Tuesday, March 17, 2026

A LA OSA MAYOR



DEDICATORIA A LA OSA MAYOR


A Calisto, transformada

en osa, y que el nombre dio

a ese cielo que habitó

como una nube estrellada.

A esta ninfa delicada

que fue una vez compañía,

que llenó mi alma vacía

de ternura y de calor;

agradeciendo su amor,

esta dosis de poesía.


PRÓLOGO

La poesía de Adrián Valdés Montalván sorprende, ante todo, por su notable versatilidad temática y formal, que le permite moverse con naturalidad entre registros muy distintos sin perder coherencia estética ni intensidad expresiva. Su obra abarca desde líricos relatos de hechos históricos —como en Guadalete, 711 A.D. o Ecos de Constantinopla, 1453 A.D., donde la reconstrucción del pasado adquiere un tono casi épico y reflexivo— hasta la relectura de episodios bíblicos, tratados con una voz personal e introspectiva —en poemas como Monólogo de Jonás o La primera piedra, donde lo sagrado se humaniza y se convierte en espejo de conflictos contemporáneos—.

A esta dimensión histórica y simbólica se suma una línea profundamente existencial, marcada por el dolor y la desolación ante la patria lejana y herida, como ocurre en Cuba vadis, —donde la nostalgia no es solo geográfica sino también emocional—. En otros textos, el foco se desplaza hacia una intimidad más desnuda: la separación familiar en Lejos o la pérdida amorosa en Soneto a la Osa Mayor, donde el lenguaje poético se vuelve vehículo de una melancolía contenida, a veces limitada con rigor clásico y otras veces desbordada en imágenes de gran carga afectiva.

Valdés Montalván demuestra además una gran libertad métrica, alternando versos libres y formas rimadas con una naturalidad que refuerza el carácter expresivo del poema. Esta flexibilidad formal no es arbitraria, sino funcional: le permite ajustar el ritmo al estado emocional del texto, generando una empatía inmediata con el lector. En este sentido, su insistente exploración del amor perdido —particularmente visible en poemas como Dados— remite inevitablemente a ciertas resonancias becquerianas, tanto por la musicalidad como por la idea del amor como ausencia persistente.

En Al día sexto, por ejemplo, se percibe una voz que suplica compañía como necesidad ontológica, como si la existencia solo pudiera completarse en el otro. Del mismo modo, poemas como Padre ofrecen un lamento descarnado por la ausencia en el ámbito familiar, donde la culpa y el dolor se entrelazan sin posibilidad de redención fácil, configurando uno de los núcleos emocionales más intensos de esta obra.

No menos relevante es la presencia constante del erotismo, que atraviesa su poesía de manera diversa: en ocasiones explícito, en otras apenas sugerido, pero siempre integrado en la experiencia vital del sujeto lírico, como una fuerza que dialoga con la pérdida, el deseo y la memoria.

Mención aparte merece Noche del Día de los Inocentes, un ejercicio de ingenio y síntesis extrema en apenas tres palabras. Esta pieza, por su radical economía expresiva, podría considerarse un microtexto poético singular, genial sarcasmo trigramático que lo convierten, me atrevería a afirmar, en el poema más corto que se conozca, homologándose con el cuento Dinosaurio de Augusto Monterroso.

En conjunto, la poesía de Adrián Valdés Montalván se presenta como un territorio heterogéneo pero coherente, donde conviven la memoria histórica, la reflexión espiritual, el dolor íntimo y la exploración del deseo. Su lectura constituye, sin duda, un deleite para los amantes del género.

M.P.


ÍNDICE


Soneto a la osa mayor

La urgencia de una frontera

En el circo

Lejos

La felicidad es un animal salvaje

El fruto prohibido

Uno casi

Luna de enigma lunera

Deseo de ti

El país de las grúas siniestras

Simpleza épica

Romance a Lorca

Décimas a Martí

Epitafio para Panfilo

Solicitud de Silvio Rodríguez al Ministerio

Razones del unicornio

De flotar viene flotilla

Para qué

Noche del dia de los inocentes

Abraham y el ángel

Al día sexto

Caín y Abel

Contempló la mujer de Lot la lejanía

David y Goliat

David y Natán

El banquete de Herodes

La escalera de Jacob

La primera piedra

La puerta de los dioses

La zarza ardiente

Monólogo de Jonás

Sagrado y profano

Sodoma y Gomorra

Veintiún las semillas

Dados

Canción de cuna para un presidente

Padre

Guadalete, 711 A.D.

Ecos de Constantinopla 1453 A.D.

El bosque de Târgoviște, 1462 A.D.

Lepanto, 1571 A.D.

¿Sabes?

Cuba vadis

Marcas



SONETO A LA OSA MAYOR


Tu amor me lo quitaste, así, muy de a poquito

rebajando la dosis porque no me doliera,

o me doliera menos o incluso no supiera

como se iba apagando este idilio bonito.


Veo tu amor inerte, escucho tus razones

como el preso al que leen su aburrido prontuario.

Sé que no vale hablar, sé que ya no es necesario,

me trago mi dolor, reina de corazones.


Siento tu amor perderse y no es que no me duela

pero algo habré aprendido, no solo astronomía.

Recordaré por siempre tu beso, osezna mía,


escríbote un poema, la sangre se me hiela;

para un amor tan cierto falacia es el olvido.

Deseo que aún te quieran como yo te he querido.


LA URGENCIA DE UNA FRONTERA


Por despedirme del año

y que se vaya sin penas

esbozo este verso apenas

para sopesar el daño

y el beneficio, el peldaño

donde queda lo olvidado,

preterido, excomulgado,

caduco, o como gustéis;

he de darle al veintiséis

lo mejor que haya salvado.


