio tornado infierno

son tus pétalos de espinas.

Tú no sabes, no imaginas

cuánto pude yo quererte;

de ti le hablaré a la muerte

si me hallare en sus neblinas.


En las horas peregrinas

que los días van labrando,

me voy en ti reencontrando

sin espacio para inquinas.

Es así que te avecinas,

amor terco, amor demente.

Sé que es poco convincente

decir que yo te recuerdo

cuando no gano ni pierdo

ni te busco entre la gente.


Verso que brotas urgente

cuando ya no es necesario,

recibiendo tu salario

de una pena impenitente.

Voz de ayer en mi presente,

pasado que no pasó.

De restarte quedo yo

insepultando el amar:

mal puede cicatrizar

la herida que no cerró.


DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS


Y sí,

por escrito lo confieso,

me erotiza mucho más

(pero muchísimo más)

ver tu blúmer colgando,

cara al sol,

mudo testigo de humedades,

detonante perverso

de innombrables fantasías,

puesto a secar con sus huequitos

consabidos,

casi, casi imperceptibles,

diminutos,

indiscretos,

provocados por el uso de tus días

y tus noches,

por el tiempo

y sucesivos restriegues de rigor

en una gris lavadora

rusa y más que rusa,

soviética,

por no decir antediluviana.


No me creerías, amor.

Lo sé, lo acepto, entiendo.


Seguramente pensarás

que ya deliro,

que me falta algún tornillo, tal vez dos,

que aún no he visto esa hermosa lencería

con finísimo encaje,

esa muestra tan perfecta de seducción

erectógena


adquirida por ti en algún descuento

de tu boutique favorita

y que guardas tan celosamente

para ocasiones especiales,

para aquel afortunado al que permitas

habitar de polizón en alguna de tus

noches.


Soy de la vieja escuela.

Quizá deba decir retrosexual

para poder entendernos,

ya que la fiebre de la taxonomía

está de vuelta en ese espacio

intaxonomizable del deseo.


Soy anterior a la industria

del pornomegapixel,

no me cuido las uñas,

y me importa un comino

lo que se pueda estar llevando

este verano.


Dentro de este humilde cuarto

sólo se estila la carne

violentamente desnuda.


Desvístete,

tengo hambre.


DEL MISMO MODO


Me imagino

que de ese mismo modo

en que aprendieron los judíos

a vivir con la triste,

la dolorosa consciencia

de que el templo

ya no existía,


me imagino

que también,

del mismo modo,

aprendí a vivir

yo sin ti.


DESARRAIGO


Si fuera tan sencillo

como decir

es éste mi lugar

o aquel del que me fui

la emigración seria un fenómeno más simple.

Vas a empezar

–te dicen–

una nueva vida

y cuando no lo has hecho

te parece tan lógico

como cambiar de piel.

Entre la isla que arrastro

y el país de los hijos que no tengo

existe el mar,

terreno donde habitan

sin paz ni sepultura

los tantos desdichados

que no tocaron tierra firme.

Yo tengo lo que ellos no alcanzaron.

América me dejó entrar,

y finalmente,

ya comienzo a ser parte de ella.

Debo sentirme dichoso

lo cual, ya de por sí,

es un peso bien grande.

Soy,

un granito más de diáspora

diluida en la nostalgia

de un país al que tampoco ya podría devolverme.

Voy

dejando de ser

cubano por los cuatro

costados.

Uno de mis costados

ya es de aquí

o al menos

ya no es tan de allá.

Limpiando el culo a mi sobrino

pude oír su tierna voz

diciendo thank you

y entonces aprendí

eso que llaman segunda

generación de inmigrantes.

Entiendo a los suicidas en el metro.

Sin embargo, allá en Cuba nadie podría entender

¿cómo es posible suicidarse con la barriga llena?

Escucho a los turistas que regresan felices.

yo también sería feliz pudiendo estar allá

cada vez que quisiese y con dinero.

¿cómo es posible querer escapar del paraíso?

Sí, yo conozco las respuestas

pero no quiero deprimirme.

Tengo que ir al trabajo

y sonreír como se espera.

Aceptémoslo

si bien no tengo grandes ambiciones

tengo al menos

instinto de auto conservación.

Tan lejos de Cuba,

tan lejos de la Habana,

tan lejos de mi casa

me pregunto si es que aún mi casa existe

mientras pago la renta

por el cuarto que habito.

Montréal es un buen sitio bajo el sol

pero nadie va a extrañarme

si algún día me ausento.

Es eso lo que llaman desarraigo.


DIXIT


Nos quedamos en silencio,

aún desnudos,

o quizá a medio vestir,

eso no puedo precisarlo,

pero sí la recuerdo:

la luz en nuestra alcoba.


Y sí recuerdo que entonces,

con una voz muy baja,

como transfigurada en alguien diferente

pero igual,

por obra y gracia de la alquimia del amor,

o quizá volviendo a ser

esa muchacha

de quien yo me enamorase

tan locamente,

despojada, por su propia voluntad,

de toda máscara,

triunfando

por unos breves instantes

en su lucha por ser alguien mejor,

y como hablando para sí

a pesar de estar yo

en ese lugar

de aquel a quien se le habla,

en ese estado mental

del que descubre

la mayor obviedad,

de quien se asombra

por algo tan supremamente simple

como que dos y dos son cuatro,

díjome exactamente estas palabras:

«Tú sí me quieres de verdad».


