A GRANADA
Es cosa harto comprensible
que aún te lloriquee el moro
porque perder tal tesoro,
Granada, es cosa terrible.
Desde este café apacible
donde te escribo este verso
con tu pasado converso
y tu presente, ciudad;
eres hermosa en verdad:
flor donde lo uno es diverso.
Bien ha valido el esfuerzo
de viajar por conocerte,
valió la pena por verte
y obtener por tapa almuerzo.
No precisan de refuerzo
tus virtudes pues con nada
se iguala tu imaginada
tantas veces vocación
de ser poema y canción
entre tus calles, Granada.
CONTRIBUCIÓN A UNA PARADOJA
Busca el hombre, en su ceguera,
a la madre que ha perdido;
la aprobación que ha tenido
de ella, en cada compañera.
La mujer, de igual manera,
busca al padre protector,
poderoso, valedor,
y de este trueque fantasma
el desencuentro se plasma
cual monumento al error.
No es desencuentro menor,
pues en el otro se busca
eso que no es, y se ofusca
la mente en tal pormenor.
Presumo ha de ser mejor
no procurar en la gente
una cosa diferente
de la que pueden brindar,
y comprender que, al amar,
debe estar limpia la mente.
QUIEN TE AMABA
Dices que ya yo no soy
ese a quien tú conociste,
que lamentas lo que diste
en un ayer que no es hoy,
dices más, pero no voy
ni siquiera a rebatirte;
si aún feliz te hace sentirte,
no te calles, ¡adelante!
Di que fui malo, arrogante,
que mi obsesión es herirte,
que forzado fue aquel irte
porque yo te aprisionaba,
que solo una opción quedaba
para evitar el morirte
de gris pena, o convertirte
en otra, que yo te ahogaba.
¿Supones que te extrañaba?
Dices bien, mucho he cambiado,
antes me hubiese afectado
mas ya no soy quien te amaba.
DE HEBE A CRONOS
Con aire de suficiencia
dísele Hebe al buen Cronos
merézcome yo los tronos
que sueño con apetencia;
no tengo mucha paciencia
para verte correr lento,
no me tiene muy contento
ver que avanzas de a poquito
sin progreso, despacito,
cual caracol soñoliento.
DE GERAS A CRONOS
Geras, viéndose cansado
le dice a Cronos sonriendo:
mi bienestar te encomiendo
mientras te veo apurado
pasar siempre por mi lado
sin detenerte un momento;
si pudieras ir más lento
feliz sin duda me harías,
déjame gozar los días
tanta prisa es un tormento.
SOBRE UN VERSO DE GUILLÉN
Camagüey, suave comarca
de pastores y sombreros,
mis recuerdos los primeros
—hasta donde el tiempo abarca—
de mi vida, te hablan; arca
eres tú de mi memoria
por salvar, y perentoria
conspiración de mis duelos:
tierra del sol, mis abuelos,
tus calles de luz e historia.
De tu agramontina gloria
nutriose mi fantasía;
tierra de sobria hidalguía
y nobleza tan notoria
que imprimió a su trayectoria
sello de impronta imborrable.
Evoco hoy tu rostro amable,
oh, comarca en que la vida
fue para mí una querida
ilusión buena y palpable.
EL MAR
Vuelve a mí aquella mañana
cuando mi abuela Cristina
llevome a ver la marina
extensión de nuestra Habana;
recuerdo el muro que hermana
su litoral con lo inmenso
de aquel azul tan intenso
que en la memoria se viste
de inefable; allí persiste,
como un magnífico lienzo.
De esa vez primera pienso
mi vista quedó cautiva
como ola que en su deriva
da a cada final comienzo.
Del mar amante, y propenso
a atlánticas lejanías,
fue el testigo de mis días
y aún habita en la mirada;
su inmensidad deslumbrada
mora las pupilas mías.
DESTINO
Tal vez tengas que vivir
la vida para entenderlo,
sentirlo no es conocerlo
ni el escucharlo decir.
No te dejará mentir
la experiencia del camino
cuando atribuyas a un sino,
misterioso mas constante,
la verdad desconcertante:
nadie escapa a su destino.
De evadirse el peregrino
a los trazos de su suerte,
no los borra, mas convierte
en dictamen cristalino.