No es poco lo que he logrado

ni menos lo que he perdido:

algún amigo querido,

más de un afecto quebrado;

pero también he gozado

los pequeños regocijos

de la amistad, los prolijos

recovecos de la suerte,

y aquel amor nunca inerte:

la sonrisa de mis hijos.


Hurgando en los entresijos

que depara el porvenir

no encuentro ya qué decir

ni doy valor a acertijos.

De mirar sus ojos fijos

el sol cegarnos pudiera,

reniego a toda bandera

que niegue voz a la vida,

encuentro en la despedida

la urgencia de una frontera.


EN EL CIRCO


En el circo de la vida

por momentos fui payaso,

domador, león acaso,

trapecista, y compartida

fue mi suerte en la partida

con el mago y el conejo.

A veces quedé perplejo

del aplauso inesperado;

las veces que fui abucheado

me curtieron el pellejo.


Encaminándome a viejo,

con don de retrospectiva,

economizo saliva,

alquílome un catalejo.

Poco espero y no me dejo

seducir por la escondida

dimensión, ni la dormida

añoranza de saudades.

Consejo de mis edades:

vive tu vida y olvida.


LEJOS


¿Qué puede haber más triste que no ver crecer tus hijos,

sufrir la vil distancia, pedirle a Dios por ellos;

confiar en que los cuide, recordar en sus cabellos

la caricia de tus manos, responder acertijos


del tiempo y de la ausencia, de los días

y las noches que pasan y hacen años

que han de volver tus criaturas dos extraños

sin dejar de ser tu alma? Eso confías.


¿Cómo es que puede tenerse

el corazón extirpado

y aún así seguir vivo


tan cruelmente mutilado?

¿A qué puede parecerse

este vivir sin motivo?


Tan lejos.


LA FELICIDAD ES UN ANIMAL SALVAJE


Eso que unos llaman la felicidad

de mucho buscarle tal vez no aparezca,

o incluso se extinga cuando más parezca

negar la sentencia de su cortedad.


Habrá quien le encuentre entre lo cotidiano

cual remanso suave que reparo ofrezca

a la obsesión cruel, desmedida y grotesca

de invocarle a voces, torpemente en vano.


Eco trashumante, promesa en el viento,

serendipia hallada en extraño paraje,

paradoja absurda que a nada se iguala.


Si a tu lado llega, un día, de momento,

no intentes guardarle si en tu pecho instala

su nido escondido de animal salvaje.


EL FRUTO PROHIBIDO


Comprendieron entonces que estaban desnudos

ya habiendo comido de aquel fruto prohibido;

no fue más el Edén el recinto dormido,

no pudiendo expresarlo, quedábanse mudos.


Nació la vergüenza como un urgente velo,

cosieron sus hojas a ese miedo adherido,

y aquel bien, ese mal (tan de golpe aprendido)

cebóse en sus cuerpos de animales en celo.


La luz que buscaban inició la caída,

fue perder el saber la pureza primera

y aquel gozo innombrado que el alma tenía


extravióse en conceptos de noche y de día.

Desde entonces el hombre más sueña y espera,

buscando de vuelta su inocencia perdida.


UNO CASI


Uno llega casi a olvidarse

de lo solo que está

y podría vivirse así

sin que eso sea

bueno o malo,

solo

la vida

y, sin embargo,

en medio

de una conversación

sin previo aviso,

la caricia de unos ojos,

la justa

palabra de una voz,

la complacencia

inesperada

de una cierta y repentina

complicidad

te arrancan de esa,

tu realidad asumida

y terminas escribiendo

un poema

sin ton ni son,

desde el abismo

de ese túnel hacia un mundo

de pasiones incomodas

en el cual

ya no habitas.


LUNA DE ENIGMA LUNERA


Orquídea como de luz,

en tus pétalos de fuego

recuerdo haberme perdido,

olvido haberme encontrado

en tan delicioso juego

de verme a tu sexo uncido

y desatado.


Reinventándome en tu vientre, me descubro,

desfallezco quizá entre el gemido y el ruego

de tu voz que se entrevera en mi latido,

luna hermana de este enigma mi quimera

búscote, urgencia empecinada de un ciego;

pálpote, encuentro mi sueño adormecido

que esperaba y tal vez aún me espera.


Muero, y renazco en tu orilla;

encuentro en ella sosiego

y en un mañana escindido

entre el hoy y aquel ayer,

palabras escribo y dejo,

como al azar, en tu nido

para en tu vuelo nacer.


DESEO DE TI


Deseo


que en mis venas se despierta,

cedo a su impronta y despliego

mi sed de abrazo fundido


en la arena de tus muslos;

alquimizando el trasiego

entre el sueño y lo vivido


me descubro.


EL PAÍS DE LAS GRÚAS SINIESTRAS


(Al pueblo de Irán, con admiración.)


De las siniestras grúas

que ha erigido el poder

para hacerse temer

en el país del sol

y del león

cuelgan los cuerpos.


Cuerpos,

vidas segadas


de aquellos

que se oponen

a la distopía islamista,

de aquellos, los valientes

que se atreven

a oponerse.


No son pocos,

los que han pagado

y pagan

tan alto precio,

no es que falte coraje

pero es esa

ciertamente

una pelea

muy desigual.


No se enfrentan solamente

a la fuerza de las armas,

la vileza de los clérigos

o la superstición de las masas.


No se enfrentan tan solo

a la mezquindad interesada

de la geopolítica.


Tienen también

frente a ellos

la culpable complicidad

de esa izquierda residual

que repite y amplifica

la voz de sus verdugos.


