ÍNDICE
-A la tristeza
-A esta flor
-A mi madre y a mi hija
-Allá lejos y hace tiempo
-Antídoto al rencor
-Busco y no
-Cabalgata
-Como en los cuentos
-Como un eco del futuro
-Cosas que no diré a mi hijo
-De aquel tórrido romance
-Declaración de principios
-Del mismo modo
-Desarraigo
-Dixit
-Dos soledades
-El bosque de Targoviste
-El camino
-El hambre del corazón
-En el circo
-Error de redundancia
-Gato negro
-Iconoclastas del siglo XXI
-La costumbre de callar
-La mañana que partiste
-Leaving Havana
-Los besos que no has brindado
-Lo imponderable
-Lo que me dijo un loco
-Mi sed
-Noche del día de los inocentes
-Oficio
-Personas
-Piedra en el agua
-Poema a una mujer de olvidado nombre
-Rolling over Bukowski
-Si es que hay mañana
-Soneto del deseo sereno
-Soneto para una flor
-Tablas
-Tal vez
-Tiempos
-Todo, nada y a la vez
-Todavía
-Tóxico
-Tu ausencia y yo
-Uno llega casi a olvidarse
-16 años
-Vi
-La urgencia de una frontera
A LA TRISTEZA
A la tristeza,
déjala estar.
Sigue ocupado en tus deberes.
Coexiste.
Ella habita tu espacio
y tú habitas el suyo.
No te incomodes por su presencia,
déjala estar.
Se volverá a marchar
del mismo modo
que ha venido,
sin pedirte permiso.
A ESTA FLOR
¿Será que te vuelvo a ver
o no nos vemos más nunca?
¿Será tan fugaz y trunca
toda esa magia de ayer?
¿Será su alquimia, mujer,
un eco gris del pasado?
El día menos pensado
¿te encontraré sin buscarte?
¿O acaso debo olvidarte
como un sueño desechado?
¿Será que el tiempo de amar
es tiempo breve y contado?
¿Será que muere apagado,
cual ola en el vasto mar?
¿Será su precio (el de hallar)
languidecer de añoranza?
¿Será su triste enseñanza
tu desvanecido rastro?
¿Será el capricho de un astro
quien me priva de esperanza?
¿Será, de tanto no verte,
que de pronto me acostumbro?
¿Será el día que vislumbro
anticipo de la muerte?
¿Será que, de no tenerte,
tu imagen se borra entera?
¿Por qué dio la primavera
a esta flor vida tan corta?
¿Por qué es que tu gracia aborta
travestida de quimera?
A MI MADRE Y A MI HIJA
(Sobre un verso de Sor Juana Inés de la Cruz.)
Como un libro que hojeo y desempolvo,
son tus letras las frases que me pierdo
o que leo de un tú que ya es recuerdo:
es cadáver, es sombra, es nada, es polvo.
Donde estás sin estar, y donde asombra
tu presencia que siéntese en el viento,
aquel tú que no dio consentimiento:
es cadáver, es polvo, es nada, es sombra.
Sé que vives, bien sé yo que la muerte
no es del todo verdad, que tu mirada
es la misma de quien no alcanzó a verte.
Son tus ojos los suyos, deslumbrada.
Esa tumba que dice contenerte:
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
ALLÁ LEJOS Y HACE TIEMPO
Allá lejos y hace tiempo
yo creía en la verdad,
y aunque era impropio a mi edad
busqué el saber a destiempo,
amar era un pasatiempo
y el mar, mi mejor amigo.
Fui mal actor y aun lo sigo
siendo, si esa es la pregunta;
junto a mi infancia difunta
dejé el calor de su abrigo.
Supongo estará conmigo
algo de aquello que yo era,
pero es de la primavera
el otoño un mal testigo.
Con el presente litigo,
mi temor de los espejos;
voyme al país de los viejos,
de ese que no se regresa;
se va una vida que empieza
hace tiempo y allá lejos.
ANTÍDOTO AL RENCOR
El rencor es una planta
que necesita cuidado,
siembro en terreno abonado
y tal prospecto me espanta.
Vi tu mueca de percanta,
y te odié profundamente;
te vi fingir insolente
que mi presencia ignorabas
o que ni cuenta te dabas,
cercada por tanta gente.
Terco soy. Es evidente
o así lo empiezo a entender
que reprocharte, mujer,
argucia es cruel de mi mente.
Al corazón incongruente
la estulticia de sufrir
recrimino; su insistir
como si algo te debiera
de gratitud, y aún pudiera
hacerte un sitio al vivir.
Mejor dejarte morir
para sonreír al verte,
¿cuánto más puedo perderte
si ya te he visto partir?
Debo educarme el sentir
y a esta planta malnacida
que pugna por tener vida,
cortar su raíz de cuajo
mandando para el carajo
tu silueta tan querida.
BUSCO Y NO
Te busco, no lo confieso
ni a mí mismo, pero busco
señales tuyas; traduzco
tu huella amada y tropiezo,
deliro el rastro de un beso,
sueño soy, tu alma conquisto.
Soy lobo hambriento y existo
solo en virtud del deseo;
huelo tu sangre, olfateo,
busco y no, soy terco, insisto.
Te busco, tengo la prueba
de que he mirado tus ojos;
llámanme tus labios rojos,
haga sol, escampe o llueva.
Sigo tu pista, la nueva,
donde me llevan tus pasos.
Recupero los pedazos,
la ilusión que se repuebla;
busco, me adentro en la niebla,
trazo en el aire tus trazos.
Te busco, sigo constante
un camino que me invento;
en cada atajo presiento
que estará tu boca amante.
Busco de ti nuevo instante
y la esperanza revisto;
olor, colores, persisto,
hállote en una madeja,
hilo cruel de amor y queja:
busco y no, soy terco, insisto.
CABALGATA
Deja caer al suelo tus bragas y el vestido,
y que el deseo fluya como la lava ardiente,
aliento de conjuro que confirma y desmiente
ese instante perpetuo que nos fue concedido.
Así te habrá soñado mi piel, mientras deshiela
al roce voluptuoso de tus convexidades,
como el repique sordo de las profundidades,
badajo enfebrecido de un tajo que se anhela.
Encájate a mi cuerpo, que mi carne se apresta
para ser por la tuya, con gusto, devorada;
la ofrezco ante tus fauces, desnudada y enhiesta.
Sostente de mis manos en la noche estrellada.
