CURSO DE MITOLOGÍA GRIEGA
Hablo del dios de los griegos,
ser supremo y libertino,
entre lo humano y divino
siempre dado a los trasiegos.
Eran sus desasosiegos
y urgencias, oportunistas
dotes metamorfosistas
con que mutaba a otro ser;
tras un culo de mujer
tomó formas imprevistas.
Envidia de ilusionistas
cuando se hizo lluvia de oro
rompiéndole así el decoro
a Dánae con las previstas
consecuencias, pues conquistas
como aquellas terminaban
con mujeres que a luz daban
a niños como Perseo,
quien liquidó al bicho feo
que la Medusa llamaban.
Juntando flores andaban
las sirvientas con Europa,
algo ligeras de ropa
y poca cuenta se daban
de que el toro que miraban
acercarse mansamente,
tenía turbia la mente
y cuando aquella fenicia
queda a distancia propicia,
el toro la rapta urgente.
De esta violencia imprudente,
tras un poquito de llanto,
Sarpedón y Radamanto
nacieron, y el indolente
rey de Creta, Minos. Gente
habrá que el nombre le suene
porque esto secuela tiene
con su esposa y otro toro,
pero ese tema lo exploro
en un poema que viene.
Aquí referir conviene
otra preñez, la de Leda,
que en el abrazo se queda
más tiempo del que conviene.
Del cisne a Helena la tiene,
troyana de una alta cuna,
y por seguir la tontuna
Pólux y Cástor concibe;
Clitemnestra también vive
por esta unión oportuna.
Leda además, por fortuna,
fue de Tindáreo mujer
y aquí no logramos ver
quién de quién o si ninguna.
Posible se quede alguna
andanza por referir
de un dios que quiso existir
preñando a diestra y siniestra;
de lo anterior dimos muestra
como se pudo advertir.
No me apetece omitir
que algún que otro personaje
de los referidos, viaje
al ciclo que va a seguir.
Habrá entonces que decir
que estoy seguro, eso creo,
por los datos que poseo
que esta Helena, la troyana,
es la dama que se gana
de Paris todo el deseo.
En la boda de Peleo
aquel que a Aquiles dio vida
no faltaba la bebida,
la comida, ni el recreo.
Aquello se puso feo
puesto que Eris, una odiosa,
no fue invitada, y rabiosa
por lo que vio como ofensa,
teniendo fama de intensa,
se decidió a ser tramposa.
Sobre la mesa abundosa
viose una manzana de oro
dedicada sin decoro
a la más perfecta diosa,
"a la más bella"; celosa
miró la Atenea a la Hera,
y esta que no era cualquiera,
le echó un reojo a Afrodita
que sin quedarse chiquita
gritó: "¡Pinga pa'cualquiera!".
Comenzara el sal pa'fuera
si el Zeus no interviniese;
pidió que no pareciese
aquello fiesta orillera,
ordenóle a Hermes que fuera
con las tres involucradas,
todas ellas destacadas
deidades de aquel panteón,
a buscar la solución
y dejarse de mamadas.
Son laderas suavizadas
de un monte, las que ha escogido
Paris, pastor conocido
por sus dotes señaladas;
con sus ovejas contadas
pasta allí su aburrimiento,
casi muere de contento
cuando las tres a la vez,
le piden que sea juez
invocando su talento.
Empieza el procedimiento
con Hera que se desnuda,
y por sobornar la duda,
le adiciona un condimento.
El pastor piensa un momento
lo que la diosa le ofrece,
si a ella la escoge, merece
todo el poder que apetezca,
aunque imposible parezca
al pastor no le apetece.
Atenea con euforia,
totalmente empelotada,
al pastor le dice: "nada
te ofrezco menos que gloria".
Desnuda se vanagloria
de su innegable belleza
pero aquel en su simpleza
también rechaza la oferta;
casi de ira cae muerta
Atenea en su grandeza.
Afrodita, con presteza,
se desnuda ante el pastor.
"Puedo ofrecerte el amor
de aquella que más belleza
tenga en la tierra" y empieza
a referirle de Helena
la de Troya, que su pena
acarreará y la desdicha;
obcecado por su picha
el pastor se desordena.
Así acepta su condena
y a Afrodita el premio entrega,
después raptará a la griega,
mujer principal y ajena;
por ella desencadena
Menelao guerra notoria
que un ciego de gran memoria
llamado Homero escribiera
(esto lo sabe cualquiera)
y el resto es antigua historia.
Pero no tengas euforia
que esto aquí no ha terminado,
te pido ser educado,
pues tras pausa dilatoria
retomo la trayectoria
o digamos la aventura
de aquel rey, esa figura
de Creta llamada Minos
a cuyos tristes destinos
su esposa le dió figura.