Vergüenza de ustedes.


Me pregunto cuánto más

podrán aún traicionar

vuestros supuestos ideales.


En el país

de las grúas siniestras

se tienen escasamente

las opciones

de escapar,

ser cómplice

o pender

al final de ese brazo

extendido

de la muerte.


Quiero,

necesito creer

que la vida triunfará.


SIMPLEZA ÉPICA


Un calzoncillo han tomado

los Basij de prisionero,

aquel que lo vio primero

con orgullo lo ha mostrado.

La victoria han declarado

sobre el monstruo imperialista,

no habrá más quien se resista

a tales héroes de Irán,

con orgullo mostrarán

a sus nietos la “conquista”.


Quizás salgan en revista

o hasta en la televisión,

tanto coraje y tesón

es obvio y salta a la vista.

Si algún marine se enlista

para la siguiente guerra

que recuerde que en la tierra

del persa harán epopeyas

de un calzoncillo de estrellas

con tal simpleza que aterra.


ROMANCE A LORCA


Con tristeza es que te escribo,

poeta de verde luna,

rememorando tu muerte

con estos versos de espuma.

Si no te hubieran matado

los azules con premura,

ya te mataran los otros

arguyendo en su locura

cualquier motivo siniestro:

tu hedonismo o tu alta cuna,

tu falta de compromiso

o no importa cuál tontuna.

Lo que está claro, poeta,

es que por mala fortuna

naciste en un tiempo adverso

de fusiles y amargura;

que estaba escrita tu muerte

con la sentencia más dura,

pues ganase quien ganase

no ganara la cordura;

y en algún gris paredón

o alguna agreste espesura,

tu suerte estaba cantada

por una bala que busca

cercenar de tu garganta

las palabras de ternura

que salieran de tu boca

con aquella urgencia pura

de hacerle el amor al verso;

la diosa literatura

no es suficiente amuleto

para aquel que no figura

en el libro de una era

cruel, brutal, simplista, ruda,

donde lo negro y lo blanco

son ilusión que perdura

de que se es esto o aquello

sin matices o fisura.

Tu muerte ya estaba escrita,

poeta de verde luna.

Demasiado indefinido

para una época tan dura.


DÉCIMAS A MARTÍ


Porque maestro te llaman

y apostol incluso algunos,

de revelarse oportunos

los textos a que te hermanan

por invocarte se ufanan

demostrándose en tu nombre

lo que quieran sin que asombre

tan sedienta idolatría

por buscar de un muerto guía

olvidándose del hombre.


De lo que fue tu sonrisa

solo una foto ha quedado;

reinventariando el pasado

olvidamos tu camisa

estrujada, y con la prisa

por presentarla planchada,

impoluta, almidonada

a imaginarla aprendimos

cuando en santo convertimos

tu osamenta embalsamada.


En el siglo de un instante

quizás tu adios fue un suicidio

escapando del presidio

y su grillete quemante,

tal vez la gesta fundante

necesitara tu muerte

y preferiste la suerte

de ser solo esa promesa

incompleta, que no cesa,

flor que en marmol se convierte.


EPITAFIO PARA PANFILO


Cuando la prensa callaba

y todos eramos eco,

de aquel discurso tan hueco

que la verdad disfrazaba

hubo un borracho que estaba

tan harto hasta los cojones

de tantas infatuaciones

que decidió pedir “jama”

y aquel borracho se llama

Panfilo, mil bendiciones.


Digo te llamas, perdones,

porque me avisan que has muerto,

ya tu alma se fue a buen puerto

donde tendrá otras opciones

de jamar, más que raciones

de esa soya y pollo viejo.

Tu “imprudencia” fue el reflejo

de lo que la boca calla

hasta que de pronto estalla

y aquí, mi negro, lo dejo.


De tu muerte no me quejo

ni tú te quejas tampoco

supongo estaba ya loco

por pirarte de ese espejo

del hambre, y del vil consejo

que no faltó de callarte.

Las gracias quisiera darte,

Panfilo, hablaste por todos;

sigue y habla por los codos,

jama no habrá de faltarte.


SOLICITUD DE SILVIO RODRÍGUEZ AL MINISTERIO


Un aka eme de nube

pide Silvio al Ministerio:

«compañeros, que hablo en serio,

que un unicornio ya tuve,

aquel me dejó en querube

con un tarro en plena calva,

de esa infamia no me salva

la carabina de Ambrosio.

Prometo matar al ocio

con ráfagas a mansalva.


No quiero azul, quiero malva

—le dice al que toma nota

de qué color, y aun anota,

mientras se peina la calva—:

Con ese fusil al alba

he de hacer guardia en el Morro

con un quinqué por ahorro

cuando aquella luz apaguen

y por favor no se caguen

como aquella del Cotorro».


RAZONES DEL UNICORNIO


Cianótico y con premura

un unicornio escapaba,

dejó el pasto donde estaba

masticando su verdura;

libróse de un caradura

que aún ofrece recompensa

por cualquier dato, se piensa

que por delirio obsesivo

de atraparle, muerto o vivo,

dice el anuncio en la prensa.


Con fijación hipertensa

todo el dinero ha empeñado

aquel que canta, embriagado

de necedad más que inmensa;

siendo la ocasión propensa

una aka eme ha adquirido,

y el “único” ha comprendido

viéndose ya cual tasajo

mejor mandar pal carajo

a artista tan pervertido.


Aquel cantor compungido

por el súbito abandono

del caballo, con encono

más triste verbo dolido,

canta al desaparecido

le pide vuelva a la casa;

al cuernoañil no le pasa

por la cabeza la idea,

responde: «que ni se crea

¿qué pinga al calvo le pasa?»


