Sunday, August 24, 2025

A NINGÚN SITIO - POSTMOFOBIA


ÍNDICE

-Tres mentiras por el precio de una
-Heteropatriarcado
-Inclusive
-El género de los bebés
-Racismo
-La piel
-Poscoloniales S.A.
-Coronavirus
-Décima deswokada
-En mi tiempo de vida
-Estado
-Tóxico
-Iconoclastas siglo XXI
-Homo covidiense
-Poema propiciatorio para lograr una sinergia emotivo-corpórea en tanto prerrequisito al intercambio de fluidos con una persona menstruante
-Tolerancia
-Décima a la tolerancia
-Libertad
-Triste
-Política
-Armisticio gramatical
-Distopía
-Transcapitalismo
-A Feisbu
-Tibiri Tabara
-Corrección
-Con los huevos calcinados
-Postmofobia
-Con perdón de lo vulgar
-La ley del payaso
-Nada personal
-Pasado
-Por un mundo mejor
-A sangre y fuego
-1989
-Cuba
-Continuidad
-Desobediencia
-Demagogos
-Donde duele
-Cuba y sus amigos
-Como Saturno
-Dinámica
-La Isla de Siempre Jamás
-Numismática
-La historia no absuelve a nadie
-Afuera
-Dicen
-El Marx que no muere
-Décima para Marx
-Obras completas
-Khaled
-El Miedo Oriente
-Kurdistán
-Los hinchas de la Muerte
-La condición humana
-Ríos de sangre impaciente
-Tal para cual
-La guerra de los últimos días
-Clarito y alto
-Justo al medio
-Esperando un misil
-El trasero infatwado
-Hurí
-Al Hawiya nivel 7
-Khaybar
-Armas
-Gritan lobo
-Fábula de los dos aliados
-Daltonismo islamofílico
-Don Pelayo, 722 A.D.
-Como un eco lejano


HABLANDO DE DEMOCRACIA
Y DE TRAICIONES

Si en ejercicio
de su derecho
autodestructivo
e inalienable,
la mayoría decide
que la llamada democracia,
también conocida pomposamente
como gobierno de la mayoría,
ha dejado de ser preferible
a la no democracia,
¿no sería acaso
esa, su más
que antidemocrática
y fatídica decisión
una decisión
inciertamente
democrática?
Oops…
Ciertamente es un riesgo.
Los cambios demográficos importan.
La erosión de una idea también.
Lo pregunto,
me lo pregunto
porque la idea del gobierno
de la gente,
por la gente
y para la gente
no fue creada por un Dios,
fue resultado de mucha sangre,
ríos de sangre,
guillotinas de sangre.
No responde,
en modo alguno,
a un instinto de las masas.
Tal vez esto,
que hoy pueda parecer
un absurdo,
impensable,
inconcebible,
sea el futuro resultado
de un presente
que ayer
tan solo ayer
nos hubiera parecido
no menos absurdo,
impensable,
inconcebible.
Y, mientras tanto,
nos hablan
y escuchamos
lobotomizados,
afásicos
hasta la miérdula
de tanta social media.
Nos dicen,
por ejemplo,
que la democracia no es perfecta,
pero que es
la menos mala
de todas las opciones
y dicen los que definen,
los que cortan el bacalao,
los amos de nuestro mundo,
que la democracia es esto,
es aquello,
es lo otro,
y lo de más allá.
Dicen tambien
como no podía ser menos,
que aquello que no les guste
es un peligro,
no para ellos, que conste,
sino un peligro para eso
lo que sea que ellos llamen
democracia.
Es una hermosa idea.
Vive y muere
en la boca de todos.
Ocurre
con las palabras
cuando devienen absolutos
consensuados.
Se las usa
de un modo casi universal.
O, mejor,
nadie se atreve
a no usarlas.
Y es que
se puede recitar
un poema de amor a la democracia
mientras se la destruye;
se la puede desvirtuar,
deconstruir la democracia,
desdemocratizarla,
convertirla en un nombre
vacío y altisonante
de diez letras.
Imagina una cebolla
a la que empiezas a quitar
una a una sus capas.
Cuando termines de hacerlo,
¿podrás seguir hablando aún
de una cebolla
si solo existe
como ausencia
en ese vacío
de esa mano
donde una vez estuvo?
Pienso en eso
y en la cínica frase de Erdogan
sobre aquel tren
del que uno debe apearse
al llegar a su destino.
¿En qué momento
deja una democracia
de ser democracia?
¿Estaremos viajando aún
en ese tren
o lo habremos perdido
y viajamos,
por el contrario,
en una simulación del multiverso?

TRES MENTIRAS
POR EL PRECIO DE UNA

Lo diverso es ese nombre
marcándonos hoy la pauta,
se impone ser divernauta
con el uso de un pronombre,
comprendo que no te asombre
y hasta lo juzgues normal,
dirás que lo natural
no debe ser normativo,
que es muy gracioso y creativo
lo que yo hallo artificial.
En la amnesia general
se va todo confundiendo,
y en las sienes malviviendo
la mentirilla global,
nada está bien ni está mal
mientras diga abracadabra,
un orden nuevo se labra
con la tácita aquiescencia
de aquel que pierde consciencia
o tiene la de una cabra.
Te deconstruyo, palabra
que hoy guías al universo,
no hace falta mucho esfuerzo
para verte lo macabra,
el mundo se descalabra
con tu farsa de colores.
La libertad en sus dolores
poco se ajusta a la moda,
inquieta, desacomoda
al cáncel de los censores.
Placíbos y sinsabores
entrelazan la amalgama,
y por coronar la trama
venga la equidad. Señores,
¿de cuál jardín estas flores
habrán con saña brotado?
¿Quién será el “iluminado”
de tan postmoderna muerte?
La igualdad sucumbe inerte
de un suplicio deswokado.
Inclusión, no me he olvidado
de tu inclusivo argumento,
entre mis penas te cuento,
te escribo en el excusado,
dolorido, arrebatado,
con mi intestino “oprimido”.
Lo fraterno se ha perdido,
y con él, la lucidez,
“postcolonial” idiotez
de lo “progre” y malnacido.
Sé que no es muy divertido
nadar contra la corriente,
que es demasiada la gente
que este embuste se ha creído,
pero al posible ladrido
que el oído me taladre,
opongo un verso que encuadre
tan beatíficas hermanas,
mientras me limpio las ganas
en su putísima madre.
Y por no ofender al padre,
míster neocapitalismo,
vestido de progresismo
con fingido desencuadre,
he de premiar su desmadre
con un marrón residual,
puede sentarle fatal,
y a sus mentiras lo mismo,
podrás culparme de un ismo,
pero para mí es igual.
Ya sé que en el Capital
esto no aparece escrito,
y que no suena bonito
si la oreja es de cristal,
mas creo en lo racional
y sé que vale el esfuerzo
negarse a ser un converso
de esta payasesca juerga,
contumaz, me vale verga
lo “ofensivo” de este verso.

HETEROPATRIARCADO

«Honrarás a tu padre
y a tu madre».
—Éxodo 20:12—

Engendrado
en el cínico hastío
de los cafés parisinos,
donde filósofos decadentes
sueñan reestructurar el mundo
a imagen y semejanza
de su propia podredumbre,
fue concebida esta criatura
dada a luz
en el inmundo pesebre
de las universidades yanquis.
Apadrinada
por intereses
de las grandes finanzas,
utopistas eugenésicos
y filántropos millonarios,
fue bautizada esta criatura
hoy ya crecida.
En su franquicia
de victimidades lacrimosas
y diversidades esponsoreadas,
replicadas,
maximizadas al infinito,
todos tienen cabida.
Todos,
menos esa
extraña figura
que llaman heteropatriarcado.
Curioso eufemismo
para referirse
al padre de familia,
rezago y recordatorio
de tantos y tantos siglos
de prepostmodernismo.
Siempre hará falta
un enemigo.
Él es el culpable —dicen—
de todos los males
habidos y por haber.
Cuando desaparezca —insisten—
ya no habrá más injusticias
en el mundo.
Cuando desaparezca —y esto,
por supuesto, no lo dicen—
ya no habrá mundo
tal y como
alguna vez
lo conocimos.

INCLUSIVE

Vivo en un mundo inclusive,
parecido al show de Truman;
las certezas bien se esfuman
cuando el ser se autopercibe.
Distópico se concibe
día que mal amanece,
las habas el diablo cuece
con un olor casi cool,
que venga el rojo, el azul,
el negro, el blanco, que empiece
la bufonada y no cese
si al final todo es igual.
¿Quién dijo que hay bien y mal?
Nunca hubo tal, no aparece.
La razón, torpe, se mece
en esta hamaca inclusiva;
paradigma y perspectiva
son palabras en sus labios.
Molestarse no es de sabios,
no es cosa smart ni atractiva.
En la amnesia colectiva
todo es cuestión de sabor,
la variación del color
no llega a ser excesiva.
Sonrisa gris, positiva,
positivista, algo lerda,
su colorcito trascuerda,
va calando hasta los huesos,
y en ella habitamos, presos
de una herida que descuerda.
Así, un poquito a la izquierda
y otro poco a la derecha,
contemplo absorto la brecha,
soy trapecista y soy cuerda.
El cielo mismo se enmierda,
y bajo él, mi cuerpo vive
en el fondo de un aljibe,
recompongo mi esperanza
de Quijote y Sancho Panza,
sin distopía inclusive.

EL GÉNERO DE LOS BEBÉS

Pregúntase una señora
con el mayor interés,
cómo se hace con bebés
cuyo género se ignora,
qué pronombre usar ahora
para hablarle de exprofeso
a esa criatura que en peso
se limita a pocas libras,
ese peque por quien vibras
y que cupiera en un beso.
Por su duda me intereso,
señora, quiero alegar
que es muy pronto para dar
con esa edad tal progreso;
el sexo es obvio y confeso
por los miembros genitales,
mas con trazos generales
podemos dilucidar
que el género ha de esperar
hasta otros grados mentales.
Sé que habrá profesionales
que discutan tal sujeto;
no soy docto y no me meto
en tales berenjenales.
Sí creo que los pañales
se deben considerar,
primero habrá de gatear,
luego tendrá esa consciencia,
respeten más la inocencia
pronominada al hablar.