El regateo mezquino
no ha de subvertir la guía
ni sirve la rebeldía
ante un rumbo ya marcado,
pues lo que fue decretado
se revelará en su día.
Acepta, pues, sin porfía,
de su impronta la evidencia.
Las trampas de tu consciencia
tretas son, sin más valía;
ocultan a luz de día
este diseño divino;
él le da forma, imagino,
al pasado y porvenir,
al presente de existir
como rehén del destino.
Y NADA MÁS
Sostiene la rueca Cloto,
parca entre ellas distinguida.
Láquesis toma medida
sobre el hilo de ese roto
trayecto, por suerte ignoto,
hasta que Átropo, inflexible,
con tijera ineludible
a nuestra vida dé fin;
con tristeza de violín
toca un lamento inaudible.
Eco cruel de lo infalible
que nos reserva al final
la tríada más infernal
que imaginar es posible.
El tiempo, juez impasible,
no detiene su compás,
deja una huella detrás
mientras borra la memoria,
das un paso, ya es historia.
Como un soplo... y nada más.
UN MAL RECUERDO
Razón llevas al pensar
que olvidarte nunca pueda;
eres la llaga que queda,
purulenta en su callar.
¿Cómo se puede olvidar
quien miente más que respira,
quien con el aire conspira
por necedad y egoísmo?
Tu infinito narcisismo
más que razonar, delira.
No es odio, si bien se mira,
ni rencor lo que te guardo;
es la memoria de un cardo,
aquella funesta pira
donde la inocencia expira,
es comprender la maldad
de golpe, la falsedad;
es el miedo a tu legado,
es el corazón lastrado
por tu cinismo y ruindad.
Sin faltar a la verdad,
digo además lo más triste:
diré que mucho pudiste
vencer tanta mezquindad,
pero ya con cierta edad
uno es más lo que ha aprendido
que esa promesa que ha sido
alguna vez o al nacer.
Dejando vas de doler,
sin negar que hayas dolido.
SOBRE EL LUTO
Cada cual entiende el luto
de una manera distinta,
hay quien lo escribe con tinta
y otro en placer disoluto
lo diluye; hay quien tributo
al dios Baco ofrece fiel,
y habrá quien ronde la hiel
perpetuando su estertor.
Relativo es el dolor
absoluto es su arancel.
Nunca estarás en la piel
del otro para juzgar
cuán profundo es su penar
o ligero, pues aquel
o aquella son timonel
del navío que es su vida;
no eres Dios para su herida
dictaminar comparando
qué sentirías, pensando
desde tu propia medida.
CRÍTICA CONSTRUCTIVA
La izquierda está triste... ¿qué tendrá la infraizquierda?
¿Será acaso conciencia de tanta propia mierda,
flagrante en lo ya obsceno de cada nueva grieta
entre aquello que un día, ya lejano, soñó ser
y esto que es: vinculante
ambición de poder,
repitiendo a la náusea una misma receta?
POEMA MINIMALISTA Y UNAPOLOGÉTICAMENTE VULGAR, EL CUAL, A PESAR DE SU SIMPLICIDAD —O, PRECISAMENTE, POR ELLA—, CAPTA EN SUS LÍNEAS LA ESENCIA DE LA CONDICIÓN HETEROSEXUAL MASCULINA. EN FIN...
De un coño venimos y a un coño volvemos.
SOBRE UN PROVERBIO AFRICANO
El hacha al final se olvida
de todo lo acontecido;
el corte se olvida, el ruido,
porque es su modo de vida;
cortar, cortar, y a medida
que más corta y sin que pierda
su filo, corta de izquierda,
corta a derecha, no tiene
memoria que le envenene
pero el árbol sí recuerda.
Revive mientras se acuerda
del tajo, o más bien remuere,
y siendo así, o como fuere,
es comprensible su lerda
aceptación. Si recuerda
el hacha del leñador,
todo el trauma de ese horror
(del cual el bosque es testigo)
volverá a habitar consigo
talándole en su interior.
A UN POETA
Si has llegado al final de una locura,
¿debo yo suponer que la siguiente
vislumbrarse ya pueda cual simiente
que se apresta a brotar y es tu criatura?