DOS SOLEDADES


Dos soledades se besan,

sin siquiera acompañarse,

justo el tiempo para darse

mezquinamente sopesan,

acábanse donde empiezan

sin pretensión de infinito,

sinsentido que es gratuito

más allá del breve abrazo,

desdibujándose el trazo

de un sentimiento proscrito.


Dos soledades, repito,

desnudando la tristeza

por ser no acabada pieza

o el mecanismo de un grito,

por no saciar su apetito

con tantálica agonía,

su mal querer, vesanía

de una promesa en la arena,

dos mitades y una pena

con su otoñal sinfonía.


No tengo donde tenía

yo el aliento para darte,

ni tú puedes entregarte

con la pasión tan vacía.

Sucede la noche al día,

mueren y nacen las olas,

dos soledades tan solas

como solo pueden serlo,

miocardio que, de tenerlo,

yacería en las vitrolas.


Serpientes que por sus colas

muerden un aro infinito,

pago estéril y maldito

de esa afección que enarbolas,

tú vacilas, protocolas,

y del miedo haces virtud,

decrépita juventud

que en los ojos ya no se halla,

paradoja donde le haya,

dos soledades, yo y tú.


El BOSQUE DE TÂRGOVIȘTE, 1462


En Valaquia hubo un voivoda

llamado el empalador

que a los turcos la mejor

medicina brindó toda.

Los ensartaba a la moda

porque mejor lo pensasen

y a su tierra así tornasen

en vez de asolar la ajena.

Los otomanos, ¡que pena

que como el kebab quedasen!


No fue que los invitasen

cuando invadieran Europa,

con su avasallante tropa

no hubo lugar que no hollasen

pero siempre a quienes hacen

del terror una herramienta

otro les pasa la cuenta

y tal fue Vlad, el valaco

que les cobró por el saco

impuesto por tanta afrenta.


Según la historia comenta

cuando el sultán observó

aquel bosque algo le dió

de escena tan truculenta.

No pudiendo sacar cuenta

de los suyos empalados

dijo: "Vamos, apurados

regresemos a Turquía

que aquí falta cortesía

o son muy poco educados".


Y así fue que desolados

emprendieron el regreso;

al menos el culo ileso,

por el miedo derrotados.

Fueron envalentonados

mas volvieron compungidos;

del intestino ateridos

por un mal presentimiento,

soñando con el momento

de despertar, si dormidos.


De aquellos troncos prendidos

quedáronse veinte mil,

y así supo el turco vil

que en esos lares perdidos

serían siempre acogidos

con terca hospitalidad,

que no habría mezquindad

ni regateo en la guerra,

que en esa enemiga tierra

mejor no esperar piedad.


EL CAMINO


Entreverado el camino

de piedras y algunas penas,

vengo de lejos, muy lejos,

tráigome el alma sedienta.


Sé del dolor y la muerte

y otras cosas que aprendiera

no siempre de lo agradable,

pero también cosas buenas,

como el calor del amigo

o aquel amor que se entrega

entre dos seres humanos,

sé de lazos que se quedan.

Poco o mucho habré aprendido:

la vida fue mi maestra.

Me enseñó de poco a poco

y yo aprendí de su escuela

lo mejor que le he podido,

en horas que ya son muertas,

porque es el paso del tiempo

quien va cerrando la cuerda

que habrá de apretar su lazo

al llegar tu hora postrera.


Tengo casi el doble de años

que tuve cuando partiera

de aquel país donde el sol

me alumbró por vez primera.

Le dije adiós al partir,

pero no pensé que fuera

un viaje aquel de ida solo,

pues sabe bien quien regresa

que la vuelta no es posible

cuando abandonas tu tierra;

que hay como un algo perdido

de conexión que te aqueja,

algo que quiebra tu sangre

y que será tu condena;

una distancia que crece

cuando eres tú el que está afuera,

engañando a una memoria

que se llena de goteras,

como el techo de una casa

que un ciclón nos destruyera.


Dejé mi casa, mis libros,

y hoy solo tumbas me esperan

de algunos seres queridos

que dejé en aquella tierra;

algunos buenos amigos

que no sé si aún me sueñan

como yo les sueño siempre,

y un montón de fotos viejas

de lugares que existieron

y que el polvo demoliera.


Tengo mis hijos muy lejos,

tan lejos como esa tierra;

está mi vida partida

en dos mitades enteras,

entre el estar y el partir

y una estrella por bandera.


Dejé mi casa, mis libros,

pero traje esa bandera

para servirme de abrigo

en esta tierra extranjera.


EL HAMBRE DEL CORAZÓN


Es una triste verdad

que buscar es la mejor manera

de no encontrar nada.


Es esta la lucidez

que nos aporta aceptar

que no tendremos aquello que nos falta;

aquello cuya ausencia

podemos incluso llegar a olvidar.


La gente lo disfraza de mil maneras,

pero el hambre del corazón persiste,

y está allí,

como el polvo bajo la alfombra.


El amor es una extraña serendipia.


Al hambre del corazón

no se la puede saciar

con migajas.


EN EL CIRCO


En el circo de la vida

por momentos fui payaso,

domador, león acaso,

trapecista, y compartida

fue mi suerte en la partida

con el mago y el conejo.

A veces quedé perplejo

del aplauso inesperado;

las veces que fui abucheado

me curtieron el pellejo.


