-El Espejo
-Alérgico
-Mujeres
-Ya habrá tiempo
-Oficio
-Solución final al problema femenino
-Si ya está claro
-Mercadotecnia emocional
-Final de juego
-De algún modo
-Claridad
-El tren
-Ardo por ti
-El tigre
-Cómo es ella
-Para tratar infartos vaginales
-Sudor
-Trabalenguas
-Matefrasis
-Percepción
-Tiempos
-Dixit
-Cada uno de mis sentidos
-La mujer que yo quiero
-En una fuente de Montreal
-Francés profundo
-Linguistic problems in Quebec
-La lengua que tú hablas
-EQ
-Poema esquizofrénico con motivo cursi
-Keili
-Berlindastrasse I
-Eros y Thanatos
-Iris
-Otra vez Gatsby
-Ella
-Análisis
-Esa
-Cuarto menguante
-Lo que me dijo un loco
-Todavía
-Envidia
-Mismidades
-Viejo amor
-Muchacho
-Distancia
-Para esa vida que resta
-Palabras, cuerpo, memoria
-A estas horas
-El que amanece contigo
-Réquiem
-El hambre del corazón
-Esas
-Un cambio de hábitos
-Antiterapia
-A esa mujer
-Mañana
-Al menos eso
-Tablas
-Poema de amor a la mujer X201711A71M04D10
-Te dejo ir
-Soledad
-Gracias
-Tal cual son tus ojos
-Tan lejos como tu boca
-Declaración de principios
-Sin ir más lejos
-Para llegar a buen puerto
-Recurrencia
-Paradigmas
-Del mismo modo
-Noche
-Poema a una mujer de olvidado nombre
-Piedra en el agua
-Terapia conductual
-Lejos del edén
-Imperfección
-La soledad de Dios
-Epílogo para llegar a algún sitio
Wednesday, October 29, 2025
A NINGÚN SITIO - EL HAMBRE DEL CORAZÓN
ÍNDICE
EL ESPEJO
Se me ha roto el espejo,
nuestro espejo se ha roto.
Por un torpe descuido imperdonable
se ha quebrado en pedazos,
se ha caído y deshecho.
Más bien horizontal
habítame este dolor
desde el centro hasta los bordes,
una grieta se expande
dibujando cinco dagas
que me cubren
la extensión
de unas casi cincuenta pulgadas
por cuarenta.
Ya sé que no está bien
sufrir por cosas materiales.
Ya sé que, eventualmente,
volveré a comprarme otro,
otro espejo,
donde quepa una mujer y un hombre
trenzados en el dulce comercio de la
carne,
en la más que sublime agonía
de un suspiro.
Ya sé que habrá otro espejo,
pero ya no estará más prisionero en el
azogue
el recuerdo de mis noches y mis días
contigo,
el recuerdo de tu pelo
como rienda de mis manos,
el recuerdo de las tuyas
en el brusco, en el urgente
asidero de las sábanas,
el flamígero recuerdo
de mis inexcusables palabrotas,
y las tuyas,
el dulcísimo
estertor de tus gemidos.
Todo eso existirá, a partir de ahora,
solo en la cárcel perpetua de mis sienes.
No obstante, me alegro
de que se me haya roto.
No lo podría cargar indefinidamente
en las próximas mudanzas,
ni habría querido
venderlo
por todo el oro del mundo,
ni habría dormido tranquilo
ni conciliado el sueño
con el fantasma de ti
gozándome la pinga
como una endemoniada.
Tengo un dolor más bien horizontal.
Ya sé que no está bien
sufrir por cosas materiales.
ALÉRGICO
Alérgico.
Alérgico a tu ropa.
No puedo soportarla;
me provoca escozor
y todo tipo de ansiedades.
No tolero tu vestido,
por muy lindo que te quede,
ni los ajustadores,
mucho menos tu precario blúmercito.
Todo.
Quítate todo.
Quiero que entres desnuda
y de un tirón a mis ojos.
Puedes vivir en ellos,
si tal cosa te place,
como te trajo tu madre
a habitar en este mundo.
MUJERES
Todos sus cuerpos, todos,
turnándose bajo el tuyo
para llevarse
un poco de alma
en cada eyaculación.
