Tuesday, March 17, 2026

POESÍA EN REMOJO



PARA QUÉ


Cuando digo que te quiero

me preguntas para qué;

eres muy astuta, lo sé,

y en responderte me esmero.

No sé qué estará primero,

mi bien mayor, pero digo

que olvidarte no consigo

ni lo pretendo tampoco;

no quieras volverme loco,

ni me excuso ni desdigo.


Que hace mucho que persigo,

yo tu huella no es noticia,

atribúyelo a estulticia

o a este anhelo que bendigo

de volver a estar contigo,

de amarnos como bien sé

que tú recuerdas que fue,

con cuerpo y alma, sin freno,

amor grande, amor del bueno,

y aún preguntas para qué.



SONETO A LA OSA MAYOR


Tu amor me lo quitaste, así, muy de a poquito

rebajando la dosis porque no me doliera,

o me doliera menos o incluso no supiera

como se iba apagando este idilio bonito.


Veo tu amor inerte, escucho tus razones

como el preso al que leen su aburrido prontuario.

Sé que no vale hablar, sé que ya no es necesario,

me trago mi dolor, reina de corazones.


Siento tu amor perderse y no es que no me duela

pero algo habré aprendido, no solo astronomía.

Recordaré por siempre tu beso, osezna mía,


escríbote un poema, la sangre se me hiela;

para un amor tan cierto falacia es el olvido.

Deseo que aún te quieran como yo te he querido.



DADOS


Si el mundo fuera ideal,

tú nunca hubieras partido;

pude haberte convencido

de que era un amor leal

pero en el mundo real

eso no sirve de nada;

perdióse tu enamorada

caricia en un desvarío,

más te recuerdo y sonrío

con tristeza en la mirada.


Alguna vez fue añorada

tu vuelta, bien lo confieso;

cierto, si, soñé tu beso

febril en mi madrugada,

pero una mueca callada

devuélveme la verdad

de que ya no tengo edad

para sufrir por ausencias

ni tengo más apetencias

de invocar una otredad.


Ignoro cuanta verdad

pudo haber de aquel futuro

que soñamos en un puro

derroche de ingenuidad;

responden con mezquindad

los dados a mi pregunta

¿dónde quedó la presunta

pertenencia que sentimos,

dónde el amor que nos dimos

en una edad ya difunta?



LEJOS


¿Qué puede haber más triste que no ver crecer tus hijos,

sufrir la vil distancia, pedirle a Dios por ellos;

confiar en que los cuide, recordar en sus cabellos

la caricia de tus manos, responder acertijos

del tiempo y de la ausencia, de los días

y las noches que pasan y hacen años

que han de volver tus criaturas dos extraños

sin dejar de ser tu alma? Eso confías.

¿Cómo es que puede tenerse 

el corazón extirpado

y aún así seguir vivo

tan cruelmente mutilado?

¿A qué puede parecerse

este vivir sin motivo?

Tan lejos.



LEPANTO, 1571


Tambores, chirimías con eco discordante,

la media luna orgullo y pendón de sus galeras

zarpando a mar abierto con infulas guerreras

augurábanle al turco la victoria aplastante.


Muy poco imaginara al salirse de Lepanto

a buscar a su enemigo, Ali Pasha el otomano,

que al final de la lucha y de su esfuerzo vano

se alzara su cabeza en una pica de espanto.


Tampoco Juan de Austria, ni Bazán o Andrea Doria

podían suponer que desafiando al destino

vengarían la muerte del noble Bragadino

entregándole al mundo un espejo de la gloria.


De la más alta ocasión de los siglos pasados,

presentes y futuros quien no es manco todavía

guardará la memoria del valor, y la hidalguía

de aquellos que murieron, en la lucha esforzados.


Quizás ya esté el Quijote en la mente de Cervantes

como incipiente embrión, premonición del futuro;

le espera el cautiverio, tal vez no está maduro

el soldado escritor de molinos y gigantes.


Sobre las aguas rojas del golfo de Lepanto

callaron los tambores,

las infames chirimías.



DECIMAS A MARTI


Porque maestro te llaman

y apostol incluso algunos,

de revelarse oportunos

los textos a que te hermanan

por invocarte se ufanan

demostrándose en tu nombre

lo que quieran sin que asombre

tan sedienta idolatría

por buscar de un muerto guía

olvidándose del hombre.


De lo que fue tu sonrisa

solo una foto ha quedado;

reinventariando el pasado

olvidamos tu camisa

estrujada, y con la prisa

por presentarla planchada,

impoluta, almidonada

a imaginarla aprendimos

cuando en santo convertimos

tu osamenta embalsamada.