Encaminándome a viejo,

con don de retrospectiva,

economizo saliva,

alquílome un catalejo.

Poco espero y no me dejo

seducir por la escondida

dimensión, ni la dormida

añoranza de saudades.

Consejo de mis edades:

vive tu vida y olvida.


ERROR DE REDUNDANCIA CÍCLICA


A veces siento que pierdo

la alegría de vivir,

que mi amable sonreír

me deserta, y no recuerdo

cómo buscar ese acuerdo

entre aquel sueño y la vida,

cómo encontrar la salida

de un universo tan yermo;

amanece el día enfermo

con su fiebre mal servida.


Melancolía asistida

que viene y va, impunemente;

soledad que, entre la gente,

arriba desprevenida;

sensación de despedida

fatal, sutil, esbozada

como un trazo de la nada

sobre ese lienzo del ser;

búscole desconocer,

intentarlo es mi coartada.


Deténgome en su mirada,

súrcame un escalofrío,

mi sangre es oculto río

que confluye en su morada;

la presencia de esa nada

con su terco contrapunte

me lleva a ser transeúnte

de un eco que no suscribo,

absorto así, en tal motivo

leo en el aire un apunte.


Si la vida es tal pespunte

de una labor inconclusa,

y solo una mente ilusa

habrá que el hilo no junte,

¿quién será que no barrunte,

con un ligero temor,

este dialéctico error

de cíclica redundancia?

¿Dónde aprender esa mancia

que domestique el dolor?


GATO NEGRO


Yo soy aquel gato oscuro

al que a una hoguera lanzaron,

ese infeliz que culparon

haciéndole pagar duro

su traza de ser impuro;

soy el loco del arcano,

el albino subsahariano,

aquel que sitio no encuentra

y que en su cuerpo concentra

odio y temor soberano.


Soy el judío marrano

y el murtad de la mezquita

que el clérigo felicita

a quien mate por su mano.

Tengo el instinto temprano

de evadir todo consenso

(o al menos así lo pienso);

ni siquiera es culpa mía

ser el signo de herejía

sin una gota de incienso.


Soy a esconderme propenso,

comprensible si se mira

cuánto propicio la ira

y el resentimiento intenso.

No es grato verse indefenso

ni a la vera del camino,

quizás sea mi destino

recelar de multitudes;

me quedo con mis virtudes

y la etiqueta de un vino.


ICONOCLASTAS SIGLO XXI


Cansa ya esta moda absurda

de reinventar el pasado,

de tenerle prontuariado

a causa cual más absurda,

anacrónica y palurda

retrospectiva justicia

que al populacho desquicia

por su torpe desenfreno,

y yo les pregunto, bueno,

¿tendrá el futuro franquicia?


Fácil es con estulticia

desenterrar a los muertos,

con tanto ciego los tuertos

se reparten las albricias;

mucho que te beneficias,

injusticia del presente,

juzgando a tambor batiente

lo que ya no tiene caso,

dicta sentencia el payaso

sobre la memoria ausente.


Cuando lo ahora corriente

sea un rumor del pasado,

se sentirá avergonzado

quien para entonces lo cuente,

pues fue visto pertinente

más que hacer o el construir,

ese volver a escribir

hasta el vértigo la historia

por mediocres sin más gloria,

ni otra excusa en su vivir.


LA COSTUMBRE DE CALLAR


La costumbre de callar

se va metiendo tan dentro

que va pudriendo tu centro

sin que ya pueda sanar.

Podas un día el hablar

por no ofender a fulano;

al siguiente es a mengano

a quien mejor no se toca,

y así te coses la boca

por juzgar que es lo más sano.


Tal es el doble pensar,

y no es que no lo conozca.

Como un tornillo, de rosca

y orificio puedo hablar.

Sé que podrás alegar

un pretexto humanitario,

generoso, solidario,

pero el pretexto no importa:

tiene la vista muy corta

quien del verbo es carcelario.


El déjà vu es evidente,

al cancelar la palabra

una sociedad se labra

el cinismo de su gente.

Tanto eufemismo indolente

solo sirve a perpetuar

el abismo entre el pensar

y el decir, la vil mentira

que tras la risa transpira

la costumbre de callar.


LA MAÑANA QUE PARTISTE


Plenimuerta en la penumbra

donde el olvido malvive,

así me obligo a pensarte

si un detalle me lo exige,

muchacha de abril, muchacha,

que bajo mi piel aún vives

como un souvenir taimado,

pues de venir sobrevive,

aparécesme de pronto,

mismo si nadie lo pide,

rechiflando una tristeza

que, como un perro, me sigue

cada vez que a vos te pienso

y a aquel cuarto en que te quise

mucho más de lo que piensas

o hayas juzgado plausible.


Lejanas tardes de ensueño

que por muy poco vendiste,

aunque digas que fue mucho

(mal que por ello me admire),

bien que el tiempo lo disfrace

y de otro modo se mire.

No importa lo que hoy maldigas

ni si luego desdijiste

tus afiebradas palabras,

que el repensar nada sirve,

o el que te premies pensando

cuán atinada estuviste

al deshacer aquel lazo

pues bien simple que se dice

que tan fácil destruyeras

eso que tanto quisiste.


Espejo de la inconstancia,

mi reproche se desviste,

como tu cuerpo en mi lecho

provócame a que delire.