Si te has ido a ese punto de final
¿puedo yo suponer que en otro inicio
mal te guie la cordura al precipicio
donde tienten lo efimero y banal?
Si el adiós es más sana serendipia
que, pongamos, un Norte trastocado
(eufemismo de un sueño que principia)
le deseo a tu ingenio utopizado
nuevos cauces de fluir, y nuevas metas
bajo el signo que rija a los poetas.
ANAGNORISIS
Quizá la perspectiva de la muerte
ayude a comprender mejor la vida,
intuir que ya nos vamos de salida
al silencio interroga, y a lo inerte.
¿Quién sabe qué no vida nos aguarda
al cerrarse esa puerta, la postrera?
¿Es vivir solo un guion? ¿Quizá quimera?
¿O promesa que acaso se nos tarda?
¿Tal vez es que fue un sueño lo vivido
o vivimos un sueño trasquilado?
No es lo mismo —me digo—, pero igual,
revisito el camino transitado
y sonrío ante esa mueca del final,
rescatando un sentido en el olvido.
A DAILYN
Yo quiero esa sabrosura
que tienes tú, ese donaire
conque disputas al aire
lo ligero en tu cintura.
Cuando se hable de cultura,
Dailyn, me quito el sombrero
por la paciencia y esmero
conque enseñas a bailar,
digo, despatonizar,
talento el tuyo primero.
Como reseña prefiero
decir maestra de danza
pero el título no alcanza
para expresar lo que quiero.
Se queda corto, prefiero
agregar que tu nobleza
es casi un rompecabeza
para quien tenga el placer
de conocer tal mujer,
ser humano, de una pieza.
ESTA FOTO ES MI PRUEBA
(Eco de una obra de Duane Michals.)
Recuerdo haberte dado tantos besos
que el carmín de tus labios, en mi boca
se quedó retenido, como evoca
esta foto de dos... tontos posesos.
Quien nos viera pensara en ese instante:
"esos dos van a amarse ciertamente
mientras duren sus días". Mucha gente
se muere, soñando, amor semejante.
En esta hermosa foto te quedaste
posando junto a mí para un futuro.
Aquel futuro es hoy, y el hoy comprueba
que es más lo que te quiero, te aseguro.
Encuentro la evidencia, obtengo prueba
de que en verdad te amé, y que tú me amaste.
CONSEJO PARA LA TERCERA EDAD
Es un consejo muy sano
si la próstata se agranda,
aunque haya baja demanda,
hacer uso de la mano.
Algunos dirán que es vano
eyacular sin mujer,
pero mejor mantener
circulando que atascado
aquel tráfico llamado
primer indicio del ser.
Si para tal menester
no encontrares compañera
te aconsejo tu sincera
intención, dejarla ver:
"No busco el amor, mujer,
solo sentirme aliviado.
No se trata de pecado
humilde pido me ayude
porque yo solo no pude
darme el remedio indicado".
CONTRA TODA CERTIDUMBRE
Contra toda certidumbre
llevo el peso de un destino
sobre mis hombros; camino,
rehúyo la muchedumbre.
Entre lo oscuro y la lumbre
avanzo a tientas, buscando
no sé qué, pero voy dando
lo mejor de mí a la vida:
laberinto sin salida
que con mis pasos desando.
Y en este buscar hallando
o perdiendo, pues se implican,
las cosas se simplifican
segun me voy enterando;
me va la vida enseñando
a cada paso en su escuela,
con la bondad de una abuela
y de una madre el rigor,
que aquel que siembra una flor
siembra un pájaro que vuela.
MI CASA
Mi casa está en ningún lado,
apuntalada en el cielo;
mi casa está en el subsuelo
de algún sueño demorado.
Mi casa es aquel tinglado
que ensamblé con ilusiones,
son sus vigas las ficciones
sosteniendo el techo ausente;
mi casa es siempre el presente
de inventariados rincones.
Mi casa son las razones
que dan forma a este universo
precario, en el cual me esfuerzo
por dar vida a mis visiones.
Hay cientos de habitaciones
habitando mi cabeza,
una mujer que me besa
se esconde tras cada puerta;
solo una de ellas, abierta,
hay dos sillas, y una mesa.