Yo te seré sedienta montura para el vuelo;
desandaremos juntos el camino hasta el cielo.
COMO EN LOS CUENTOS
Hijos míos,
quisiera decirles
que el bien y el amor
van a triunfar
como en los cuentos,
pero no consta
y ni siquiera depende
completamente de nosotros.
Lo que sí les diría
es que no olviden
que debemos vivir con esa idea:
que ese bien y ese amor
merecen su lugar en nuestros corazones.
Que prevalezcan allí
como en los cuentos,
y hacer de ese modo
nuestra parte,
nuestra pequeña parte,
la que dependa de nosotros,
porque así sea.
COMO UN ECO DEL FUTURO
Como un eco del futuro
o de un lejano pasado,
temo que ya he visitado
el sol en su lado oscuro;
me embriagó su aroma impuro
hasta llenar mis pulmones,
contaminó mis visiones
con su olor fétido e inmundo.
Vengo de un sitio profundo,
desprovisto de ilusiones.
Yo estuve con las legiones
que destruyeron Cartago;
tengo un recuerdo algo vago
de tener como anfitriones
a reyes de mil naciones,
a constructores de imperios.
Soy flor de los cementerios
donde a los hombres se hermana
cuando el gusano se ufana
develando sus misterios.
Yo he estado en los improperios
que acompañan las revueltas,
en las naciones disueltas
y en todos los cautiverios;
he ejercido magisterios,
me han aclamado en el podio,
he sido ingrato custodio
disfrazado de quimeras.
Me llaman de mil maneras,
pero mi nombre es el odio.
COSAS QUE NO DIRÉ A MI HIJO
Del mismo modo que tú
lo creerás en el futuro,
también yo creí
que el amor podía vencerlo todo,
pero me hicieron comprender
que estaba equivocado,
y fue un trago bien amargo,
aunque no llegó a matarme.
Debí recomponerme la sonrisa,
debí reinventarme las razones
y debí comprender
que solo ustedes, los dos,
me extrañarían,
y no tuve más opción
que llenarme de coraje,
perdonar
y perdonarme
para seguir viviendo.
DE AQUEL TÓRRIDO ROMANCE
Creo a veces no pasó,
de tanto tiempo pasado,
quizá yo lo haya soñado
o mi mente lo inventó.
Solo sé que nos juntó
(paradojas del invierno)
el instante casi eterno
de aquel tórrido romance;
fue tu adiós absurdo trance
luego del beso más tierno.
Bien sé del disfraz fraterno
que es una burda ilusión,
que arropa a la sinrazón
todo anhelo sempiterno.
Idilio tornado infierno
son tus pétalos de espinas.
Tú no sabes, no imaginas
cuánto pude yo quererte;
de ti le hablaré a la muerte
si me hallare en sus neblinas.
En las horas peregrinas
que los días van labrando,
me voy en ti reencontrando
sin espacio para inquinas.
Es así que te avecinas,
amor terco, amor demente.
Sé que es poco convincente
decir que yo te recuerdo
cuando no gano ni pierdo
ni te busco entre la gente.
Verso que brotas urgente
cuando ya no es necesario,
recibiendo tu salario
de una pena impenitente.
Voz de ayer en mi presente,
pasado que no pasó.
De restarte quedo yo
insepultando el amar:
mal puede cicatrizar
la herida que no cerró.
DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
Y sí,
por escrito lo confieso,
me erotiza mucho más
(pero muchísimo más)
ver tu blúmer colgando,
cara al sol,
mudo testigo de humedades,
detonante perverso
de innombrables fantasías,
puesto a secar con sus huequitos
consabidos,
casi, casi imperceptibles,
diminutos,
indiscretos,
provocados por el uso de tus días
y tus noches,
por el tiempo
y sucesivos restriegues de rigor
en una gris lavadora
rusa y más que rusa,
soviética,
por no decir antediluviana.
No me creerías, amor.
Lo sé, lo acepto, entiendo.
Seguramente pensarás
que ya deliro,
que me falta algún tornillo, tal vez dos,
que aún no he visto esa hermosa lencería
con finísimo encaje,
esa muestra tan perfecta de seducción
erectógena
adquirida por ti en algún descuento
de tu boutique favorita
y que guardas tan celosamente
para ocasiones especiales,
para aquel afortunado al que permitas
habitar de polizón en alguna de tus
noches.
Soy de la vieja escuela.
Quizá deba decir retrosexual
para poder entendernos,
ya que la fiebre de la taxonomía
está de vuelta en ese espacio
intaxonomizable del deseo.
Soy anterior a la industria
del pornomegapixel,
no me cuido las uñas,
y me importa un comino
lo que se pueda estar llevando
este verano.
Dentro de este humilde cuarto
sólo se estila la carne
violentamente desnuda.
Desvístete,
tengo hambre.
DEL MISMO MODO
Me imagino
que de ese mismo modo
en que aprendieron los judíos
a vivir con la triste,
la dolorosa consciencia
de que el templo
ya no existía,
me imagino
que también,
del mismo modo,
aprendí a vivir
yo sin ti.
DESARRAIGO
Si fuera tan sencillo
como decir
es éste mi lugar
o aquel del que me fui
la emigración seria un fenómeno más simple.
Vas a empezar
–te dicen–
una nueva vida
y cuando no lo has hecho
te parece tan lógico
como cambiar de piel.
Entre la isla que arrastro
y el país de los hijos que no tengo
existe el mar,
terreno donde habitan
sin paz ni sepultura
los tantos desdichados
que no tocaron tierra firme.
Yo tengo lo que ellos no alcanzaron.
América me dejó entrar,
y finalmente,
ya comienzo a ser parte de ella.
Debo sentirme dichoso
lo cual, ya de por sí,
es un peso bien grande.
Soy,
un granito más de diáspora
diluida en la nostalgia
de un país al que tampoco ya podría devolverme.
Voy
dejando de ser
cubano por los cuatro
costados.
Uno de mis costados
ya es de aquí
o al menos
ya no es tan de allá.
Limpiando el culo a mi sobrino
pude oír su tierna voz
diciendo thank you
y entonces aprendí
eso que llaman segunda
generación de inmigrantes.
Entiendo a los suicidas en el metro.
Sin embargo, allá en Cuba nadie podría entender
¿cómo es posible suicidarse con la barriga llena?
Escucho a los turistas que regresan felices.
yo también sería feliz pudiendo estar allá
cada vez que quisiese y con dinero.
¿cómo es posible querer escapar del paraíso?
