Tuesday, February 24, 2026

A NINGÚN SITIO - POEMAS MIGRANTES

 


A MODO DE DEDICATORIA

Son mis poemas migrantes,
como su nombre lo indica,
testimonio que me implica,
compendio de mil instantes
de una vida, trashumantes
estéticas, obsesiones
donde he habitado, pasiones
de esas que no tienen cura,
el beso de la locura,
del amor las decepciones.
Entiendo que te cuestiones
si es que le falta coherencia
a este espejo de impaciencia,
luto, gozo, transgresiones.
Viví así mis migraciones
de país, creencia, verso.
Le parí con mucho esfuerzo
al libro que está en tus manos;
versos de exilio y cubanos
isla, patria y universo.
No lo entrego al multiverso
ni tampoco al activista,
al voraz proselitista
o a la moneda y su anverso.
Este libro tan diverso
lo entrego para leer
a aquel que sienta placer
todavía en la poesía,
al hijo del alma mía
y a la próxima mujer.
Y si a cosas del querer
es a lo que uno dedica
el libro que se publica
despues de darle taller,
se lo doy como ha de ser
a aquel que partió conmigo
su pan, y que me dio abrigo
en lo crudo del invierno.
Mi libro, abrazo fraterno,
entrégolo al buen amigo.


PRÓLOGO

Para contar, uno siempre necesita deconstruirse. «¿Cómo llegamos hasta este punto donde estamos?», nos preguntamos. A partir de ahí, el pensamiento nos lleva por los vericuetos de la memoria, y con ella vamos a los momentos, los retazos que nos hacen ser quienes somos. Como diría Milán Kundera: ¿qué somos, si no este poema? Este conjunto de textos que tienes en las manos, poemas de A ningún sitio, es precisamente la materia que queda después de esa deconstrucción; son los ecos de las experiencias de Adrián Valdés Montalván, un poeta que conocí hace más de veinticinco años, en medio de la prestidigitación de la supervivencia a la que estábamos condenados.

Compartimos durante años libros, análisis y libaciones, y he tenido el gusto de participar en sus lecturas, incluso ya fuera de nuestro país de origen. Como observador privilegiado, he visto su periplo personal y literario, y he seguido su creación desde aquellas caricaturas que esbozaba rápidamente en papel, al borde del malecón habanero; su descarnalidad bukowskiana, sus desarraigos y su desaprender, hasta la sublimación de su orfebrería poética, un inesperado abrazo a la rima y la consonancia.

Todas las miradas de la poesía son siempre muy íntimas, y aquí no será menos. Adrián nos lleva en su odiséico viaje y nos deposita en ese mismo punto en el que está él ahora, para cuestionar todo nuestro derredor. Esa resistencia al olvido, mediante el eco de lo vivido, se configura esta vez en la conjunción de lo que veo como cuatro poemarios en uno, que hilan el tejido de la contemporaneidad, al vaivén del nóstos y el algos, atrapando los instantes de nuestros seres actuales.

En humildísimo homenaje a sus ancestros poéticos, estamos en presencia de una simbiosis de su poesía conversacional trashumante en constante mutación que halla su mejor nicho en versos “insistenciales”, ultraexplícitos, tálamocéntricos, postmofóbicos y antisociales.

El uso de grafismos, presentes en ese quevedesco El asterisco y en el guiño girondesco de Muchacho, corroboran el estilo visual de Valdés, como confesando su temprana formación como artista gráfico graduado en la prestigiosa Academia de Bellas Artes San Alejandro de La Habana. Así desfilarán ante ti pseudo-haikus, décimas espinelas, sonetos, romances, cuartetos, ecos de octava real apócrifa y hasta una silva (estructura que alterna versos heptasílabos y endecasílabos), perfectamente imperfectos como la vida misma, carne a punto de cancelación.

En estos tiempos en los que tan de moda están los modelos de lenguaje natural y otros algoritmos anti-creatividad “diabólicos”, la poesía, en ocasiones métrico-transgresora, contenida en A ningún sitio, es una suerte de menú degustativo para contrarrestar los síntomas de la nueva barbarie de la que Alessandro Baricco nos avisaba.

Félix E. Varela
A Coruña, Diciembre de 2025


  • TORONTO NO CREE EN LÁGRIMAS
    Poemas insistenciales
    Toronto no cree en lágrimas

  • POEMAS DEL DESEO INDISCRETO
    No aptos para menores
    Poemas del deseo indiscreto

  • POSTMOFOBIA
    Poemas antisociales
    Postmofobia

  • EL HAMBRE DEL CORAZÓN
    Poemas talamocéntricos
    El hambre del corazón



  • ADRIÁN, EL OTRO

    Hace casi veinte años que nos conocemos. Nos vemos poco, pero hablamos todos los días. Él me envía sus poemas y quiere saber qué pienso de ellos; rara vez los encuentro menos que brillantes. Ahora me ha pedido que escriba un texto para su tercer libro. Y acepté con gusto, porque es un privilegio presenciar la evolución de alguien que ama su oficio hasta el extremo de dedicarle todo su tiempo, toda su energía, toda su obstinación a ese ejercicio tan inútil —y tan necesario— que es la poesía. Hay oficios que dan dinero. Hay ejercicios que otorgan fama. Y otros, simplemente, dan placer. No sé en cuál de estas categorías caerá este nuevo libro para el querido Adrián. Tal vez el futuro le regale alguna de esas recompensas, o tal vez ninguna. Pero de algo estoy seguro: ninguno de estos poemas fue escrito con esas gratificaciones en mente. Fueron escritos porque Adrián no puede, ni quiere, ni sabe —ni quiere aprender— a hacer otra cosa que escribir poesía. Y en esa obstinación, a veces, se encuentra la llave de la excelencia.

    Pedro Carbajal
    Quebec, Diciembre de 2025

    Sunday, February 22, 2026

    COMO UN ECO DEL FUTURO


    ÍNDICE

    -A la tristeza
    -A esta flor
    -A mi madre y a mi hija
    -Allá lejos y hace tiempo
    -Antídoto al rencor
    -Busco y no
    -Cabalgata
    -Como en los cuentos
    -Como un eco del futuro
    -Cosas que no diré a mi hijo
    -De aquel tórrido romance
    -Declaración de principios
    -Del mismo modo
    -Desarraigo
    -Dixit
    -Dos soledades
    -El bosque de Targoviste
    -El camino
    -El hambre del corazón
    -En el circo
    -Error de redundancia
    -Gato negro
    -Iconoclastas del siglo XXI
    -La costumbre de callar
    -La mañana que partiste
    -Leaving Havana
    -Los besos que no has brindado
    -Lo imponderable
    -Lo que me dijo un loco
    -Mi sed
    -Noche del día de los inocentes
    -Oficio
    -Personas
    -Piedra en el agua
    -Poema a una mujer de olvidado nombre
    -Rolling over Bukowski
    -Si es que hay mañana
    -Soneto del deseo sereno
    -Soneto para una flor
    -Tablas
    -Tal vez
    -Tiempos
    -Todo, nada y a la vez
    -Todavía
    -Tóxico
    -Tu ausencia y yo
    -Uno llega casi a olvidarse
    -16 años
    -Vi
    -La urgencia de una frontera



    A LA TRISTEZA


    A la tristeza,

    déjala estar.


    Sigue ocupado en tus deberes.

    Coexiste.


    Ella habita tu espacio

    y tú habitas el suyo.


    No te incomodes por su presencia,

    déjala estar.


    Se volverá a marchar

    del mismo modo

    que ha venido,

    sin pedirte permiso.


    A ESTA FLOR


    ¿Será que te vuelvo a ver

    o no nos vemos más nunca?

    ¿Será tan fugaz y trunca

    toda esa magia de ayer?