Yo he simulado tu entierro

tantas veces que no existe

muerta más desenterrada,

y la evidencia se sigue

de que ya fue, que ya estuvo,

que poco o nada persiste,

solo el eco de una voz

en mi voz que se resiste

tercamente a desnombrarte

cuando es palabra imposible,

recordando un viejo amor,

pues algo como amor fuiste,

algo tremendo y hermoso

que tú misma no supiste

darle lugar en tu vida

la mañana que partiste.


LEAVING HAVANA


No tengo un perrito chino para jugar a despedirme,

no tengo lápiz lapicero,

mis propiedades son pocas.

Patria no es humanidad

es cierto, Martí lo dijo

pero la experiencia indica lo contrario.

Los pasaportes existen,

las fronteras existen.

Miro el rostro de mi madre

miro sus múltiples arrugas

adonde voy una mujer de su edad

puede aún considerarse joven.

Estoy en nuestra casa

finalmente

puedo sentir algo así como afecto

cuando digo “nuestra”.

Ella ha sido

testigo de todas nuestras miserias

de todas nuestras precarias utopías

de todo nuestro inútil sacrificio.

Acaricio la nieve en el cabello de mi abuelo

acaba de cumplir noventa años

él sabe y yo lo sé que no podrá esperar

a que regrese para verlo de nuevo:

él partirá yo partiré

es preciso

dejo mi corazón

me pesa mucho.

Voy a pensar en inglés

voy a hablar en francés

voy a intentar recordar en español.


LOS BESOS QUE NO HAS BRINDADO


Volverá de otra manera

el calor de un ser amado,

los besos que no has brindado

te hallarán como a cualquiera.

Se sentarán a tu vera,

a tejer tu bienestar;

quizás tarden en llegar

o estén tocando a tu puerta,

con la ilusión más que cierta

de poder volver a amar.


Volverá ese manantial

de agua viva a poseerte,

y volverás a creerte

viviendo un sueño real.

Sentirás tan especial

que harás de ese amor bandera;

volverá la primavera,

aunque sea crudo invierno;

volverá su beso tierno,

vendrá a ti de otra manera.


LO IMPONDERABLE


Se abate sobre nosotros

lo imponderable.

Tal vez quiten la luz

tal vez se jodan los alimentos en el “frio”

tal vez el apagón te despingue electrodomésticamente

tal vez retransmitan ese programa por todos los canales

tal vez suban los precios otra vez

tal vez el dólar baje

tal vez desaparezca

tal vez quiten el gas

tal vez quiten el agua

tal vez deje de funcionar el teléfono

tal vez no haya transporte

tal vez no haya esa medicina en la farmacia

tal vez no haya trabajo, tal vez sea feriado

tal vez el pan de hoy lo den mañana

tal vez un inspector te deje sin sustento

¿a quién puedes quejarte cuando la vida

dista tanto de ser normal?

¿a quién puedes reprocharle que el concepto rutina

no sea un algo para romper sino más bien un algo

para reconstruir?

nada que hacer, es la otra cara

de tantas gratuidades

y el que vive de favor

poco puede reclamar.

Puedes darle un barniz

pero en esencia se trata de eso.

Mira a los locos,

mira a esos tipos que inundan las calles

interactuando con un otro invisible,

hablando con un otro invisible,

vociferando en voz baja

cosas impublicables.

Pregúntate

si no serán

acaso

las víctimas anónimas

de lo imponderable.


LO QUE ME DIJO UN LOCO


No intentes demostrarle cuánto le amas,

mucho menos cuánto la necesitas.


Ella lo sabe,

pero dejó de importarle.


No compres flores.

Respira hondo.


No te cuestiones por qué te ocurre esto

si eres tan bueno,

si alguna vez

(y aún no hace tanto)

eran felices.


Por supuesto,

bajo ninguna circunstancia

le reclames aquello que hayas sacrificado,

o cuánto dejaste atrás por ella.


Eso sólo podrá hacerte daño,

y además no tiene la menor relevancia,

porque créeme:

si una mujer llega a asumir

que se merece algo mejor

que el hombre con quien se acuesta,

ya no hay bajeza que no pueda cometer,

ya no hay delirio al que no siga.


Dirá que ya nadie va a quererte,

se jactará de que no vas a poder

vivir sin ella,

te gritará en su último portazo,

y vaciando sus pulmones de arrogancia,

que sólo por un error de Dios

es que ella estuvo contigo.


Tú, escucha sus palabras

como quien escucha caer la lluvia,

con la certeza de que al final,

eventualmente, terminará por escampar.


MI SED


¿Qué dirás cuando te diga

que conocerte de nunca

fue de siempre y que esa trunca

añoranza que nos liga

se aquieta en tu voz amiga,

encuentra en ti fundamento?

Si culpo a un presentimiento

de saber que ya estarías,

¿puedo asumir que creerías

las verdades que te miento?


¿Qué me dirás si te cuento

que mis ojos te recuerdan?

Aunque mis venas discuerdan

en qué siglo y qué momento,

te amé en la furia del viento

cuando el Sahara era un mar,

te he buscado sin cesar

por océanos de tiempo.

Mi sed, se sacia a destiempo

al perderme en tu mirar.


NOCHE DEL DIA DE INOCENTES


Te he olvidado.