DE FLOTAR VIENE FLOTILLA


Para contarle al cubano

que hermosa vida es la suya

llega un combo armando bulla

desde un mundo muy lejano.

Llega el que tilda de vano

e injusto al capitalismo

mientras que vive del mismo

aunque allá en su imaginario

se perciba un solidario

apóstol del altruismo,


llega el que habla del marxismo,

de ensayos postcoloniales

y otros internacionales

amantes del espejismo;

artistas de gran cinismo,

ilusos cantamañanas

pisan las calles cubanas

con su ruido y postureo,

desde el hotel nada es feo

hermosas son sus persianas.


Traen sus miserias humanas,

su infinito narcisismo,

ensalzan al comunismo

croando como las ranas,

pacotilla, ayudas vanas

que poco o nada se notan,

regalan lo que no botan

cuando llegan a la orilla.

De flotar viene flotilla

y hay muchas cosas que flotan.


PARA QUÉ


Cuando digo que te quiero

me preguntas para qué;

eres muy astuta, lo sé,

y en responderte me esmero.

No sé qué estará primero,

mi bien mayor, pero digo

que olvidarte no consigo

ni lo pretendo tampoco;

no quieras volverme loco,

ni me excuso ni desdigo.


Que hace mucho que persigo,

yo tu huella no es noticia,

atribúyelo a estulticia

o a este anhelo que bendigo

de volver a estar contigo,

de amarnos como bien sé

que tú recuerdas que fue,

con cuerpo y alma, sin freno,

amor grande, amor del bueno,

y aún preguntas para qué.


NOCHE DEL DIA DE INOCENTES


Te he olvidado.


ABRAHAM Y EL ÁNGEL


«Ahora sé

que temes a Dios

—dijo el ángel—

ofrece aquel carnero

en su lugar,

y recuerda:

si Dios te pide

que sacrifiques a tu hijo,

ese no es Dios».


AL DÍA SEXTO


Vio Dios, al día sexto, que al mundo faltaba

un ser que le habitase y a su semejanza

lo creó de arcilla, moldeó su esperanza

del maleable barro que a sus pies se hallaba.


Cuando ya terminada vio su anatomía

insuflóle el aliento, tuvo el hombre vida;

y vio Dios que era bueno al contemplar reunida

en aquella criatura lo que pretendía.


Mas vio Dios que aquel hombre estar solo no amaba

si aún mal ignoraba lo solo que estaba;

abrióle su costado mientras lo dormía


sobre lecho de tierra. En su sueño más pleno

hizo Dios complemento, hizo Dios compañía;

despertóse el hombre, vio que aquello era bueno.


CAÍN Y ABEL


«La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra»,

—dijo Dios a Caín después de haberle preguntado—;

no hubo respuesta fiel tampoco un gesto avergonzado,

solo el peso de ese crimen que al culpable destierra.


La envidia alzó su mano, se auxilió de una quijada

que destrozó el cráneo a Abel y cruel cegó su vida.

El campo fue testigo de esa infamia, de esa herida,

de aquel grito de horror sobre la tierra mancillada.


CONTEMPLÓ LA MUJER DE LOT LA LEJANÍA


Contempló la mujer de Lot la lejanía

(su casa dejó atrás, su hogar, toda su vida)

y al instante de hacerlo, viose convertida

en estatua de sal, inanimada y fría.


Contempló la mujer de Lot aquel recuerdo

que aún clamaba su rescate entre las llamas.

Fue poco lo que vio, su cuerpo como escamas

de salitre tornóse, y como piedra, lerdo.


Contempló la mujer de Lot aquel pasado

como aquel que sucumbe a suicida apetencia

no acertó a decidir lo que más le importaba:


si salvarse o llorar, ignorando la urgencia;

se detuvo y volvió su cabeza en el vado

por mirar otra vez lo que atrás ya dejaba.


DAVID Y GOLIAT


Cinco piedras lisas lleva

el muchacho que llegó

con una honda en su mano

y el valor que Dios le dio

a pedir que le dejasen

ripostar, Saúl sonrió.

«¿Cómo podrás enfrentarle?»

El muchacho replicó:

«He vencido al león y al oso,

pues siempre Dios me salvó».


Cuarenta días y noches

el gigante desafió

al rey Saúl y sus hombres,

nadie coraje encontró.

Al otro lado del valle

el pastor se encaminó;

no lleva más armadura

que esa honda que aportó,

un cayado en la otra mano.

«Voy bien ligero», sonrió

pensando quizá en su madre

o en la oveja que dejó.


Llega al fin, ya se detiene,

su camino terminó;

entre filas de soldados

divisa al que desafió

cuarenta días y noches,

ese a quien no respondió

ninguno de los soldados

que el rey Saúl aportó.

David grita y le interpela,

el otro presto acudió.

«Aquí estoy» —dice el gigante—

«¿Quién mi nombre pronunció?»


Ya se adelanta David,

decidido, no tembló;

y frente a él, el filisteo,

inmenso, tal lo parió

su madre, una filistea,

su padre no lo sé yo.

Cuando ve frente a él al chico

unos cuentan que pensó:

«Agotados, los judíos

me envían lo que quedó»

—el acero del gigante

por su mano relució—.


«¿Quién eres y qué deseas?»

—con desprecio le imprecó—.

«Soy David, voy a matarte,

vengo en nombre del Señor

aquel que aunque estiércol seas

de la nada te creó».

Voló la piedra en el aire,

y en la frente le impactó,

cayó el gigante por tierra,

su sangre el suelo ensució.