RACISMO

«History is not there
for you to like or dislike.
It is there
for you to learn from.
And if it offends you,
even better.
Because then you are less likely
to repeat it.
It’s not yours to erase.
It belongs to all of us!»
—Allen West—
A mi pequeña hija
le han dicho en la escuela:
«la gente blanca
ha hecho mucho, muchísimo daño
a la gente negra».
Intentamos explicarle
que eso ocurrió en el pasado,
que hay gente buena,
que hay gente mala,
que hay gente regular,
no solo entre blancos o negros,
sino entre todas
las personas,
todas las razas,
todos los seres humanos.
Ella se nos quedó mirando
sin comprender mucho.
Obviamente,
no tiene la edad para entender.
El mal está hecho.
Nuestra criatura
ya tuvo que aprender
por boca de su maestra
lo que puede aprender
con esa edad.
Resumámoslo así:
TODOS los blancos
son malos y opresores,
TODOS los negros
son buenos y víctimas.
No culpo a la maestra,
ella solo repite
lo que el gobierno exige que repita
si es que quiere trabajar de profesora.
Y sí,
las mismas autoridades
que tanto se desgañitan
declamando sobre el abuso infantil
pueden llegar a abusar
mentalmente de los niños.
Y sí,
es mucha verdad
todo eso que pueda hablarse
de los horrores
en la trata de esclavos,
pero decir solo una parte de esa verdad
equivale a decir una mentira.
Y sí,
es cierto que los pueblos europeos
aprovecharon la esclavitud
de la raza africana,
inicialmente establecida
por sus mismísimos reyes
con el fin de mantener
a los invasores árabes
contentos y lejos.
Y sí,
es cierto que el comercio triangular
magnificó la tragedia
de esos hombres encadenados
y que su sangre
fue el combustible
para la inmensa maquinaria
del capitalismo.
Y sí,
no deja de ser cierto
que el negro como tal
es una abstracción del hombre blanco
al que solo el cautiverio
hizo hermano del otro.
No puedes culpar
a los reyes africanos
por hacerse la guerra unos a otros
y llevar a los cautivos hasta la costa
con el fin de cambiarlos
por otro tipo de mercancía.
En su mundo,
esas eran las únicas reglas posibles:
cazar o ser cazado.
Los mismos que vendían esclavos
terminaban por ser vendidos
si resultaban derrotados
en la siguiente guerra.
El revisionismo histórico
puede llegar a resultar contraproducente.
Al socialismo corporativo,
también llamado capitalismo filantropista,
los negros le importan tanto
como le importan las mujeres,
como le importan los gays,
como le importan los inmigrantes.
Es decir,
no les importan como personas,
sino como esa masa
moldeable y manipulable
que sirva de bandera
en los disturbios
cuyas causas ellos mismos promueven.
Les importan como víctimas perpetuas
de cuya urgente redención
aparecer como arcángeles justicieros.
Les importan como clientes,
como hashtag,
como coartada.
Así funciona el zoológico humanista.
Todo este simulacro
de justicia retrospectiva
que sufrimos
deja mucho,
pero muchísimo,
que desear.
No se eliminará el racismo
hasta que dos personas
puedan sentarse a hablar
sin que el color de su piel
sea un problema,
alguien lo ha dicho
y tiene toda la razón
pero está claro
que al menos eso
no se logra por decreto;
más bien
se logra todo lo contrario.
Con la excusa
de eliminar el racismo,
la corrección política
parece alimentarlo al infinito.

LA PIEL

Nunca lo olvides:
el color de tu piel determina
no solo que puedan discriminarte
a causa de ella,
sino, además, lo más sorprendente,
puede implicar que un individuo,
al que tú como persona
no puedes importar menos,
étnicamente blanco
(si es que tal cosa existe),
exento de melanina,
de ideología,
pongamos progresista,
eso que llaman un social justice warrior,
con un problema sin resolver
con sus ancestros,
incapaz de tolerar su propio privilegio
pero incapaz al mismo tiempo de vivir
sin ese mismo privilegio del que abomina,
habrá de atribuirse el derecho
de explicarte lo que debes sentir
o pensar,
de decirte quiénes son o no
tus “hermanos”,
de educarte sobre el bien, sobre el mal,
de llamarte traidor,
sin ir más lejos
(si es que no estás de acuerdo
y en perfecta armonía)
a ese color,
a esa cosmovisión pigmentaria
que, muy según él, te define
en su catálogo pantone
de opresiones y agravios
sistémicos a erradicar.
¡Uufff!
Le ronca los cojones,
así de simple,
perdón,
quise decir colores.
Debe ser culpa del corrector...

POSCOLONIALES S.A.

Profesor poscolonial
de tercermundista sello,
urge, clama a voz en cuello,
de una vez, punto final
dar al barniz colonial;
volver a ser lo que fuimos
previo al día que perdimos
conexión con el pasado:
«Somos el colonizado»,
«como el otro nos vestimos».
«No nos descubrieron» —dice,
conjurando el desahogo
de la masa, un demagogo,
sin que ello le ruborice;
increpa, injuria, maldice
del oro que nos robaron
esos que nos conquistaron,
ellos, los de su apellido
cuyo origen escondido
muchos, parece, olvidaron.
Juglar que canta el tormento
de la América mestiza
y que tiene en su divisa
la redención del lamento,
¿ignora que su instrumento
cruzó el camino del mar;
que la guitarra, al sonar,
evoca un mundo lejano,
aquel que nutrió lo hispano
del lenguaje, su pilar?

CORONAVIRUS

Ya lo viste antes.
El acaparamiento
en situaciones de crisis
es un instinto humano,
demasiado humano.
Ya lo viviste antes,
no deja de ser cierto
que la tinta de imprenta
en una publicación
puede llegar a ser
(si bien algo,
digamos, heterodoxo)
otro modo
de inculcar
en las masas
la cultura.
Paciencia.
Nada se va a arreglar,
paciencia
(el mundo que conoces
se está reinventando),
paciencia
porque al menos
(y con un poco de suerte)
volverás a abrazar
a tus hijitos.

DÉCIMA DESWOKADA

No sé si es aburrimiento
o falta de mejor causa,
tal parece que sin pausa
ni sosiego un movimiento
lleva en sus alas el viento,
viento, digo flatulencia,
se disfraza de consciencia
e ideales generosos,
le financian poderosos
que así ocultan su indecencia.
No es el wokismo inocencia,
aunque se vista de seda,
pues como mona se queda
con macabra recurrencia,
amante de la pendencia,
retrospectivo el enfado,
su grito descabalado
de emoticona Bastilla,
lleva por hoz la morcilla,
y de martillo un helado.
Que el mundo ya lo han cambiado,
suelen decirse a sí mismos,
traficantes de espejismos
en un mundo trastornado,
mal despierto, pronunciado
mucho peor, fanatismo
que no se mira a sí mismo
en aquel mal que condena,
una postmoderna pena,
antítesis de optimismo.

EN MI TIEMPO DE VIDA

Todavía puedo recordar
que, siendo niño,
viajaba en tren
sin un adulto
y eso no era un problema.
No conozco a ningún padre
que hoy en día
pueda dejar a sus hijos
sin cuidado
en la esquina de su casa.
En mi tiempo de vida
he podido ver,
sucesivamente,
el colapso del imperio soviético,
el deterioro del sueño canadiense,
la destrucción del modelo español.
Me falta por ver
el final del imperio americano.
No soy uno de estos intelectuales
que se masturban con el caos
y se imaginan
que el mundo
puede ser
deconstruido
una vez y otra vez
sin afectarles.
Trabajo de operario,
nadie paga mis facturas
y me cago en la madre
de la Escuela de Frankfurt.

ESTADO

Cuestionarse
el carácter represivo del Estado
es algo similar
a cuestionarse
la probable utilidad
en los colmillos de un tigre.

TÓXICO

Tóxico.
Soy un hombre tóxico.
Lo tengo como orgullo
en un mundo
tan trivial
como pendejo.
Creo
en la amistad
y en el amor.
Me importo con la gente.
No fluyo.
No soy ligero.
No me percibo
como otra cosa
que lo que he sido,
soy un hombre,
y vivo
en un mundo
digital
de ceros y de unos,
de me gusta y corazoncitos
pero el mío
sigue aún y seguirá
latiendo
en su modo
analogico.
Estoy
hasta la madre
de pleases y de thank you-s,
de eufemismos,
mentiras
e ingenieria social.
No quiero
ver el futuro,
ya he visto bastante.
Seré feliz
de no ver más
de eso que tengan
asignado para mi
las muy cabronas Parcas.
Moriré
y todo el que me recuerde
ha de morir poco despues.
El tiempo es relativo
y no hará gran diferencia.
Los millenials
heredarán la tierra.

ICONOCLASTAS SIGLO XXI

Cansa ya esta moda absurda
de reinventar el pasado,
de tenerle prontuariado
a causa cual más absurda,
anacrónica y palurda
retrospectiva justicia
que al populacho desquicia
por su torpe desenfreno,
y yo les pregunto, bueno,
¿tendrá el futuro franquicia?
Fácil es con estulticia
desenterrar a los muertos,
con tanto ciego los tuertos
se reparten las albricias;
mucho que te beneficias,
injusticia del presente,
juzgando a tambor batiente
lo que ya no tiene caso,
dicta sentencia el payaso
sobre la memoria ausente.
Cuando lo ahora corriente
sea un rumor del pasado,
se sentirá avergonzado
quien para entonces lo cuente,
pues fue visto pertinente
más que hacer o el construir,
ese volver a escribir
hasta el vértigo la historia
por mediocres sin más gloria,
ni otra excusa en su vivir.

HOMO COVIDIENSE

Un prójimo
se encuentra en tu camino.
Lo miras
y él te mira.
Tu boca y nariz
se encuentran libres
del infame barbijo,
aunque, en modo profiláctico,
lo mantengas aún colocado
por debajo de la línea del mentón.
Tu prójimo,
en cambio,
esa persona frente a ti,
no solo hace gala de un barbijo:
tiene, incluso,
para mayor gloria del virus
unas gafas protectoras
y, por encima de todo
este conjunto de atuendos,
lleva una lámina
de plástico acorazado y transparente
similar a la sección antimotines
de cualquier institución
represiva
en nuestro bello mundo
poscovidiano.
Así lo han nombrado
esos mismísimos medios
de desinformación masiva
que han trabajado tanto,
pero tanto,
por mantenernos
en vilo
día tras día
y en estado
de pánico perpetuo.
Ya nos dieron permiso
de habitar
esta flamante distopía.
¡Disfrutemos!
Si nos portamos bien
todo habrá de volver
a ser como era antes.
Bueno… no del todo.
Tu prójimo
nunca se quitará
el barbijo,
ni las gafas,
ni la lámina de plástico.
Será enterrado
con ellos
cuando muera
en la próxima pandemia.