En el siglo de un instante

quizás tu adios fue un suicidio

escapando del presidio

y su grillete quemante,

tal vez la gesta fundante

necesitara tu muerte

y preferiste la suerte

de ser solo esa promesa

incompleta, que no cesa,

flor que en marmol se convierte.



EL PAIS DE LAS GRUAS SINIESTRAS


Al pueblo de Irán, con admiración.


De las siniestras grúas

que ha erigido el poder

para hacerse temer

en el país del sol

y del león

cuelgan los cuerpos.


Cuerpos,

vidas segadas


de aquellos

que se oponen

a la distopia islamista,

de aquellos, los valientes

que se atreven

a oponerse.


No son pocos,

los que han pagado

y pagan

tan alto precio,

no es que falte coraje

pero es esa

ciertamente

una pelea

muy desigual.


No se enfrentan solamente

a la fuerza de las armas,

la vileza de los clérigos

o la superstición de las masas.


No se enfrentan tan solo

a la mezquindad interesada

de la geopolítica.


Tienen también

frente a ellos

la culpable complicidad

de esa izquierda residual

que repite y amplifica

la voz de sus verdugos.


Vergüenza de ustedes.


Me pregunto cuánto más

podrán aún traicionar

vuestros supuestos ideales.


En el país

de las grúas siniestras

se tienen escasamente

las opciones

de escapar,

ser cómplice

o pender

al final de ese brazo

extendido

de la muerte.


Quiero,

necesito creer

que la vida triunfará.



ROMANCE A LORCA


Con tristeza es que te escribo,

poeta de verde luna,

rememorando tu muerte

con estos versos de espuma.

Si no te hubieran matado

los azules con premura,

ya te mataran los otros

arguyendo en su locura

cualquier motivo siniestro:

tu hedonismo o tu alta cuna,

tu falta de compromiso

o no importa cuál tontuna.

Lo que está claro, poeta,

es que por mala fortuna

naciste en un tiempo adverso

de fusiles y amargura;

que estaba escrita tu muerte

con la sentencia más dura,

pues ganase quien ganase

no ganara la cordura;

y en algún gris paredón

o alguna agreste espesura,

tu suerte estaba cantada

por una bala que busca

cercenar de tu garganta

las palabras de ternura

que salieran de tu boca

con aquella urgencia pura

de hacerle el amor al verso;

la diosa literatura

no es suficiente amuleto

para aquel que no figura

en el libro de una era

cruel, brutal, simplista, ruda,

donde lo negro y lo blanco

son ilusión que perdura

de que se es esto o aquello

sin matices o fisura.

Tu muerte ya estaba escrita,

poeta de verde luna.

Demasiado indefinido

para una época tan dura.



PADRE


Mi hijo más pequeño tenía solo un año

cuando ese mundo que yo intentaba 

crear para ellos

se derrumbó.


No es culpa de nadie,

es la vida que pasa.


Su hermana mayor 

tiene recuerdos 

agradables

de aquello que intentó 

ser un hogar.


Tal vez pocos

pero los tiene,

estoy seguro.


Mi hijo no.


Supongo siempre

voy a sentirme 

culpable

en ese punto.


Es parte de ser padre

sentir eso.


Supongo siempre

va a costarme

mirarle a los ojos,

responder a su pregunta

de cuando vuelvo.


Es parte de ser padre

sentir eso.


Supongo siempre

va a rondarme la majadera idea

de qué pude 

hacer diferente.


Es parte de ser padre

sentir eso.


Supongo siempre

va a angustiarme

mucho más

cualquier minucia suya

que cualquier cosa 

que a mi mismo

pueda pasarme.


Es parte de ser padre

sentir eso.


No tiene que ver

con lo feliz que puedas ser

en el momento presente.

Son dos realidades paralelas

que fornican en tu mente,

cualquier padre lo sabe

aunque lo niegue.


Una suma de dolores

que no alivian 

los abogados

ni terapeutas.


Una suma de angustias

sinsabores

responsabilidades

autoinfligidas

que te habitan

sin permiso.


Por eso tantas personas

eligen tener mascotas.


Si pides ser padre

recuerda que todo esto

va incluido en el menú.



LA FELICIDAD ES UN ANIMAL SALVAJE


Eso que unos llaman la felicidad

de mucho buscarle tal vez no aparezca,

o incluso se extinga cuando más parezca

negar la sentencia de su cortedad.