Sí, yo conozco las respuestas
pero no quiero deprimirme.
Tengo que ir al trabajo
y sonreír como se espera.
Aceptémoslo
si bien no tengo grandes ambiciones
tengo al menos
instinto de auto conservación.
Tan lejos de Cuba,
tan lejos de la Habana,
tan lejos de mi casa
me pregunto si es que aún mi casa existe
mientras pago la renta
por el cuarto que habito.
Montréal es un buen sitio bajo el sol
pero nadie va a extrañarme
si algún día me ausento.
Es eso lo que llaman desarraigo.
DIXIT
Nos quedamos en silencio,
aún desnudos,
o quizá a medio vestir,
eso no puedo precisarlo,
pero sí la recuerdo:
la luz en nuestra alcoba.
Y sí recuerdo que entonces,
con una voz muy baja,
como transfigurada en alguien diferente
pero igual,
por obra y gracia de la alquimia del amor,
o quizá volviendo a ser
esa muchacha
de quien yo me enamorase
tan locamente,
despojada, por su propia voluntad,
de toda máscara,
triunfando
por unos breves instantes
en su lucha por ser alguien mejor,
y como hablando para sí
a pesar de estar yo
en ese lugar
de aquel a quien se le habla,
en ese estado mental
del que descubre
la mayor obviedad,
de quien se asombra
por algo tan supremamente simple
como que dos y dos son cuatro,
díjome exactamente estas palabras:
«Tú sí me quieres de verdad».
DOS SOLEDADES
Dos soledades se besan,
sin siquiera acompañarse,
justo el tiempo para darse
mezquinamente sopesan,
acábanse donde empiezan
sin pretensión de infinito,
sinsentido que es gratuito
más allá del breve abrazo,
desdibujándose el trazo
de un sentimiento proscrito.
Dos soledades, repito,
desnudando la tristeza
por ser no acabada pieza
o el mecanismo de un grito,
por no saciar su apetito
con tantálica agonía,
su mal querer, vesanía
de una promesa en la arena,
dos mitades y una pena
con su otoñal sinfonía.
No tengo donde tenía
yo el aliento para darte,
ni tú puedes entregarte
con la pasión tan vacía.
Sucede la noche al día,
mueren y nacen las olas,
dos soledades tan solas
como solo pueden serlo,
miocardio que, de tenerlo,
yacería en las vitrolas.
Serpientes que por sus colas
muerden un aro infinito,
pago estéril y maldito
de esa afección que enarbolas,
tú vacilas, protocolas,
y del miedo haces virtud,
decrépita juventud
que en los ojos ya no se halla,
paradoja donde le haya,
dos soledades, yo y tú.
El BOSQUE DE TÂRGOVIȘTE, 1462
En Valaquia hubo un voivoda
llamado el empalador
que a los turcos la mejor
medicina brindó toda.
Los ensartaba a la moda
porque mejor lo pensasen
y a su tierra así tornasen
en vez de asolar la ajena.
Los otomanos, ¡que pena
que como el kebab quedasen!
No fue que los invitasen
cuando invadieran Europa,
con su avasallante tropa
no hubo lugar que no hollasen
pero siempre a quienes hacen
del terror una herramienta
otro les pasa la cuenta
y tal fue Vlad, el valaco
que les cobró por el saco
impuesto por tanta afrenta.
Según la historia comenta
cuando el sultán observó
aquel bosque algo le dió
de escena tan truculenta.
No pudiendo sacar cuenta
de los suyos empalados
dijo: "Vamos, apurados
regresemos a Turquía
que aquí falta cortesía
o son muy poco educados".
Y así fue que desolados
emprendieron el regreso;
al menos el culo ileso,
por el miedo derrotados.
Fueron envalentonados
mas volvieron compungidos;
del intestino ateridos
por un mal presentimiento,
soñando con el momento
de despertar, si dormidos.
De aquellos troncos prendidos
quedáronse veinte mil,
y así supo el turco vil
que en esos lares perdidos
serían siempre acogidos
con terca hospitalidad,
que no habría mezquindad
ni regateo en la guerra,
que en esa enemiga tierra
mejor no esperar piedad.
EL CAMINO
Entreverado el camino
de piedras y algunas penas,
vengo de lejos, muy lejos,
tráigome el alma sedienta.
Sé del dolor y la muerte
y otras cosas que aprendiera
no siempre de lo agradable,
pero también cosas buenas,
como el calor del amigo
o aquel amor que se entrega
entre dos seres humanos,
sé de lazos que se quedan.
Poco o mucho habré aprendido:
la vida fue mi maestra.
Me enseñó de poco a poco
y yo aprendí de su escuela
lo mejor que le he podido,
en horas que ya son muertas,
porque es el paso del tiempo
quien va cerrando la cuerda
que habrá de apretar su lazo
al llegar tu hora postrera.
Tengo casi el doble de años
que tuve cuando partiera
de aquel país donde el sol
me alumbró por vez primera.
Le dije adiós al partir,
pero no pensé que fuera
un viaje aquel de ida solo,
pues sabe bien quien regresa
que la vuelta no es posible
cuando abandonas tu tierra;
que hay como un algo perdido
de conexión que te aqueja,
algo que quiebra tu sangre
y que será tu condena;
una distancia que crece
cuando eres tú el que está afuera,
engañando a una memoria
que se llena de goteras,
como el techo de una casa
que un ciclón nos destruyera.
Dejé mi casa, mis libros,
y hoy solo tumbas me esperan
de algunos seres queridos
que dejé en aquella tierra;
algunos buenos amigos
que no sé si aún me sueñan
como yo les sueño siempre,
y un montón de fotos viejas
de lugares que existieron
y que el polvo demoliera.
Tengo mis hijos muy lejos,
tan lejos como esa tierra;
está mi vida partida
en dos mitades enteras,
entre el estar y el partir
y una estrella por bandera.
Dejé mi casa, mis libros,
pero traje esa bandera
para servirme de abrigo
en esta tierra extranjera.
EL HAMBRE DEL CORAZÓN
Es una triste verdad
que buscar es la mejor manera
de no encontrar nada.
Es esta la lucidez
que nos aporta aceptar
que no tendremos aquello que nos falta;
aquello cuya ausencia
podemos incluso llegar a olvidar.
La gente lo disfraza de mil maneras,
pero el hambre del corazón persiste,
y está allí,
como el polvo bajo la alfombra.
El amor es una extraña serendipia.