    ¿Será su alquimia, mujer,

    un eco gris del pasado?

    El día menos pensado

    ¿te encontraré sin buscarte?

    ¿O acaso debo olvidarte

    como un sueño desechado?


    ¿Será que el tiempo de amar

    es tiempo breve y contado?

    ¿Será que muere apagado,

    cual ola en el vasto mar?

    ¿Será su precio (el de hallar)

    languidecer de añoranza?

    ¿Será su triste enseñanza

    tu desvanecido rastro?

    ¿Será el capricho de un astro

    quien me priva de esperanza?


    ¿Será, de tanto no verte,

    que de pronto me acostumbro?

    ¿Será el día que vislumbro

    anticipo de la muerte?

    ¿Será que, de no tenerte,

    tu imagen se borra entera?

    ¿Por qué dio la primavera

    a esta flor vida tan corta?

    ¿Por qué es que tu gracia aborta

    travestida de quimera?


    A MI MADRE Y A MI HIJA


    (Sobre un verso de Sor Juana Inés de la Cruz.)


    Como un libro que hojeo y desempolvo,

    son tus letras las frases que me pierdo

    o que leo de un tú que ya es recuerdo:

    es cadáver, es sombra, es nada, es polvo.


    Donde estás sin estar, y donde asombra

    tu presencia que siéntese en el viento,

    aquel tú que no dio consentimiento:

    es cadáver, es polvo, es nada, es sombra.


    Sé que vives, bien sé yo que la muerte

    no es del todo verdad, que tu mirada

    es la misma de quien no alcanzó a verte.


    Son tus ojos los suyos, deslumbrada.

    Esa tumba que dice contenerte:

    es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.


    ALLÁ LEJOS Y HACE TIEMPO


    Allá lejos y hace tiempo

    yo creía en la verdad,

    y aunque era impropio a mi edad

    busqué el saber a destiempo,

    amar era un pasatiempo

    y el mar, mi mejor amigo.

    Fui mal actor y aun lo sigo

    siendo, si esa es la pregunta;

    junto a mi infancia difunta

    dejé el calor de su abrigo.


    Supongo estará conmigo

    algo de aquello que yo era,

    pero es de la primavera

    el otoño un mal testigo.

    Con el presente litigo,

    mi temor de los espejos;

    voyme al país de los viejos,

    de ese que no se regresa;

    se va una vida que empieza

    hace tiempo y allá lejos.


    ANTÍDOTO AL RENCOR


    El rencor es una planta

    que necesita cuidado,

    siembro en terreno abonado

    y tal prospecto me espanta.

    Vi tu mueca de percanta,

    y te odié profundamente;

    te vi fingir insolente

    que mi presencia ignorabas

    o que ni cuenta te dabas,

    cercada por tanta gente.


    Terco soy. Es evidente

    o así lo empiezo a entender

    que reprocharte, mujer,

    argucia es cruel de mi mente.

    Al corazón incongruente

    la estulticia de sufrir

    recrimino; su insistir

    como si algo te debiera

    de gratitud, y aún pudiera

    hacerte un sitio al vivir.


    Mejor dejarte morir

    para sonreír al verte,

    ¿cuánto más puedo perderte

    si ya te he visto partir?

    Debo educarme el sentir

    y a esta planta malnacida

    que pugna por tener vida,

    cortar su raíz de cuajo

    mandando para el carajo

    tu silueta tan querida.


    BUSCO Y NO


    Te busco, no lo confieso

    ni a mí mismo, pero busco

    señales tuyas; traduzco

    tu huella amada y tropiezo,

    deliro el rastro de un beso,

    sueño soy, tu alma conquisto.

    Soy lobo hambriento y existo

    solo en virtud del deseo;

    huelo tu sangre, olfateo,

    busco y no, soy terco, insisto.


    Te busco, tengo la prueba

    de que he mirado tus ojos;

    llámanme tus labios rojos,

    haga sol, escampe o llueva.

    Sigo tu pista, la nueva,

    donde me llevan tus pasos.

    Recupero los pedazos,

    la ilusión que se repuebla;

    busco, me adentro en la niebla,

    trazo en el aire tus trazos.


    Te busco, sigo constante

    un camino que me invento;

    en cada atajo presiento

    que estará tu boca amante.

    Busco de ti nuevo instante

    y la esperanza revisto;

    olor, colores, persisto,

    hállote en una madeja,

    hilo cruel de amor y queja:

    busco y no, soy terco, insisto.


    CABALGATA


    Deja caer al suelo tus bragas y el vestido,

    y que el deseo fluya como la lava ardiente,

    aliento de conjuro que confirma y desmiente

    ese instante perpetuo que nos fue concedido.


    Así te habrá soñado mi piel, mientras deshiela

    al roce voluptuoso de tus convexidades,

    como el repique sordo de las profundidades,

    badajo enfebrecido de un tajo que se anhela.


    Encájate a mi cuerpo, que mi carne se apresta

    para ser por la tuya, con gusto, devorada;

    la ofrezco ante tus fauces, desnudada y enhiesta.


    Sostente de mis manos en la noche estrellada.

    Yo te seré sedienta montura para el vuelo;

    desandaremos juntos el camino hasta el cielo.


    COMO EN LOS CUENTOS


    Hijos míos,

    quisiera decirles

    que el bien y el amor

    van a triunfar

    como en los cuentos,

    pero no consta

    y ni siquiera depende

    completamente de nosotros.


    Lo que sí les diría

    es que no olviden

    que debemos vivir con esa idea:

    que ese bien y ese amor

    merecen su lugar en nuestros corazones.


    Que prevalezcan allí

    como en los cuentos,

    y hacer de ese modo

    nuestra parte,

    nuestra pequeña parte,

    la que dependa de nosotros,

    porque así sea.


    COMO UN ECO DEL FUTURO


    Como un eco del futuro

    o de un lejano pasado,

    temo que ya he visitado

    el sol en su lado oscuro;

    me embriagó su aroma impuro

    hasta llenar mis pulmones,

    contaminó mis visiones

    con su olor fétido e inmundo.

    Vengo de un sitio profundo,

    desprovisto de ilusiones.


    Yo estuve con las legiones

    que destruyeron Cartago;

    tengo un recuerdo algo vago

    de tener como anfitriones

    a reyes de mil naciones,

    a constructores de imperios.

    Soy flor de los cementerios

    donde a los hombres se hermana

    cuando el gusano se ufana

    develando sus misterios.


    Yo he estado en los improperios

    que acompañan las revueltas,

    en las naciones disueltas

    y en todos los cautiverios;

    he ejercido magisterios,

    me han aclamado en el podio,

    he sido ingrato custodio

    disfrazado de quimeras.

    Me llaman de mil maneras,

    pero mi nombre es el odio.


    COSAS QUE NO DIRÉ A MI HIJO


    Del mismo modo que tú

    lo creerás en el futuro,

    también yo creí

    que el amor podía vencerlo todo,


    pero me hicieron comprender

    que estaba equivocado,

    y fue un trago bien amargo,

    aunque no llegó a matarme.


    Debí recomponerme la sonrisa,

    debí reinventarme las razones

    y debí comprender

    que solo ustedes, los dos,

    me extrañarían,


    y no tuve más opción

    que llenarme de coraje,

    perdonar

    y perdonarme


    para seguir viviendo.


    DE AQUEL TÓRRIDO ROMANCE


    Creo a veces no pasó,

    de tanto tiempo pasado,

    quizá yo lo haya soñado

    o mi mente lo inventó.

    Solo sé que nos juntó

    (paradojas del invierno)

    el instante casi eterno

    de aquel tórrido romance;

    fue tu adiós absurdo trance

    luego del beso más tierno.