OFICIO


Está más que permitido

colapsar de amor en un poema,

fallecer de pleniangustia en cada estrofa,

ser el niño de Guatemala

y alquimizar la tristeza

en un estilo de vida,


siempre y cuando te guardes

algo de coraje vital y clandestino

donde nadie te lo vea,


siempre y cuando no olvides

que, eventualmente,

a la vida habrá

que hacerle frente

con los cojones bien puestos.


PERSONAS


Personas que en el camino

te encontraste, esas personas

que al verlas no te cuestionas

cómo cambian tu destino,

al nombrar tu desatino

y al hacértelo entender,

seres amables que ayer,

por unos breves momentos,

fueron luz en sus intentos

por ayudarte a crecer.


¿Cómo pudo suceder

que nunca más se les viera?,

¿cómo expresar la manera

en que se hicieron querer?

Ese abrazo, aquel saber

que se infiltró en tu razón,

su huella en tu corazón,

lejana, más no perdida,

legado hermoso en tu vida:

sanarte fue su misión.


Te desvela esa impresión

de que faltó gratitud

por compensar tal virtud

en su justa dimensión,

de que no hubo la ocasión

o que fue solo un instante.

Tal es nuestra vida andante

por esos rumbos de Dios:

vivir es solo un adiós

con un discreto semblante.


PIEDRA EN EL AGUA


Como una piedra en el agua

hoy cae, digo tu nombre,

sale así, no es que me asombre,

rompe el líquido cristal;

ondas concéntricas traza,

más amplias según se alejan,

desaparecen, no dejan

huella ninguna al final.


Aún tu fantasma está en casa,

desnudo sobre mi lecho,

duele tu ausencia en mi pecho

tan Malenamente mal.

Mucho más ha de doler

sin que ya espere respuesta,

y aunque olvidarte me cuesta,

piedra y nombre traga el agua,


desapareces, mujer.


POEMA A UNA MUJER DE OLVIDADO

NOMBRE


Menos tu nombre, vuelve todo

(a mi mente

menos tu nombre; y trato, de recordarle

mas en vano.

(Me esfuerzo por encontrarle.

Se me pierde, se diluye entre la gente


que alguna vez conocí y hoy desconozco.

Ese nombre repetido que yo amaba

eco antiguo de una voz donde habitaba

tu presencia, el mutuo ayer. Yo le conozco


pero piérdense las letras si me acerco

a atrapar aquel deseo que hoy

(me muerde

absurdo y voraz, anacrónico y terco,


primavera, memoria, otoño del hombre.

Que increíble la ironía, que recuerde

tantas cosas, oh mujer,

(menos tu nombre.


ROLLING OVER BUKOWSKI


Todas las mujeres

todos sus besos

los diferentes modos

en que se vienen y se van

en que te atan a su sexo

o mejor, en que se atan a tu mismísimo

sexo y no te dejan

o te lo dejan enredado con un nudo de corbata.

Era uno de esos lugares

que abren aún de madrugada.

Yo estaba desvelado

y fui a sentarme alli sólo a tomar

y fui a sentarme alli a tomar solo

como un perro

que no resiste esperar a que amanezca,

alejado de las luces y del ruido

y solo,

abandonado hasta por las pulgas.

Ponían una canción de Enrique Iglesias

ya podrán imaginarse de qué clase

de lugar se trata.

La imagen de un tipo solo

tomando

solo

en un lugar así

supongo que no dejaba

de ser patética

y había

también

una negra

gorda como el tonel

de Díogenes

bailaba algo borracha con dos negros más negros

que la maldad

y

se acercó de pronto hasta mi mesa

quería venderme pomada china.

No sé como ella puede haber imaginado que yo buscaba

pomada china

precisamente

pero se acercó a venderme eso precisamente: pomada china

es bueno para el dolor

–me dijo–

de cabeza

y si te duele el alma

te lo frotas sobre el pecho

y se indicó con el dedo

un punto vago

algo a la izquierda

de sus voluminosas

tetas.

¿Te dejaron? –preguntó

no te preocupes, chino

que ya aparece otra

y es verdad

siempre aparece otra

y tal vez eso

sea lo peor

pero eso no lo dije.

En realidad no dije

nada.

Ella tomó el billete y lo introdujo

presillandolo

con sus voluminosas

tetas.

No me ha hecho efecto

pero aún

de vez en cuando

me froto

un poco de pomada

china

sobre la izquierda

en el pecho.


SI ES QUE HAY MAÑANA


Cuando te vuelva yo a ver, mi bien, si es que hay mañana,

simularemos que fue poco el tiempo sin vernos

y, al luminoso instante de entrerreconocernos,

nos amaremos tanto como dure esa gana.


Redimiré tus pechos de opresiones injustas,

como la cruel que sufren bajo el encaje artero;

libaré tus pezones con beso justiciero,

descenderé a profanar el monte si así gustas.


Encajado entre tus muslos me verás sonriente,

de la luz lleno cual sol al entrarse en su casa,

y serás luna ardiendo en la solidaria brasa


donde al amar se hermanan el sabio y el demente.

Te amaré sin razón, sin excusa ni ventana,

cuando te vuelva yo a ver, mi bien, si es que hay mañana.


SONETO DEL DESEO SERENO


Quisiera ser la luz en tu mirada,

reflejo de un amor que no se esconde,

morada de un latido que responde

al sueño de tu piel enamorada.