Al hambre del corazón
no se la puede saciar
con migajas.
EN EL CIRCO
En el circo de la vida
por momentos fui payaso,
domador, león acaso,
trapecista, y compartida
fue mi suerte en la partida
con el mago y el conejo.
A veces quedé perplejo
del aplauso inesperado;
las veces que fui abucheado
me curtieron el pellejo.
Encaminándome a viejo,
con don de retrospectiva,
economizo saliva,
alquílome un catalejo.
Poco espero y no me dejo
seducir por la escondida
dimensión, ni la dormida
añoranza de saudades.
Consejo de mis edades:
vive tu vida y olvida.
ERROR DE REDUNDANCIA CÍCLICA
A veces siento que pierdo
la alegría de vivir,
que mi amable sonreír
me deserta, y no recuerdo
cómo buscar ese acuerdo
entre aquel sueño y la vida,
cómo encontrar la salida
de un universo tan yermo;
amanece el día enfermo
con su fiebre mal servida.
Melancolía asistida
que viene y va, impunemente;
soledad que, entre la gente,
arriba desprevenida;
sensación de despedida
fatal, sutil, esbozada
como un trazo de la nada
sobre ese lienzo del ser;
búscole desconocer,
intentarlo es mi coartada.
Deténgome en su mirada,
súrcame un escalofrío,
mi sangre es oculto río
que confluye en su morada;
la presencia de esa nada
con su terco contrapunte
me lleva a ser transeúnte
de un eco que no suscribo,
absorto así, en tal motivo
leo en el aire un apunte.
Si la vida es tal pespunte
de una labor inconclusa,
y solo una mente ilusa
habrá que el hilo no junte,
¿quién será que no barrunte,
con un ligero temor,
este dialéctico error
de cíclica redundancia?
¿Dónde aprender esa mancia
que domestique el dolor?
GATO NEGRO
Yo soy aquel gato oscuro
al que a una hoguera lanzaron,
ese infeliz que culparon
haciéndole pagar duro
su traza de ser impuro;
soy el loco del arcano,
el albino subsahariano,
aquel que sitio no encuentra
y que en su cuerpo concentra
odio y temor soberano.
Soy el judío marrano
y el murtad de la mezquita
que el clérigo felicita
a quien mate por su mano.
Tengo el instinto temprano
de evadir todo consenso
(o al menos así lo pienso);
ni siquiera es culpa mía
ser el signo de herejía
sin una gota de incienso.
Soy a esconderme propenso,
comprensible si se mira
cuánto propicio la ira
y el resentimiento intenso.
No es grato verse indefenso
ni a la vera del camino,
quizás sea mi destino
recelar de multitudes;
me quedo con mis virtudes
y la etiqueta de un vino.
ICONOCLASTAS SIGLO XXI
Cansa ya esta moda absurda
de reinventar el pasado,
de tenerle prontuariado
a causa cual más absurda,
anacrónica y palurda
retrospectiva justicia
que al populacho desquicia
por su torpe desenfreno,
y yo les pregunto, bueno,
¿tendrá el futuro franquicia?
Fácil es con estulticia
desenterrar a los muertos,
con tanto ciego los tuertos
se reparten las albricias;
mucho que te beneficias,
injusticia del presente,
juzgando a tambor batiente
lo que ya no tiene caso,
dicta sentencia el payaso
sobre la memoria ausente.
Cuando lo ahora corriente
sea un rumor del pasado,
se sentirá avergonzado
quien para entonces lo cuente,
pues fue visto pertinente
más que hacer o el construir,
ese volver a escribir
hasta el vértigo la historia
por mediocres sin más gloria,
ni otra excusa en su vivir.
LA COSTUMBRE DE CALLAR
La costumbre de callar
se va metiendo tan dentro
que va pudriendo tu centro
sin que ya pueda sanar.
Podas un día el hablar
por no ofender a fulano;
al siguiente es a mengano
a quien mejor no se toca,
y así te coses la boca
por juzgar que es lo más sano.
Tal es el doble pensar,
y no es que no lo conozca.
Como un tornillo, de rosca
y orificio puedo hablar.
Sé que podrás alegar
un pretexto humanitario,
generoso, solidario,
pero el pretexto no importa:
tiene la vista muy corta
quien del verbo es carcelario.
El déjà vu es evidente,
al cancelar la palabra
una sociedad se labra
el cinismo de su gente.
Tanto eufemismo indolente
solo sirve a perpetuar
el abismo entre el pensar
y el decir, la vil mentira
que tras la risa transpira
la costumbre de callar.
LA MAÑANA QUE PARTISTE
Plenimuerta en la penumbra
donde el olvido malvive,
así me obligo a pensarte
si un detalle me lo exige,
muchacha de abril, muchacha,
que bajo mi piel aún vives
como un souvenir taimado,
pues de venir sobrevive,
aparécesme de pronto,
mismo si nadie lo pide,
rechiflando una tristeza
que, como un perro, me sigue
cada vez que a vos te pienso
y a aquel cuarto en que te quise
mucho más de lo que piensas
o hayas juzgado plausible.
Lejanas tardes de ensueño
que por muy poco vendiste,
aunque digas que fue mucho
(mal que por ello me admire),
bien que el tiempo lo disfrace
y de otro modo se mire.
No importa lo que hoy maldigas
ni si luego desdijiste
tus afiebradas palabras,
que el repensar nada sirve,
o el que te premies pensando
cuán atinada estuviste
al deshacer aquel lazo
pues bien simple que se dice
que tan fácil destruyeras
eso que tanto quisiste.
Espejo de la inconstancia,
mi reproche se desviste,
como tu cuerpo en mi lecho
provócame a que delire.
Yo he simulado tu entierro
tantas veces que no existe
muerta más desenterrada,
y la evidencia se sigue
de que ya fue, que ya estuvo,
que poco o nada persiste,
solo el eco de una voz
en mi voz que se resiste
tercamente a desnombrarte
cuando es palabra imposible,
recordando un viejo amor,
pues algo como amor fuiste,
algo tremendo y hermoso
que tú misma no supiste
darle lugar en tu vida
la mañana que partiste.
LEAVING HAVANA
No tengo un perrito chino para jugar a despedirme,
no tengo lápiz lapicero,
mis propiedades son pocas.
Patria no es humanidad
es cierto, Martí lo dijo
pero la experiencia indica lo contrario.
Los pasaportes existen,
las fronteras existen.
Miro el rostro de mi madre
miro sus múltiples arrugas
adonde voy una mujer de su edad
puede aún considerarse joven.