    Bien sé del disfraz fraterno

    que es una burda ilusión,

    que arropa a la sinrazón

    todo anhelo sempiterno.

    Idilio tornado infierno

    son tus pétalos de espinas.

    Tú no sabes, no imaginas

    cuánto pude yo quererte;

    de ti le hablaré a la muerte

    si me hallare en sus neblinas.


    En las horas peregrinas

    que los días van labrando,

    me voy en ti reencontrando

    sin espacio para inquinas.

    Es así que te avecinas,

    amor terco, amor demente.

    Sé que es poco convincente

    decir que yo te recuerdo

    cuando no gano ni pierdo

    ni te busco entre la gente.


    Verso que brotas urgente

    cuando ya no es necesario,

    recibiendo tu salario

    de una pena impenitente.

    Voz de ayer en mi presente,

    pasado que no pasó.

    De restarte quedo yo

    insepultando el amar:

    mal puede cicatrizar

    la herida que no cerró.


    DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS


    Y sí,

    por escrito lo confieso,

    me erotiza mucho más

    (pero muchísimo más)

    ver tu blúmer colgando,

    cara al sol,

    mudo testigo de humedades,

    detonante perverso

    de innombrables fantasías,

    puesto a secar con sus huequitos

    consabidos,

    casi, casi imperceptibles,

    diminutos,

    indiscretos,

    provocados por el uso de tus días

    y tus noches,

    por el tiempo

    y sucesivos restriegues de rigor

    en una gris lavadora

    rusa y más que rusa,

    soviética,

    por no decir antediluviana.


    No me creerías, amor.

    Lo sé, lo acepto, entiendo.


    Seguramente pensarás

    que ya deliro,

    que me falta algún tornillo, tal vez dos,

    que aún no he visto esa hermosa lencería

    con finísimo encaje,

    esa muestra tan perfecta de seducción

    erectógena


    adquirida por ti en algún descuento

    de tu boutique favorita

    y que guardas tan celosamente

    para ocasiones especiales,

    para aquel afortunado al que permitas

    habitar de polizón en alguna de tus

    noches.


    Soy de la vieja escuela.

    Quizá deba decir retrosexual

    para poder entendernos,

    ya que la fiebre de la taxonomía

    está de vuelta en ese espacio

    intaxonomizable del deseo.


    Soy anterior a la industria

    del pornomegapixel,

    no me cuido las uñas,

    y me importa un comino

    lo que se pueda estar llevando

    este verano.


    Dentro de este humilde cuarto

    sólo se estila la carne

    violentamente desnuda.


    Desvístete,

    tengo hambre.


    DEL MISMO MODO


    Me imagino

    que de ese mismo modo

    en que aprendieron los judíos

    a vivir con la triste,

    la dolorosa consciencia

    de que el templo

    ya no existía,


    me imagino

    que también,

    del mismo modo,

    aprendí a vivir

    yo sin ti.


    DESARRAIGO


    Si fuera tan sencillo

    como decir

    es éste mi lugar

    o aquel del que me fui

    la emigración seria un fenómeno más simple.

    Vas a empezar

    –te dicen–

    una nueva vida

    y cuando no lo has hecho

    te parece tan lógico

    como cambiar de piel.

    Entre la isla que arrastro

    y el país de los hijos que no tengo

    existe el mar,

    terreno donde habitan

    sin paz ni sepultura

    los tantos desdichados

    que no tocaron tierra firme.

    Yo tengo lo que ellos no alcanzaron.

    América me dejó entrar,

    y finalmente,

    ya comienzo a ser parte de ella.

    Debo sentirme dichoso

    lo cual, ya de por sí,

    es un peso bien grande.

    Soy,

    un granito más de diáspora

    diluida en la nostalgia

    de un país al que tampoco ya podría devolverme.

    Voy

    dejando de ser

    cubano por los cuatro

    costados.

    Uno de mis costados

    ya es de aquí

    o al menos

    ya no es tan de allá.

    Limpiando el culo a mi sobrino

    pude oír su tierna voz

    diciendo thank you

    y entonces aprendí

    eso que llaman segunda

    generación de inmigrantes.

    Entiendo a los suicidas en el metro.

    Sin embargo, allá en Cuba nadie podría entender

    ¿cómo es posible suicidarse con la barriga llena?

    Escucho a los turistas que regresan felices.

    yo también sería feliz pudiendo estar allá

    cada vez que quisiese y con dinero.

    ¿cómo es posible querer escapar del paraíso?

    Sí, yo conozco las respuestas

    pero no quiero deprimirme.

    Tengo que ir al trabajo

    y sonreír como se espera.

    Aceptémoslo

    si bien no tengo grandes ambiciones

    tengo al menos

    instinto de auto conservación.

    Tan lejos de Cuba,

    tan lejos de la Habana,

    tan lejos de mi casa

    me pregunto si es que aún mi casa existe

    mientras pago la renta

    por el cuarto que habito.

    Montréal es un buen sitio bajo el sol

    pero nadie va a extrañarme

    si algún día me ausento.

    Es eso lo que llaman desarraigo.


    DIXIT


    Nos quedamos en silencio,

    aún desnudos,

    o quizá a medio vestir,

    eso no puedo precisarlo,

    pero sí la recuerdo:

    la luz en nuestra alcoba.


    Y sí recuerdo que entonces,

    con una voz muy baja,

    como transfigurada en alguien diferente

    pero igual,

    por obra y gracia de la alquimia del amor,

    o quizá volviendo a ser

    esa muchacha

    de quien yo me enamorase

    tan locamente,

    despojada, por su propia voluntad,

    de toda máscara,

    triunfando

    por unos breves instantes

    en su lucha por ser alguien mejor,

    y como hablando para sí

    a pesar de estar yo

    en ese lugar

    de aquel a quien se le habla,

    en ese estado mental

    del que descubre

    la mayor obviedad,

    de quien se asombra

    por algo tan supremamente simple

    como que dos y dos son cuatro,

    díjome exactamente estas palabras:

    «Tú sí me quieres de verdad».


    DOS SOLEDADES


    Dos soledades se besan,

    sin siquiera acompañarse,

    justo el tiempo para darse

    mezquinamente sopesan,

    acábanse donde empiezan

    sin pretensión de infinito,

    sinsentido que es gratuito

    más allá del breve abrazo,

    desdibujándose el trazo

    de un sentimiento proscrito.


    Dos soledades, repito,

    desnudando la tristeza

    por ser no acabada pieza

    o el mecanismo de un grito,

    por no saciar su apetito

    con tantálica agonía,

    su mal querer, vesanía

    de una promesa en la arena,

    dos mitades y una pena

    con su otoñal sinfonía.


    No tengo donde tenía

    yo el aliento para darte,

    ni tú puedes entregarte

    con la pasión tan vacía.

    Sucede la noche al día,

    mueren y nacen las olas,

    dos soledades tan solas

    como solo pueden serlo,

    miocardio que, de tenerlo,

    yacería en las vitrolas.


    Serpientes que por sus colas

    muerden un aro infinito,

    pago estéril y maldito

    de esa afección que enarbolas,

    tú vacilas, protocolas,

    y del miedo haces virtud,

    decrépita juventud

    que en los ojos ya no se halla,

    paradoja donde le haya,

    dos soledades, yo y tú.


    El BOSQUE DE TÂRGOVIȘTE, 1462


    En Valaquia hubo un voivoda

    llamado el empalador

    que a los turcos la mejor

    medicina brindó toda.

    Los ensartaba a la moda

    porque mejor lo pensasen

    y a su tierra así tornasen

    en vez de asolar la ajena.

    Los otomanos, ¡que pena

    que como el kebab quedasen!