Perderme en tu quietud amanecida,

sentir que en tu calor el mundo es leve,

y en cada abrazo tuyo, suave y breve,

hallar la eternidad de nuestra vida.


No busco más que ser quien te acompaña,

quien rompe tus silencios sin quebrarte,

quien, sin dejar de verte, aun más te extraña.


Y si el deseo ardiese por tocarte,

seré la brisa fiel que no te daña,

mas sabe arder de amor solo al mirarte.


SONETO PARA UNA FLOR


«Nobody, not even the rain, has such small hands».

—E. E. Cummings—


Sueño el roce febril, electrizante,

de su cuerpo menudo en el abrazo,

la corriente que surca mi espinazo

de sentirle a mi lado palpitante.


Y aún más sueño: sus ojos de gacela,

la caricia sensual que en su mirada,

con su mudo lenguaje, dice nada

y en su hablado callar, todo revela.


Sueño incluso esa rosa al entregarse

como un eco invocando ecos lejanos,

eco antiguo a una flor que resucita.


Sueño aún, del cual la lengua se limita.

Flor hermosa, de tan pequeñas manos

que a la lluvia pudieran semejarse.


TABLAS


Qué regalo me brindas

al entregarte así,

tan limpia,

tan entera,

tan hembra,

y no dejarme otra opción

excepto amarte,

mujer,

excepto amarte.


Y mientras te piensa

exhaustiva mi mente

divaga y vuelvo a ser martillo

hundiéndome en tus grietas,

y vuelvo a estar en ti,

volvemos a ser uno,

en este mismo sofá

donde ahora juegan mis hijos.


Excluyendo la cama de dormir

donde el resto de mortales

usualmente se aparea,

hicimos el amor en cada sitio

que se pudo

de esta casa.


Atado a mi su cuerpo,

atado al suyo el mío,

volamos,

hay que aceptarlo,

aunque sea un lugar común,

ardimos

como la vela

y el fuego

sin llegar a consumirnos.


Fui Odiseo sin amarras

y dejé atrás mi barco,

y olvidé mi reino.


Me entregué a la sirena

y cantamos sus canciones

mientras tuvimos aliento.


Fui devorado palmo a palmo

por su hambrienta,

por su amorosa boca,

fui devuelto a la vida

y no la quiero sin ella.


Qué cosa tierna

verte en el fondo

de sus ojos que acarician

y escuchar su hermosa voz

nombrándote,

pidiendo

entre susurros más amor,

papi,

más amor,

todo el que tengas

allí donde la bestia y lo divino

son ya uno

y para siempre

sin dejar de ser dos,

hombre y mujer,

como al principio.

Qué circunstancia deliciosa

sentirte tan viril

como un potro salvaje

machiembrado a su yegua enfebrecida

y a la vez tan pequeño

y a la vez tan frágil

como un niño

al que su madre

da cobija en el abrazo.


Qué gramática feliz

amarte así,

rotundamente,

en el pretérito perfecto (no puedo decir

menos)

compuesto (por nosotros)

del modo indicativo

y no en ese elusivo,

nebuloso,

antipático,

tiempo pluscuamperfecto

del modo subjuntivo.


Lo declaramos tablas, amor,

lo declaramos tablas.


TAL VEZ


Tal vez no logre ver

las cataratas de Iguazú.


Tal vez no pueda ir

a las pirámides de Egipto

ni a Teotihuacán.


Tal vez no me sea dado

viajar al Coliseo de Roma,

ni tampoco a la Gran Muralla China,

y ni siquiera volver

a aquella aldea de Galicia.


Tal vez no alcance a hacer

el Camino de Santiago,

ni a montar otra vez

aquel tranvía de Lisboa.


Tal vez no pueda

sentarme

junto a la boca del Tajo

a delirar que aún observo

pasar los barcos

en ese inmenso muro

salitreamente lejano

de La Habana.


Ha de dolerme, sin duda.


Son tantos los talveces

opuestos a los quisiera,

que a veces me temo

que la muerte gane el pulso,

y es que hay que amar la vida

más allá de sí misma,

hay que vivirla,

hay que intentarlo mientras se pueda,

hay que beberla

como el más caro de los vinos,

como si el fin no existiera,

como si el fin no importara.


TIEMPOS


Técnicamente hablando,

es cierto que el tiempo de nuestras vidas

en el cual deberemos por fuerza vivir

en desamor

tiende a ser, cuantitativamente,

más que ese otro tiempo,

el luminoso tiempo

en que el amor penetrará en tu vida

haciéndote creer (si así se lo permites)

que esta vez,

no tendrá intención de marcharse.


Lo sé, lo sabes, lo sabemos:

todo no es más que una ilusión.


Y, sin embargo,

el poco o mucho tiempo,

técnicamente hablando,

en el que esté eso que llaman amor

habitando los segundos,

los minutos de tus horas,

será mucho más preciado,

será un tiempo mucho más insoslayable,

cualitativamente superior,

y nunca, pero nunca,

dejará de habitarte

como ese loco deseo

de una tierra

a la que siempre

soñarás con volver.


TODO, NADA Y A LA VEZ


Mi oximorónica amiga,

bien poco es lo que me pides:

que olvide cuando no olvides,

recuerde cuando me diga

tu hermosa boca que siga

para siempre en un tal vez

o en un nunca y su revés,

sin conflicto y sin acuerdo,

algo loco pero cuerdo,

todo, nada y a la vez.