POEMA PROPICIATORIO PARA
LOGRAR UNA SINERGIA
EMOTIVO-CORPÓREA EN TANTO
PRERREQUISITO AL
INTERCAMBIO DE FLUIDOS CON UNA
PERSONA MENSTRUANTE

Persona menstruante,
vaginopropietaria:
déjame acercarme,
como quien
no quiere la cosa,
a tu corporalidad,
en tanto definición aceptable
para el constructo societal
y cultural hegemónico
actualmente vigente,
aunque incompleta, eso sí,
de esa otredad insuficientemente definida
como lo femenino
por un falso consenso
anquilosado
por fuerza
desde la verticalidad más arbitraria
y solo posible
desde
la imposición heteronormativa
con el muy concreto fin
de recontra-dinamitarle
horizontalmente,
o al menos
deconstruirle
en sus mismísimos cimientos
de una vez y por todas
y a través de un discurso
que no excluya
la praxis lúdica
de esta mismicidad orgánica
a la que busco sumarte,
asumiendo muy a priori
mi condición
de persona
falopropietaria eyaculante,
y en consideración
muy a posteriori
de que cumples
con todos los requisitos
que precisa una persona somática
aspirante a la categoría
falousufructuaria
para formar,
o mejor,
conformar
una nosotricidad más incluyente,
más sostenible,
más inclusiva
y un mundo mejor
con todos,
con todas
y para el bien
de todes.

TOLERANCIA

Una especie de ídolo de barro ha creado
y, sumiso ante él, se postra.
A ese ídolo lo llama tolerancia.
—Todos los males de nuestro mundo
han sido y son resultado
de su ausencia—,
afirma con desenfado.
¡Viva, viva la tolerancia!
Así pues,
con el fin de ser virtuoso
hará falta aceptar todo y sonreír.
Tal es el credo
del hombre postmoderno.
Observa complacido y orgulloso
a su ídolo de barro.
A imagen suya y semejanza lo ha creado.

DÉCIMA A LA TOLERANCIA

La tolerancia es palabra
que despierta confusión,
y no faltará el cabrón
que le tomará por cabra;
así vemos cómo labra
por su propio beneficio
aquel que ve el orificio,
la brecha por subvertir,
un “regalado” existir
con su intolerante oficio.
Contemplando el precipicio
que ya Popper describiera,
una respuesta quisiera:
¿dónde este absurdo dio inicio?
¿Cuándo sacamos de quicio
ese mundo que heredamos?
Y más, ¿hacia dónde vamos
con un donaire arrogante
que encumbra a ese intolerante
que por víctima tomamos?
Tal vez nos equivocamos
de medio a medio al leer
a Bin Khaldun sin prever
que en sus páginas estamos;
tan en éxtasis quedamos,
amando la decadencia,
que aún tenemos la inocencia
de sentirnos superiores
a aquellos nuestros mayores
que lucharon su existencia.

LIBERTAD

No me acuerdo de esa primera vez
que oí tu nombre, Libertad.
Habrá sido quizá por aquel tiempo
en que inocente portaba
alrededor del cuello
una azul pañoleta
y juraba, como todos,
ser para ese futuro
perfecto
(perfecto como solo
puede serlo un espejismo)
réplica exacta
de un guerrillero muerto
en medio de la nada.
Tu nombre siempre estuvo unido
a la emoción con que mi abuelo me
hablaba de su padre,
a todos esos relatos de los héroes
a los que un niño siempre
sueña parecerse.
Como en ese famoso cuadro
donde guías al pueblo
en barricadas de la ira,
así te vislumbraba quien yo era,
tan nítida y errónea
como un recuerdo implantado:
una mujer terrible
con los pechos al aire,
la cabellera ondeando
como hermosa bandera
para alzar al que sufre
y saciar al hambriento.
Libertad,
ese hermoso momento de redención
donde el esclavo se arranca sus cadenas.
Los poetas y cantautores hablaban de ti
en sus hermosas letras de glorias
y porvenires indemostrables.
Fuimos educados en la idea
de que la vida solo tenía sentido
si se moría por ti.
Los que murieron en África
o en cualquiera de las guerras proxies
peleadas por y para los soviéticos,
los que han muerto en el mar
surcando el golfo de la desesperación
y han sido pasto
de tiburones,
todos creían morir por ti.
Revisitando nuestra historia
como país
a la deriva
entre ambiciones de imperios,
no deja de asombrarme
y, muy a pesar de todo
mi escepticismo,
ese amor loco que los cubanos
te profesamos.
Por eso, la pregunta más jodida
viene a ser:
¿Quién carajo eres tú, Libertad?
Hablamos todos de ti
y, claro, te invocamos sin cesar
como si fuese de la misma mujer que
hablásemos,
sin percatarnos de que al final
ni siquiera estamos claros
de qué hablamos al hablar de ti.
Libertad,
intento recordar qué sentía yo
al oír tu nombre
hoy, cuando
ni siquiera
estoy seguro
de que existas
o de que hayas existido
alguna vez
como algo más que una figura
de la más vulgar retórica
para enviar a la gente al matadero.
Libertad,
eres solo una palabra
de ocho letras
y un pasaporte.

TRISTE

No se trata de que tal o más cual líder,
por llamarle de algún modo,
sea un estúpido en sí mismo.
Se trata de que las masas
a las que ese susodicho líder representa
son cada vez,
y de un modo
aterradoramente exponencial,
más estúpidas.
Eso.
Respuestas simples a problemas
complejos.
Halagar los instintos de las masas.
Halagarlos hasta el punto
de que crean que es su voto o su sangre
lo que cuenta.
Izquierda y derecha son lo mismo en este
punto.
Una y otra simplemente
se retroalimentan.
Triste.
Cuando llegas a entender esto,
es muy difícil mirar el futuro
con algo de esperanza.

POLÍTICA

Dícese
del arte
de alcanzar fines
muy personales
con pretexto
del bien común.

ARMISTICIO GRAMATICAL

No me molestaré cuando,
al hablarme,
en vez de utilizar el masculino,
el genérico masculino de nuestro idioma,
utilices ese imposible, artificioso
y artificial sonido del arroba,
esa letra
tan elocuente,
tal vez la equis,
para expresar un elusivo,
un aséptico neutro,
equis distante neutro
que, incluyendo a la a, no sea la a,
que, incluyendo a la o, no sea la o,
que, incluyendo a la madre y al padre de
los míticos tomates,
no sea ni el padre ni la madre
y ni siquiera un tomate.
Lo prometo.
Escucharé estoicamente
y trataré de responder usando
una, usando otra
vocal,
de acuerdo a eso que mi
muy limitada inteligencia
me sugiera.
Lo prometo.
Y sí,
definitivamente,
las universidades
y el aburrimiento
hacen más daño que las bombas
atómicas.

DISTOPÍA

Franquicias,
victimidad a buen precio
para quien quiera comprarla.
Una forma de vida.
¿Quién pudiera resistirse
a semejante oferta?
Distopía en progreso,
por no decir,
progresista.

TRANSCAPITALISMO

Nada tiene que ver con el pequeño
negocio del tiempo de los abuelos.
Nada de eso existe ya.
Por inercia mental lo sigues llamando
capitalismo,
pero esto que vivimos tiene tanto de
capitalismo
como un cadáver tiene que ver
con esa vida que alguna vez contuvo.
Es otra cosa y no por eso mejor.
Como una serpiente que ha mudado
su piel,
no defiende la familia ni la moral
y mucho menos la religión, la patria
o las naciones,
todo eso que, según los eruditos,
le era consustancial.
Por el contrario, esas son
sus víctimas de diseño.
Logró cambiarlo todo
para que nada cambiase.
Y sí, es absurdo,
pero funciona.
Se escuda detrás de la lagrimita
retrospectiva,
detrás del “nunca más”
y del “yo también”,
detrás de la acción afirmativa,
detrás de las vidas que importan
más que otras,
detrás de la cofradía de las víctimas,
detrás del eufemismo constante,
detrás de la empoderada clientelizada,
detrás de las minorías,
el vulnerable hecho a medida
y la cancelación,
detrás del vandalismo autorizado,
la rodillita en tierra
y el bobalicón “am sorry”,
detrás de las disculpas
y las reparaciones,
detrás de los derechos sin deberes,
detrás de la diosa tolerancia
y sus múltiples amantes,
detrás de la neolengua,
detrás de la descolonización colonizante,
detrás de la teoría crítica de la raza,
detrás de los pronombres
impronunciables,
detrás del aborto banalizado,
detrás de las escuelas decidiendo
la decisión de tus hijos,
detrás de las caravanas
financiadas de inmigrantes,
detrás de la democracia emputecida,
la democracia del número por el número
y para el número,
detrás del relativismo cultural,
detrás del progresismo maltusiano,
detrás del etnonacionalismo,
detrás del género y las identidades,
detrás de las agendas,
detrás de las primaveras,
detrás de la ultraderecha y detrás
de la infraizquierda,
detrás de los filántropos,
detrás de todo eso de lo que no se habla,
detrás de la mentira omnipresente.
Detrás…
siempre detrás.
Con tanto amor a la otredad,
a lo diferente,
a lo incatalogable, transgresor,
a lo fluido,
a lo líquido,
no es raro que el mismo “sistema”
sea trans.
Toda resistencia es fútil
porque cualquier resistencia recibe
patrocinio
de eso contra lo cual se rebela
o dice rebelarse.
¿Una farsa?
Sí, sin ir más lejos.
¿Cómo pudo pasar?
Es difícil saber
pero algo podemos deducir.
En algún momento entre el final
de un siglo
y el comienzo del otro
empezó esta evolución hacia el abismo.
Al final siempre todo habrá de reducirse
a una lógica aplastante:
en todas las reinvenciones sociales
hay perdedores y ganadores.
Un anciano que haya currado
toda su vida
hará cola en un banco de comida
mientras pueda sostenerse.
Un teenager sin más mérito
que haber desarrollado
una app para tele-masturbarse
podrá vivir el resto de su vida
sin penurias ni estrecheces.
Del mismo modo que,
ateniéndonos al dogma
del materialismo histórico,
la esclavitud no sucumbió
ante los esclavos rebelados
ni el feudalismo al empuje
de las masas de siervos,
y como era de no esperarse,
los obreros (en el caso que nos ocupa),
no lograron suplantar
al viejo orden burgués.
Así llegamos a este punto
de no saber ni dónde estamos.
Obreros en el sentido estricto
debes buscarlos donde se fueron
las fábricas.
Es difícil destruir al mismo sistema
que emite los cheques de esas ayudas
sociales o subvenciones
de las que tantos dependen.
Hoy, como ayer,
es imposible hacer
una tortilla sin huevos.