    No fue que los invitasen

    cuando invadieran Europa,

    con su avasallante tropa

    no hubo lugar que no hollasen

    pero siempre a quienes hacen

    del terror una herramienta

    otro les pasa la cuenta

    y tal fue Vlad, el valaco

    que les cobró por el saco

    impuesto por tanta afrenta.


    Según la historia comenta

    cuando el sultán observó

    aquel bosque algo le dió

    de escena tan truculenta.

    No pudiendo sacar cuenta

    de los suyos empalados

    dijo: "Vamos, apurados

    regresemos a Turquía

    que aquí falta cortesía

    o son muy poco educados".


    Y así fue que desolados

    emprendieron el regreso;

    al menos el culo ileso,

    por el miedo derrotados.

    Fueron envalentonados

    mas volvieron compungidos;

    del intestino ateridos

    por un mal presentimiento,

    soñando con el momento

    de despertar, si dormidos.


    De aquellos troncos prendidos

    quedáronse veinte mil,

    y así supo el turco vil

    que en esos lares perdidos

    serían siempre acogidos

    con terca hospitalidad,

    que no habría mezquindad

    ni regateo en la guerra,

    que en esa enemiga tierra

    mejor no esperar piedad.


    EL CAMINO


    Entreverado el camino

    de piedras y algunas penas,

    vengo de lejos, muy lejos,

    tráigome el alma sedienta.


    Sé del dolor y la muerte

    y otras cosas que aprendiera

    no siempre de lo agradable,

    pero también cosas buenas,

    como el calor del amigo

    o aquel amor que se entrega

    entre dos seres humanos,

    sé de lazos que se quedan.

    Poco o mucho habré aprendido:

    la vida fue mi maestra.

    Me enseñó de poco a poco

    y yo aprendí de su escuela

    lo mejor que le he podido,

    en horas que ya son muertas,

    porque es el paso del tiempo

    quien va cerrando la cuerda

    que habrá de apretar su lazo

    al llegar tu hora postrera.


    Tengo casi el doble de años

    que tuve cuando partiera

    de aquel país donde el sol

    me alumbró por vez primera.

    Le dije adiós al partir,

    pero no pensé que fuera

    un viaje aquel de ida solo,

    pues sabe bien quien regresa

    que la vuelta no es posible

    cuando abandonas tu tierra;

    que hay como un algo perdido

    de conexión que te aqueja,

    algo que quiebra tu sangre

    y que será tu condena;

    una distancia que crece

    cuando eres tú el que está afuera,

    engañando a una memoria

    que se llena de goteras,

    como el techo de una casa

    que un ciclón nos destruyera.


    Dejé mi casa, mis libros,

    y hoy solo tumbas me esperan

    de algunos seres queridos

    que dejé en aquella tierra;

    algunos buenos amigos

    que no sé si aún me sueñan

    como yo les sueño siempre,

    y un montón de fotos viejas

    de lugares que existieron

    y que el polvo demoliera.


    Tengo mis hijos muy lejos,

    tan lejos como esa tierra;

    está mi vida partida

    en dos mitades enteras,

    entre el estar y el partir

    y una estrella por bandera.


    Dejé mi casa, mis libros,

    pero traje esa bandera

    para servirme de abrigo

    en esta tierra extranjera.


    EL HAMBRE DEL CORAZÓN


    Es una triste verdad

    que buscar es la mejor manera

    de no encontrar nada.


    Es esta la lucidez

    que nos aporta aceptar

    que no tendremos aquello que nos falta;

    aquello cuya ausencia

    podemos incluso llegar a olvidar.


    La gente lo disfraza de mil maneras,

    pero el hambre del corazón persiste,

    y está allí,

    como el polvo bajo la alfombra.


    El amor es una extraña serendipia.


    Al hambre del corazón

    no se la puede saciar

    con migajas.


    EN EL CIRCO


    En el circo de la vida

    por momentos fui payaso,

    domador, león acaso,

    trapecista, y compartida

    fue mi suerte en la partida

    con el mago y el conejo.

    A veces quedé perplejo

    del aplauso inesperado;

    las veces que fui abucheado

    me curtieron el pellejo.


    Encaminándome a viejo,

    con don de retrospectiva,

    economizo saliva,

    alquílome un catalejo.

    Poco espero y no me dejo

    seducir por la escondida

    dimensión, ni la dormida

    añoranza de saudades.

    Consejo de mis edades:

    vive tu vida y olvida.


    ERROR DE REDUNDANCIA CÍCLICA


    A veces siento que pierdo

    la alegría de vivir,

    que mi amable sonreír

    me deserta, y no recuerdo

    cómo buscar ese acuerdo

    entre aquel sueño y la vida,

    cómo encontrar la salida

    de un universo tan yermo;

    amanece el día enfermo

    con su fiebre mal servida.


    Melancolía asistida

    que viene y va, impunemente;

    soledad que, entre la gente,

    arriba desprevenida;

    sensación de despedida

    fatal, sutil, esbozada

    como un trazo de la nada

    sobre ese lienzo del ser;

    búscole desconocer,

    intentarlo es mi coartada.


    Deténgome en su mirada,

    súrcame un escalofrío,

    mi sangre es oculto río

    que confluye en su morada;

    la presencia de esa nada

    con su terco contrapunte

    me lleva a ser transeúnte

    de un eco que no suscribo,

    absorto así, en tal motivo

    leo en el aire un apunte.


    Si la vida es tal pespunte

    de una labor inconclusa,

    y solo una mente ilusa

    habrá que el hilo no junte,

    ¿quién será que no barrunte,

    con un ligero temor,

    este dialéctico error

    de cíclica redundancia?

    ¿Dónde aprender esa mancia

    que domestique el dolor?


    GATO NEGRO


    Yo soy aquel gato oscuro

    al que a una hoguera lanzaron,

    ese infeliz que culparon

    haciéndole pagar duro

    su traza de ser impuro;

    soy el loco del arcano,

    el albino subsahariano,

    aquel que sitio no encuentra

    y que en su cuerpo concentra

    odio y temor soberano.


    Soy el judío marrano

    y el murtad de la mezquita

    que el clérigo felicita

    a quien mate por su mano.

    Tengo el instinto temprano

    de evadir todo consenso

    (o al menos así lo pienso);

    ni siquiera es culpa mía

    ser el signo de herejía

    sin una gota de incienso.


    Soy a esconderme propenso,

    comprensible si se mira

    cuánto propicio la ira

    y el resentimiento intenso.

    No es grato verse indefenso

    ni a la vera del camino,

    quizás sea mi destino

    recelar de multitudes;

    me quedo con mis virtudes

    y la etiqueta de un vino.


    ICONOCLASTAS SIGLO XXI


    Cansa ya esta moda absurda

    de reinventar el pasado,

    de tenerle prontuariado

    a causa cual más absurda,

    anacrónica y palurda

    retrospectiva justicia

    que al populacho desquicia

    por su torpe desenfreno,

    y yo les pregunto, bueno,

    ¿tendrá el futuro franquicia?


    Fácil es con estulticia

    desenterrar a los muertos,

    con tanto ciego los tuertos

    se reparten las albricias;

    mucho que te beneficias,

    injusticia del presente,

    juzgando a tambor batiente

    lo que ya no tiene caso,

    dicta sentencia el payaso

    sobre la memoria ausente.


    Cuando lo ahora corriente

    sea un rumor del pasado,

    se sentirá avergonzado

    quien para entonces lo cuente,

    pues fue visto pertinente

    más que hacer o el construir,

    ese volver a escribir

    hasta el vértigo la historia

    por mediocres sin más gloria,

    ni otra excusa en su vivir.


    LA COSTUMBRE DE CALLAR


    La costumbre de callar

    se va metiendo tan dentro

    que va pudriendo tu centro

    sin que ya pueda sanar.