El pastorcillo acercóse,

la espada a su lado vio;

la toma firme en sus manos

con ambas la levantó,

sobre Goliat la descarga

con todo el peso de Dios,

rebanando su garganta

la cabeza cercenó.


DAVID Y NATÁN


El rey ha escuchado la voz del profeta,

le muestra en su cara los vicios que oculta.

Ingenuo pregunta quién es, torpe ausculta,

buscando un culpable detrás de tal grieta


al honor del reino. La respuesta es dura,

y es dolor a un rey que al espejo se enfrenta:

«Tú eres, oh David, este que aquí se cuenta,

enfermo de lascivia y pasión oscura.


Por esa mujer que no te pertenece

haces morir al mejor de tus soldados.

No sufrirás muerte como quien traspasa;


tus pecados, de hecho, han sido perdonados,

pero aun tu lujuria un castigo merece:

la espada no habrá de abandonar tu casa».


EL BANQUETE DE HERODES


La cabeza de Juan en plateada bandeja

entrególe a su rey el soldado. Dispuesta

se encontraba la cena, y de tal mesa puesta

no pudiera encontrarse un motivo de queja.


Corrió el vino a mares, la sangre del Bautista

había corrido antes. Detrás de los velos

esperaba desnuda cumplir sus anhelos

Salomé, obsesión vil de aquel rey hedonista.


Callóse la verdad donde habló la apariencia

y juró el necio honor sostener la indecencia,

temiendo al profeta más que al mismo pecado.


Y así, entre manjares, murióse la conciencia

pues cuando al poder se le sirve desbordado,

la sangre del justo deleitará la audiencia.


LA ESCALERA DE JACOB


Aquel que luchara con Dios hasta la aurora

duerme echado en la tierra que en su huida transita;

sueña un sueño Jacob, donde Aquel le visita

al borde del camino y en su precaria hora.


«Soy el Dios de tus padres, seré el Dios de tus hijos,

la escalera que ves conecta tierra y cielo.

Por ella conozco del hombre cada anhelo,

cada porción del alma con sus entresijos.


Por ella cada ángel descenderá hasta el hombre,

como ahora contemplan tus ojos dilatados.

Tu limpio corazón tendrá buena ventura;


por más que ahora dudes o despierto te asombre,

los terrenos que pisas serán heredados

por esos que aumenten a tu estirpe futura».


LA PRIMERA PIEDRA


«La primera piedra —dijo—,

que la tire aquel que pueda

decir que nunca ha pecado

sin que mentir no le duela;

pues faltar a la verdad

es cosa que el alma hiela,

teniendo a Dios por testigo,

no la plebe pendenciera,

siempre dada a criticar

y a juzgar mientras se pueda».

La adúltera aún esperaba

las piedras en su cabeza.


Retiróse él a escribir

palabras sobre la arena,

mientras aquel populacho

que tan presto pareciera,

tan solo momentos antes,

con furia mal justiciera

a lapidar la mujer,

abandonaba la escena;

poco a poco se esfumaban,

sabiendo que todos eran

culpables de algún pecado,

tal como aquella ramera.


Escribas y fariseos

sentían una gran pena,

viendo al Cristo vencedor

de aquella su trampa artera,

pues sin faltar a la Ley

él encontró la manera

de poner en evidencia

la falsedad de su escuela.


Cuando se hubieron marchado,

Jesús preguntóle a aquella:

«¿No queda nadie a juzgarte?»

—miró la plaza desierta—.

«No, señor, todos se han ido»

—respondióle con presteza—.

«Pues yo tampoco te juzgo

ni te condeno; quisiera

que el sendero no desandes

y en paz te marches. No vuelvas

a pecar» —Jesús le dijo

y escribió sobre la arena

una enseñanza imborrable

para aquel que lo entendiera—.


LA PUERTA DE LOS DIOSES


Confundieron las lenguas allí donde el hombre

quiso hacer una torre que llegase al cielo;

levantó su arrogancia desde el vasto suelo

un soberbio edificio con eterno nombre.


Babilonia la grande, puerta de los dioses,

mas también ese sitio donde se dispersa

la humana condición, la mezcla más diversa

que al encuentro imposible brinda sus adioses.


Creyó el hombre el cielo cedería mandato

de aquel límite impuesto; desafió la altura,

confiando en el ladrillo y el vigor del brazo,


pero halló una respuesta al torpe desacato;

extraviado el verbo, constatado el fracaso,

perdióse su lengua de un habla sin fractura.


LA ZARZA ARDIENTE


La deidad ha invocado a Moisés desde un arbusto,

una zarza que arde pero nunca se consume;

la llama no destruye, sólo alumbra y resume

esa empresa que exige de un corazón robusto.


Ha entendido ya Moisés que Dios habrá de guiarle,

que hará de lo imposible tarea cotidiana:

liberar a su pueblo, llevarle donde mana

la leche y la miel, y Dios ¿qué más puede importarle?


«Yo Soy» —dice esa llama que no admite figura,

y al pastor lo convierte en palabra y en camino—.

Todo eso y más harás, oh Moisés, la zarza ha hablado,


y por ella ha hablado Dios, que es llama sin clausura.

«El que Soy» —recuerda él, sosteniendo su cayado,

armado por la fe y por la urgencia de un destino—.


MONÓLOGO DE JONÁS


Aquel inmenso pez vomitóme en firme tierra

después de tres jornadas de sombras y de calma;

sentí que la obediencia me brotaba del alma

y acepté que al buen Dios no le haría más la guerra.


Huyendo de Nínive busqué donde ocultarme

pero en la tempestad su gran poder me ha encontrado;

por manos de marinos al mar fui sentenciado

y el monstruo de las aguas acudió por salvarme.