YA HABRÁ TIEMPO
«y no sabes, amor, con cuánta sangre,
con qué amarga paciencia,
con cuánta fuerza para ahogar, yo olvido,
yo deshago mi sueño»
—M. Aguirre—
Ya habrá tiempo para volver
a ver tus fotos,
sin que duela el rojísimo
encaje de tu bata.
Ya habrá tiempo de indagar
dónde ha quedado el pensamiento,
ese de mí tan tuyo,
lubricando tus entrañas,
tus piernas entreabiertas,
el terraplén de tus nalgas
y tu gloriosa grupa,
el atrevido escote
y el dibujo de ese valle
tu surco intermamario
donde se abren los volcanes,
tus paradójicos pezones,
taladrándome la córnea,
muy a pesar de tu vestido.
Ya habrá tiempo.
Ahora tengo que hacer
como que nada ha pasado.
Ahora me toca asumir
que no conozco a nadie con tu nombre.
Ahora me toca imaginar
que me he metido en la piel
de algún buen personaje
de un mal libro que leí
mientras viajaba en un tren
de no recuerdo desde
ni recuerdo hacia dónde,
que me he extraviado en un poema
a ningún sitio,
y estoy más bien confundido.
Ahora tengo que volver
a mis rutinas,
ser otra vez esa persona austera,
disciplinada,
habitando ese imperfecto del presente,
que me gusta mirar en el espejo
y volver a ser feliz
sin pensarte ni dolerme.
Ya habrá tiempo, lo sé.
OFICIO
Está más que permitido
colapsar de amor en un poema,
fallecer de pleniangustia en cada estrofa,
ser el niño de Guatemala
y alquimizar la tristeza
en un estilo de vida,
siempre y cuando te guardes
algo de coraje vital y clandestino
donde nadie te lo vea,
siempre y cuando no olvides
que, eventualmente,
a la vida habrá
que hacerle frente
con los cojones bien puestos.
SOLUCIÓN FINAL AL
PROBLEMA FEMENINO
No puedes guardar el agua
que se escapa entre los dedos.
Temes perder a una mujer,
ya la has perdido.
SI YA ESTÁ CLARO
¿Por qué,
si ya está claro que no has de volver,
que lo que pudo ser no fue,
que todo terminó,
que muchas gracias
por tus desvelos,
por qué,
si ya me has dicho sin decir,
si ya me has dado suficientes señales
de que es mejor que estar así,
tan lejos como estamos,
tú sin yo,
yo sin ti,
por qué,
si incluso tengo la mejor voluntad
de dejarte tranquila
por el resto de tus días
y los míos,
por qué (me pregunto)
es que siento esta certeza,
a todas luces absurda,
de que esto de los dos,
esta memoria sensorial apócrifa,
esta loca noción de conocerte
de toda la vida
no hace sino empezar?
MERCADOTECNIA EMOCIONAL
Si tienes mucho que dar
y lo haces a manos llenas,
la inmensa mayoría de la gente
asumirá
que eso que ofreces con tanto amor
no vale nada.
FINAL DE JUEGO
En mi defensa puedo argüir
que todas esas palabras
de amor que dije,
incluso,
y sobre todo,
esas que puedan
sonar desde el hoy que nos ocupa
más descabelladas,
no las dije
como quien dice una mentira.
Yo fui el primero que las creyó
desde el momento de pronunciarlas.
Suenan ridículas hoy,
pero el contexto es importante.
No hay nada que lamentar,
mi ex dulce amor.
Volé contigo,
fui tu otra ala,
no guardé nada para salvarme
mientras volaste.
Lo prometí,
¿recuerdas?
Lo prometí.
Cuando te dije aquello
de no dejarte sola mientras volases
era algo más que un lindo verso.
DE ALGÚN MODO
Quise decirte tantas cosas,
quise decirte «cuídate»,
quise decir «te amo, con toda mi alma»,
quise decir «nos volveremos a ver»
como si yo pudiera saberlo,
quise decir todo esto y mucho más,
pero muchísimo más,
y, sin embargo,
no pude,
simplemente no pude.
Un nudo se hizo dueño y señor
de mi garganta,
y sí,
supongo que, de algún modo,
uno tiene que despedirse.