Estoy en nuestra casa
finalmente
puedo sentir algo así como afecto
cuando digo “nuestra”.
Ella ha sido
testigo de todas nuestras miserias
de todas nuestras precarias utopías
de todo nuestro inútil sacrificio.
Acaricio la nieve en el cabello de mi abuelo
acaba de cumplir noventa años
él sabe y yo lo sé que no podrá esperar
a que regrese para verlo de nuevo:
él partirá yo partiré
es preciso
dejo mi corazón
me pesa mucho.
Voy a pensar en inglés
voy a hablar en francés
voy a intentar recordar en español.
LOS BESOS QUE NO HAS BRINDADO
Volverá de otra manera
el calor de un ser amado,
los besos que no has brindado
te hallarán como a cualquiera.
Se sentarán a tu vera,
a tejer tu bienestar;
quizás tarden en llegar
o estén tocando a tu puerta,
con la ilusión más que cierta
de poder volver a amar.
Volverá ese manantial
de agua viva a poseerte,
y volverás a creerte
viviendo un sueño real.
Sentirás tan especial
que harás de ese amor bandera;
volverá la primavera,
aunque sea crudo invierno;
volverá su beso tierno,
vendrá a ti de otra manera.
LO IMPONDERABLE
Se abate sobre nosotros
lo imponderable.
Tal vez quiten la luz
tal vez se jodan los alimentos en el “frio”
tal vez el apagón te despingue electrodomésticamente
tal vez retransmitan ese programa por todos los canales
tal vez suban los precios otra vez
tal vez el dólar baje
tal vez desaparezca
tal vez quiten el gas
tal vez quiten el agua
tal vez deje de funcionar el teléfono
tal vez no haya transporte
tal vez no haya esa medicina en la farmacia
tal vez no haya trabajo, tal vez sea feriado
tal vez el pan de hoy lo den mañana
tal vez un inspector te deje sin sustento
¿a quién puedes quejarte cuando la vida
dista tanto de ser normal?
¿a quién puedes reprocharle que el concepto rutina
no sea un algo para romper sino más bien un algo
para reconstruir?
nada que hacer, es la otra cara
de tantas gratuidades
y el que vive de favor
poco puede reclamar.
Puedes darle un barniz
pero en esencia se trata de eso.
Mira a los locos,
mira a esos tipos que inundan las calles
interactuando con un otro invisible,
hablando con un otro invisible,
vociferando en voz baja
cosas impublicables.
Pregúntate
si no serán
acaso
las víctimas anónimas
de lo imponderable.
LO QUE ME DIJO UN LOCO
No intentes demostrarle cuánto le amas,
mucho menos cuánto la necesitas.
Ella lo sabe,
pero dejó de importarle.
No compres flores.
Respira hondo.
No te cuestiones por qué te ocurre esto
si eres tan bueno,
si alguna vez
(y aún no hace tanto)
eran felices.
Por supuesto,
bajo ninguna circunstancia
le reclames aquello que hayas sacrificado,
o cuánto dejaste atrás por ella.
Eso sólo podrá hacerte daño,
y además no tiene la menor relevancia,
porque créeme:
si una mujer llega a asumir
que se merece algo mejor
que el hombre con quien se acuesta,
ya no hay bajeza que no pueda cometer,
ya no hay delirio al que no siga.
Dirá que ya nadie va a quererte,
se jactará de que no vas a poder
vivir sin ella,
te gritará en su último portazo,
y vaciando sus pulmones de arrogancia,
que sólo por un error de Dios
es que ella estuvo contigo.
Tú, escucha sus palabras
como quien escucha caer la lluvia,
con la certeza de que al final,
eventualmente, terminará por escampar.
MI SED
¿Qué dirás cuando te diga
que conocerte de nunca
fue de siempre y que esa trunca
añoranza que nos liga
se aquieta en tu voz amiga,
encuentra en ti fundamento?
Si culpo a un presentimiento
de saber que ya estarías,
¿puedo asumir que creerías
las verdades que te miento?
¿Qué me dirás si te cuento
que mis ojos te recuerdan?
Aunque mis venas discuerdan
en qué siglo y qué momento,
te amé en la furia del viento
cuando el Sahara era un mar,
te he buscado sin cesar
por océanos de tiempo.
Mi sed, se sacia a destiempo
al perderme en tu mirar.
NOCHE DEL DIA DE INOCENTES
Te he olvidado.
OFICIO
Está más que permitido
colapsar de amor en un poema,
fallecer de pleniangustia en cada estrofa,
ser el niño de Guatemala
y alquimizar la tristeza
en un estilo de vida,
siempre y cuando te guardes
algo de coraje vital y clandestino
donde nadie te lo vea,
siempre y cuando no olvides
que, eventualmente,
a la vida habrá
que hacerle frente
con los cojones bien puestos.
PERSONAS
Personas que en el camino
te encontraste, esas personas
que al verlas no te cuestionas
cómo cambian tu destino,
al nombrar tu desatino
y al hacértelo entender,
seres amables que ayer,
por unos breves momentos,
fueron luz en sus intentos
por ayudarte a crecer.
¿Cómo pudo suceder
que nunca más se les viera?,
¿cómo expresar la manera
en que se hicieron querer?
Ese abrazo, aquel saber
que se infiltró en tu razón,
su huella en tu corazón,
lejana, más no perdida,
legado hermoso en tu vida:
sanarte fue su misión.
Te desvela esa impresión
de que faltó gratitud
por compensar tal virtud
en su justa dimensión,
de que no hubo la ocasión
o que fue solo un instante.
Tal es nuestra vida andante
por esos rumbos de Dios:
vivir es solo un adiós
con un discreto semblante.
PIEDRA EN EL AGUA
Como una piedra en el agua
hoy cae, digo tu nombre,
sale así, no es que me asombre,
rompe el líquido cristal;
ondas concéntricas traza,
más amplias según se alejan,
desaparecen, no dejan
huella ninguna al final.
Aún tu fantasma está en casa,
desnudo sobre mi lecho,
duele tu ausencia en mi pecho
tan Malenamente mal.
Mucho más ha de doler
sin que ya espere respuesta,
y aunque olvidarte me cuesta,
piedra y nombre traga el agua,
desapareces, mujer.
POEMA A UNA MUJER DE OLVIDADO
NOMBRE
Menos tu nombre, vuelve todo
(a mi mente
menos tu nombre; y trato, de recordarle
mas en vano.