Habrá quien le encuentre entre lo cotidiano

cual remanso suave que reparo ofrezca

a la obsesión cruel, desmedida y grotesca

de invocarle a voces, torpemente en vano.


Eco trashumante, promesa en el viento,

serendipia hallada en extraño paraje,

paradoja absurda que a nada se iguala.


Si a tu lado llega, un día, de momento,

no intentes guardarle si en tu pecho instala

su nido escondido de animal salvaje.



GUADALETE, 711 A.D.


"Ayer era rey de España,
hoy no lo soy de una villa"
Romance de la pérdida de España


Un sorprendente enemigo

emergiendo de la nada

cruza el agua del Estrecho

desenvainada su espada.

Son los moros, Don Rodrigo,

que habrán de tomar tu amada

doña Egilona, tu reino:

la desprevenida España;

que consagrarán mezquitas

donde hubo iglesias cristianas,

que renombrarán los ríos,

las ciudades, montes, cada

tramo de aquel vasto mundo

donde el godo gobernara

después de vencer a Roma

en una edad más temprana.

Mira tu reino, Rodrigo,

dale una última mirada

a todo lo que hoy sucumbe

por seducir a la Cava,

embriagado de lujuria

e incontinencia malsana

deshonraste a tu vasallo,

su padre el Conde, que acaba

de apuñalarte Rodrigo

como hiciste tú a su espalda.

Nominalmente te sirven

los de Witiza en batalla,

pronto habrán de abandonarte

previa traición acordada

con el cruel caudillo moro

Tariq, que con su mesnada

ya se prepara a enfrentarte

donde el Guadalete pasa.


En esa tarde de julio

cuando el calor abrasaba

tal vez pondera Rodrigo

su existencia atribulada:

rehen de las circunstancias

y pasiones desatadas,

arrogante en su poder

que en muy poco será nada.

Cuando rompió los cerrojos

de la habitación sellada

que la leyenda nos cuenta

mostróle señal preclara

de un siniestro porvenir

que al transgresor aguardara,

vio su futuro el aún rey,

mucho que de ello se amarga;

vio a los moros Don Rodrigo

desplegados en batalla

tan claro como hoy los ve

desenvainada la espada.

Desplegada media luna

lleva la horda desbordada

que ya se apresta a morir

y a matar con ruda saña.

Piensan que en el otro mundo

las virgenes les aguardan

para premiar con lascivia

su destreza con la espada

y la entrega de su vida

a una religión extraña

que intentarán imponer

ocho siglos en España.

Piensan Rodrigo en huríes

como piensas tú en la Cava,

epíteto de Florinda,

flor de Ceuta desflorada

o quizá en tu cauta esposa

que allá en Toledo te aguarda.


De esta batalla perdida

el reino entero colapsa,

conquistarán todo el reino,

o casi todo, de España.

Querrán llamarle Ándalus

porque nadie recordara

que la cruz era su credo

y otro su nombre, bastara

con otros tamaña argucia

mas no en la España cristiana,

en Guadalete ocho siglos

comienzan esa jornada.

Tú no lo sabes Rodrigo,

nada en hora tan amarga

permitiérate soñar

que un día será tornada

la suerte, y el invasor

habrá de rendir Granada

ante reyes que en tu nombre

recuperaran España.

Ben Ziyad, tu vencedor,

verá su euforia apagada,

siendo de Musa vasallo

aquel la cuenta saldara

por desobediencia, dice,

por envidia, se lo calla

el que gobierna en el Norte

del Africa musulmana

siendo los dos a la vez

humillados cuando encaran

la ira del que en Damasco

todo el provecho se guarda.

Así los siervos de Alá

las entrañas se sacaran

si no hubiera un enemigo

que por su Dios enfrentaran.

No tuvieran mejor suerte

que tú, tal vez más amarga,

esos hijos de Witiza

que tus flancos entregaran,

una vez que te vencieran

poco provecho le hallaran

pues es fama que traidores

solo reciban por paga

a su infamia y cobardia

el alfanje en la garganta.

Tal vez el Conde de Ceuta

fue el único al que bastara

que pagases con la vida

la deshonra de su casa.


Nunca encontrarán tu cuerpo,

oh rey de la goda España;

harto le hubiera ultrajado

la morisma que se ensaña

con crueldad de aquel vencido

que entre sus manos quedara.

Solo hallarán tu caballo,

Orelia, el que tu montaras;

se tejerá la leyenda

de tu suerte malhadada

y de cómo se perdió

tu reino y la goda España

cuando enfrentaste a los moros

donde el Guadalete pasa.