CLARIDAD
Ella lo dejó claro:
iba sólo a tener
lo que alcanzara con mis ojos:
las migajas de su alma,
la herida de su vientre.
EL TREN
El paisaje se aleja a toda velocidad.
Desde la ventanilla del tren
observo un raíl unirse a otro
y otro
hasta formar uno solo.
Vuelvo a casa.
No hace dos horas que te he dejado de
ver
y ya fantaseo con la próxima ocasión.
Invento en mi cabeza
todo tipo de escenarios
que cualquiera en su sano juicio
descartaría por improbables.
No soy un pendejo de quince años.
No necesito que me expliquen
que uno debe enamorarse
solo si es cosa de dos.
Ya sé que puedo vivir sin ti,
pero no sé dejar de pensarte
mientras regreso.
Me duele tu risa
que no habrá de iluminar mis mañanas,
me duele tu dulce voz
que no estará en mis oídos.
Me duele aceptar la realidad.
Ya me reacostumbraré
a un universo sin ti.
Paciencia,
quizás logre
desconfabularme.
Lo sé,
soy fuerte.
Mañana habré de estar trabajando en el
taller.
De almuerzo,
esa comida que tú me diste preparada
para evitarme cocinar
cuando llegue cansado,
y tenga
como sé que tendré
poco tiempo de pensar.
Menos mal.
ARDO POR TI
Ardo por ti,
y de tal modo
que mis manos no me brindan alivio,
ni puedo hallar sosiego
en esta blanca,
en esta hirviente
lava que te nombra.
Ardo por ti,
sin ningún tipo de esperanza,
ni coartada,
ni disculpa,
como quemándome por dentro,
a fuego lento.
EL TIGRE
Se regocija en tu vientre
la luz de las persianas.
Un animal rayado
sobre el lecho,
duerme.
CÓMO ES ELLA
Ella solo pasea por los parques
y escribe —eso dice—
como quien busca excusarse,
y, sin embargo, miente:
no solo eso hace.
También, a distancia,
enhebra mi corazón con hilos de su alma
y me llena de alegrías
aunque no se lo proponga
o no lo sepa, incluso,
cuando veo sus ojos,
cuando en ellos me imagino,
cuando tengo el rojo ardiente
de sus labios
quemándome la boca,
y en torno a mí su pelo,
su pelo desquiciante,
su verbo desquiciado
cuando intento descifrar
cómo es que era
ella de niña hace ya muchos años,
o cómo es ella ahora mismo
cuando dejamos de hablar,
cuando me dice adiós,
cuando me envía un beso.
Cómo es ella al dormir,
cómo es ella al despertarse.
PARA TRATAR INFARTOS VAGINALES
Hágase el muerto.
Espere a que termine
de desahogarse el animal herido.
Escúchele en silencio,
no pretenda soluciones.
Solo escuche.
SUDOR
Ese momento
cuando, en mis sueños,
beso tu nuca
y me detengo en ella largamente,
como
tratando de saber
qué tanto sientes.
Cuando
me pierdo en tu pelo,
cuando, insensato,
pretendo
ordenarlo con mis manos,
con mis dedos
escudriñarlo.
Cuando
me hallo en tu blusa,
cuando me pierdo en ella,
y mi sudor, por una vez,
por una mágica vez,
termina siendo
el tuyo.
TRABALENGUAS
No una, sino mil veces,
repetiría este humilde trabalenguas
que he creado para ti,
yo sí, lo haría
con el único propósito de verte,
y aunque no pueda verte,
reír.
Oh, mujer,
tus suaves manos,
manos que saben de piedras
preciosas y de flores,
manos que escriben de amor,
manos que aman a un espejo,
espejo de una casa enloquecida.
Esa casa donde habita
una mujer llena de luz,
hecha de fuego
y de pájaros cantores,
surcada de terraplenes
y de aeroplanos,
donde camina desnuda,
donde vuela.
Qué hermosa idea es pensar:
espejeador, espejismado,
yo sí que ríes hasta perder el aliento,
y ríes,
ahora mismo,
porque no una, sino mil veces,
repetiría,
yo sí, estas
locas palabras absurdamente sabias
hasta perder el aliento
con el loable fin,
el muy loable fin,
de que tu risa
por una mágica vez
estalle.