(Me esfuerzo por encontrarle.
Se me pierde, se diluye entre la gente
que alguna vez conocí y hoy desconozco.
Ese nombre repetido que yo amaba
eco antiguo de una voz donde habitaba
tu presencia, el mutuo ayer. Yo le conozco
pero piérdense las letras si me acerco
a atrapar aquel deseo que hoy
(me muerde
absurdo y voraz, anacrónico y terco,
primavera, memoria, otoño del hombre.
Que increíble la ironía, que recuerde
tantas cosas, oh mujer,
(menos tu nombre.
ROLLING OVER BUKOWSKI
Todas las mujeres
todos sus besos
los diferentes modos
en que se vienen y se van
en que te atan a su sexo
o mejor, en que se atan a tu mismísimo
sexo y no te dejan
o te lo dejan enredado con un nudo de corbata.
Era uno de esos lugares
que abren aún de madrugada.
Yo estaba desvelado
y fui a sentarme alli sólo a tomar
y fui a sentarme alli a tomar solo
como un perro
que no resiste esperar a que amanezca,
alejado de las luces y del ruido
y solo,
abandonado hasta por las pulgas.
Ponían una canción de Enrique Iglesias
ya podrán imaginarse de qué clase
de lugar se trata.
La imagen de un tipo solo
tomando
solo
en un lugar así
supongo que no dejaba
de ser patética
y había
también
una negra
gorda como el tonel
de Díogenes
bailaba algo borracha con dos negros más negros
que la maldad
y
se acercó de pronto hasta mi mesa
quería venderme pomada china.
No sé como ella puede haber imaginado que yo buscaba
pomada china
precisamente
pero se acercó a venderme eso precisamente: pomada china
es bueno para el dolor
–me dijo–
de cabeza
y si te duele el alma
te lo frotas sobre el pecho
y se indicó con el dedo
un punto vago
algo a la izquierda
de sus voluminosas
tetas.
¿Te dejaron? –preguntó
no te preocupes, chino
que ya aparece otra
y es verdad
siempre aparece otra
y tal vez eso
sea lo peor
pero eso no lo dije.
En realidad no dije
nada.
Ella tomó el billete y lo introdujo
presillandolo
con sus voluminosas
tetas.
No me ha hecho efecto
pero aún
de vez en cuando
me froto
un poco de pomada
china
sobre la izquierda
en el pecho.
SI ES QUE HAY MAÑANA
Cuando te vuelva yo a ver, mi bien, si es que hay mañana,
simularemos que fue poco el tiempo sin vernos
y, al luminoso instante de entrerreconocernos,
nos amaremos tanto como dure esa gana.
Redimiré tus pechos de opresiones injustas,
como la cruel que sufren bajo el encaje artero;
libaré tus pezones con beso justiciero,
descenderé a profanar el monte si así gustas.
Encajado entre tus muslos me verás sonriente,
de la luz lleno cual sol al entrarse en su casa,
y serás luna ardiendo en la solidaria brasa
donde al amar se hermanan el sabio y el demente.
Te amaré sin razón, sin excusa ni ventana,
cuando te vuelva yo a ver, mi bien, si es que hay mañana.
SONETO DEL DESEO SERENO
Quisiera ser la luz en tu mirada,
reflejo de un amor que no se esconde,
morada de un latido que responde
al sueño de tu piel enamorada.
Perderme en tu quietud amanecida,
sentir que en tu calor el mundo es leve,
y en cada abrazo tuyo, suave y breve,
hallar la eternidad de nuestra vida.
No busco más que ser quien te acompaña,
quien rompe tus silencios sin quebrarte,
quien, sin dejar de verte, aun más te extraña.
Y si el deseo ardiese por tocarte,
seré la brisa fiel que no te daña,
mas sabe arder de amor solo al mirarte.
SONETO PARA UNA FLOR
«Nobody, not even the rain, has such small hands».
—E. E. Cummings—
Sueño el roce febril, electrizante,
de su cuerpo menudo en el abrazo,
la corriente que surca mi espinazo
de sentirle a mi lado palpitante.
Y aún más sueño: sus ojos de gacela,
la caricia sensual que en su mirada,
con su mudo lenguaje, dice nada
y en su hablado callar, todo revela.
Sueño incluso esa rosa al entregarse
como un eco invocando ecos lejanos,
eco antiguo a una flor que resucita.
Sueño aún, del cual la lengua se limita.
Flor hermosa, de tan pequeñas manos
que a la lluvia pudieran semejarse.
TABLAS
Qué regalo me brindas
al entregarte así,
tan limpia,
tan entera,
tan hembra,
y no dejarme otra opción
excepto amarte,
mujer,
excepto amarte.
Y mientras te piensa
exhaustiva mi mente
divaga y vuelvo a ser martillo
hundiéndome en tus grietas,
y vuelvo a estar en ti,
volvemos a ser uno,
en este mismo sofá
donde ahora juegan mis hijos.
Excluyendo la cama de dormir
donde el resto de mortales
usualmente se aparea,
hicimos el amor en cada sitio
que se pudo
de esta casa.
Atado a mi su cuerpo,
atado al suyo el mío,
volamos,
hay que aceptarlo,
aunque sea un lugar común,
ardimos
como la vela
y el fuego
sin llegar a consumirnos.
Fui Odiseo sin amarras
y dejé atrás mi barco,
y olvidé mi reino.
Me entregué a la sirena
y cantamos sus canciones
mientras tuvimos aliento.
Fui devorado palmo a palmo
por su hambrienta,
por su amorosa boca,
fui devuelto a la vida
y no la quiero sin ella.
Qué cosa tierna
verte en el fondo
de sus ojos que acarician
y escuchar su hermosa voz
nombrándote,
pidiendo
entre susurros más amor,
papi,
más amor,
todo el que tengas
allí donde la bestia y lo divino
son ya uno
y para siempre
sin dejar de ser dos,
hombre y mujer,
como al principio.
Qué circunstancia deliciosa
sentirte tan viril
como un potro salvaje
machiembrado a su yegua enfebrecida
y a la vez tan pequeño
y a la vez tan frágil
como un niño
al que su madre
da cobija en el abrazo.
Qué gramática feliz
amarte así,
rotundamente,
en el pretérito perfecto (no puedo decir
menos)
compuesto (por nosotros)
del modo indicativo
y no en ese elusivo,
nebuloso,
antipático,
tiempo pluscuamperfecto
del modo subjuntivo.