    Podas un día el hablar

    por no ofender a fulano;

    al siguiente es a mengano

    a quien mejor no se toca,

    y así te coses la boca

    por juzgar que es lo más sano.


    Tal es el doble pensar,

    y no es que no lo conozca.

    Como un tornillo, de rosca

    y orificio puedo hablar.

    Sé que podrás alegar

    un pretexto humanitario,

    generoso, solidario,

    pero el pretexto no importa:

    tiene la vista muy corta

    quien del verbo es carcelario.


    El déjà vu es evidente,

    al cancelar la palabra

    una sociedad se labra

    el cinismo de su gente.

    Tanto eufemismo indolente

    solo sirve a perpetuar

    el abismo entre el pensar

    y el decir, la vil mentira

    que tras la risa transpira

    la costumbre de callar.


    LA MAÑANA QUE PARTISTE


    Plenimuerta en la penumbra

    donde el olvido malvive,

    así me obligo a pensarte

    si un detalle me lo exige,

    muchacha de abril, muchacha,

    que bajo mi piel aún vives

    como un souvenir taimado,

    pues de venir sobrevive,

    aparécesme de pronto,

    mismo si nadie lo pide,

    rechiflando una tristeza

    que, como un perro, me sigue

    cada vez que a vos te pienso

    y a aquel cuarto en que te quise

    mucho más de lo que piensas

    o hayas juzgado plausible.


    Lejanas tardes de ensueño

    que por muy poco vendiste,

    aunque digas que fue mucho

    (mal que por ello me admire),

    bien que el tiempo lo disfrace

    y de otro modo se mire.

    No importa lo que hoy maldigas

    ni si luego desdijiste

    tus afiebradas palabras,

    que el repensar nada sirve,

    o el que te premies pensando

    cuán atinada estuviste

    al deshacer aquel lazo

    pues bien simple que se dice

    que tan fácil destruyeras

    eso que tanto quisiste.


    Espejo de la inconstancia,

    mi reproche se desviste,

    como tu cuerpo en mi lecho

    provócame a que delire.

    Yo he simulado tu entierro

    tantas veces que no existe

    muerta más desenterrada,

    y la evidencia se sigue

    de que ya fue, que ya estuvo,

    que poco o nada persiste,

    solo el eco de una voz

    en mi voz que se resiste

    tercamente a desnombrarte

    cuando es palabra imposible,

    recordando un viejo amor,

    pues algo como amor fuiste,

    algo tremendo y hermoso

    que tú misma no supiste

    darle lugar en tu vida

    la mañana que partiste.


    LEAVING HAVANA


    No tengo un perrito chino para jugar a despedirme,

    no tengo lápiz lapicero,

    mis propiedades son pocas.

    Patria no es humanidad

    es cierto, Martí lo dijo

    pero la experiencia indica lo contrario.

    Los pasaportes existen,

    las fronteras existen.

    Miro el rostro de mi madre

    miro sus múltiples arrugas

    adonde voy una mujer de su edad

    puede aún considerarse joven.

    Estoy en nuestra casa

    finalmente

    puedo sentir algo así como afecto

    cuando digo “nuestra”.

    Ella ha sido

    testigo de todas nuestras miserias

    de todas nuestras precarias utopías

    de todo nuestro inútil sacrificio.

    Acaricio la nieve en el cabello de mi abuelo

    acaba de cumplir noventa años

    él sabe y yo lo sé que no podrá esperar

    a que regrese para verlo de nuevo:

    él partirá yo partiré

    es preciso

    dejo mi corazón

    me pesa mucho.

    Voy a pensar en inglés

    voy a hablar en francés

    voy a intentar recordar en español.


    LOS BESOS QUE NO HAS BRINDADO


    Volverá de otra manera

    el calor de un ser amado,

    los besos que no has brindado

    te hallarán como a cualquiera.

    Se sentarán a tu vera,

    a tejer tu bienestar;

    quizás tarden en llegar

    o estén tocando a tu puerta,

    con la ilusión más que cierta

    de poder volver a amar.


    Volverá ese manantial

    de agua viva a poseerte,

    y volverás a creerte

    viviendo un sueño real.

    Sentirás tan especial

    que harás de ese amor bandera;

    volverá la primavera,

    aunque sea crudo invierno;

    volverá su beso tierno,

    vendrá a ti de otra manera.


    LO IMPONDERABLE


    Se abate sobre nosotros

    lo imponderable.

    Tal vez quiten la luz

    tal vez se jodan los alimentos en el “frio”

    tal vez el apagón te despingue electrodomésticamente

    tal vez retransmitan ese programa por todos los canales

    tal vez suban los precios otra vez

    tal vez el dólar baje

    tal vez desaparezca

    tal vez quiten el gas

    tal vez quiten el agua

    tal vez deje de funcionar el teléfono

    tal vez no haya transporte

    tal vez no haya esa medicina en la farmacia

    tal vez no haya trabajo, tal vez sea feriado

    tal vez el pan de hoy lo den mañana

    tal vez un inspector te deje sin sustento

    ¿a quién puedes quejarte cuando la vida

    dista tanto de ser normal?

    ¿a quién puedes reprocharle que el concepto rutina

    no sea un algo para romper sino más bien un algo

    para reconstruir?

    nada que hacer, es la otra cara

    de tantas gratuidades

    y el que vive de favor

    poco puede reclamar.

    Puedes darle un barniz

    pero en esencia se trata de eso.

    Mira a los locos,

    mira a esos tipos que inundan las calles

    interactuando con un otro invisible,

    hablando con un otro invisible,

    vociferando en voz baja

    cosas impublicables.

    Pregúntate

    si no serán

    acaso

    las víctimas anónimas

    de lo imponderable.


    LO QUE ME DIJO UN LOCO


    No intentes demostrarle cuánto le amas,

    mucho menos cuánto la necesitas.


    Ella lo sabe,

    pero dejó de importarle.


    No compres flores.

    Respira hondo.


    No te cuestiones por qué te ocurre esto

    si eres tan bueno,

    si alguna vez

    (y aún no hace tanto)

    eran felices.


    Por supuesto,

    bajo ninguna circunstancia

    le reclames aquello que hayas sacrificado,

    o cuánto dejaste atrás por ella.


    Eso sólo podrá hacerte daño,

    y además no tiene la menor relevancia,

    porque créeme:

    si una mujer llega a asumir

    que se merece algo mejor

    que el hombre con quien se acuesta,

    ya no hay bajeza que no pueda cometer,

    ya no hay delirio al que no siga.


    Dirá que ya nadie va a quererte,

    se jactará de que no vas a poder

    vivir sin ella,

    te gritará en su último portazo,

    y vaciando sus pulmones de arrogancia,

    que sólo por un error de Dios

    es que ella estuvo contigo.


    Tú, escucha sus palabras

    como quien escucha caer la lluvia,

    con la certeza de que al final,

    eventualmente, terminará por escampar.


    MI SED


    ¿Qué dirás cuando te diga

    que conocerte de nunca

    fue de siempre y que esa trunca

    añoranza que nos liga

    se aquieta en tu voz amiga,

    encuentra en ti fundamento?

    Si culpo a un presentimiento

    de saber que ya estarías,

    ¿puedo asumir que creerías

    las verdades que te miento?


    ¿Qué me dirás si te cuento

    que mis ojos te recuerdan?

    Aunque mis venas discuerdan

    en qué siglo y qué momento,

    te amé en la furia del viento

    cuando el Sahara era un mar,

    te he buscado sin cesar

    por océanos de tiempo.

    Mi sed, se sacia a destiempo

    al perderme en tu mirar.


    NOCHE DEL DIA DE INOCENTES


    Te he olvidado.


