Thursday, August 20, 2026

POEMAS EN REMOJO



CURSO DE MITOLOGÍA GRIEGA


Hablo del dios de los griegos,

ser supremo y libertino,

entre lo humano y divino

siempre dado a los trasiegos.

Eran sus desasosiegos

y urgencias, oportunistas

dotes metamorfosistas

con que mutaba a otro ser;

tras un culo de mujer

tomó formas imprevistas.


Envidia de ilusionistas

cuando se hizo lluvia de oro

rompiéndole así el decoro

a Dánae con las previstas

consecuencias, pues conquistas

como aquellas terminaban

con mujeres que a luz daban

a niños como Perseo,

quien liquidó al bicho feo

que la Medusa llamaban.


Juntando flores andaban

las sirvientas con Europa,

algo ligeras de ropa

y poca cuenta se daban

de que el toro que miraban

acercarse mansamente,

tenía turbia la mente

y cuando aquella fenicia

queda a distancia propicia,

el toro la rapta urgente.


De esta violencia imprudente,

tras un poquito de llanto,

Sarpedón y Radamanto

nacieron, y el indolente

rey de Creta, Minos. Gente

habrá que el nombre le suene

porque esto secuela tiene

con su esposa y otro toro,

pero ese tema lo exploro

en un poema que viene.


Aquí referir conviene

otra preñez, la de Leda,

que en el abrazo se queda

más tiempo del que conviene.

Del cisne a Helena la tiene,

troyana de una alta cuna,

y por seguir la tontuna

Pólux y Cástor concibe;

Clitemnestra también vive

por esta unión oportuna.


Leda además, por fortuna,

fue de Tindáreo mujer

y aquí no logramos ver

quién de quién o si ninguna.

Posible se quede alguna

andanza por referir

de un dios que quiso existir

preñando a diestra y siniestra;

de lo anterior dimos muestra

como se pudo advertir.


No me apetece omitir

que algún que otro personaje

de los referidos, viaje

al ciclo que va a seguir.

Habrá entonces que decir

que estoy seguro, eso creo,

por los datos que poseo

que esta Helena, la troyana,

es la dama que se gana

de Paris todo el deseo.


En la boda de Peleo

aquel que a Aquiles dio vida

no faltaba la bebida,

la comida, ni el recreo.

Aquello se puso feo

puesto que Eris, una odiosa,

no fue invitada, y rabiosa

por lo que vio como ofensa,

teniendo fama de intensa,

se decidió a ser tramposa.


Sobre la mesa abundosa

viose una manzana de oro

dedicada sin decoro

a la más perfecta diosa,

"a la más bella"; celosa

miró la Atenea a la Hera,

y esta que no era cualquiera,

le echó un reojo a Afrodita

que sin quedarse chiquita

gritó: "¡Pinga pa'cualquiera!".


Comenzara el sal pa'fuera

si el Zeus no interviniese;

pidió que no pareciese

aquello fiesta orillera,

ordenóle a Hermes que fuera

con las tres involucradas,

todas ellas destacadas

deidades de aquel panteón,

a buscar la solución

y dejarse de mamadas.


Son laderas suavizadas

de un monte, las que ha escogido

Paris, pastor conocido

por sus dotes señaladas;

con sus ovejas contadas

pasta allí su aburrimiento,

casi muere de contento

cuando las tres a la vez,

le piden que sea juez

invocando su talento.


Empieza el procedimiento

con Hera que se desnuda,

y por sobornar la duda,

le adiciona un condimento.

El pastor piensa un momento

lo que la diosa le ofrece,

si a ella la escoge, merece

todo el poder que apetezca,

aunque imposible parezca

al pastor no le apetece.


Atenea con euforia,

totalmente empelotada,

al pastor le dice: "nada

te ofrezco menos que gloria".

Desnuda se vanagloria

de su innegable belleza

pero aquel en su simpleza

también rechaza la oferta;

casi de ira cae muerta

Atenea en su grandeza.


Afrodita, con presteza,

se desnuda ante el pastor.

"Puedo ofrecerte el amor

de aquella que más belleza

tenga en la tierra" y empieza

a referirle de Helena

la de Troya, que su pena

acarreará y la desdicha;

obcecado por su picha

el pastor se desordena.


Así acepta su condena

y a Afrodita el premio entrega,

después raptará a la griega,

mujer principal y ajena;

por ella desencadena

Menelao guerra notoria

que un ciego de gran memoria

llamado Homero escribiera

(esto lo sabe cualquiera)

y el resto es antigua historia.


Pero no tengas euforia

que esto aquí no ha terminado,

te pido ser educado,

pues tras pausa dilatoria

retomo la trayectoria

o digamos la aventura

de aquel rey, esa figura

de Creta llamada Minos

a cuyos tristes destinos

su esposa le dió figura.