No le temo ya a la voz que ordéname el destino,

predicaré el perdón hasta en la ciudad pagana;

solo le temo al fuego si es el fuego divino.


La planta que secóse me dio lección temprana:

si lloro por su sombra, ¿qué mayor desatino

no entender que Él se apiade de la miseria humana?


SAGRADO Y PROFANO


De lo sagrado y profano

pudiérase debatir

al infinito y seguir

cuestionando qué es lo humano.

Si un dios creó por su mano

al hombre, barro y aliento,

si le otorgó el sufrimiento,

le dió la culpa y la herida

tal fue el precio de una vida

que eternizó aquel momento.


Si mirando al firmamento

la estrella en nosotros clama,

es que ese dios nos reclama

nuestra sangre, el cumplimiento

de un divino mandamiento:

aquel de volver a ser

uno en él sin perecer.

Nuestra profandad sagrada

antípoda es de la nada

que dejamos al nacer.


SODOMA Y GOMORRA


Aquel sordo clamor llegó hasta las alturas

de que la ley de Dios se ignoraba en Sodoma

y en Gomorra, su hermana de vicio y de aroma,

concupiscente y vil, de torcidas honduras.


Solo por un justo modifica el castigo

ese Dios que aún sopesa el abismo en la ira,

el fervor de la plebe en su gozo delira;

ignora que el día no tendrá más testigo.


Retuérzanse cuerpos sedientos de pecado,

la fatal transgresión ha de cobrarse luego.

De la urbe perdida de exceso y desatino


solo un testigo habrá, con los suyos salvado.

Traen los ángeles ley y escarmiento divino,

furor inapelable, azufre, lluvia y fuego.


VEINTIÚN LAS SEMILLAS


«Su Dios es mi Dios —respondió aquel subsahariano,

sin dudar, rechazando la puerta de salvarse—.

Su cruz es mi cruz» —dijo él—. ¿Quién habrá de negarse

si te ofrecen la vida por negar a tu hermano?


Su Dios es el mío, allá en la triste arena libia

donde veintiún coptos fueron sacrificados,

uno tras otro muertos, al filo degollados

en formato video para mayor lascivia.


No hubo ruego de miedo ni voz que se quebrara,

unidos con el rezo para el último aliento.

Quisieron humillarles, lo contrario lograron,


pues su sangre en la arena es un terco monumento

a ese Dios carpintero que la cruz nos legara:

veintiún las semillas que con sangre abonaron.


DADOS


Si el mundo fuera ideal,

tú nunca hubieras partido;

pude haberte convencido

de que era un amor leal

pero en el mundo real

eso no sirve de nada;

perdióse tu enamorada

caricia en un desvarío,

más te recuerdo y sonrío

con tristeza en la mirada.


Alguna vez fue añorada

tu vuelta, bien lo confieso;

cierto, si, soñé tu beso

febril en mi madrugada,

pero una mueca callada

devuélveme la verdad

de que ya no tengo edad

para sufrir por ausencias

ni tengo más apetencias

de invocar una otredad.


Ignoro cuanta verdad

pudo haber de aquel futuro

que soñamos en un puro

derroche de ingenuidad;

responden con mezquindad

los dados a mi pregunta

¿dónde quedó la presunta

pertenencia que sentimos,

dónde el amor que nos dimos

en una edad ya difunta?


CANCIÓN DE CUNA PARA UN PRESIDENTE


Dicen que es un dictador,

me parece exagerado

más bien a él lo han designado

como objeto del rencor,

o sea, un subdictador

para que la jueza historia

dándole vuelta a la noria

le deje como el culpable,

figura predesechable

con sentencia perentoria.


Si alguno tiene memoria

sabrá que esto no empezó

el día que le nombró

su avatar (ingenua gloria),

aquel que la zanahoria

mal raciona y el garrote;

callado y, sin que se note,

es quien corta el bacalao

mientras este, por pringao,

sufre la infamia del mote.


El que las manos se frote

diagnósticando su ruina

y con euforia anodina

sueñe el fin del monigote

que por soñar no se agote

y aprenda tras la apariencia

a distinguir la apetencia

de la realidad y la hiel,

al juzgar a este y aquel

espejo de incompetencia.


Ignoro si fue inocencia

lo que le llevó a aceptar

el cargo de figurar

de figurín a consciencia,

cargando tan torpe herencia

sin ningún real poder

más que aquel de aún más joder

lo que ya estaba jodido,

dejando al país hundido

y a punto de perecer.


PADRE


Mi hijo más pequeño tenía solo un año

cuando ese mundo que yo intentaba

crear para ellos

se derrumbó.


No es culpa de nadie,

es la vida que pasa.


Su hermana mayor

tiene recuerdos

agradables

de aquello que intentó

ser un hogar.


Tal vez pocos

pero los tiene,

estoy seguro.


Mi hijo no.


Supongo siempre

voy a sentirme

culpable

en ese punto.


Es parte de ser padre

sentir eso.


Supongo siempre

va a costarme

mirarle a los ojos,

responder a su pregunta

de cuando vuelvo.


Es parte de ser padre

sentir eso.


Supongo siempre

va a rondarme la majadera idea

de qué pude

hacer diferente.


Es parte de ser padre

sentir eso.


Supongo siempre

va a angustiarme

mucho más

cualquier minucia suya

que cualquier cosa

que a mi mismo

pueda pasarme.


Es parte de ser padre

sentir eso.


No tiene que ver

con lo feliz que puedas ser

en el momento presente.