LEY DE LA CONSERVACIÓN Y TRANSMISIÓN DEL AMOR
Ese amor que se nos lega
no siempre te será dado
retornarlo a quien lo ha dado;
quizá se intenta y no llega
a pasar; quizá se brega
por compensar en ausencia
a quien lo dio: la presencia
lejana de algún paisaje,
pasajera en nuestro viaje
(eufemismo de existencia).
Tan justiciera apetencia
que emerge del interior
nos obliga a dar amor
a otro ser, en consecuencia;
se tenga de ello consciencia,
o sin ella, pues el darle
a este ser, será entregarle
de retorno, a quien brindó
todo ese amor que nos dio
sin poder reciprocarle.
EL OCÉANO
Allí donde el mar se acaba
y el océano comienza,
el ser humano se piensa
libre, sin freno ni traba;
frente a lo inmenso que alaba
del reino de Poseidón,
ve al océano canción
que tañe su azul profundo,
matriz y útero del mundo,
prodigiosa creación.
Océano, habitación
de terrifiantes criaturas,
autopista de culturas
que surcaran tu extensión;
por levantar su pendón
en las playas más lejanas,
carabelas lusitanas
y españolas, la llanura
del azul y la ventura
desafiaron, soberanas.
Sus hazañas sobrehumanas
abrieron la ignota ruta
del gran azul sin disputa
y así fueron más cercanas
desde entonces, más hermanas,
hijas de una misma tierra,
las riberas donde yerra
su senda la humanidad;
una sola es, en verdad,
y el océano le encierra.
LA HABANA
Frente al Atlántico erguida
sobre la costa cubana,
doncella de cinco siglos
voluptuosa, y señalada
por su historia, su cultura,
y ese esplendor que no amaina
ni desfallece en el tiempo,
tal es mi ciudad, La Habana.
Quien jamás la ha conocido
e incluso quien la habitara
no encontrará, de sus calles
definición que alcanzara
a dar la exacta medida
de cuánto es bella y galana,
incluso si ya destruida
por negligencia, expoliada
en pos de sueños absurdos
y utopías trasquiladas,
uno alcanza a imaginarse
cuán donosa era la Habana,
cuánto de hermoso y fecundo
concibióse allí en su falda,
donde la sangre española
entremezcló a la africana
y a muchas otras dispares
aportaciones de razas,
culturas, y mil influencias
que bajo un cielo de fragua
confluyeran y crearan
esta ciudad deslumbrada,
deslumbrante, generosa,
donde la piedra se hermana
del sol, la nube, las olas,
del muro que les demarca,
como una postal en sepia
que la memoria guardara,
ciudad de todos mis sueños
por mis sueños reinventada
donde todo el universo
tiene cabida y mañana.
PARA UN LIBRO DE POESÍA
«No todos los que no son amados
van a tirarse al río»
Nazim Hikmet
Ciertamente, Nazim, no todos vamos
a tirarnos al río en desventura;
habrá siempre el que incurra en la escritura,
por mejor definir lo que intentamos.
De la vida y su espejo venga el verso
a mostrarnos la palabra que ennoblece,
savia y lluvia que a la planta robustece
y de la honda raíz nutre su esfuerzo.
Hermanados el dolor y la alegría,
desamor y pasión, la muerte y vida
se suceden en las páginas de un libro
que a tus ojos, lector, da bienvenida;
recolecta subjetiva en que equilibro
una mínima expresión de mi poesía.
OH, CANADÁ
Fue una tarde gris de invierno
que llegué a ti, Canadá
y como aquel que se da
a asumir todo lo externo,
fui apuntando en el cuaderno,
sin escribir, de mi vida
todo aquello que se olvida
de la mentira y verdad
que es existir; tierna edad
donde hice la despedida
de mi tierra, la partida
me dejó escindido en dos
porque el eco de un adiós
dura más que una salida.
A ti he entregado mi vida,
y no es que te lo eche en cara,
algo de mí te declara
gratitud por lo aprendido;
en otro me he convertido
diferente al que llegara
a tu inmensidad, bastara
retrotraerme en la mente
a ese aprender de repente
que todo lo que encontrara,
cuando del avión bajara,
no sería temporal
sino rutina habitual
después de unos veinte inviernos
que hoy parecieran eternos
lejos del patio natal.
Defino más bien que mal
mi experiencia aqui en tu suelo,
diste cobija a mi anhelo;
vivir no es un ideal.