A FEISBU

Con el aire impertinente
y tu impune desenfado,
Feisbu, hoy me has comunicado
que publico cosa hiriente.
Conmínasme a ser prudente,
a pensar más lo que escribo.
Debo ser más receptivo
y pensar que hay susceptibles,
en tu mundo de imperdibles
gran honor ser conflictivo.
Notificación me envías
para alertarme, eso creo
de que puedo ser un reo
del cibergulag. Confías
que no siga en las porfías
ni en bruscas catilinarias,
que normas comunitarias
sean mis normas de vida,
que ante la duda decida
por tus pautas sanitarias.
Prodúceme malestar
me incordies tú de tal modo.
Por momentos me incomodo
quiero mandarte a volar.
Se que no puedo evitar
que me canceles la cuenta.
No lo tomo como afrenta,
ya preparo mi equipaje.
No me extrañes cuando viaje
porque joderte me tienta.

TIBIRI TABARA

Como eunucos urgidos por un falo
que colocarse en el sitio
donde no hallan sus vergüenzas,
así van por el mundo
(el tercero, el hambreado, el perpetuo
colapsante)
buscando una excusa,
buscando esa bandera,
bandera de justicia
que otros empuñarán por ellos,
los progresistas gringos
y residentes amantes del oprimido.
Como el príncipe Gautama escapado
del palacio,
quieren ver la miseria,
quieren vivir como el pueblo
por un ratico.
Luego habrán de volver a su jaula de oro
a restregarle a esos, los otros
privilegiados
que carecen de altruismo,
su indiscutible moral superiority.
Aclamados artistas,
eminentes profesores,
reconocidos intelectuales,
los sabios de nuestro mundo.
Profesionales todos del tibiri tabara.
Resistencia,
justicia,
revolución,
postcolonialismo.
Tales son las palabrotas que gritan
cuando eyaculan.

CORRECCIÓN

Valiente mierda
crear un circunloquio
uno tras otro,
suponer que has logrado
cambiar el mundo
por cambiar el lenguaje.
Vivir de eufemismos
para morir de realidades.

CON LOS HUEVOS CALCINADOS

Con los huevos calcinados
y la mirada sombría
contemplo la alevosía
del wokismo y sus aliados.
¿Cómo tantos alienados
(pregúntome con pesar)
se lograron arrimar
a la vera del poder
y hasta pudieron creer
que su “causa” iba a triunfar?
Mucho intentaron cambiar
los pronombres del lenguaje,
y por no perder el viaje,
en su anhelo de mezclar
quisieron despatriarcar
la sociedad de conjunto,
y así llegaron al punto
de decir que no se es hombre
ni mujer, que no te asombre,
pues para más dio el asunto.
Con la mueca de un difunto
celebraron su “esperanza”,
y aunque parezca una chanza,
aún la celebran, barrunto.
En su futuro presunto
no previeron la entropía,
aquejados de miopía,
virtuosos de la estulticia,
amantes de una justicia
que de tan tuerta es harpía.
Usaron la cortesía
para cancelar ideas,
y créaslo o no lo creas
les funcionó, qué ironía:
su reino fue epifanía
del homagno diletante,
energúmeno estudiante
y radical profesor;
fue su evangelio el rencor.
¿Jodieron? Más que bastante,
y aún joden, es lo irritante,
pero ya van de bajada,
un día no serán nada
más que el recuerdo inquietante
de un tiempo en que el ignorante
adoctrinó al resentido,
y en su credo pervertido
se tomaron de las manos
como bastardos hermanos
en un odio confundido.

POSTMOFOBIA

Voraz,
el esperpento
postmoderno
cabalga.
Nada vuelve a crecer
allí donde deconstruye.
La fuente abracadante
teórica de todo discurso
legitimatorio e intimidatorio,
supositorio
de un poder que es discurso,
imperio del tropo
para el cual
la verdad no pasa de ser
un concepto obsoleto,
indefendible,
indemostrable,
en desuso,
cabalga y recorre
como un fantasma el mundo,
como un peo silencioso,
de esos letales,
de los que no hacen ruido.
Se disfraza
de Quijote
aunque solo
sea creíble
su yelmo de Mambrino,
fabrica
primaveras
y es docto en la teoría
crítica de todo
lo habido e imaginable.
Deshace
los entuertos
y las microagresiones,
generoso paladín de las doncellas
deconstruidas y microvíctimas.
Es el amo
del caos y nos vende
seguridades patentadas
contra ese mismo caos.
Él, el diluyente
más efectivo e implacable
de todo lazo social,
nos distrae con su inventario
de molinos de viento
y su circo de atracciones
al que ha denominado
pomposamente justicia,
aquel que, por principio,
no cree en ella
en el colmo de su burla
a esa tan
cacareada señora
en tanto que constructo
de un poder
que se niega a sí mismo
con el loable fin
de seguir siendo.
Nada tendremos
y seremos felices
porque nuestra misma felicidad
llegará a definirla un algoritmo.
En su mano, un estandarte donde brillan
tres palabras muy bonitas:
Inclusión donde decía Libertad,
Equidad donde estuvo la Igualdad,
y allí, donde dijo
alguna vez Fraternidad
dice hoy Diversidad.
Palabras
conmovedoras sin duda.
Es fatal
oponerse al progreso
—nos lo recuerdan ellos,
los que establecen
la verdad y la mentira.
Son el progreso
y, cerrando el silogismo,
se deduce en consecuencia
que oponerse a sus pronombres
esquizoides sea fatal
dado que es eso el progreso:
su visión.
Voraz,
el esperpento
postmoderno
cabalga.
Quien cabalgue con él
podrá contarse entre los elegidos,
los que viven en el lado correcto de la
historia,
o mejor debí decir,
la posthistoria.
En el río dialéctico que fluye
hacia la cuarta revolución industrial,
esa, la tan cacareada,
la que hará de nosotros
los amos de unas máquinas
que tendrán el poder
de aniquilar nuestra esencia,
«oponerse al progreso es fatal»
—ya lo sabemos,
pero al menos yo,
y aunque no sirva de nada,
me opongo.

CON PERDÓN DE LO VULGAR

Amantes de la epopeya
por afán de novedad
generan calamidad
con su estúpida querella,
porque en vez de decir ella
o decir él, como antaño,
legislan que hace gran daño
no hacer visibles los elles,
los no binarios doncelles
con su enigma de entrepaño.
Es cosa de intelectuales
y de la gente aburrida
querer reinventar la vida
con requiebros judiciales.
En estos juegos mentales
justifican su salario,
genios de lo innecesario,
hoy nos dan la bienvenide
para que alguno se olvide
que el sexo no es voluntario.
Si eres adicto al pescado
o si la carne prefieres,
cómete el plato que quieres
que a nadie le hace cuidado.
Veo harto desubicado
querer la lengua cambiar,
el habla reglamentar
por mayor descuajaringue,
por eso digo ni pingue,
con perdón de lo vulgar.

LA LEY DEL PAYASO

Gotham City está en manos del payaso;
el payaso hace la ley,
reparte el pan entre la plebe
y Batman es su empleado,
aunque pueda eventualmente hacer
declaraciones en su contra
y lanzar unos tiritos al aire
para que no pierda interés el circo.

NADA PERSONAL

Tal vez no existe conspiración
en el sentido de seis o nueve viejos
más malos que el odio,
sentados a una mesa tejiendo
la conquista del mundo
y dejando anotados
en unos protocolos
sus terribles ordenanzas
para, de paso,
facilitar a los buenos
la tarea de descubrirlos
y desenmascararlos.
Demasiado infantil.
Quizás es peor,
quizás se trate
de la siempre aterradora
complicidad (conspiración)
de un poco de intereses demasiado
poderosos para caer
y que confluyen,
con un algo de mucha estupidez,
entre las masas de borregos.
Respiran juntos.
Una conspiración tan obvia
que transcurre a plena luz del día.
No está oculta,
nunca lo ha estado.
Nada personal.
Todo eso que ha dado sentido al mundo
tal y como lo conociste
es obsoleto y debe cambiar,
debe morir para el bien
de todos... ellos.
Familia, religión y patria
son piedras,
molestas piedras en sus zapatos.
Nada personal,
compréndelo.

PASADO

Dices: «aquellos que no conocen
los errores del pasado
parecen condenados a repetirlos».
Yo digo más.
Aun cuando los conozcas,
terminarás por repetirlos.
Libertad y seguridad son ideales
excluyentes
y, en la búsqueda de uno,
las sociedades humanas sacrifican al otro.
Y digo más aún.
No existe una lucha más presente
que aquella de los partidos políticos
por revisar el pasado
e imponer su versión de cómo
se llegó a este momento presente,
de cómo fueron buenos, buenos, buenos
mientras los otros fueron malos, malos,
malos,
porque de eso se trata en esencia:
de que la historia te haga un guiño para
seguir adelante,
porque aquel que conquista el pasado
es el dueño del futuro.

POR UN MUNDO MEJOR

Ya no lo espero
ni lo busco.
Me conformo
con que el que existe
no vaya a más.
Eso se llama experiencia.

A SANGRE Y FUEGO

Aún, tambaleándoseme
el credo comunista de mi infancia
y temprana adolescencia,
pregunté a mi padre
si todo aquello
que estábamos viviendo
(el colapso del imperio soviético)
no era el fin “de los sueños”.
(Sí, reconozco lo estúpido
de semejante frase, no me disculpo,
todavía mi lengua
no se había emancipado
de ese pajizo, melodramático vocabulario
implantado en mi cabeza
a sangre y fuego).
Y él me respondió con una simple,
demoledora pregunta:
«¿Por qué hay que seguir soñando?»

1989

Entendí de una vez
(si es que aún tenía dudas)
que todo lo que creía saber
sobre el orden del mundo
no servía para nada.
Esa turbia religión disfrazada de ciencia
en la que hasta ese entonces
había creído
estaba muerta para mí,
sin que por eso mi urgente necesidad
de creer en algo
hubiese dejado
de respirar a través mío.
Esa, mi sed de idealismo,
necesitaba compensarse
ante la falta de sentido en el mundo
que vivía
y, en consecuencia y paulatinamente,
a través de los años,
he trasladado mi entusiasmo
a sucesivas deidades,
suplementos de fe,
tranquilizantes ideológicos,
ídolos de barro.
No me excuso por ello.
Solo soy un ser humano,
aunque, a decir verdad, en la era digital
no seamos más que ceros
inhumanos y unos
(eso sí)
con ausencia de los otros.
La gente siempre dice que busca una
razón para vivir.
No es la verdad.
Buscamos una razón para morir.
Tenemos miedo a la muerte,
como se teme a la noche,
como se teme a lo oscuro,
y ese miedo se burla de nosotros
todo el tiempo que negamos
que él existe.
Ha sido un largo camino
hasta no creer en nada
más allá del amor de mis hijos.