Son dos realidades paralelas

que fornican en tu mente,

cualquier padre lo sabe

aunque lo niegue.


Una suma de dolores

que no alivian

los abogados

ni terapeutas.


Una suma de angustias

sinsabores

responsabilidades

autoinfligidas

que te habitan

sin permiso.


Por eso tantas personas

eligen tener mascotas.


Si pides ser padre

recuerda que todo esto

va incluido en el menú.


GUADALETE, 711 A.D.


«Ayer era rey de España,

hoy no lo soy de una villa»

Romance de la pérdida de España


Un sorprendente enemigo

emergiendo de la nada

cruza el agua del Estrecho

desenvainada su espada.

Son los moros, Don Rodrigo,

que habrán de tomar tu amada

doña Egilona, tu reino:

la desprevenida España;

que consagrarán mezquitas

donde hubo iglesias cristianas,

que renombrarán los ríos,

las ciudades, montes, cada

tramo de aquel vasto mundo

donde el godo gobernara

después de vencer a Roma

en una edad más temprana.

Mira tu reino, Rodrigo,

dale una última mirada

a todo lo que hoy sucumbe

por seducir a la Cava,

embriagado de lujuria

e incontinencia malsana

deshonraste a tu vasallo,

su padre el Conde, que acaba

de apuñalarte Rodrigo

como hiciste tú a su espalda.

Nominalmente te sirven

los de Witiza en batalla,

pronto habrán de abandonarte

previa traición acordada

con el cruel caudillo moro

Tariq, que con sus mesnadas

ya se prepara a enfrentarte

donde el Guadalete pasa.


En esa tarde de julio

cuando el calor abrasaba

tal vez pondera Rodrigo

su existencia atribulada:

rehén de las circunstancias

y pasiones desatadas,

arrogante en su poder

que en muy poco será nada.

Cuando rompió los cerrojos

de la habitación sellada

que la leyenda nos cuenta

mostró señal revelada

de un siniestro porvenir

que al transgresor aguardara,

vio su futuro el aún rey,

mucho que de ello se amarga;

vio a los moros Don Rodrigo

desplegados en batalla

tan claro como hoy los ve

desenvainada la espada.

Desplegada media luna

lleva la horda desbordada

que ya se apresta a morir

y a matar con ruda saña.

Piensan que en el otro mundo

las vírgenes les aguardan

para premiar con lascivia

su destreza con la espada

y la entrega de su vida

a una religión extraña

que intentarán imponer

ocho siglos en España.

Piensan Rodrigo en huríes

como piensas tú en la Cava,

epíteto de Florinda,

flor de Ceuta desflorada

o quizá en tu cauta esposa

que allá en Toledo te aguarda.


De esta batalla perdida

el reino entero colapsa,

conquistarán todo el reino,

o casi todo, de España.

Querrán llamarle Ándalus

porque nadie recordara

que la cruz era su credo

y otro su nombre, bastara

con otros tamaña argucia

mas no en la España cristiana,

en Guadalete ocho siglos

comienzan esa jornada.

Tú no lo sabes Rodrigo,

nada en hora tan amarga

permitiérate soñar

que un día será tornada

la suerte, y el invasor

habrá de rendir Granada

ante reyes que en tu nombre

recuperarán España.

Ben Ziyad, tu vencedor,

verá su euforia apagada,

siendo de Musa vasallo

aquel la cuenta saldara

por desobediencia, dice,

por envidia, se lo calla

el que gobierna en el Norte

del Africa musulmana,

siendo los dos a la vez

humillados cuando encaran

la ira del que en Damasco

todo el provecho se guarda.

Así los siervos de Alá

las entrañas se sacaran

si no hubiera un enemigo

que por su Dios enfrentaran.

No tuvieran mejor suerte

que tú, tal vez más amarga,

esos hijos de Witiza

que tus flancos entregaran,

una vez que te vencieran

poco provecho le hallaran

pues es fama que traidores

solo reciban por paga

a su infamia y cobardia

el alfanje en la garganta.

Tal vez el Conde de Ceuta

fue el único al que bastara

que pagases con la vida

la deshonra de su casa.


Nunca encontrarán tu cuerpo,

oh rey de la goda España;

harto le hubiera ultrajado

la morisma que se ensaña

con crueldad de aquel vencido

que entre sus manos quedara.

Solo hallarán tu caballo,

Orelia, el que tu montaras;

se tejerá la leyenda

de tu suerte malhadada

y de cómo se perdió

tu reino y la goda España

cuando enfrentaste a los moros

donde el Guadalete pasa.


ECOS DE CONSTANTINOPLA, 1453 A.D.


«Si mi ciudad cae, yo caeré con ella».

Constantino XI Paleólogo


Quiso el turco en su ambición

poseer el Cuerno de Oro,

ser dueño de aquel tesoro

que fue de Roma creación;

Constantinopla, obsesión

de todos los que su gloria

añoraron, la memoria

del gran Imperio en Oriente,

hermano del de Occidente,

y de incierta desmemoria.


Mil años aún hizo historia

lo romano en lengua griega,

soportó cada refriega,

renació en cada victoria

hasta que propiciatoria

dejó de ser su fortuna;

sucumbió a la media luna

de aquel invasor foráneo,

que hizo del Mediterráneo

una otomana laguna.


Opción no tuvo ninguna

más que luchar a morir;

decidido a resistir

pide a su pueblo reúna

todo el coraje, y si alguna

salvación a Constantino

le deparase el destino,

ha de encontrarle en su puesto

compartiendo con el resto

el final de su camino.


Mehmed Segundo, el mezquino,

entró en el Hagia Sofía;

tuvo el sultán la osadía

de hacerlo a lomo de equino.