De mi experiencia vital
cuando me llegue la muerte
contaré que el conocerte
hizo de mi un ser distinto
inmerso en tu laberinto,
oh tú, Norte libre y fuerte.
LAS LEYES DEL CORTEJO
Son las leyes del cortejo
difíciles de aprender;
estudiando a una mujer
un día has de verte viejo,
y sin graduarte, perplejo;
aún más perplejo, si cabe,
verás que incluso el que sabe
de mujeres sabe nada;
son materia complicada:
jeroglífico sin clave.
Algo ayuda, ya se sabe,
saber de psicología,
pero arriesgado sería
decir que un texto es la llave.
Así, por decirlo suave,
olvídate de entender;
que ni la misma mujer
se entiende completamente;
cierra el libro, ve de frente,
que sea lo que ha de ser.
Si persistes en saber,
no faltarán mil expertos
mostrándote los inciertos
recovecos de aquel ser
que puede a la vez querer
cosas del todo excluyentes,
flagrantes e impenitentes
oxímorones visibles,
poliedros incomprensibles,
paradojas permanentes.
LAS COSAS DE LA VIDA
Hubo un tiempo de mi vida
en que yo quise tener
al regreso del trabajo
ese don que debió ser
lo común de cada vida
hijos, hogar y mujer,
esa existencia sencilla
que llaman pertenecer.
Hubo un tiempo de mi vida
en que yo quise construir
con lo poco que tenía
la ilusión de un porvenir
pero el sueño me quebraron
y hasta me hicieron sentir
que no me lo merecía
o era mi signo sufrir.
Hubo un tiempo de mi vida
en que debí perdonar
por mi bien propio primero,
y en un segundo lugar
por el de aquellas criaturas
que no puedo más que amar:
carne viva de mi carne,
ecos de un viejo soñar.
Y EL RESTO ES ANTIGUA HISTORIA
En la boda de Peleo
aquel que a Aquiles dio vida
no faltaba la bebida,
la comida, ni el recreo.
Aquello se puso feo
puesto que Eris, una odiosa,
no fue invitada, y rabiosa
por lo que vio como ofensa,
teniendo fama de intensa,
se decidió a ser tramposa.
Sobre la mesa abundosa
viose una manzana de oro
dedicada sin decoro
a la más perfecta diosa,
"a la más bella"; celosa
miró la Atenea a la Hera,
y esta que no era cualquiera,
le echó un reojo a Afrodita
que sin quedarse chiquita
gritó: "¡Pinga pa'cualquiera!".
Comenzara el sal pa'fuera
si el Zeus no interviniese;
pidió que no pareciese
aquello fiesta orillera,
ordenóle a Hermes que fuera
con las tres involucradas,
todas ellas destacadas
deidades de aquel panteón,
a buscar la solución
y dejarse de mamadas.
Son laderas suavizadas
de un monte, las que ha escogido
Paris, pastor conocido
por sus dotes señaladas;
con sus ovejas contadas
pasta allí su aburrimiento,
casi muere de contento
cuando las tres a la vez,
le piden que sea juez
invocando su talento.
Empieza el procedimiento
con Hera que se desnuda,
y por sobornar la duda,
le adiciona un condimento.
El pastor piensa un momento
lo que la diosa le ofrece,
si a ella la escoge, merece
todo el poder que apetezca,
aunque imposible parezca
al pastor no le apetece.
Atenea con euforia,
totalmente empelotada,
al pastor le dice: "nada
te ofrezco menos que gloria".
Desnuda se vanagloria
de su innegable belleza
pero aquel en su simpleza
también rechaza la oferta;
casi de ira cae muerta
Atenea en su grandeza.
Afrodita, con presteza,
se desnuda ante el pastor.
"Puedo ofrecerte el amor
de aquella que más belleza
tenga en la tierra" y empieza
a referirle de Elena
la de Troya, que su pena
acarreará y la desdicha;
obcecado por su picha
el pastor se desordena.
Así acepta su condena
y a Afrodita el premio entrega,
después raptará a la griega,
mujer principal y ajena;
por ella desencadena
Menelao guerra notoria
que un ciego de gran memoria
llamado Homero escribiera
(esto lo sabe cualquiera)
y el resto es antigua historia.