Tus demandas, como ves,

son fácilmente accesibles;

ya no digo que imposibles

como las alas de un pez,

gozan de tal candidez

que nos deja enmudecidos,

lúcidos y confundidos

por el más obvio misterio

(hilarante por lo serio)

de un despertarse dormidos.


Concluyendo, tus pedidos

satisfechos son al punto,

aunque mañana barrunto

sin más demora ni olvidos,

ellos te serán cumplidos

porque nunca podrán ser;

tú me has hecho comprender,

sin que ya me quede duda,

ni precise más ayuda,

lo que quiere una mujer.


TODAVÍA


Casi la mitad de un siglo en mis costillas,

y todavía soy capaz de pensar

como un adolescente

en una mujer a la que apenas conozco,

de quien solo sé un nombre o dos,

y poco más,

muy poco más que eso.


Todavía soy tan pendejo

de poder alegar

que recuerdo haberla visto

en un remoto paraje de mis sueños,

que naufragué en sus labios hace miles

de años,

que la busco desde entonces

sin alivio ni consuelo,

como si el mismo tribunal

de mi inclemente razón

fuese capaz de absolverme,

como si fuera aceptable

tanta nostalgia del cielo.


TÓXICO


Tóxico.

Soy un hombre tóxico.

Lo tengo como orgullo

en un mundo

tan trivial

como pendejo.


Creo

en la amistad

y en el amor.

Me importo con la gente.

No fluyo.

No soy ligero.

No me percibo

como otra cosa

que lo que he sido,

soy un hombre,

y vivo

en un mundo

digital

de ceros y de unos,

de me gusta y corazoncitos

pero el mío

sigue aún y seguirá

latiendo

en su modo

analogico.


Estoy

hasta la madre

de pleases y de thank you-s,

de eufemismos,

mentiras


e ingenieria social.

No quiero

ver el futuro,

ya he visto bastante.

Seré feliz

de no ver más

de eso que tengan

asignado para mi

las muy cabronas Parcas.

Moriré

y todo el que me recuerde

ha de morir poco despues.

El tiempo es relativo

y no hará gran diferencia.


Los millenials

heredarán la tierra.


TU AUSENCIA Y YO


Que dificil olvidarte,

no es cosa que lleve un día,

ni encuentro filosofía

que ayúdeme a desnombrarte.

Me obligo casi a pensarte

como un ser imaginario

evito así el escenario

para mentir un encuentro,

llevo tu ausencia tan dentro

que conversamos a diario.


Podrá resultar palmario

lo absurdo del escribirte

como si algo por decirte

resultara necesario.

Decidirá el calendario

si esta saudade persiste,

si mi mañana se viste

de alegría o de fracaso,

si habré de olvidarme acaso

de tanto amor que me diste.


UNO CASI


Uno llega casi a olvidarse 

de lo solo que está 

y podría vivirse así 

sin que eso sea 

bueno o malo, 

solo 

la vida 

y, sin embargo, 

en medio 

de una conversación

sin previo aviso, 

la caricia de unos ojos, 

la justa 

palabra de una voz, 

la complacencia 

inesperada 

de una cierta y repentina

complicidad 

te arrancan de esa, 

tu realidad asumida

y terminas escribiendo 

un poema 

sin ton ni son, 

desde el abismo 

de ese túnel hacia un mundo 

de pasiones incomodas

en el cual 

ya no habitas.


16 AÑOS


Nunca había visto

un coño

abierto

delante de mis ojos.

Por supuesto, conocía los manuales

de Alemania democrática,

interpretaba manualmente alguna

que otra película

de los cines y también

¿por qué no confesarlo?

había tenido mis juegos de manos

pero nunca fui un tipo de suerte

con las muchachas de uniforme adolescencia,

no soy bueno para convencer a nadie

y para colmo era también

un cabrón adolescente

patético

y sin sentido del humor.

Mi padre

era un cuadro del Partido.

Mi madre

era un cuadro del Partido

y yo pintaba cuadros

en la escuela de arte

(centros procesadores que embotellan

el alma incipiente

de los grandes maestros del futuro).

Entonces llegó ella

modelo de la escuela donde yo pintaba cuadros:

cuadro clínico:

Dios mío, era brutalmente hermosa

boca de puta

ojos de cierva

los pechos duros

la grupa inmensa

y el sexo parecido al de los manuales, es decir,

si es que entendemos

la furtiva relación que se establece

entre el ojo del estudiante y la modelo

colocada

a la prudente distancia

de varios metros.

Pienso que todos la deseaban

era, repito, brutalmente hermosa.

Bueno, debo agregar que yo escribía poemas

y reciclaba ese bolo

alimenticio no totalmente digerido

donde podía notarse

a simple vista

algo de Silvio

algo del viejo Nicolás

sin songoros ni cosongos

y Roque y los demás

Nogueras y Nazim

Hikmet.

Uno es más o menos lo que escucha

o lee

y yo dejaba

saber a otros

(tal vez a demasiada gente)

que yo escribía

y qué cosa escribía.

No sé de qué manera ella lo supo

y leyó aquellos poemas que,

más tarde y escrupulosamente,

eliminé.

Pero entonces

y todavía

estaba ella

parada frente a mí.

Me gusta mucho lo que escribes, dijo,

habló de madurez

y se asombró de mi edad.