    OFICIO


    Está más que permitido

    colapsar de amor en un poema,

    fallecer de pleniangustia en cada estrofa,

    ser el niño de Guatemala

    y alquimizar la tristeza

    en un estilo de vida,


    siempre y cuando te guardes

    algo de coraje vital y clandestino

    donde nadie te lo vea,


    siempre y cuando no olvides

    que, eventualmente,

    a la vida habrá

    que hacerle frente

    con los cojones bien puestos.


    PERSONAS


    Personas que en el camino

    te encontraste, esas personas

    que al verlas no te cuestionas

    cómo cambian tu destino,

    al nombrar tu desatino

    y al hacértelo entender,

    seres amables que ayer,

    por unos breves momentos,

    fueron luz en sus intentos

    por ayudarte a crecer.


    ¿Cómo pudo suceder

    que nunca más se les viera?,

    ¿cómo expresar la manera

    en que se hicieron querer?

    Ese abrazo, aquel saber

    que se infiltró en tu razón,

    su huella en tu corazón,

    lejana, más no perdida,

    legado hermoso en tu vida:

    sanarte fue su misión.


    Te desvela esa impresión

    de que faltó gratitud

    por compensar tal virtud

    en su justa dimensión,

    de que no hubo la ocasión

    o que fue solo un instante.

    Tal es nuestra vida andante

    por esos rumbos de Dios:

    vivir es solo un adiós

    con un discreto semblante.


    PIEDRA EN EL AGUA


    Como una piedra en el agua

    hoy cae, digo tu nombre,

    sale así, no es que me asombre,

    rompe el líquido cristal;

    ondas concéntricas traza,

    más amplias según se alejan,

    desaparecen, no dejan

    huella ninguna al final.


    Aún tu fantasma está en casa,

    desnudo sobre mi lecho,

    duele tu ausencia en mi pecho

    tan Malenamente mal.

    Mucho más ha de doler

    sin que ya espere respuesta,

    y aunque olvidarte me cuesta,

    piedra y nombre traga el agua,


    desapareces, mujer.


    POEMA A UNA MUJER DE OLVIDADO

    NOMBRE


    Menos tu nombre, vuelve todo

    (a mi mente

    menos tu nombre; y trato, de recordarle

    mas en vano.

    (Me esfuerzo por encontrarle.

    Se me pierde, se diluye entre la gente


    que alguna vez conocí y hoy desconozco.

    Ese nombre repetido que yo amaba

    eco antiguo de una voz donde habitaba

    tu presencia, el mutuo ayer. Yo le conozco


    pero piérdense las letras si me acerco

    a atrapar aquel deseo que hoy

    (me muerde

    absurdo y voraz, anacrónico y terco,


    primavera, memoria, otoño del hombre.

    Que increíble la ironía, que recuerde

    tantas cosas, oh mujer,

    (menos tu nombre.


    ROLLING OVER BUKOWSKI


    Todas las mujeres

    todos sus besos

    los diferentes modos

    en que se vienen y se van

    en que te atan a su sexo

    o mejor, en que se atan a tu mismísimo

    sexo y no te dejan

    o te lo dejan enredado con un nudo de corbata.

    Era uno de esos lugares

    que abren aún de madrugada.

    Yo estaba desvelado

    y fui a sentarme alli sólo a tomar

    y fui a sentarme alli a tomar solo

    como un perro

    que no resiste esperar a que amanezca,

    alejado de las luces y del ruido

    y solo,

    abandonado hasta por las pulgas.

    Ponían una canción de Enrique Iglesias

    ya podrán imaginarse de qué clase

    de lugar se trata.

    La imagen de un tipo solo

    tomando

    solo

    en un lugar así

    supongo que no dejaba

    de ser patética

    y había

    también

    una negra

    gorda como el tonel

    de Díogenes

    bailaba algo borracha con dos negros más negros

    que la maldad

    y

    se acercó de pronto hasta mi mesa

    quería venderme pomada china.

    No sé como ella puede haber imaginado que yo buscaba

    pomada china

    precisamente

    pero se acercó a venderme eso precisamente: pomada china

    es bueno para el dolor

    –me dijo–

    de cabeza

    y si te duele el alma

    te lo frotas sobre el pecho

    y se indicó con el dedo

    un punto vago

    algo a la izquierda

    de sus voluminosas

    tetas.

    ¿Te dejaron? –preguntó

    no te preocupes, chino

    que ya aparece otra

    y es verdad

    siempre aparece otra

    y tal vez eso

    sea lo peor

    pero eso no lo dije.

    En realidad no dije

    nada.

    Ella tomó el billete y lo introdujo

    presillandolo

    con sus voluminosas

    tetas.

    No me ha hecho efecto

    pero aún

    de vez en cuando

    me froto

    un poco de pomada

    china

    sobre la izquierda

    en el pecho.


    SI ES QUE HAY MAÑANA


    Cuando te vuelva yo a ver, mi bien, si es que hay mañana,

    simularemos que fue poco el tiempo sin vernos

    y, al luminoso instante de entrerreconocernos,

    nos amaremos tanto como dure esa gana.


    Redimiré tus pechos de opresiones injustas,

    como la cruel que sufren bajo el encaje artero;

    libaré tus pezones con beso justiciero,

    descenderé a profanar el monte si así gustas.


    Encajado entre tus muslos me verás sonriente,

    de la luz lleno cual sol al entrarse en su casa,

    y serás luna ardiendo en la solidaria brasa


    donde al amar se hermanan el sabio y el demente.

    Te amaré sin razón, sin excusa ni ventana,

    cuando te vuelva yo a ver, mi bien, si es que hay mañana.


    SONETO DEL DESEO SERENO


    Quisiera ser la luz en tu mirada,

    reflejo de un amor que no se esconde,

    morada de un latido que responde

    al sueño de tu piel enamorada.


    Perderme en tu quietud amanecida,

    sentir que en tu calor el mundo es leve,

    y en cada abrazo tuyo, suave y breve,

    hallar la eternidad de nuestra vida.


    No busco más que ser quien te acompaña,

    quien rompe tus silencios sin quebrarte,

    quien, sin dejar de verte, aun más te extraña.


    Y si el deseo ardiese por tocarte,

    seré la brisa fiel que no te daña,

    mas sabe arder de amor solo al mirarte.


    SONETO PARA UNA FLOR


    «Nobody, not even the rain, has such small hands».

    —E. E. Cummings—


    Sueño el roce febril, electrizante,

    de su cuerpo menudo en el abrazo,

    la corriente que surca mi espinazo

    de sentirle a mi lado palpitante.


    Y aún más sueño: sus ojos de gacela,

    la caricia sensual que en su mirada,

    con su mudo lenguaje, dice nada

    y en su hablado callar, todo revela.


    Sueño incluso esa rosa al entregarse

    como un eco invocando ecos lejanos,

    eco antiguo a una flor que resucita.


    Sueño aún, del cual la lengua se limita.

    Flor hermosa, de tan pequeñas manos

    que a la lluvia pudieran semejarse.


    TABLAS


    Qué regalo me brindas

    al entregarte así,

    tan limpia,

    tan entera,

    tan hembra,

    y no dejarme otra opción

    excepto amarte,

    mujer,

    excepto amarte.


    Y mientras te piensa

    exhaustiva mi mente

    divaga y vuelvo a ser martillo

    hundiéndome en tus grietas,

    y vuelvo a estar en ti,

    volvemos a ser uno,

    en este mismo sofá

    donde ahora juegan mis hijos.


    Excluyendo la cama de dormir

    donde el resto de mortales

    usualmente se aparea,

    hicimos el amor en cada sitio

    que se pudo

    de esta casa.


    Atado a mi su cuerpo,

    atado al suyo el mío,

    volamos,

    hay que aceptarlo,

    aunque sea un lugar común,

    ardimos

    como la vela

    y el fuego

    sin llegar a consumirnos.