TAN SOLO AYER
Tan solo ayer, de tus manos
hacían nido las mías;
el luto y sus aporías
eran pronósticos vanos.
¿Qué más dirán los humanos
de Cronos sino que pasa,
que a veces, quizás se atrasa
y otras, corre a toda prisa,
que hay momentos para risa
y otros de alegría escasa?
El reloj, torpe, fracasa
su marcha en tal estertor;
repróchole este dolor
que ingrato me sobrepasa.
Es mi mente quien repasa
sin llegar a comprender:
¿cómo puede suceder
que tanto duelo y quebranto
parezcan de hace ya tanto
siendo tan solo de ayer?
YEMAYÁ
Yemayá, madre y guardiana,
cuyos hijos son los peces,
a veces tierna y a veces
irascible si es que emana
de su pecho soberana
la oceánica tempestad;
tiene su reino en verdad
en los mares más profundos,
navegando entre dos mundos:
manto azul de vastedad.
Ya se embravece, mirad,
como rompe enfurecida
las olas, como da vida,
como amaina con piedad;
orisha de sobriedad,
madre de aguas generosa,
con paciencia silenciosa,
azul y blanco, plateado,
mucho será lo que has dado,
Virgen de Regla donosa.
OSHÚN
Es la patrona de Cuba
una entidad con dos nombres,
gobierna sobre los hombres:
Oshún, su nombre yoruba.
Con otro nombre se incuba
y es su doble identidad:
Virgen de la Caridad,
brinda el amor y sus mieles,
a ella la invocan los fieles
conjurando su bondad.
Los ríos su propiedad,
las aguas, los manantiales;
son sus dones especiales
dulzura y fertilidad.
Evoca sensualidad,
rehúye todo quebranto;
blanco-amarillo es su manto
lleno de espejos y flores,
le halagan los ruiseñores
con su dulcísimo canto.
LECCIONES DE HERÓDOTO
Libro 1 (Clío, Capítulos 8-12)
Hubo un monarca de Lidia,
Candaules era su nombre,
que quizá por mal consejo
o por raras convicciones
más propias de un libertino
que de rey de un gran renombre,
decidido a complacerse,
quiso enseñar a otro hombre
cuán bella era su mujer,
y espero que no te asombre
ni aun dudes de que la amara,
solo quería de sus dones
que alguno fuera testigo
sin peligro de menciones
fuera de la cofradía
o torpes indiscreciones.
Enfermo de su capricho,
para dichas transgresiones
busca a un hombre de confianza
que Giges tenía por nombre;
si bien no quiso este hacerlo,
fueron tantas las presiones
que por salvar su cabeza,
o quizá por más razones,
dejóse entrar con cautela
y sigilo aquella noche,
poco antes de que la reina
fuese a las habitaciones
donde la esperaba el rey,
y Giges donde dispone
su amo que se halle oculto,
testigo de sus amores.
Lo que el rey ni se imagina,
y Giges menos supone,
es que la reina ha sabido
de que modo se la expone;
ha hecho venir al sirviente
del monarca y le propone,
mientras sus guardias observan
y esperan por instrucciones:
"Has de matar a Candaules,
y allá en sus habitaciones
me gozarás en el lecho
sin temor ni restricciones;
seré tu hembra en la cama,
tu reina ante las naciones;
a la par gobernaremos
con iguales ambiciones
o has de morir en el acto,
mi voluntad lo dispone;
ya que me has visto desnuda
solo tienes dos opciones".
SONETO A LAOCOONTE
«Quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentes»
Irritados los dioses por tu alarma
decretaron castigo con tu muerte;
sucumbieron tus hijos a igual suerte,
comprobaste lo inútil de aquel arma
que intentaba un socorro sin remedio.
De Caribea, ese cruel y fuerte abrazo
se sumaba al de Porces en un lazo
que asfixiaba a los dos y tú en el medio,
en medio de ellos dos, con el horror
de entender que hubiese sido por nada.
Borrarán con el fuego y el terror
los soldados de Grecia a tu ciudad.
Será solo un rumor tu Troya amada,
ya escindida entre el mito y la verdad.
DÉCIMAS A LAOCOONTE
«Quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentes»
Por advertir el engaño,
irritaste a la deidad;
tu inútil heroicidad
solo te trajo tu daño.