Pasífae, por locura,

quiso yacer con un toro,

y porque no hubiera un coro

divulgando su aventura,

dijo a Dédalo: «Procura

crearme atrezo de vaca,

que quiero probar la estaca

de ese torito bravío,

pues mi esposo, en su extravío,

hace rato no me aplaca».


El buen Dédalo destaca

por las artes de su oficio,

y un generoso orificio

preparó a la muy bellaca.

Cuando, con hambre cosaca,

el toro vio aquel portento,

con energía y contento

se lanzó para ensartarla

y no paró hasta preñarla,

dejándola sin aliento.


El niño nació un portento,

si exceptuamos la cabeza,

que más parecía pieza

de un taurino monumento.

Para no dar alimento

al murmullo y al rumor,

Minos guardó el deshonor

del monstruo en un laberinto,

sabiendo, por regio instinto,

que el silencio es lo mejor.


La reina, con gran pudor,

mucho trató de enmendarse

para que no volviera a darse

aquel uterino error.

A Dédalo otro favor

le pidió: que desplazara

el hueco, que lo situara

más arriba en la estructura,

para que, siendo montura,

del toro nunca se hablara.


Con tolerancia preclara,

Minos pronto aceptó al niño,

sin importar lo transniño

o su apariencia tan rara.

Así, la guerra declara,

y tras tenerla vencida

pide tributo con vida,

que lo aporten con premura

por ahorro de verdura

a su hijastro en la comida.


La reina, esposa cumplida,

siempre fue muy organizada,

dándole a Minos la entrada

y al taurino la salida.

Siendo tan bien atendida,

su carácter mejoró,

y al buen rey Minos le dio

otra hija aún más lozana,

del monstrico medio hermana,

a la que Ariadna llamó.


A este retoño trató

cual la niña de sus ojos;

no le faltaron antojos,

que el rey siempre le cumplió.

Todo aquello que pidió

y más, desde edad temprana.

Que comiera bien, se ufana

aquel padre en mil cuidados,

dándole al otro bocados

del tributo en carne humana.


Los griegos, de mala gana,

la merienda le aportaban;

al monstruo lo mismo daban

uno que cien, y su hermana,

siendo además muy temprana,

pronto se prendó de un reo

por quien ardió de deseo

nomás lo vio entre cadenas:

era aquel hijo de Atenas

a quien llamaban Teseo.


Se dijo: «No me lo creo

que mi hermano se lo coma»,

y a Teseo dijo: «Toma,

ten este hilo, pues yo veo

que matarás a ese feo

con un poquito de ayuda».

Teseo no tuvo duda

y del hilo se auxilió

cuando al toro despachó

en contienda peliaguda.


Ariadna, muy concienzuda,

esperaba por lo suyo,

y era tan grande su embullo

que casi aguarda desnuda.

Teseo pensó: «¡Menuda

la suerte que ya me espera!»,

y en alguna carretera

tomó las de Villadiego,

viendo su carrera en juego

y a Ariadna más bien hortera.


La trató como ramera

siendo de tan alta cuna;

no tuvo pena ninguna,

se portó como un cualquiera.

Ella casi desespera

cuando se vio abandonada,

y así fue que, de la nada,

apareció el dios Dionisio,

con quien tuvo mejor juicio

y de quien quedó prendada.


La historia está terminada

en este punto, supongo;

de más datos no dispongo,

y es mi versión novelada

de una tragedia empezada

con una llama uterina,

que casi causa la ruina

de todo un reino, una novia

ultrajada, hasta transfobia

con una nota taurina.


Se me quedó en la cocina

hablar de Dédalo el viejo,

el cual salvóse el pellejo,

y con Ícaro termina,

volando más que camina

con unas alas de cera.

El hijo se desespera

y al sol trata de alcanzar,

cayendo en picado al mar

por tan extraña quimera.



POEMA MINIMALISTA Y UNAPOLOGÉTICAMENTE VULGAR, EL CUAL, A PESAR DE SU SIMPLICIDAD —O, PRECISAMENTE, POR ELLA—, CAPTA EN SUS LÍNEAS LA ESENCIA DE LA CONDICIÓN HETEROSEXUAL MASCULINA. EN FIN...


De un coño venimos y a un coño volvemos.



EL JARDÍN DE MELIBEA


Por perseguir a un halcón

llegó a un jardín extraviado,

sin otra razón que aquella

que le guía y le ha obcecado;

queriendo un ave atrapar,

con presa mayor ha dado,

pues solo verla ha perdido

todo juicio el desdichado

que al jardín de Melibea

por un descuido ha arribado.

Así, de procurar presa

queda Calisto apresado,

prisionero de un amor

que nunca ha experimentado;

ya languidece en su alcoba,

pues fiel cautivo se ha hallado

de unos ojos de doncella

que su mirar le han negado

cuando la requiere aquel

por amores desbordado.