    Fui Odiseo sin amarras

    y dejé atrás mi barco,

    y olvidé mi reino.


    Me entregué a la sirena

    y cantamos sus canciones

    mientras tuvimos aliento.


    Fui devorado palmo a palmo

    por su hambrienta,

    por su amorosa boca,

    fui devuelto a la vida

    y no la quiero sin ella.


    Qué cosa tierna

    verte en el fondo

    de sus ojos que acarician

    y escuchar su hermosa voz

    nombrándote,

    pidiendo

    entre susurros más amor,

    papi,

    más amor,

    todo el que tengas

    allí donde la bestia y lo divino

    son ya uno

    y para siempre

    sin dejar de ser dos,

    hombre y mujer,

    como al principio.

    Qué circunstancia deliciosa

    sentirte tan viril

    como un potro salvaje

    machiembrado a su yegua enfebrecida

    y a la vez tan pequeño

    y a la vez tan frágil

    como un niño

    al que su madre

    da cobija en el abrazo.


    Qué gramática feliz

    amarte así,

    rotundamente,

    en el pretérito perfecto (no puedo decir

    menos)

    compuesto (por nosotros)

    del modo indicativo

    y no en ese elusivo,

    nebuloso,

    antipático,

    tiempo pluscuamperfecto

    del modo subjuntivo.


    Lo declaramos tablas, amor,

    lo declaramos tablas.


    TAL VEZ


    Tal vez no logre ver

    las cataratas de Iguazú.


    Tal vez no pueda ir

    a las pirámides de Egipto

    ni a Teotihuacán.


    Tal vez no me sea dado

    viajar al Coliseo de Roma,

    ni tampoco a la Gran Muralla China,

    y ni siquiera volver

    a aquella aldea de Galicia.


    Tal vez no alcance a hacer

    el Camino de Santiago,

    ni a montar otra vez

    aquel tranvía de Lisboa.


    Tal vez no pueda

    sentarme

    junto a la boca del Tajo

    a delirar que aún observo

    pasar los barcos

    en ese inmenso muro

    salitreamente lejano

    de La Habana.


    Ha de dolerme, sin duda.


    Son tantos los talveces

    opuestos a los quisiera,

    que a veces me temo

    que la muerte gane el pulso,

    y es que hay que amar la vida

    más allá de sí misma,

    hay que vivirla,

    hay que intentarlo mientras se pueda,

    hay que beberla

    como el más caro de los vinos,

    como si el fin no existiera,

    como si el fin no importara.


    TIEMPOS


    Técnicamente hablando,

    es cierto que el tiempo de nuestras vidas

    en el cual deberemos por fuerza vivir

    en desamor

    tiende a ser, cuantitativamente,

    más que ese otro tiempo,

    el luminoso tiempo

    en que el amor penetrará en tu vida

    haciéndote creer (si así se lo permites)

    que esta vez,

    no tendrá intención de marcharse.


    Lo sé, lo sabes, lo sabemos:

    todo no es más que una ilusión.


    Y, sin embargo,

    el poco o mucho tiempo,

    técnicamente hablando,

    en el que esté eso que llaman amor

    habitando los segundos,

    los minutos de tus horas,

    será mucho más preciado,

    será un tiempo mucho más insoslayable,

    cualitativamente superior,

    y nunca, pero nunca,

    dejará de habitarte

    como ese loco deseo

    de una tierra

    a la que siempre

    soñarás con volver.


    TODO, NADA Y A LA VEZ


    Mi oximorónica amiga,

    bien poco es lo que me pides:

    que olvide cuando no olvides,

    recuerde cuando me diga

    tu hermosa boca que siga

    para siempre en un tal vez

    o en un nunca y su revés,

    sin conflicto y sin acuerdo,

    algo loco pero cuerdo,

    todo, nada y a la vez.


    Tus demandas, como ves,

    son fácilmente accesibles;

    ya no digo que imposibles

    como las alas de un pez,

    gozan de tal candidez

    que nos deja enmudecidos,

    lúcidos y confundidos

    por el más obvio misterio

    (hilarante por lo serio)

    de un despertarse dormidos.


    Concluyendo, tus pedidos

    satisfechos son al punto,

    aunque mañana barrunto

    sin más demora ni olvidos,

    ellos te serán cumplidos

    porque nunca podrán ser;

    tú me has hecho comprender,

    sin que ya me quede duda,

    ni precise más ayuda,

    lo que quiere una mujer.


    TODAVÍA


    Casi la mitad de un siglo en mis costillas,

    y todavía soy capaz de pensar

    como un adolescente

    en una mujer a la que apenas conozco,

    de quien solo sé un nombre o dos,

    y poco más,

    muy poco más que eso.


    Todavía soy tan pendejo

    de poder alegar

    que recuerdo haberla visto

    en un remoto paraje de mis sueños,

    que naufragué en sus labios hace miles

    de años,

    que la busco desde entonces

    sin alivio ni consuelo,

    como si el mismo tribunal

    de mi inclemente razón

    fuese capaz de absolverme,

    como si fuera aceptable

    tanta nostalgia del cielo.


    TÓXICO


    Tóxico.

    Soy un hombre tóxico.

    Lo tengo como orgullo

    en un mundo

    tan trivial

    como pendejo.


    Creo

    en la amistad

    y en el amor.

    Me importo con la gente.

    No fluyo.

    No soy ligero.

    No me percibo

    como otra cosa

    que lo que he sido,

    soy un hombre,

    y vivo

    en un mundo

    digital

    de ceros y de unos,

    de me gusta y corazoncitos

    pero el mío

    sigue aún y seguirá

    latiendo

    en su modo

    analogico.


    Estoy

    hasta la madre

    de pleases y de thank you-s,

    de eufemismos,

    mentiras


    e ingenieria social.

    No quiero

    ver el futuro,

    ya he visto bastante.

    Seré feliz

    de no ver más

    de eso que tengan

    asignado para mi

    las muy cabronas Parcas.

    Moriré

    y todo el que me recuerde

    ha de morir poco despues.

    El tiempo es relativo

    y no hará gran diferencia.


    Los millenials

    heredarán la tierra.


    TU AUSENCIA Y YO


    Que dificil olvidarte,

    no es cosa que lleve un día,

    ni encuentro filosofía

    que ayúdeme a desnombrarte.

    Me obligo casi a pensarte

    como un ser imaginario

    evito así el escenario

    para mentir un encuentro,

    llevo tu ausencia tan dentro

    que conversamos a diario.


    Podrá resultar palmario

    lo absurdo del escribirte

    como si algo por decirte

    resultara necesario.

    Decidirá el calendario

    si esta saudade persiste,

    si mi mañana se viste

    de alegría o de fracaso,

    si habré de olvidarme acaso

    de tanto amor que me diste.


    UNO CASI


    Uno llega casi a olvidarse 

    de lo solo que está 

    y podría vivirse así 

    sin que eso sea 

    bueno o malo, 

    solo 

    la vida 

    y, sin embargo, 

    en medio 

    de una conversación

    sin previo aviso, 

    la caricia de unos ojos, 

    la justa 

    palabra de una voz, 

    la complacencia 

    inesperada 

    de una cierta y repentina

    complicidad 

    te arrancan de esa, 

    tu realidad asumida

    y terminas escribiendo 

    un poema 

    sin ton ni son, 

    desde el abismo 

    de ese túnel hacia un mundo 

    de pasiones incomodas

    en el cual 

    ya no habitas.


    16 AÑOS


    Nunca había visto

    un coño

    abierto

    delante de mis ojos.