Del mar, en su curso huraño,
surgen dos bestias urgentes;
descomunales serpientes
en un abrazo de horror,
matan con saña y dolor
a tus hijos inocentes.
En medio del lazo fuerte
de Caribea y de Porces,
se ahogan las mudas voces
abrazan la misma muerte.
Te duele el alma al saberte
vencido y sin salvación;
las llamas sin compasión
quemarán tu patria amada.
Serán la historia contada
entre verdad y ficción.
LA SERRANA DE LA VERA
Unos dicen fue un pastor,
otros dirán que un soldado;
quizás nunca lo sabremos,
pues ella tuvo el cuidado
de no contar de su afrenta
ni quién fue ni cómo es dado,
que ella, con ser tan astuta,
aquel hombre la ha burlado.
Encontrólo por los montes,
a su gruta lo ha llevado;
allí le hizo su señor,
en su cama lo ha gozado.
Se apacentó como yegua,
y él con brío la ha montado,
gozándola de sus grupas
hasta caer desmayados.
A la mañana siguiente,
sin duda le habrá matado,
porque no contase a nadie
que con ella ha defogado;
pero él, quien fuera que sea,
ya estaba bien avisado,
por ver los restos dispersos
de los pobres desdichados
que a la serrana gozasen
antes de ser ultimados.
Por eso se viste a prisa;
ella dormita a su lado.
Apenas clarea el día,
la infeliz ha despertado,
y donde estaba su amante
solo el vacío ha quedado.
DAMOCLES
Pelo de crin de caballo
es todo lo que sostiene
la espada que en vilo tiene
sobre su testa el lacayo
de Dionisio, aquel vasallo
que por Damocles responde.
Al déspota no se esconde
lo falso de la alabanza
con que el siervo no se cansa
de adular, no importa el dónde
ni el cuándo; le corresponde
el rey con la invitación
de sentarse a su sillón
y disfrutar allí donde
disfruta el rey, y responde
alborozado este ver
que se siente, de aquel ser.
Disfruta hasta que comprende
que solo peligro pende
para el que ostenta el poder.
TAL VEZ YO NECESITABA
Tal vez yo necesitaba
ver tu cara de apatía
para entender que valía
muy poco lo que esperaba
te importaría, guardaba
una secreta ilusión
de que allá, en tu corazón,
cobijases la añoranza
compartida, la esperanza
de volver, pobre ficción
jugando a ser sinrazón.
Soy estupido tal vez,
o me falta lucidez
para ver que mi intención
es como un viejo sillón
que tiene una pata ausente,
no se sostiene; evidente
es que nada hay que olvidar:
no puedo resucitar
lo que está solo en mi mente.
CARONTE, CUANDO ME LLEVES
Caronte, cuando me lleves,
no voy a darte trabajo,
mantendré un perfil muy bajo.
¿Indisciplinas? Muy leves;
musitaré frases breves,
tal vez un mantra aprendido.
Sé que no está permitido,
en el paso al inframundo,
algo llevarnos del mundo
del que ya habremos partido.
Para el paseo aburrido
que pronostica tu barca
mi respuesta ha de ser parca
si preguntas que he sentido
al dejar lo conocido
y llegar al desolado
destino que está marcado;
de todo el mundo que pierdo
solo me llevo el recuerdo
de aquellos a los que he amado.
EL MAGO
Su cabeza un infinito
que unos toman por sombrero;
es el arcano primero
justo a la puerta del mito.
Creador, siempre proscrito
a mundos imaginarios,
arquetipos necesarios
hacen su mesa y taller;
a diario, es su quehacer
una puja de contrarios.
Se le verá en escenarios
que hagan mérito de ingenio,
será esa chispa del genio
con trazos estrafalarios,
más digo, extraordinarios,
luz y forma, creación.
Su obra nace sin razón
mayor que, desde la nada,
llegar a ser: copa, espada,
moneda de oro, bastón.
EL LOCO
Entre los grandes arcanos
no es el menor ni el mayor;
epítome a soñador,
lleva ocupadas las manos:
en un hatillo los vanos
enseres de su existencia,
con la otra mano se agencia
una vara en que se apoya
para el camino; descolla
por su ilusión e inocencia.