CUBA

La respuesta va a ser que está peor.
Cuando preguntes sobre la isla
donde nacieron tus padres,
donde murieron tus abuelos
y donde
no van a morir ni tú, ni tu dolor,
y mucho menos tus hijos,
la respuesta será que está peor.
Así, sin paliativos.
Está peor, rotundo y simple.
Por eso ya ni pregunto.
Lo dicen todos los que salen.
Lo disimulan todos los que ahí siguen.
La misma respuesta,
año tras año,
desde el día que te fuiste.
Alguien más que conoces
se habrá muerto,
algún otro balcón se habrá caído,
alguien más que no recuerdas
habrá logrado marcharse
y ahora mismo, en algún sitio
del ancho y ajeno mundo,
pensará en Cuba,
esa herida que no cierra
y que llevamos en el pecho.

CONTINUIDAD

Hablando desde el estrado
con la fragancia de un peo,
da razones que no creo,
tampoco quien tiene al lado,
mas con hábito heredado
aplaudirá al presidente,
todo aquel que por prudente
valore su posición,
“¡viva la reinvolución!”
y que se muera la gente.
Deduzco se ve coherente
seguir mintiendo de oficio
y pintar tanto estropicio
de color resplandeciente.
Bajo una piedra indolente
reposa quien no se nombra,
y ya no indigna ni asombra
sabernos caricatura
de aquella ilusión tan pura
que hoy tiende al cinismo alfombra.
Así, de un ala a la sombra
no importa de cuál avión,
ni en qué absurda embarcación
todo un país se desnombra,
tanto exilio ya no asombra
y nos dejara perplejos,
ay país de amores viejos,
continuidad de mi luto,
agridulce extraño fruto
doliéndome de tan lejos.

DESOBEDIENCIA

Lo que el “pueblo cubano”
ha demostrado precisamente
es que no existe tal cosa
como un “pueblo cubano”
en el sentido que muchos lo imaginan,
del que puedes hablar en singular,
como apéndice obediente del poder:
muñecos de cuerda programados para
aplaudir,
gritar consignas contra quien
se les ordene
y regresar, obedientes, al cajón de los
juguetes.
Al menos eso ya se terminó.
Tendrás que usar plural, te guste o no.
Parte de esos muñecos ya no aplauden,
tiran piedras.
Parte de esos muñecos gritan consignas
contra quien les parece.
Parte de esos muñecos reclaman
su identidad
como personas que pueden estar o no
de acuerdo,
que pueden llegar a ser desobedientes.
Otra parte, por supuesto,
habrá de seguir igual,
como en todos los gobiernos,
como en todos los países,
como en todos los pueblos.

DEMAGOGOS

Si quiero ver hasta donde
la virtud puede quebrarse,
cuanto hará por disfrazarse
y por negar lo que esconde
aquel que presto responde
a la masa y su runrún
según convenga y según
se lo dicte su provecho,
pienso en mi país desecho
en nombre del “bien común”.
Y tambien pienso en algún
tribuno de los que hay tantos,
de esos que invocan “quebrantos”,
injusticias que hay “aún”,
el “derecho” que ningún
hombre tenga reclamado,
y comprendo que el pasado
fue tan solo una señal,
que el demagogo es el mal
de un futuro ya anunciado.

DONDE DUELE

Pienso en personas como mi madre
que ofrecieron, olvidándose
de ellos mismos,
lo mejor de sus vidas (hasta perderlas)
a ese proceso que muchos denominan
Revolución Cubana.
No me refiero (que conste) a los tantos
vividores y aprovechados,
los sinvergüenzas de toda la vida,
esos que hoy tienen
lo que tenían que tener.
Hablo, muy por el contrario,
de ese creyente honesto,
ese infeliz que terminó por ser
la víctima principal de una falsa deidad
y su mesías grandilocuente,
ese del que hoy descansamos
mientras sueña
lo que le queda de muerte
bajo una piedra.
Ustedes, seres queridos,
murieron a tiempo.
No llegaron a ver que esa patria
a la que tanto amaron
terminaría por convertirse en una finca
con traspaso de propiedad incluido.

CUBA Y SUS AMIGOS

Cuba,
ese país imaginario,
tiene muchos amigos.
La necesitan,
ella es su excusa.
Cuba es eso:
una bandera
de un algo que solo existe
en el sueño de sus amigos.
Los cubanos,
para ellos,
son parte del decorado
de ese sueño.
Los cubanos,
ese país real,
el de adentro,
el de afuera,
sólo se tienen
de amigos
a sí mismos.

COMO SATURNO

No sólo terminó como Saturno
por devorar a sus hijos
la señora erre con erre.
La pobre anciana antropófaga
tenía tanta,
pero tanta voracidad,
que ni siquiera perdonó
a sus mismísimos nietos.

DINÁMICA

Extraña dinámica
la de una revolución:
devora a sus hijos
antes de terminar
por devorarse a sí misma.
De cualquier modo,
es historia,
es histeria pasada.
Absorbe,
no absuelve.

LA ISLA DE SIEMPRE JAMÁS

(A mi inolvidable suegra platónica,
Lourdes Pastor, que en paz descanse.)

Vivo en la Isla de Siempre Jamás.
Creí que me había ido, pero es mentira;
vuelvo en mis noches sin tener
que actualizar el pasaporte.
Vuelvo a mi país lleno de ausencias,
vuelvo a mis ausencias
tan llenas de país.
Despierto y otra vez
la realidad me juega una mala pasada.
Como una broma grotesca,
como orinarte en la cama,
como caerte de bruces o despingarte,
loma abajo, en una bicicleta.
Así de simple.
Habito en un confín boreal
del mapamundi
en el que nunca pensé morir.
Casi es seguro que así sea más tarde
o más temprano,
si es que existe la entropía.
Vivo, si así puede decirse,
con el corazón íntegro, dolido,
genuinamente extirpado,
con las venas ancladas a ese otro mapa,
el que traza la memoria afectiva.
No fantaseo con volver; nunca me he ido.
En realidad, nunca me fui
de mi terco país,
de los muertos que amo
nunca he partido.
Fue tan solo mi cuerpo.
Vivo en la Isla de Siempre Jamás.

NUMISMÁTICA

En el billete de un peso
siguen entrando
a La Habana
los barbudos.
Lugar con el que aún,
de vez en cuando,
sueño.
No era aún la ciudad
de paredes exhaustas,
de pigmentos desleídos,
de columnas ausentes
y letreros orwellianos.
No era aún la postal
de esa extraña posguerra,
de balcones inminentes,
de derrumbes anunciados,
no era aún los escombros
ni la grieta en el sueño,
pero el mar, nuestro mar,
era el mismo.
Mucho antes de existir
ese gris regodeo,
esa mueca esteticista
en lo precario,
ya La Habana
era su ejemplo más perfecto.
Mucho antes
de que nuestra
civilización
occidental accidental
nos camuflase
su creatividad perdida
con nostalgia
o eso que llaman en inglés
distressed style,
fuese un grito en la moda,
ya la urbe era la sombra
de un algo que alguna,
no muy lejana vez, había sido.
Bastantes de los que hoy
son llamados gusanos
reclamaban paredón para los otros.
Hay quien dirá que fue
una fiesta luminosa,
y habrá quien recuerde
una orgía algo macabra.
Los hijos de los unos
y los hijos de los otros
no habíamos nacido.
Y sí, con toda seguridad,
de haber estado vivo
yo habría sido otro rostro,
uno más, quizá uno menos,
grano de masa sin nombre
desfilando en el billete
hacia la patria,
hacia la muerte.
No era aún la nostalgia
de los carros del 50,
pero el mar, nuestro mar,
era el mismo.

LA HISTORIA NO ABSUELVE A NADIE

La sentencia de la historia
será siempre discutible;
unos dirán que fue horrible
lo que otros tengan por gloria,
cambia y vuelve la memoria
de los pueblos y su gente.
Poco o nada de inocente
su justicia correctiva
incluirá en la comitiva
a otra injusticia emergente.
No pretendo ser vidente,
ni adivino lo futuro,
pero de algo estoy seguro
y tengo por evidente:
aquel que a tambor batiente,
como absuelto se percibe,
errado está, pues concibe
que la historia le tributa;
la historia es solo una puta,
se acuesta con quien la escribe.
Quien con ella sobrevive,
que no se presuma inmune,
el vínculo que les une
quizá un día se derribe,
y así, de ser Dios derive
Su Alteza a ser un pretexto
de escarnio y un mal molesto,
con erre de reescritura.
La historia es literatura
y su verdad palimpsesto.

AFUERA

Afuera.
Así llaman mis paisanos
al mundo que se extiende
más allá del Malecón.
Por el ojo de una cerradura
recrean con fragmentos
de su propia imaginación
y las medias verdades
y las medias mentiras de los otros
su imagen del mundo.
Ha pasado tanto tiempo...
Mis ojos se cruzan con otros ojos que
buscan.
Tienen esa insolencia
tan afable de la gente de allá.
Escucho y la voz confirma mis sospechas.
No había tantos cubanos cuando vine
hará ya veinte inviernos —les comento—.
Las balsas no llegaban tan lejos
—bromeo—.
¿Te gusta? —me preguntan—.
Uno se adapta —miento.
No quiero sabotearles el coraje
y, además, no son intelectuales.
Se merecen una vida tranquila
y sin preguntas.
Llevan poco tiempo.
Confían en poder sacar a la familia.
Ojalá que lo logren.
De corazón
les deseo buena suerte.
Yo también dejé mi casa para siempre
con la tímida ilusión de que ese siempre
no me fuera tajante
cuando un pájaro gris
de metal
cumplió mi sueño
de llevarme a conocer
cómo era el mundo afuera.
Hay quien dirá que Cuba es un paraíso
(un paraíso en el que,
por supuesto,
no querrán vivir).
Hay quien dirá que Cuba es un infierno
(cómoda referencia de fracaso para unos,
indirecto y cínico beneficio para otros).
Hueco negro,
hueco blanco,
piedra
y camino
para mí.
La gente solo busca confirmación
de lo que piensa o cree saber.
Yo digo que es todo eso y más.
Yo digo que es simplemente mi país
y la pregunta más que probable
de mis hijos.
Y digo que la verdad es mucho más,
pero muchísimo más gris
que el fuselaje de ese avión
en el que vine
a este lugar llamado afuera.
Y si buscaba libertad cuando me fui,
la única que he podido conquistar
es la de no verme forzado a decir
lo que los otros puedan querer
o necesitar que yo diga.
Tuve el raro privilegio,
el privilegio macabro,
de nacer y vivir en una
distopía analógica
y de asistir contra mi voluntad
al nacimiento de otra
digital y globalista.
Podría escribir un libro al respecto,
pero nadie (ni siquiera yo mismo)
querrá leerlo.