Verdes son cual la esperanza

que le mantiene hechizado

los ojos de la muchacha

que en los suyos se han quedado;

ya la dibuja en el aire

y al aire mismo ha besado

el doncel que en su locura

desprecia todo cuidado

por soñarla día y noche

como el peor trastornado.

Habrás de saber, lector,

que las voces no han faltado

que desdigan los delirios

de este pobre desquiciado.

Los pechos cual calabazas

Areúsa ha mencionado

que tiene esa Melibea

de la que tanto se ha hablado;

otro tanto dice Elicia,

pues sin adornos preciados

igual es a otra mujer,

la buscona ha comentado.

Mientras, se teje la suerte

por un diabólico hilado

de aquella vieja alcahueta

que Celestina han nombrado.

Es por Pármeno y Sempronio

que la bruja se ha empleado

al servicio de aquel joven

que nada se ha reservado

de prometer a quien logre

propiciar lo que ha soñado.

Es por Pármeno y Sempronio

que de un cuchillo afilado

sucumbirá la alcahueta

cuando sea revelado

que ha de intentar por codicia

no compartir lo acordado;

también han de morir ellos

por la justicia apresados,

pero eso aún es futuro

cuando un par de enamorados

se entremezclan, se penetran,

se entrepiernan afiebrados.

Ya pierde la casta joven

el recato que ha guardado

entregándose al doncel

que tanto la ha deseado;

ya le recibe en su cama,

ya su dueño le ha nombrado,

ya jura por siempre amarle

ignorando que llegado

será pronto el cruel momento

de ver aquel cuerpo amado

ya sin vida, y decidir

que solo un futuro es dado:

compartir con él la suerte

que la muerte le ha anunciado.



TRASTORNO POÉTICO DE PERSONALIDAD


Sufro de un raro trastorno

de la personalidad;

si hablo de realidad

donde otros no ven un corno

veo más, y le soborno

porque me entregue un poema

aunque ello implique el dilema

de no saber si al hacerlo

soy quien puede merecerlo

o es la vida que es mi tema.


Sin mayor estratagema

ni cura sigo el camino,

no me importara un comino

ni fuera mayor problema

pero este verso me quema

y prefiero darle a luz

no tengo del avestruz

la cualidad de esconderme

soy tal como puedes verme

y la escritura es mi cruz.



VERSOS DE CONTRABANDO


«La lectura de aquel libro compartido

nos fue espejo del deseo y su evidencia.

No pudimos más leer, nuestra conciencia

se perdió pues un galeoto el libro ha sido.


En sus páginas ganamos el infierno

porque fui mas que Paolo, Lanzarote

y Francesca fue Ginebra; de su escote

deslizóse sin pudor el fuego eterno».


En el círculo segundo su condena

expiarán sin remisión estos amantes.

Arrastrados en perpetuo torbellino,


aferrados uno al otro y a su pena,

ha de hallarles el poeta florentino

eco y voz de tantas almas suplicantes.



PANDORA


Cuando a su caja Pandora

abrió desde la inocencia,

quizá le faltó consciencia

desde el aquí y ese ahora

para ver del mal que aflora

toda su cruel variedad:

el dolor, la enfermedad,

el desamor, la violencia,

el peso de una existencia

desprovista de bondad.


Pudo ver con ansiedad 

que de esa caja los males

huían raudos, animales

urgidos de libertad;

y pudo ver en verdad,

con una obviedad que cansa,

que si el bien muestra tardanza

el mal gana la porfía.

Dentro, en la caja vacía,

sola estaba la esperanza.



FELINIDAD


Enfermo de indiferencia

por los asuntos del mundo,

descubro que en lo profundo

me abandona la apetencia

por insistir; la impaciencia

—hueso vil que a veces pierdo—,

ronronea un desacuerdo

con este espejo de vida

que ni repara ni olvida

ni otorga al silencio acuerdo.


Como un gato, aquel recuerdo

se estira sobre la alfombra,

bosteza un eco, te nombra,

maúlla, y mi lado izquierdo

—con el derecho de acuerdo—,

del cerebro y de sus ramas

reescribirá melodramas

que omito e invoco por ratos;

las mujeres y los gatos

no vienen cuando los llamas.



HASTA NUNCA


Quizás ocurra algún día

que volvamos a encontrarnos

sin nada ya para darnos

más que una mirada fría,

es posible que sonría

como harás tú, falsamente,

o fingiré un inocente

olvido, ¿nos conocemos?

No sé de dónde. Sabremos

—o sabré— qué es lo prudente.


Otro rostro entre la gente

perdido en la muchedumbre,

sin dejo de pesadumbre

sin angustia reticente,

otro rostro indiferente

y es fácil cuando se dice

sin que sutil se deslice

la pena cicatrizada

viendo que pueda ser nada

aquella a quien tanto quise.

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