De ese imperio bizantino

que Constantino rigiera,

quedó la imperecedera

memoria de aquel valor

de un último emperador

que con su pueblo muriera.


Por si alguno no supiera

dónde está Constantinopla,

allí donde el viento sopla

junto al Mar Negro, le espera

la ciudad que hizo bandera

del sacrificio; y violada

fue después, desmemoriada

con un ridículo nombre,

para que aún más nos asombre

tanta grandeza ultrajada.


El BOSQUE DE TÂRGOVIȘTE, 1462 A.D.


En Valaquia hubo un voivoda

llamado el empalador

que a los turcos la mejor

medicina brindó toda.

Los ensartaba a la moda

porque mejor lo pensasen

y a su tierra así tornasen

en vez de asolar la ajena.

Los otomanos, ¡qué pena

que como el kebab quedasen!


No fue que los invitasen

cuando invadieran Europa,

con su avasallante tropa

no hubo lugar que no hollasen

pero siempre a quienes hacen

del terror una herramienta

otro les pasa la cuenta

y tal fue Vlad, el valaco

que les cobró por el saco

impuesto por tanta afrenta.


Según la historia comenta

cuando el sultán observó

aquel bosque algo le dió

de escena tan truculenta.

No pudiendo sacar cuenta

de los suyos empalados

dijo: «Vamos, apurados

regresemos a Turquía

que aquí falta cortesía

o son muy poco educados».


Y así fue que desolados

emprendieron el regreso;

al menos el culo ileso,

por el miedo derrotados.

Fueron envalentonados

mas volvieron compungidos;

del intestino ateridos

por un mal presentimiento,

soñando con el momento

de despertar, si dormidos.


De aquellos troncos prendidos

quedáronse veinte mil,

y así supo el turco vil

que en esos lares perdidos

serían siempre acogidos

con terca hospitalidad,

que no habría mezquindad

ni regateo en la guerra,

que en esa enemiga tierra

mejor no esperar piedad.


LEPANTO, 1571 A.D.


Tambores, chirimías con eco discordante,

la media luna orgullo y pendón de sus galeras

zarpando a mar abierto con infulas guerreras

augurábanle al turco la victoria aplastante.


Muy poco imaginara al salirse de Lepanto

a buscar a su enemigo, Ali Pasha el otomano,

que al final de la lucha y de su esfuerzo vano

se alzara su cabeza en una pica de espanto.


Tampoco Juan de Austria, ni Bazán o Andrea Doria

podían suponer que desafiando al destino

vengarían la muerte del noble Bragadino

entregándole al mundo un espejo de la gloria.


De la más alta ocasión de los siglos pasados,

presentes y futuros quien no es manco todavía

guardará la memoria del valor, y la hidalguía

de aquellos que murieron, en la lucha esforzados.


Quizás ya esté el Quijote en la mente de Cervantes

como incipiente embrión, premonición del futuro;

le espera el cautiverio, tal vez no está maduro

el soldado escritor de molinos y gigantes.


Sobre las aguas rojas del golfo de Lepanto

callaron los tambores,

las infames chirimías.


¿SABES?


¿Sabes?, no me sirve ese “lo siento”,

me repugnan las palabras

comedidas y corteses

de ocasión;

no te absuelven un carajo

esa astucia con que labras

tus traiciones y dobleces

de refajo


o esa sarta

de argumentos

victimantes.


Si,

ya sé que no quisiste hacerme daño,

pero el hecho es que lo hiciste y no hay remedio:

un perdón es totalmente irrelevante,

no hay manera de volver el tiempo atrás.

No vuelve.

Hoy repaso tus mentiras con gran tedio

como aquel que se da cuenta en un instante

que es imposible la paz.


Como aquel que al fín comprende

lo más obvio:


ese tiempo que se entrega a otra persona

no regresa.


CUBA VADIS


En el mar de las Antillas

hay un país que adolece

de proyecto de futuro,

aunque en negarlo se esfuerce;

su presente es porvenir,

alternativa no tiene

salvo ser el arquetipo

de eso que a otros le parece

debe ser la resistencia

aunque la obviedad desmiente

su sistema de creencias

que ni progresa ni quiere.

Así anclada en el pasado

la patria se desvanece,

un delirio sigue al otro,

algún maquillaje leve,

espejismo continuado

que ni repara ni puede

entre eslóganes maltrechos

un país que no amanece;

ese país, mi país,

no hay día que no me duele

aunque he aprendido a vivir

con la ilusión de los peces,

ocupado en mis asuntos,

diluido en pequeñeces.

Así se pasa mi vida,

tú allá, navío al garete,

sin imaginar siquiera

que te pienso entre la nieve;

de vez en cuando confieso

que mi pobre ilusión crece

pensando que habrá algún cambio,

luego esa idea se muere.

He dejado de esperarlo,

lo he esperado tantas veces

que perdí toda ilusión

de verte como mereces,

dueño al fin de tu destino,

ya despierto, caimán verde.


MARCAS


En ese largo proceso, a veces arduo, en el cual evolucionamos desde la negación de la realidad hasta la negociación con esa misma realidad (lo llamamos madurez), la vida nos va dejando sus marcas.

Marcas como de un surco que han arado.

Marcas que nos identifican como a las reses.

Algunas pueden verse; son como cicatrices en la piel, resultan evidentes en sí mismas. No tiene sentido negarlas.

Son marcas cronológicas: arrugas, accidentes, el cuerpo que decae.

Otras no pueden verse. Son más profundas. Ontológicas. Un mapa invisible que cuenta (a quien oírle sepa) todo aquello que aprendemos a callar.

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