DICEN

Dicen que ha vuelto el marxismo.
Lo proclaman jubilosos
los mismos medios de confusión masiva
que más preocupados debían estar.
Ese orden mundial
que se ha venido gestando
con discursitos de esperanza
tan políticamente correctos
ya logró domesticar
una versión de eso que llaman marxismo,
esa especie de cadáver insepulto
y maquillado con colores
de pastel
y exabruptos controlados
y subvencionados
es totalmente instrumental para el poder.
Marxistas de toda la vida se miran
desconcertados
(aquellos lo suficientemente inteligentes
como para percatarse de que algo
no está del todo bien en el guion).
No pueden ni siquiera protestar,
el malvado capitalismo
les quitó todo argumento
y ahora habla a través de ellos
como un ventrílocuo.
Un algo demasiado parecido
a aquella conversión
del siglo tercero
de la era cristiana.
Tan peligroso como
un peo en el viento.
O sea, tienen razón los que lo dicen,
pero no, y esto es lo más
irónico,
del modo que creen y dicen.
En otras palabras,
ese muerto no muerto
con tan buena salud
es la coartada
del nuevo orden mundial.

EL MARX QUE NO MUERE

En algún punto de mi lejana infancia
encontré a Marx,
y a su más que inseparable amigo
trabajando juntos la edición
de alguna obra trascendente
para el progreso humano.
Siempre sentado en esta imagen
que nutrió mis falsas
certezas ideo-ilógicas,
su barba hirsuta,
el ceño fruncido,
como no podía ser menos,
en aquel que devela las raíces
del sufrimiento humano
y brinda su remedio,
cual fuego arrebatado
a los dioses por aquel
titán llamado Prometeo
a quien gustaba
le comparasen, según dicen.
A su lado,
un Engels de barba
algo más disciplinada
mira absorto la belleza incendiaria
de eso que ha escrito su amigo,
cuyo hijo bastardo hará pasar por suyo
para salvar las apariencias,
porque está bien
eso de ser un comunista,
pero no hay que exagerar.
Así los recuerdo en el grabado
reeditado hasta la náusea
por el abracadante aparato
de propaganda soviética.
Marx nunca tuvo la culpa
de lo que hicieran los otros
con sus ideas, nos dijeron
tantas veces.
Marx nunca.
No llegaba a los veinte
cuando el muro cayó por su propio peso,
ayudado, claro está,
por el esfuerzo humano.
Las estatuas de este par de intelectuales
se salvaron de un tilín.
Mucho se ha escrito al respecto
y tengo poco por decir que ya no se haya
dicho.
Lo que sí resulta claro
es que no significó
en modo alguno el fin de la historia
y mucho menos el fin de la histeria de la
historia.
Hay un poco de Marx en cada intelectual.
¿Cuál de nosotros no sueña
con rascarse los huevos irreverente
ante las buenas maneras
y despotricar un poco
de este mundo tan injusto?
Ese es el Marx que no muere.
El arquetipo.
El parásito social,
el genio incapaz de trabajar
con sus manos,
con cara de enojo perpetuo,
mantenido
por su mujer y por su amigo,
vomitando
su evangelio del odio
y regalándonos
certezas en un mundo caótico,
el Marx que nos permite creernos
superiores
a aquellos que no sean
capaces de leerse
El Capital enterito
para poder verificar
cuánto hay de cierto
en eso que dicen de que él
ya lo predijo.

DÉCIMA PARA MARX

De Carlos te voy a hablar
por Marx mejor conocido,
filósofo algo atrevido
que al mundo quiso cambiar.
No pudiéndose arreglar
a sí mismo la existencia,
dispuso llamarle ciencia
a su visión de un futuro
donde nadie tendrá apuro
ni insatisfecha apetencia.
No trabajó Su Excelencia
media jornada de un día,
y así escribió su teoría
desde la propia consciencia;
innegable es su eminencia,
como lo es también el hecho
de que su sueño maltrecho
nunca se llegó a probar,
pues no se puede empezar
una casa por el techo.

OBRAS COMPLETAS

Cincuenta y cinco tomos
bellamente encuadernados
por la extinta y nunca bien ponderada
editorial Progreso de Moscú.
Recuerdo la calidad de sus hojas,
seguramente pulpa de algún árbol de
Siberia.
Un lustroso papel blanco
con un gramaje exquisito,
y cubriendo
cada una de las ilustraciones,
otra finísima hoja,
como de seda,
diría yo,
transparente y algo
materialista histérica
como esa misma
noción prepostmoderna del progreso
a quien debía su nombre la editorial.
Yo crecí en la convicción
de que ese hombre,
aunque Dios no existiera,
era lo más parecido.
Lenin tomó su nombre
de un río más allá de los Urales.
Los poetas le dedicaron poemas.
Los cantores le dedicaban canciones.
Ese hombre que nunca cedió
al instinto reproductivo,
que toleró a su mujer y amó a sus gatos,
es el padre, sin embargo, putativo
atribuible, es decir, a millones
y millones de vástagos
horfanados, engendrados
por obra y gracia
de un espejismo distópico.
Incapaces de entender
o al menos digerir la realidad,
esperan el regreso de un mesías,
otro mesías, de sangre y barro,
aunque no tenga la hoz
y aunque le falte el martillo.
Esperan.
Hice todo lo posible
por deshacerme de ellos (los libros).
Finalmente, un marxista catalán, amigo
de un amigo,
se los llevó de mi vista
(confíe en que para siempre).
Cincuenta y cinco tomos
que pesaban un cojón.

KHALED

Su mutilado cuerpo fue colgado de una
columna
para escarmiento de infieles,
musulmanes apartados de la “correcta”
senda
y mayor gloria de “eso”, lo que sea,
que ellos, los hombres
y mujeres
del DAESH,
en sus mentes primitivas y sus almas
degeneradas,
llamen Dios.
Es difícil no odiar a unos cobardes
que asesinan a un anciano de 80 años.
El Estado Islámico le dio la oportunidad
al doctor Asaad de salvarse
si accedía (si tan solo accedía)
a entregarles los tesoros
arqueológicos de Palmira.
—¿Por qué tanta terquedad, señor
Asaad?—.
—¿Qué pueden importar unas cuantas
piedras rotas,
cuyo único destino se debate
entre ser destruidas o vendidas?—.
—¿Por qué negarse, doctor Asaad?—.
—¿No se da usted cuenta acaso de que
está escrito
el regreso de la ley y la espada
del Profeta?—.
—¿No es acaso también usted
un musulmán?—.
Pero el doctor Asaad guardó silencio
y le cortaron su cabeza
y colgaron su cuerpo de la primera
columna que encontraron disponible.
La atención del mundo,
cuando se trata del Medio Oriente,
no solo es efímera
sino también muy, pero que muy
selectiva,
y el doctor Asaad,
el valeroso e irremplazable arqueólogo
que dedicó su vida al patrimonio cultural
de su país,
estaba solo frente a la muerte.
Colgaron su mutilado cuerpo
de una columna,
pero el doctor Asaad vivirá todavía
cuando las vidas miserables de todos
sus miserables asesinos
sean solo un rumor.

EL MIEDO ORIENTE

Se dijeron ellos mismos
(tras conquistarla)
que su Dios les había dado
esa ciudad y esa tierra.
Los cristianos,
cuando la hicieron suya,
prefirieron olvidar que su Mesías
no era un invento propio
y culparon retrospectivamente a todos
los judíos de haberle matado,
como si aquel no hubiera sido,
a fin de cuentas, otro israelita.
Los árabes, astutos advenedizos,
al llegar y conquistar
se dieron cuenta de que no podían ser
menos
y decidieron que su Profeta
se había ido a hablar con Dios
desde esa misma ciudad,
montado a un animal
con cabeza de mujer,
y para rematar la broma recordaron
ser ellos los descendientes del filisteo,
o mejor, de aquellos
habitantes originarios
los cananeos
de quienes los judíos tomaran esa tierra
que los tres ingredientes
de este drama,
por diferentes motivos,
llaman santa.
Curiosa manera de entender la santidad,
la de unos y otros.
Así, mentira sobre mentira,
relato sobre relato,
muerto sobre muerto,
sangre sobre sangre,
piedra sobre piedra,
de este muro insoluble de odio y dolor
se construyó el miedo oriente.

KURDISTÁN

De los despojos del Imperio Otomano,
las potencias vencedoras prometieron
otorgar a cada pueblo su lugar
bajo el Sol.
El “hombre enfermo” de Europa parecía
haber terminado felizmente su existencia.
De los despojos del “hombre enfermo”,
los árabes y turcos dibujaron
sobre el mapa del mundo
entidades nacionales.
Nadie pensó en los kurdos
ni en su patria prometida.
Dividieron su tierra
y el mundo miró por una vez más
en otra dirección.
Kurdistán:
muchas personas no saben
dónde está
ni les importa.
Ya tienen suficiente
con esa porción de interés o compromiso
que dedican a aquellos a quienes
los medios de confusión masiva
consagran como víctimas.
Es cierto,
los kurdos nunca han logrado
patentar ningún producto cool
(estéticamente hablando)
para exhibir en los eventos solidarios.
Muy a pesar de su hermosa bandera,
nadie excepto un kurdo la utiliza.
A nadie parece importarle Kurdistán.
Y sin embargo,
hay tanta verdad en este pueblo
que ha resistido por muchísimo más
tiempo del que tolera la memoria,
la crueldad y depredación de sus vecinos,
que uno no puede menos que anhelar a
su doliente,
su desmembrada e ignorada patria
finalmente un lugar en el mapa
del mundo.
El “hombre enfermo” está de vuelta.
No dio su último suspiro ni descansamos
en paz.
Sólos, los kurdos le hacen frente
mientras nosotros miramos
por una vez más
en otra dirección.

LOS HINCHAS DE LA MUERTE

La muerte se manifiesta
con pancarta solidaria
y de manera plenaria
del dolor hace su fiesta.
Organizan la protesta,
hinchas del luto, cual viles
partisanos que en rediles,
y como si fuera chanza,
maximizan la matanza,
la sangre de los civiles.
A veces pienso, y me duele,
que estar a salvo idiotiza,
que la gente se inmuniza
de su empatía y conduele
por solo aquello que huele
cercano a lo que se opina:
banderita palestina,
banderita de Israel.
¿Cómo puede ser tan cruel
la gente y ser tan cretina?