Lo declaramos tablas, amor,
lo declaramos tablas.
TAL VEZ
Tal vez no logre ver
las cataratas de Iguazú.
Tal vez no pueda ir
a las pirámides de Egipto
ni a Teotihuacán.
Tal vez no me sea dado
viajar al Coliseo de Roma,
ni tampoco a la Gran Muralla China,
y ni siquiera volver
a aquella aldea de Galicia.
Tal vez no alcance a hacer
el Camino de Santiago,
ni a montar otra vez
aquel tranvía de Lisboa.
Tal vez no pueda
sentarme
junto a la boca del Tajo
a delirar que aún observo
pasar los barcos
en ese inmenso muro
salitreamente lejano
de La Habana.
Ha de dolerme, sin duda.
Son tantos los talveces
opuestos a los quisiera,
que a veces me temo
que la muerte gane el pulso,
y es que hay que amar la vida
más allá de sí misma,
hay que vivirla,
hay que intentarlo mientras se pueda,
hay que beberla
como el más caro de los vinos,
como si el fin no existiera,
como si el fin no importara.
TIEMPOS
Técnicamente hablando,
es cierto que el tiempo de nuestras vidas
en el cual deberemos por fuerza vivir
en desamor
tiende a ser, cuantitativamente,
más que ese otro tiempo,
el luminoso tiempo
en que el amor penetrará en tu vida
haciéndote creer (si así se lo permites)
que esta vez,
no tendrá intención de marcharse.
Lo sé, lo sabes, lo sabemos:
todo no es más que una ilusión.
Y, sin embargo,
el poco o mucho tiempo,
técnicamente hablando,
en el que esté eso que llaman amor
habitando los segundos,
los minutos de tus horas,
será mucho más preciado,
será un tiempo mucho más insoslayable,
cualitativamente superior,
y nunca, pero nunca,
dejará de habitarte
como ese loco deseo
de una tierra
a la que siempre
soñarás con volver.
TODO, NADA Y A LA VEZ
Mi oximorónica amiga,
bien poco es lo que me pides:
que olvide cuando no olvides,
recuerde cuando me diga
tu hermosa boca que siga
para siempre en un tal vez
o en un nunca y su revés,
sin conflicto y sin acuerdo,
algo loco pero cuerdo,
todo, nada y a la vez.
Tus demandas, como ves,
son fácilmente accesibles;
ya no digo que imposibles
como las alas de un pez,
gozan de tal candidez
que nos deja enmudecidos,
lúcidos y confundidos
por el más obvio misterio
(hilarante por lo serio)
de un despertarse dormidos.
Concluyendo, tus pedidos
satisfechos son al punto,
aunque mañana barrunto
sin más demora ni olvidos,
ellos te serán cumplidos
porque nunca podrán ser;
tú me has hecho comprender,
sin que ya me quede duda,
ni precise más ayuda,
lo que quiere una mujer.
TODAVÍA
Casi la mitad de un siglo en mis costillas,
y todavía soy capaz de pensar
como un adolescente
en una mujer a la que apenas conozco,
de quien solo sé un nombre o dos,
y poco más,
muy poco más que eso.
Todavía soy tan pendejo
de poder alegar
que recuerdo haberla visto
en un remoto paraje de mis sueños,
que naufragué en sus labios hace miles
de años,
que la busco desde entonces
sin alivio ni consuelo,
como si el mismo tribunal
de mi inclemente razón
fuese capaz de absolverme,
como si fuera aceptable
tanta nostalgia del cielo.
TÓXICO
Tóxico.
Soy un hombre tóxico.
Lo tengo como orgullo
en un mundo
tan trivial
como pendejo.
Creo
en la amistad
y en el amor.
Me importo con la gente.
No fluyo.
No soy ligero.
No me percibo
como otra cosa
que lo que he sido,
soy un hombre,
y vivo
en un mundo
digital
de ceros y de unos,
de me gusta y corazoncitos
pero el mío
sigue aún y seguirá
latiendo
en su modo
analogico.
Estoy
hasta la madre
de pleases y de thank you-s,
de eufemismos,
mentiras
e ingenieria social.
No quiero
ver el futuro,
ya he visto bastante.
Seré feliz
de no ver más
de eso que tengan
asignado para mi
las muy cabronas Parcas.
Moriré
y todo el que me recuerde
ha de morir poco despues.
El tiempo es relativo
y no hará gran diferencia.
Los millenials
heredarán la tierra.
TU AUSENCIA Y YO
Que dificil olvidarte,
no es cosa que lleve un día,
ni encuentro filosofía
que ayúdeme a desnombrarte.
Me obligo casi a pensarte
como un ser imaginario
evito así el escenario
para mentir un encuentro,
llevo tu ausencia tan dentro
que conversamos a diario.
Podrá resultar palmario
lo absurdo del escribirte
como si algo por decirte
resultara necesario.
Decidirá el calendario
si esta saudade persiste,
si mi mañana se viste
de alegría o de fracaso,
si habré de olvidarme acaso
de tanto amor que me diste.
UNO CASI
Uno llega casi a olvidarse
de lo solo que está
y podría vivirse así
sin que eso sea
bueno o malo,
solo
la vida
y, sin embargo,
en medio
de una conversación
sin previo aviso,
la caricia de unos ojos,
la justa
palabra de una voz,
la complacencia
inesperada
de una cierta y repentina
complicidad
te arrancan de esa,
tu realidad asumida
y terminas escribiendo
un poema
sin ton ni son,
desde el abismo
de ese túnel hacia un mundo
de pasiones incomodas
en el cual
ya no habitas.
16 AÑOS
Nunca había visto
un coño
abierto
delante de mis ojos.
Por supuesto, conocía los manuales
de Alemania democrática,
interpretaba manualmente alguna
que otra película
de los cines y también
¿por qué no confesarlo?
había tenido mis juegos de manos
pero nunca fui un tipo de suerte
con las muchachas de uniforme adolescencia,
no soy bueno para convencer a nadie
y para colmo era también
un cabrón adolescente
patético
y sin sentido del humor.
Mi padre
era un cuadro del Partido.
Mi madre
era un cuadro del Partido
y yo pintaba cuadros
en la escuela de arte
(centros procesadores que embotellan
el alma incipiente
de los grandes maestros del futuro).