MATEFRASIS
Mientras ensillo un mate,
mi mente divaga
y vuelvo a ser metal
hundiéndome en la yerba,
y vuelvo a estar en ti,
volvemos a ser uno.
PERCEPCIÓN
Desde que el mundo es creación,
algunos hombres,
aquejados de hembritis ulcerativa,
han sublimado su rencor hacia una equis
mujer,
han confundido el singular con el plural,
con las mujeres,
y han inmortalizado sus miserias
en incontables letras
de tangos y boleros.
Está claro,
la experiencia vital determina
tu percepción del otro sexo,
y se desprende que,
si nunca te han amado
o si, en desdicha,
diste tu corazón
a una muy infausta sucesión
de personas erradas y lamentables,
tu percepción del otro sexo
no será muy edificante.
Cierto,
sólo un espíritu elevado
es capaz de distinguir
entre el árbol y una fruta podrida.
Salvando las distancias
y los géneros creativos,
es lo mismo que ocurre
con algunas de las más
que prestigiosas teóricas feministas
en ese sórdido mundillo
que son las ciencias
sociales.
TIEMPOS
Técnicamente hablando,
es cierto que el tiempo de nuestras vidas
en el cual deberemos por fuerza vivir
en desamor
tiende a ser, cuantitativamente,
más que ese otro tiempo,
el luminoso tiempo
en que el amor penetrará en tu vida
haciéndote creer (si así se lo permites)
que esta vez,
no tendrá intención de marcharse.
Lo sé, lo sabes, lo sabemos:
todo no es más que una ilusión.
Y, sin embargo,
el poco o mucho tiempo,
técnicamente hablando,
en el que esté eso que llaman amor
habitando los segundos,
los minutos de tus horas,
será mucho más preciado,
será un tiempo mucho más insoslayable,
cualitativamente superior,
y nunca, pero nunca,
dejará de habitarte
como ese loco deseo
de una tierra
a la que siempre
soñarás con volver.
DIXIT
Nos quedamos en silencio,
aún desnudos,
o quizá a medio vestir,
eso no puedo precisarlo,
pero sí la recuerdo:
la luz en nuestra alcoba.
Y sí recuerdo que entonces,
con una voz muy baja,
como transfigurada en alguien diferente
pero igual,
por obra y gracia de la alquimia del amor,
o quizá volviendo a ser
esa muchacha
de quien yo me enamorase
tan locamente,
despojada, por su propia voluntad,
de toda máscara,
triunfando
por unos breves instantes
en su lucha por ser alguien mejor,
y como hablando para sí
a pesar de estar yo
en ese lugar
de aquel a quien se le habla,
en ese estado mental
del que descubre
la mayor obviedad,
de quien se asombra
por algo tan supremamente simple
como que dos y dos son cuatro,
díjome exactamente estas palabras:
«Tú sí me quieres de verdad».
CADA UNO DE MIS SENTIDOS
Montada sobre mí,
cabalgando mi sexo,
en esa posición
que algunos estudiosos
podrían definir
como Andrómaca invertida,
mi amante me observaba
por encima de su hombro,
satisfecha de verme,
fiel montura,
desde la esquina de su ojo.
Cada uno de mis sentidos
guarda un fragmento de ella.
Ninguna imagen global,
solo fragmentos.
Si cierro mis ojos,
su imagen se dibuja en mi retina,
vuelve a poblarse mi cuarto
de su risa salvaje.
Si dejo hablar mis manos,
ellas me explican su seno derecho,
algo mayor que el seno izquierdo,
pero amado por igual.
Si es que hablan mis labios,
el sabor de su sexo
vuelve a rondar mi lengua.
Si tapo mis oídos,
si los abro,
otra vez sus gemidos me ensordecen.
Si es mi nariz la que huele,
puedo sentir su olor
y, muy a pesar de todo el mar
y tanta tierra equidistante,
sufro como animal en celo
separado de su hembra,
sometido al tormento
de un olor evocador
y artificioso,
generado tan solo
con el fin de enloquecerle,
como parte de un brutal
experimento científico.