Pienso que ella tendría

10 más no menos e infiero

que llamaba madurez

a mi afectada

apropiación de axiomas

induzco

que mi modestia prestada

me habrá impedido responder excepto

alguna estúpida frase

estúpidamente inteligente

y colgada

de sus pezones

duros, pétreos, reventando

bajo la bata del receso,

a veces

volvimos a coincidir sin mayores consecuencias

en ese mismo horario,

en ese mismo banco entre los

turnos

hasta esa tarde

en que me dijo algo

tan

soberanamente ridículo como

“me gustaría

amarte”

y yo respondí como un hombre maduro,

es decir,

no dije nada

a esa mujer

sentada frente a mí

boca de puta

ojos de cierva

los pechos duros

la grupa inmensa.

Sonó el timbre

y ya no tuve más calma que la aparente

y ya no tuve más concentración

y ya no pude ser profesional.

Afortunadamente terminó el último de aquellos

turnos.

y yo la acompañé hasta cerca de su casa

como ese hombre maduro

que, por supuesto, no era.

No palabras

no explicaciones

no nada

solamente un beso cerca de los labios

en esa esquina en que decidió seguir sola.

Te espero, dijo,

mañana

y no sé bien cómo pude

dormir hasta mañana.

Cuando llegué a su puerta

cuando me abrió su puerta

cuando me hizo entrar allí, más allá de su puerta

su ropa, de pronto, no estaba más sobre su cuerpo

su cuerpo, de pronto, no estaba más

erguido sobre sus pies

junto a la puerta

sino sobre su cama, tendido

como la tierra que espera por la lluvia

abierto

como un animal salvaje.

Entonces

lo pude ver bien,

entonces

vi sus fauces

vi la bestia esperando

sonriendo un poco antes de engullirme

como a Jonás como a Pinocho

labios

hermanos de otros labios

y alrededor el bosque

el incipiente lobo

el hombre viejo el hombre nuevo

el hombre verde

el hombre maduro

el hombre podrido

siempre el hombre

y el

abismo al centro, casi húmedo

y totalmente cálido

tirando de mí

con todas sus benditas

fuerzas.

Cuando todo acabó

tomamos un café

prendió un cigarro

para los dos

y a mí me traicionó

la tos, el humo

fue más honesto que el escri/

(v)(b)ano todo, excepto

su coño para siempre en mi cabeza

y en otros coños próximos lejanos combates

mujeres.

¿Es tu primera vez? –ella no pudo no preguntar

y el café estaba amargo, quiero decir: amargo

sí –no pude yo

no responder

y no volvimos nunca a vernos

ya no volvió a posar

desnuda

y aséptica

ya no volvió a pasar

desnuda

y ardiendo

ya no volvió a pesar

sino el olvido

fútil, fatal un poco

y deslizó palabras

el absurdo consuelo de una,

de otra,

cita imposible.

Era

su turno de actuar y se vestía

se reciclaba, se ajustaba

el maquillaje

frente a mí

boca de puta

ojos de cierva

los pechos duros

la grupa inmensa.


VI


Vi al mal del relativismo

ensalzado en la academia,

y vi padecer de anemia

la virtud; vi al hedonismo

florecer, sentí el abismo

bajo mis pies extenderse;

vi lo noble corromperse

por halagar la estulticia

de la turba y su justicia,

y aún más quedaba por verse.


Vi a un tirano conmoverse

denunciando el genocidio,

mientras de su vil presidio

no pueda una hoja moverse;

vi al terrorista venderse

de luchador libertario;

vi la ONU un escenario

de circenses bufonadas,

tontos útiles, manadas

del pasto universitario.


Vi al Diablo darle salario

a insignes intelectuales;

vi a bardos postcoloniales

declamar su corolario

de falacias; vi al falsario

cancelando al disidente,

y vi más, vi lo frecuente

del recurso de callar

a otro haciéndole llamar

por algún mote insolente.


Vi la maldad de la gente,

sus llagas y su mentira;

vi quemándose en la pira

toda razón e incongruente

vi al racista impenitente

posar como antirracista,

y vi en su plan optimista

filántropos embusteros;

vi un mundo lleno de ceros,

y de unos, a simple vista.


Vi al perpetuo oportunista

haciendo su equilibrismo;

de bastardo vi al marxismo,

prepucio islamofascista;

vi al engendro globalista,

vi el grito subvencionado;

vi que al poder del Estado

enemiga es la familia;

vi al dios de la pedofilia,

vi a Jesucristo abortado.


LA URGENCIA DE UNA FRONTERA


Por despedirme del año

y que se vaya sin penas

esbozo este verso apenas

para sopesar el daño

y el beneficio, el peldaño

donde queda lo olvidado,

preterido, excomulgado,

caduco, o como gustéis;

he de darle al veintiséis

lo mejor que haya salvado.


No es poco lo que he logrado

ni menos lo que he perdido:

algún amigo querido,

más de un afecto quebrado;

pero también he gozado

los pequeños regocijos

de la amistad, los prolijos

recovecos de la suerte,

y aquel amor nunca inerte:

la sonrisa de mis hijos.


Hurgando en los entresijos

que depara el porvenir

no encuentro ya qué decir

ni doy valor a acertijos.

De mirar sus ojos fijos

el sol cegarnos pudiera,

reniego a toda bandera

que niegue voz a la vida,

encuentro en la despedida

la urgencia de una frontera.

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