LA CONDICIÓN HUMANA

Ya no soy tan joven
y este conflicto ya era muy viejo
cuando nací.
La guerra es un círculo vicioso
de muerte y venganza.
Lo sabemos
y, sin embargo,
no deja de golpearnos.
Bestia, víctima o viceversa:
parecieran ser los polos
de la condición humana.
Bestia, víctima o viceversa.
Todo depende del momento
de la noticia y de la masacre.
Bestia, víctima o viceversa.
Todo depende del momento en que se
sea
una cosa o la otra.
Y es que la génesis de la bestia
es su propia y pasada victimidad,
puesto que el sufrimiento es un premio
que otorga impunidad y excusa,
exonera de toda culpa,
responsabilidad moral
o la más mínima empatía
por los otros,
las victimas de turno.
Es difícil buscar humanidad
en los ojos de una bestia
y sin embargo, la encontrarás
si eres capaz de mirar bien
venciendo la repulsión.
Habrá quien se ofenda
porque he llamado bestia
a su arquetipo
de violencia justificada.
No me excuso.
Habrá quien incluso
probablemente responda:
—¿Por qué no te acuerdas
de aquello que les hicieron a ellos
no hace mucho o les han
venido haciendo
desde la guerra aquella
del mes tal, año más cual?—;
sin que nos falte
el inmediato resorte de otra voz
rememorando eso que hicieron
ellos sobre los otros
en tal o más cual fecha,
y ahí es que va a saltar
como una liebre el susodicho
defensor de los ellos,
recordando amargamente
que hicieron a su vez los otros
en sangrienta respuesta a lo que ellos
hicieran contra los otros,
y que aquellos hacían
en respuesta no menos sangrienta
a lo que ellos previamente
ya habían hecho contra los otros,
mientras los otros
no hicieron más que responder
a lo que ellos contra los otros
habían hecho, y así,
sucesiva, retrospectivamente
hasta el momento aquel en el que ellos
no eran más ellos
sino los otros.
Bestia, víctima o viceversa.
Todo depende del momento
en que se sea
una cosa o la otra.
O ambas inclusive.

RÍOS DE SANGRE IMPACIENTE

Ríos de sangre impaciente
y fotos quasidantescas
que se deleitan, grotescas,
en la humanidad sufriente.
Pronto olvida, indiferente,
de tanto mirar a diario,
quién era y no victimario,
quién la muerte convocó,
quién el conflicto atizó
de este drama milenario.
El “Miedo Oriente”, escenario
de esta orgía interminable:
¿la vida? Un bien desechable.
¿La muerte? El mejor salario.
Es absurdo corolario
para un mundo dividido
decir que, aunque hayan querido
vencer de sueños tan vanos,
la sangre está en ambas manos
y aquel Dios, ebrio o dormido.
No faltará quien, dolido,
en la obsesión partisana
y con agenda malsana,
te invite a tomar partido,
y has de verte confundido,
sin entender o entendiendo
lo que está en verdad ocurriendo
(y esto ha sido por buen rato);
es demasiado barato
ver tanta gente muriendo.

TAL PARA CUAL

Judíos y musulmanes
son enemigos muy extraños,
matándose llevan años,
turnándose en los desmanes.
Son como dos alacranes
o dos siameses hermanos;
en vez de juntar las manos
prefieren descojonarse.
Ni pueden exterminarse
ni vencer sus sueños vanos.
Son muchos los escribanos
que han escrito de este drama;
tinta y sangre se derrama
entre pueblos tan cercanos
que sus credos cotidianos
se entremezclan, y razonas
cuán falaces y simplonas
las mentiras que argumentan
uno y otro, si te cuentan
sus narrativas bribonas.
Está claro que hay personas
que viven de esta tragedia,
está claro que la media
tiene sus muy grises zonas.
Hay quien se inyecta de hormonas,
hay quien de lejos disfruta,
trazando en su hoja de ruta
la alabanza de quien muere.
Total, si no sufre o hiere,
¡pues que viva la disputa!
No existe verdad absoluta
detrás de tanta mentira,
la mala sangre, la ira,
la otredad que se refuta,
el dolor que se permuta
de vencedor a vencido,
el matador convencido
de que su igual no es humano,
el arquetipo malsano,
lo medieval renacido.
De tanto odio malparido
cuyo origen se atribuye
uno al otro, bien se intuye,
me invitas tomar partido.
Lo tomé, ya ha sucedido,
lo tomo en contra del mal;
para mí es un animal
quien combate a los civiles.
Si tus prácticas son viles,
eres vil, tal para cual.
Es circunstancia fatal
que en este siglo la guerra
pareciera que destierra
todo código moral
y en su lógica infernal,
donde el show es requisito,
lo más crucial es —admito—
manipular la opinión;
en ese caso, el melón
verdirrojo fue “exquisito”.
Tal para cual, lo repito
después de haber visto tanto,
después de escuchar el llanto
que se eterniza en el grito.
De tanto macabro rito
la parcialidad contesto;
me escapo del manifiesto
que a uno solo es que condena,
porque es pareja la pena:
es por la paz que yo apuesto.

LA GUERRA DE LOS ÚLTIMOS DÍAS

Las banderitas
de un pueblo y otro
se agitan en tu ciudad
y en muchas otras,
mientras ellos
(los militantes
de un lado y otro)
se enfrentan verbalmente,
buscando complicidad
o simpatía para su causa.
La estrella de David
versus la media luna de Mahoma
reciclada en melón
rojiverde hasta la náusea,
ataviada de kaffiyeh
y puño en alto a la moda.
Símbolo contra símbolo,
narrativa contra
narrativa.
Allá lejos
desde el río
hasta el mar
en un lugar
que tal vez nunca
visitaré
los misiles,
el caos,
la barbarie,
los escombros y la muerte
para mayor gloria de un Dios
que debe estar borracho.
Imágenes de niños que han muerto
o han de morir,
y solo importan
si son los niños de los buenos.
Imágenes de criaturas que han muerto
o han de morir,
y que no importan si son
las criaturas
desechables del otro.
Buenos, malos
y otra vez buenos
y otra vez malos
y otra vez
¿quién lo define?
Artistas e intelectuales
del mundo entero
romantizan una barbarie
que no pueden comprender
y mucho menos asumir.
La palabra justicia
es como miel en sus labios.
Enjuician
aquello que no tendrían
estomago de afrontar.
Condenan
decisiones que nunca
habrán de verse forzados a tomar.
La palabra justicia
tiene ocho letras,
siempre en primera línea
de la consigna.
La palabra justicia
es octosílaba.
Palabra llana.
No se acentúa.

CLARITO Y ALTO

«Estas juventudes aman la muerte
como ustedes
aman la vida».
—Osama bin Laden, 1996—

Muy claro dijo Bin Laden
eso de que aman la muerte
y que confían su suerte
a la deidad que ya saben,
cuyo designio no evaden
ni pretenden evadir,
pues para ellos el vivir
solo es digno en la yihad.
Ellos dicen su verdad,
allá el que no quiera oír.
Habrá quien querrá decir,
con ínfula convincente:
todo es culpa de Occidente
y en pago debe sufrir;
la mente se debe abrir
(te dicen) a lo diverso,
comprender que el universo
es de todos y de nadie,
menester es que ahora irradie
el Corán en cada verso.
Lego, en sus suras me inmerso,
asómbrome en sus aleyas,
pienso en esas leguleyas
personas que, en tal perverso
regocijo con lo adverso,
de paz llaman a ese credo.
Un consejo darte puedo:
si a un habibi oyes gritar,
no esperes que diga akbar
para salir como un pedo.
En este punto me quedo
por no herir al susceptible
que, con excusa risible,
me repita con denuedo
que se cuenta con un dedo
entre el trigo la cizaña:
típica treta de araña
que, al disfrazar la obviedad,
la hace más cruda en verdad
con obstinación tamaña.
Metáfora un poco extraña
esa de “al infiel matar”,
y sobre todo al pensar
que la palabra no engaña.
Dices que es una patraña
por denigrar, que no es eso
lo que se dice en el rezo
o lo que dijo Mahoma.
Eres como una paloma
ofreciendo su pescuezo.
Feliz mordisqueas tu hueso,
dawah para no creyente;
te sientes muy inteligente
con “argumentos de peso”.
Buscas justicia y, por eso,
te alimentas de optimismo,
rondando torpe al abismo
de alimentar tu desgracia,
pues tiene macabra gracia
que un infiel lo eres tú mismo.
Corrobora el pesimismo
y niega la inteligencia
tanta mental indigencia
disfrazada de altruismo.
La taqiyya, con su cinismo,
se alimenta en tus quimeras.
Engáñate como quieras:
la advertencia es harto clara,
te lo dicen en tu cara
y ni siquiera te enteras.

JUSTO AL MEDIO

Si un niño tira una piedra
contra un tanque
y tú lo ves
estando, como estás,
lejano, a miles de kilómetros
del lugar donde eso ocurre,
no es solo porque su padre
lo permita (en el supuesto caso
de estar vivo),
sino porque además
un periodista estuvo allí,
casualmente, agazapado
tras su cámara,
e indicó, sugirió, le hizo saber
a esa criatura
cómo hacer para quedar inmortalizada
para mayor orgullo de su pueblo y su
causa,
en una imagen que todos vemos
justo al medio de la composición
y lograr una foto realmente inspiradora
para que conozca el mundo
el valor de ese niño,
la barbarie de aquellos
militares en ese tanque de guerra
que a pocos metros se dibuja
justo atrás
(justo adelante),
injusto al medio
de comunicación,
y cuán terrible
situación la de ese sitio
donde un valiente periodista puede
no solo poner en peligro
la vida de una criatura
sino captar el momento para genuina
satisfacción de tanto pero tonto
consumidor
sediento de heroísmo subrogado,
detenido en el tiempo,
perpetuado, con toda nitidez,
en el mejor de los ángulos posibles,
una foto demasiado
perfecta para ser
perfectamente casual
(después de mil repeticiones
no existe lo espontáneo),
justo atrás
(justo adelante),
injusto al medio
del lanzador de piedras
y poder regresar sin un rasguño
a su zona de confort,
lejos, muy lejos,
y tal vez hasta ser galardonado.

ESPERANDO UN MISIL

Aun más negro que el turbante
con que cubre su cabeza
es el humor con que empieza
su día el gran gobernante.
Le llaman “representante”
de Dios, y con Él conversa;
suplícale en lengua persa
que el martirio le regale,
pues la vida poco vale
a su lógica perversa.
Ya con la mente dispersa
reclama ser fulminado
por la explosión, destrozado,
víctima en su suerte adversa.
En su delirio se inmersa
sin llegar a comprender
cómo puede suceder
que deba sobrevivir
quien solo quiere morir
y ni esto logra tener.
Insiste: «No puede ser
que, después de tanto tiro,
aún por la muerte suspiro
y no llega a acontecer.
Líbrame de padecer,
oh Dios, la muerte senil,
y haz que el hebreo más vil
me salve de este bochorno,
de ver diezmado mi entorno
y yo esperando un misil».