Entonces llegó ella
modelo de la escuela donde yo pintaba cuadros:
cuadro clínico:
Dios mío, era brutalmente hermosa
boca de puta
ojos de cierva
los pechos duros
la grupa inmensa
y el sexo parecido al de los manuales, es decir,
si es que entendemos
la furtiva relación que se establece
entre el ojo del estudiante y la modelo
colocada
a la prudente distancia
de varios metros.
Pienso que todos la deseaban
era, repito, brutalmente hermosa.
Bueno, debo agregar que yo escribía poemas
y reciclaba ese bolo
alimenticio no totalmente digerido
donde podía notarse
a simple vista
algo de Silvio
algo del viejo Nicolás
sin songoros ni cosongos
y Roque y los demás
Nogueras y Nazim
Hikmet.
Uno es más o menos lo que escucha
o lee
y yo dejaba
saber a otros
(tal vez a demasiada gente)
que yo escribía
y qué cosa escribía.
No sé de qué manera ella lo supo
y leyó aquellos poemas que,
más tarde y escrupulosamente,
eliminé.
Pero entonces
y todavía
estaba ella
parada frente a mí.
Me gusta mucho lo que escribes, dijo,
habló de madurez
y se asombró de mi edad.
Pienso que ella tendría
10 más no menos e infiero
que llamaba madurez
a mi afectada
apropiación de axiomas
induzco
que mi modestia prestada
me habrá impedido responder excepto
alguna estúpida frase
estúpidamente inteligente
y colgada
de sus pezones
duros, pétreos, reventando
bajo la bata del receso,
a veces
volvimos a coincidir sin mayores consecuencias
en ese mismo horario,
en ese mismo banco entre los
turnos
hasta esa tarde
en que me dijo algo
tan
soberanamente ridículo como
“me gustaría
amarte”
y yo respondí como un hombre maduro,
es decir,
no dije nada
a esa mujer
sentada frente a mí
boca de puta
ojos de cierva
los pechos duros
la grupa inmensa.
Sonó el timbre
y ya no tuve más calma que la aparente
y ya no tuve más concentración
y ya no pude ser profesional.
Afortunadamente terminó el último de aquellos
turnos.
y yo la acompañé hasta cerca de su casa
como ese hombre maduro
que, por supuesto, no era.
No palabras
no explicaciones
no nada
solamente un beso cerca de los labios
en esa esquina en que decidió seguir sola.
Te espero, dijo,
mañana
y no sé bien cómo pude
dormir hasta mañana.
Cuando llegué a su puerta
cuando me abrió su puerta
cuando me hizo entrar allí, más allá de su puerta
su ropa, de pronto, no estaba más sobre su cuerpo
su cuerpo, de pronto, no estaba más
erguido sobre sus pies
junto a la puerta
sino sobre su cama, tendido
como la tierra que espera por la lluvia
abierto
como un animal salvaje.
Entonces
lo pude ver bien,
entonces
vi sus fauces
vi la bestia esperando
sonriendo un poco antes de engullirme
como a Jonás como a Pinocho
labios
hermanos de otros labios
y alrededor el bosque
el incipiente lobo
el hombre viejo el hombre nuevo
el hombre verde
el hombre maduro
el hombre podrido
siempre el hombre
y el
abismo al centro, casi húmedo
y totalmente cálido
tirando de mí
con todas sus benditas
fuerzas.
Cuando todo acabó
tomamos un café
prendió un cigarro
para los dos
y a mí me traicionó
la tos, el humo
fue más honesto que el escri/
(v)(b)ano todo, excepto
su coño para siempre en mi cabeza
y en otros coños próximos lejanos combates
mujeres.
¿Es tu primera vez? –ella no pudo no preguntar
y el café estaba amargo, quiero decir: amargo
sí –no pude yo
no responder
y no volvimos nunca a vernos
ya no volvió a posar
desnuda
y aséptica
ya no volvió a pasar
desnuda
y ardiendo
ya no volvió a pesar
sino el olvido
fútil, fatal un poco
y deslizó palabras
el absurdo consuelo de una,
de otra,
cita imposible.
Era
su turno de actuar y se vestía
se reciclaba, se ajustaba
el maquillaje
frente a mí
boca de puta
ojos de cierva
los pechos duros
la grupa inmensa.
VI
Vi al mal del relativismo
ensalzado en la academia,
y vi padecer de anemia
la virtud; vi al hedonismo
florecer, sentí el abismo
bajo mis pies extenderse;
vi lo noble corromperse
por halagar la estulticia
de la turba y su justicia,
y aún más quedaba por verse.
Vi a un tirano conmoverse
denunciando el genocidio,
mientras de su vil presidio
no pueda una hoja moverse;
vi al terrorista venderse
de luchador libertario;
vi la ONU un escenario
de circenses bufonadas,
tontos útiles, manadas
del pasto universitario.
Vi al Diablo darle salario
a insignes intelectuales;
vi a bardos postcoloniales
declamar su corolario
de falacias; vi al falsario
cancelando al disidente,
y vi más, vi lo frecuente
del recurso de callar
a otro haciéndole llamar
por algún mote insolente.
Vi la maldad de la gente,
sus llagas y su mentira;
vi quemándose en la pira
toda razón e incongruente
vi al racista impenitente
posar como antirracista,
y vi en su plan optimista
filántropos embusteros;
vi un mundo lleno de ceros,
y de unos, a simple vista.
Vi al perpetuo oportunista
haciendo su equilibrismo;
de bastardo vi al marxismo,
prepucio islamofascista;
vi al engendro globalista,
vi el grito subvencionado;
vi que al poder del Estado
enemiga es la familia;
vi al dios de la pedofilia,
vi a Jesucristo abortado.
LA URGENCIA DE UNA FRONTERA
Por despedirme del año
y que se vaya sin penas
esbozo este verso apenas
para sopesar el daño
y el beneficio, el peldaño
donde queda lo olvidado,
preterido, excomulgado,
caduco, o como gustéis;
he de darle al veintiséis
lo mejor que haya salvado.
No es poco lo que he logrado
ni menos lo que he perdido:
algún amigo querido,
más de un afecto quebrado;
pero también he gozado
los pequeños regocijos
de la amistad, los prolijos
recovecos de la suerte,
y aquel amor nunca inerte:
la sonrisa de mis hijos.
Hurgando en los entresijos
que depara el porvenir
no encuentro ya qué decir
ni doy valor a acertijos.
De mirar sus ojos fijos
el sol cegarnos pudiera,
reniego a toda bandera
que niegue voz a la vida,
encuentro en la despedida
la urgencia de una frontera.
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