Pasífae, por locura,
quiso yacer con un toro,
y porque no hubiera un coro
divulgando su aventura,
dijo a Dédalo: «Procura
crearme atrezo de vaca,
que quiero probar la estaca
de ese torito bravío,
pues mi esposo, en su extravío,
hace rato no me aplaca».
El buen Dédalo destaca
por las artes de su oficio,
y un generoso orificio
preparó a la muy bellaca.
Cuando, con hambre cosaca,
el toro vio aquel portento,
con energía y contento
se lanzó para ensartarla
y no paró hasta preñarla,
dejándola sin aliento.
El niño nació un portento,
si exceptuamos la cabeza,
que más parecía pieza
de un taurino monumento.
Para no dar alimento
al murmullo y al rumor,
Minos guardó el deshonor
del monstruo en un laberinto,
sabiendo, por regio instinto,
que el silencio es lo mejor.
La reina, con gran pudor,
mucho trató de enmendarse
para que no volviera a darse
aquel uterino error.
A Dédalo otro favor
le pidió: que desplazara
el hueco, que lo situara
más arriba en la estructura,
para que, siendo montura,
del toro nunca se hablara.
Con tolerancia preclara,
Minos pronto aceptó al niño,
sin importar lo transniño
o su apariencia tan rara.
Así, la guerra declara,
y tras tenerla vencida
pide tributo con vida,
que lo aporten con premura
por ahorro de verdura
a su hijastro en la comida.
La reina, esposa cumplida,
siempre fue muy organizada,
dándole a Minos la entrada
y al taurino la salida.
Siendo tan bien atendida,
su carácter mejoró,
y al buen rey Minos le dio
otra hija aún más lozana,
del monstrico medio hermana,
a la que Ariadna llamó.
A este retoño trató
cual la niña de sus ojos;
no le faltaron antojos,
que el rey siempre le cumplió.
Todo aquello que pidió
y más, desde edad temprana.
Que comiera bien, se ufana
aquel padre en mil cuidados,
dándole al otro bocados
del tributo en carne humana.
Los griegos, de mala gana,
la merienda le aportaban;
al monstruo lo mismo daban
uno que cien, y su hermana,
siendo además muy temprana,
pronto se prendó de un reo
por quien ardió de deseo
nomás lo vio entre cadenas:
era aquel hijo de Atenas
a quien llamaban Teseo.
Se dijo: «No me lo creo
que mi hermano se lo coma»,
y a Teseo dijo: «Toma,
ten este hilo, pues yo veo
que matarás a ese feo
con un poquito de ayuda».
Teseo no tuvo duda
y del hilo se auxilió
cuando al toro despachó
en contienda peliaguda.
Ariadna, muy concienzuda,
esperaba por lo suyo,
y era tan grande su embullo
que casi aguarda desnuda.
Teseo pensó: «¡Menuda
la suerte que ya me espera!»,
y en alguna carretera
tomó las de Villadiego,
viendo su carrera en juego
y a Ariadna más bien hortera.
La trató como ramera
siendo de tan alta cuna;
no tuvo pena ninguna,
se portó como un cualquiera.
Ella casi desespera
cuando se vio abandonada,
y así fue que, de la nada,
apareció el dios Dionisio,
con quien tuvo mejor juicio
y de quien quedó prendada.
La historia está terminada
en este punto, supongo;
de más datos no dispongo,
y es mi versión novelada
de una tragedia empezada
con una llama uterina,
que casi causa la ruina
de todo un reino, una novia
ultrajada, hasta transfobia
con una nota taurina.
Se me quedó en la cocina
hablar de Dédalo el viejo,
el cual salvóse el pellejo,
y con Ícaro termina,
volando más que camina
con unas alas de cera.
El hijo se desespera
y al sol trata de alcanzar,
cayendo en picado al mar
por tan extraña quimera.
POEMA MINIMALISTA Y UNAPOLOGÉTICAMENTE VULGAR, EL CUAL, A PESAR DE SU SIMPLICIDAD —O, PRECISAMENTE, POR ELLA—, CAPTA EN SUS LÍNEAS LA ESENCIA DE LA CONDICIÓN HETEROSEXUAL MASCULINA. EN FIN...
De un coño venimos y a un coño volvemos.
EL JARDÍN DE MELIBEA
Por perseguir a un halcón
llegó a un jardín extraviado,
sin otra razón que aquella
que le guía y le ha obcecado;
queriendo un ave atrapar,
con presa mayor ha dado,
pues solo verla ha perdido
todo juicio el desdichado
que al jardín de Melibea
por un descuido ha arribado.
Así, de procurar presa
queda Calisto apresado,
prisionero de un amor
que nunca ha experimentado;
ya languidece en su alcoba,
pues fiel cautivo se ha hallado
de unos ojos de doncella
que su mirar le han negado
cuando la requiere aquel
por amores desbordado.