EL TRASERO INFATWADO

Nadie pretenda negarle
al yihadi el pragmatismo;
por amor al islamismo
no dejará de entregarle
todo lo que pueda darle
al dios Alá y a Mahoma.
Lo mismo hará de paloma
que de aguerrido león,
y si llega la ocasión,
se entregará a la maroma.
Cuando no encuentre una toma
donde ensartar su artefacto,
podrá excusarse del acto
si el objetivo lo aploma.
Esta solución la asoma
con claridad de cristal
la autoridad clerical
que una fatwa ha concebido:
si el martirio es lo querido,
sodomizarse es halal.
De este modo natural
se ha encontrado un compromiso
para aquel que el paraíso
no lo añore vaginal;
podrá el deseo carnal
volcarlo en su compañero,
antes de entrarse primero
deberán encomendarse
a su Dios, y así entregarse
a la yihad del trasero.

HURÍ

Cuando un shahid llega al cielo
le espera una comitiva
de vírgenes sin deriva,
setenta y dos por consuelo.
Ellas le “atienden” con celo,
recompensan sus crueldades,
todas las atrocidades
que en la tierra ha cometido,
y él disfruta divertido
de orgiásticas variedades.
Una cosa sí no entiendo
y no deja de asombrarme,
(si alguien pudiera explicarme),
¿cómo es que tal virgen, siendo
desflorada y ya no siendo
más virgen, será de nuevo?
¿O habrá un perpetuo renuevo
de tan frágil costurita?
La hurí es una señorita
que no es gallina ni huevo.

AL HAWIYA NIVEL 7

De fuego tiene sus puertas
el abismo segmentado,
donde un Dios ha destinado
con ira las almas muertas,
de aquellos que no por ciertas
dan sus ínfulas de eterno,
y que se importan un cuerno
con sus cuentos de camino,
pretendiendo que es destino
su cólera y desgobierno.
Siete niveles de infierno
el agareno imagina,
con un calor de cocina
y un tormento plusqueterno.
En su pensamiento tierno
confía tan buen creyente,
que para toda la gente
ajena a su convicción
sobrará calefacción
y el rigor del penitente.
No quiero ser insolente,
y de antemano me excuso;
en tu diagrama confuso
no veo plaza coherente.
¿Si he de entrar, voy con qué gente?,
¿a qué piso?, ¿en qué nivel?
Yo me considero infiel
a tu Dios y tu profeta,
comprendo en tu mueca escueta
que me toca el sitio aquel
más allá del piso cruel
donde moran los sabeanos,
el musulmán más mundano
y tus primos de Israel.
No me molesta el tropel
de inquilinos en mi piso,
me parece un cobertizo
sucio y muy poco moderno,
pero prefiero este infierno
a tu mejor paraíso.

KHAYBAR

Porque te lo dijo Obama
y porque tú le creíste,
un día te convenciste
que es religión de quien ama
aquella que a Dios proclama
con licencia de matar
al que rehúse aceptar
su credo en cinco pilares,
colmo de cosas dispares,
veo tu río en su mar.
Por no ser tú de Khaybar
y judío mucho menos,
aplaudes los desenfrenos
de los esclavos de Akbar;
su causa debe triunfar
pues justicia es lo que quieres
para tan sufridos seres
que cantan muerte al infiel,
la tuya veo en su piel,
pues no menos kafir eres.
Si en tu delirio prefieres
revisitemos la historia,
la crueldad de una memoria
desprovista de alfileres.
Los de Khaybar, si así quieres,
vendieron caro el pellejo,
no fueron como el conejo
que al lobo alaba el colmillo.
Te digo, en verso sencillo,
más que progre, eres pendejo.

ARMAS

Si partimos de que en política
nadie dice la verdad,
algo tendremos claro para empezar.
Por eso me desconcierta el extraño
argumento
de que unos digan la verdad
por la misma razón
que mienten otros:
porque esa tierra
“les pertenezca”, según dices.
Si te digo que Pinocho no come cerdo,
seguramente te sentirás ofendido
y sin embargo, es verdad.
No importa,
no emito juicios de valor,
solo constato
el hecho de que taquiya y hasbara
son productos similares,
armas contra un adversario
por y para un público
que somos todos nosotros,
los infieles,
los goyin o los kufar de todo el mundo,
los comedores de puerco,
los tontos útiles,
los que en el fondo no tenemos
ya ese estómago de nuestros
antepasados
para ver tanta sangre,
sea cristiana, halal o kosher,
sin inmutarnos,
sin buscar una razón,
sin encontrarla.
Armas verbales,
intangibles,
sintácticas,
armas como la media verdad,
como la media mentira
y como la media luna.
Complicidad,
solidaridad
son palabras que riman.

GRITAN LOBO

No sufre la xenofobia
todo aquel que lo asegura,
mientras ventaja procura
con un descaro que agobia.
Gritan lobo, gritan fobia
los que, llegando a un lugar,
ya lo pretenden cambiar
pretextando en lo que exigen
que aquel su país de origen
es muy digno de imitar.
Yo quisiera preguntar:
si de algo vienes huyendo
y se te está recibiendo
sin obligarte a cambiar,
¿no es más prudente adaptar
tu manera a donde llegas?
¿No será que lo que bregas
es tu propia destrucción?
Mejor toma la lección
y no des palos a ciegas.

FÁBULA DE LOS DOS ALIADOS

Sentáronse un izquiernauta
y un islamista a pensar
cómo, después de triunfar,
reinventarían la pauta
del mundo. Aquel perroflauta
dijo al otro: “Compañero,
nuestra unión será de acero,
y del vil capitalismo
triunfaremos, pues lo mismo
quieres tú como yo quiero.”
Declamó el moro: “Requiero
tu ayuda para instaurar
el Califato, y ganar
de una vez lo que yo espero
será tu agrado. Primero
mataremos al judío,
al mal creyente, al impío,
y a aquel que quede pondremos
luego a rezar. Aún veremos
cosas más grandes, confío.”
El marxistoide, con brío,
confirmó: “Nada yo veo
que nos separe, y más creo
que tu anhelo es casi el mío.
A esa utopía me alío,
triunfaremos sin tropiezo.”
Guárdose el otro un bostezo,
pensando del tonto aquel:
“Muchas gracias, puto infiel,
ya me darás tu pescuezo.”

DALTONISMO ISLAMOFÍLICO

No son todos los que inmigran
ni están todos, mas quisiera,
siendo inmigrante yo mismo
que no me usen por bandera
quienes buscan imponer,
por mi nombre, sus quimeras,
unidos en la falacia
de una alianza valedera.
Inmigrantes muy curiosos
son los que dejan su tierra
y, donde son recibidos,
quieren cambiar la manera
en que se vive, se come,
se piensa, se ama y se reza.
Pero si el hecho es curioso,
no lo es menos y más cuesta
ver que quien más decidida
oposición les debiera
hacer, por interés propio,
a subversión tan artera,
disimula o justifica,
del peligro ni se entera,
o pretende no enterarse
con estulticia certera,
suponiendo, a grosso modo,
que podrá hallar la manera
de tornar rojo lo verde
y hacer de aquel una puerta
para resoñar el sueño
de reivindicar la tierra.
Y es que, de tanto el odiar
a la cruz y hacerle guerra,
se termina, del hilal,
siendo mucama y ramera.
Todavía se preguntan
(ingenuidad si la hubiera):
¿cómo se puede explicar
el auge de la derecha?
Pobre ese Carlitos Marx,
que hubiera muerto de pena
de haber visto este papel
que escogería su izquierda,
enferma de islamofilia,
que es decir esquizofrenia,
parónimo a sinrazón,
sin visos de entendedera,
infame y vil compadrazgo
con musulmanes de feria,
que venden humo del odio
a quien comprárselos quiera.
Extravió el rojo el martillo,
la hoz quedóse en una apuesta,
hízose trampa a sí mismo
e hipotecó la bandera,
quien al trabajo alababa
e inventariaba sus quejas,
el que vio en la religión
solo el opio de una oveja,
¿qué hubiera dicho de ver
presumiendo su ceguera
al marxistoide vestido
como a la usanza agarena,
kaffiyeh en torno del cuello,
gritando slogans sin tregua,
falaz en el desatino
de no entender con su arenga
que esas víctimas sublimes,
de las que sale en defensa,
le tienen por útil tonto
para servirse en la guerra
por imponernos su Dios
ofrendándole la tierra?

DON PELAYO, 722 A.D.

También suponía el moro
hace mil trescientos años
que, a través de los engaños,
la traición, la sangre, el oro,
triunfaría, y del desdoro
de la Cruz, tendría gloria;
quiso así plasmar la historia
de una Hispania sometida
al Creciente, y corrompida
para siempre en la memoria.
Siendo tan grande su euforia
de conquista, calculaba
que solo ceder quedaba
ante su cierta victoria,
puesto que era tan notoria
que solo un loco creyera
que el enfrentárseles fuera
algo más que absurda muerte.
Tal pareciera la suerte
del reino y la Europa entera.
Mas quiso Dios que otro fuera,
Covadonga, el desenlace;
como del polvo renace
un pueblo, así renaciera
la España que hizo bandera
de ser libre, no vasallo.
Destrozóle al moro un rayo
sus esperanzas espurias,
brotó un árbol en Asturias
que se llamó Don Pelayo.

COMO UN ECO LEJANO

Como un eco lejano,
desprovisto de fin y de sentido,
disipada la euforia, y escindido
entre el ser y su excusa,
llega hasta mí el recuerdo
de ilusiones, fracasos, espejismos,
de utopías rimando con abismos
a los cuales el alma hoy se me asoma,
sin más gloria ni espejo que la muerte.
La pulsión de lo inerte,
disfrazada por Tánatos de noble
promesa redentora, de bandera
que conduce a la masa en su quimera
de otro mundo ideal
se nos tarda o no llega,
paliativo del cielo, sucedáneo;
siempre el odio, tan gris contemporáneo
y antípoda a la vida.
Percibiéndote la entraña torcida,
luz siniestra de la falsa consciencia,
terco opongo a tu mal, mueca antipática.
¿Razón otra de excluirte? La apofática.
No quiero tus consignas
de imposibles dilemas.
Oh mundo, enfermo de ideologías,
revisito mis pasadas miopías
como un eco lejano.

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