Al borde de su inconsciencia
encuéntrase un precipicio;
a su lado va, propicio,
un perro que con frecuencia
muerde su nalga, sentencia
de reincidencia y error.
Así avanza el soñador
que numerado es el cero
mientras huele con esmero
el aroma de una flor.
SARA
Tus piernas
estaban llagadas,
terriblemente llagadas,
y aun así,
en vez de maldecir,
en vez de quejarte,
en vez de llorar,
siempre tratabas
de dar
lo mejor de ti.
Te llamabas Irene
aunque todos te decían Sara
por una historia familiar
que bien merece otro poema,
pero no este.
Yo te veía rezar
y sentía ira,
una ira
mucho más grande
que mi edad.
No lo podía entender.
¿Cómo podía aquel Dios
ser tan bueno y compasivo
si permitía el sufrimiento
de mi abuela?
Con todas las desgracias
que pasan y seguirán
pasando en el mundo,
parece una absurda pregunta,
pero para mi edad
no había preguntas
absurdas,
solo un Dios absurdo
al que yo odiaba.
Fue el comienzo de mi lucha
con él.
Hubiera roto sus estatuas
sin ningún remordimiento.
¿No era acaso —como decían—
la religión
el opio infame
de las masas?
Hoy sé
que creer en ese Dios
era lo único que podías hacer.
Hoy sé
que solo la idea de un Dios justo
podía aliviar tu sufrimiento.
Yo no tenía
la más puta idea
con esa edad
de lo que era sufrir,
abuela.
Perdóname,
del mismo modo
en que ese Dios
en el que tu creías
terminó por perdonarme.
ABUELO
El idioma español
tiene esta hermosa palabra:
abuelo.
Pequeño padre.
No gran padre
como en francés
o en inglés.
Es otro el concepto.
Pequeño padre,
reminiscencia
de aquel
contubernio forzado
de lo que luego
sería español
(en ese entonces
latín vulgar a la deriva)
con las lenguas semitas
conviviendo a la fuerza
en la Península Ibérica.
Qué bella palabra:
abuelo.
Mi madre contaba
que el día
cuando te conocí
me abracé a tu cuello
desde sus brazos.
No clamo responsabilidad
por eso, en todo caso
son mis acciones
de hace más
de medio siglo
pero me llena de orgullo
haberlo hecho.
Descansa en paz,
padrecito.
EN CUALQUIER SITIO
El día que te moriste
no sentí nada,
absolutamente nada,
al ver tu cadáver.
No fue
porque no te amase
sino todo
lo contrario.
Simplemente no pude
reconocerte
en ese
cuerpo sin vida.
Estabas
en todas partes,
en el aire,
te sentía
en torno mío,
en cualquier sitio,
menos en ese
cuerpo sin vida
que hasta ese entonces
había sido el tuyo.
Creí que estaba loco
en un principio.
Culpable.
¿Cómo es posible
que no sintiera nada?
Me llevó tiempo entender
que lo sentía todo.
Nunca he dejado de llorarte
con lágrimas sin ojos.
PEPE
Nunca te conocí.
Moriste antes de que yo naciera.
Una ausencia presente,
un sitio
vacío en la mesa.
El padre
de mi padre,
tus fotos
y ese violín que, según
contaba la abuela,
tú tocabas después
del trabajo
como albañil.
Lo tuvo difícil la abuela:
su esposo muerto,
un hijo en la milicia
y el otro emigrado.
Heredé la fractura de su mundo.
La he guardado, la traje
cuando me fui.
Como no la detectaron
en los controles
del aeropuerto,
la dejé estar.
Vive conmigo.
Parecida a un solar
de la Habana Vieja,
ella se ha ampliado,
ramificado,
multiplicado.
Es metafísica
como un cuadro de Escher
donde el arriba es abajo,
donde el adentro es afuera,
donde un lado es el otro,
y viceversa.
Fue mi hermano quien trajo
ese violín que tú tocabas
y se lo dio a mi padre,
y mi padre me ha pedido
que se lo entregue a mi hija
si es que, al fin,
ella aprende
a tocar ese instrumento
como ha contado
que quiere hacer.
Sería un final feliz
para una historia
que no empezó contigo
ni termina con ellos.