Verdes son cual la esperanza
que le mantiene hechizado
los ojos de la muchacha
que en los suyos se han quedado;
ya la dibuja en el aire
y al aire mismo ha besado
el doncel que en su locura
desprecia todo cuidado
por soñarla día y noche
como el peor trastornado.
Habrás de saber, lector,
que las voces no han faltado
que desdigan los delirios
de este pobre desquiciado.
Los pechos cual calabazas
Areúsa ha mencionado
que tiene esa Melibea
de la que tanto se ha hablado;
otro tanto dice Elicia,
pues sin adornos preciados
igual es a otra mujer,
la buscona ha comentado.
Mientras, se teje la suerte
por un diabólico hilado
de aquella vieja alcahueta
que Celestina han nombrado.
Es por Pármeno y Sempronio
que la bruja se ha empleado
al servicio de aquel joven
que nada se ha reservado
de prometer a quien logre
propiciar lo que ha soñado.
Es por Pármeno y Sempronio
que de un cuchillo afilado
sucumbirá la alcahueta
cuando sea revelado
que ha de intentar por codicia
no compartir lo acordado;
también han de morir ellos
por la justicia apresados,
pero eso aún es futuro
cuando un par de enamorados
se entremezclan, se penetran,
se entrepiernan afiebrados.
Ya pierde la casta joven
el recato que ha guardado
entregándose al doncel
que tanto la ha deseado;
ya le recibe en su cama,
ya su dueño le ha nombrado,
ya jura por siempre amarle
ignorando que llegado
será pronto el cruel momento
de ver aquel cuerpo amado
ya sin vida, y decidir
que solo un futuro es dado:
compartir con él la suerte
que la muerte le ha anunciado.
TRASTORNO POÉTICO DE PERSONALIDAD
Sufro de un raro trastorno
de la personalidad;
si hablo de realidad
donde otros no ven un corno
veo más, y le soborno
porque me entregue un poema
aunque ello implique el dilema
de no saber si al hacerlo
soy quien puede merecerlo
o es la vida que es mi tema.
Sin mayor estratagema
ni cura sigo el camino,
no me importara un comino
ni fuera mayor problema
pero este verso me quema
y prefiero darle a luz
no tengo del avestruz
la cualidad de esconderme
soy tal como puedes verme
y la escritura es mi cruz.
VERSOS DE CONTRABANDO
«La lectura de aquel libro compartido
nos fue espejo del deseo y su evidencia.
No pudimos más leer, nuestra conciencia
se perdió pues un galeoto el libro ha sido.
En sus páginas ganamos el infierno
porque fui mas que Paolo, Lanzarote
y Francesca fue Ginebra; de su escote
deslizóse sin pudor el fuego eterno».
En el círculo segundo su condena
expiarán sin remisión estos amantes.
Arrastrados en perpetuo torbellino,
aferrados uno al otro y a su pena,
ha de hallarles el poeta florentino
eco y voz de tantas almas suplicantes.
PANDORA
Cuando a su caja Pandora
abrió desde la inocencia,
quizá le faltó consciencia
desde el aquí y ese ahora
para ver del mal que aflora
toda su cruel variedad:
el dolor, la enfermedad,
el desamor, la violencia,
el peso de una existencia
desprovista de bondad.
Pudo ver con ansiedad
que de esa caja los males
huían raudos, animales
urgidos de libertad;
y pudo ver en verdad,
con una obviedad que cansa,
que si el bien muestra tardanza
el mal gana la porfía.
Dentro, en la caja vacía,
sola estaba la esperanza.
FELINIDAD
Enfermo de indiferencia
por los asuntos del mundo,
descubro que en lo profundo
me abandona la apetencia
por insistir; la impaciencia
—hueso vil que a veces pierdo—,
ronronea un desacuerdo
con este espejo de vida
que ni repara ni olvida
ni otorga al silencio acuerdo.
Como un gato, aquel recuerdo
se estira sobre la alfombra,
bosteza un eco, te nombra,
maúlla, y mi lado izquierdo
—con el derecho de acuerdo—,
del cerebro y de sus ramas
reescribirá melodramas
que omito e invoco por ratos;
las mujeres y los gatos
no vienen cuando los llamas.
HASTA NUNCA
Quizás ocurra algún día
que volvamos a encontrarnos
sin nada ya para darnos
más que una mirada fría,
es posible que sonría
como harás tú, falsamente,
o fingiré un inocente
olvido, ¿nos conocemos?
No sé de dónde. Sabremos
—o sabré— qué es lo prudente.
Otro rostro entre la gente
perdido en la muchedumbre,
sin dejo de pesadumbre
sin angustia reticente,
otro rostro indiferente
y es fácil cuando se dice
sin que sutil se deslice
la pena cicatrizada
viendo que pueda ser nada
aquella a quien tanto quise.

No comments:
Post a Comment