    Por supuesto, conocía los manuales

    de Alemania democrática,

    interpretaba manualmente alguna

    que otra película

    de los cines y también

    ¿por qué no confesarlo?

    había tenido mis juegos de manos

    pero nunca fui un tipo de suerte

    con las muchachas de uniforme adolescencia,

    no soy bueno para convencer a nadie

    y para colmo era también

    un cabrón adolescente

    patético

    y sin sentido del humor.

    Mi padre

    era un cuadro del Partido.

    Mi madre

    era un cuadro del Partido

    y yo pintaba cuadros

    en la escuela de arte

    (centros procesadores que embotellan

    el alma incipiente

    de los grandes maestros del futuro).

    Entonces llegó ella

    modelo de la escuela donde yo pintaba cuadros:

    cuadro clínico:

    Dios mío, era brutalmente hermosa

    boca de puta

    ojos de cierva

    los pechos duros

    la grupa inmensa

    y el sexo parecido al de los manuales, es decir,

    si es que entendemos

    la furtiva relación que se establece

    entre el ojo del estudiante y la modelo

    colocada

    a la prudente distancia

    de varios metros.

    Pienso que todos la deseaban

    era, repito, brutalmente hermosa.

    Bueno, debo agregar que yo escribía poemas

    y reciclaba ese bolo

    alimenticio no totalmente digerido

    donde podía notarse

    a simple vista

    algo de Silvio

    algo del viejo Nicolás

    sin songoros ni cosongos

    y Roque y los demás

    Nogueras y Nazim

    Hikmet.

    Uno es más o menos lo que escucha

    o lee

    y yo dejaba

    saber a otros

    (tal vez a demasiada gente)

    que yo escribía

    y qué cosa escribía.

    No sé de qué manera ella lo supo

    y leyó aquellos poemas que,

    más tarde y escrupulosamente,

    eliminé.

    Pero entonces

    y todavía

    estaba ella

    parada frente a mí.

    Me gusta mucho lo que escribes, dijo,

    habló de madurez

    y se asombró de mi edad.

    Pienso que ella tendría

    10 más no menos e infiero

    que llamaba madurez

    a mi afectada

    apropiación de axiomas

    induzco

    que mi modestia prestada

    me habrá impedido responder excepto

    alguna estúpida frase

    estúpidamente inteligente

    y colgada

    de sus pezones

    duros, pétreos, reventando

    bajo la bata del receso,

    a veces

    volvimos a coincidir sin mayores consecuencias

    en ese mismo horario,

    en ese mismo banco entre los

    turnos

    hasta esa tarde

    en que me dijo algo

    tan

    soberanamente ridículo como

    “me gustaría

    amarte”

    y yo respondí como un hombre maduro,

    es decir,

    no dije nada

    a esa mujer

    sentada frente a mí

    boca de puta

    ojos de cierva

    los pechos duros

    la grupa inmensa.

    Sonó el timbre

    y ya no tuve más calma que la aparente

    y ya no tuve más concentración

    y ya no pude ser profesional.

    Afortunadamente terminó el último de aquellos

    turnos.

    y yo la acompañé hasta cerca de su casa

    como ese hombre maduro

    que, por supuesto, no era.

    No palabras

    no explicaciones

    no nada

    solamente un beso cerca de los labios

    en esa esquina en que decidió seguir sola.

    Te espero, dijo,

    mañana

    y no sé bien cómo pude

    dormir hasta mañana.

    Cuando llegué a su puerta

    cuando me abrió su puerta

    cuando me hizo entrar allí, más allá de su puerta

    su ropa, de pronto, no estaba más sobre su cuerpo

    su cuerpo, de pronto, no estaba más

    erguido sobre sus pies

    junto a la puerta

    sino sobre su cama, tendido

    como la tierra que espera por la lluvia

    abierto

    como un animal salvaje.

    Entonces

    lo pude ver bien,

    entonces

    vi sus fauces

    vi la bestia esperando

    sonriendo un poco antes de engullirme

    como a Jonás como a Pinocho

    labios

    hermanos de otros labios

    y alrededor el bosque

    el incipiente lobo

    el hombre viejo el hombre nuevo

    el hombre verde

    el hombre maduro

    el hombre podrido

    siempre el hombre

    y el

    abismo al centro, casi húmedo

    y totalmente cálido

    tirando de mí

    con todas sus benditas

    fuerzas.

    Cuando todo acabó

    tomamos un café

    prendió un cigarro

    para los dos

    y a mí me traicionó

    la tos, el humo

    fue más honesto que el escri/

    (v)(b)ano todo, excepto

    su coño para siempre en mi cabeza

    y en otros coños próximos lejanos combates

    mujeres.

    ¿Es tu primera vez? –ella no pudo no preguntar

    y el café estaba amargo, quiero decir: amargo

    sí –no pude yo

    no responder

    y no volvimos nunca a vernos

    ya no volvió a posar

    desnuda

    y aséptica

    ya no volvió a pasar

    desnuda

    y ardiendo

    ya no volvió a pesar

    sino el olvido

    fútil, fatal un poco

    y deslizó palabras

    el absurdo consuelo de una,

    de otra,

    cita imposible.

    Era

    su turno de actuar y se vestía

    se reciclaba, se ajustaba

    el maquillaje

    frente a mí

    boca de puta

    ojos de cierva

    los pechos duros

    la grupa inmensa.


    VI


    Vi al mal del relativismo

    ensalzado en la academia,

    y vi padecer de anemia

    la virtud; vi al hedonismo

    florecer, sentí el abismo

    bajo mis pies extenderse;

    vi lo noble corromperse

    por halagar la estulticia

    de la turba y su justicia,

    y aún más quedaba por verse.


    Vi a un tirano conmoverse

    denunciando el genocidio,

    mientras de su vil presidio

    no pueda una hoja moverse;

    vi al terrorista venderse

    de luchador libertario;

    vi la ONU un escenario

    de circenses bufonadas,

    tontos útiles, manadas

    del pasto universitario.


    Vi al Diablo darle salario

    a insignes intelectuales;

    vi a bardos postcoloniales

    declamar su corolario

    de falacias; vi al falsario

    cancelando al disidente,

    y vi más, vi lo frecuente

    del recurso de callar

    a otro haciéndole llamar

    por algún mote insolente.


    Vi la maldad de la gente,

    sus llagas y su mentira;

    vi quemándose en la pira

    toda razón e incongruente

    vi al racista impenitente

    posar como antirracista,

    y vi en su plan optimista

    filántropos embusteros;

    vi un mundo lleno de ceros,

    y de unos, a simple vista.


    Vi al perpetuo oportunista

    haciendo su equilibrismo;

    de bastardo vi al marxismo,

    prepucio islamofascista;

    vi al engendro globalista,

    vi el grito subvencionado;

    vi que al poder del Estado

    enemiga es la familia;

    vi al dios de la pedofilia,

    vi a Jesucristo abortado.


    LA URGENCIA DE UNA FRONTERA


    Por despedirme del año

    y que se vaya sin penas

    esbozo este verso apenas

    para sopesar el daño

    y el beneficio, el peldaño

    donde queda lo olvidado,

    preterido, excomulgado,

    caduco, o como gustéis;

    he de darle al veintiséis

    lo mejor que haya salvado.


    No es poco lo que he logrado

    ni menos lo que he perdido:

    algún amigo querido,

    más de un afecto quebrado;

    pero también he gozado

    los pequeños regocijos

    de la amistad, los prolijos

    recovecos de la suerte,

    y aquel amor nunca inerte:

    la sonrisa de mis hijos.


    Hurgando en los entresijos

    que depara el porvenir

    no encuentro ya qué decir

    ni doy valor a acertijos.

    De mirar sus ojos fijos

    el sol cegarnos pudiera,

    reniego a toda bandera

    que niegue voz a la vida,

    encuentro en la despedida

    la urgencia de una frontera.