Lo sabíamos.
Lo supe.
Continuaría el deseo
después de que el ave de metal
nos separase.
No hay solución a esto.
La vida real es la rutina de un salario.
No se puede vivir
para hacerse el amor
y compartir poemas.
Créeme,
no tengo el menor deseo de morir.
Quisiera vivir más,
vivir lo suficiente
para volverle a amar
largo y tendido,
para velar su sueño
y preparar su desayuno
de café sin más azúcar que sus besos;
pero lo admito,
en ese instante pude sentir
que moriría feliz
con tan dulce jinete
regalándome sus nalgas
y su mirada vuelta en regocijo
sobre mi cuerpo desbordado.
No hay solución a esto.
La vida real es la rutina de un salario.
No se puede vivir
para hacerse el amor
y compartir poemas.
LA MUJER QUE YO QUIERO
Desnuda,
desvestida de su idea de ella misma,
la mujer que yo quiero puede ser,
puede no ser.
Con mis dos pies torcidos ante la esfinge
arriesgo un camino;
puedo perderlo todo.
Lo sé:
es el gran juego.
Si me detengo a pensar,
el animal notará el miedo
y sacará ventaja.
Desnuda,
desvestida de su idea de ella misma,
la mujer que yo quiero hace todo
lo posible
por desalentarme.
Si intentas domesticar una yegua herida,
no deberá incomodarte su resistencia.
EN UNA FUENTE DE MONTREAL
En una fuente de Montreal,
muy cerca del viejo puerto,
lancé algunos centavos
para comprar mi deseo.
Desde todo punto de vista,
enamorarse como un estúpido
es una estupidez.
Quería amistad —me dijo—,
amistad que dure incluso
cuando no nos acostemos.
Bullshit.
Estaba tan imbuido
de nuestra muy elevada asociación
que ni siquiera el golpe pudo hacerme
entender
la diferencia entre la excusa de un sueño
y la verdad mezquina.
Si crees en alguien ciegamente,
puedes salir lastimado.
Habito la impermanencia,
y la nieve cubre todo alrededor.
Sufro para adaptarme,
sufro y pago las consecuencias.
En una fuente de Montreal,
muy cerca del viejo puerto,
fui estafado por el dios
de los pequeños milagros.
FRANCÉS PROFUNDO
Era la madrugada de la Santa Ana,
y a una cortísima distancia de la Plaza
y a una muy larga de la Revolución,
la violinista de diecinueve años
desplegaba sobre mí
su muy profundo conocimiento
del francés,
francés profundo,
para elevar el espíritu,
para enseñarme algo más
sobre las fuerzas productivas.
No teníamos mucho tiempo,
pues en breve amanecía.
Cada mujer es un cuartel
para tomar por asalto.
Francés,
francés profundo.
Ella y yo festejábamos
el Día de la Rebeldía Nacional.
LINGUISTIC PROBLEMS IN QUEBEC
Mi vecina,
una hembra alucinante,
practicó el sexo ayer toda la noche,
o al menos una buena parte de ella.
Lo sé porque sus chillidos eran
tan intensos,
tan penetrantes,
tan penetrados,
que incluso las personas del tercer piso
podrían escucharlos.
Ella puede lograr infinitas variaciones
con su voz,
pero con toda humildad lo reconozco:
me fue imposible distinguir
si era francés o era inglés
lo que pasaba en su vagina;
perdón, quise decir en su cuarto.
Algunas veces era “deeper”,
otras veces era un “oui”.
Por suerte,
su pareja resultó
ser más bien alguien discreto,
lacónico,
pongamos, casi ausente
hasta ese punto en que,
por suerte,
me dormí.
Gran problema ser alófono
en una sociedad bilingüe.
LA LENGUA QUE TÚ HABLAS
La lengua que tú hablas
habla de las cabezas que llevaron
de trofeo
las legiones romanas
al emperador Trajano.
La lengua que tú hablas
conoció discusiones bizantinas,
conoció la inclemente aparición
de los turcos,
conoció al gran hermano soviético
y conoce la engañosa
mansedumbre del mar Negro.
La lengua que tú hablas
tiene declinaciones que el latín
fue perdiendo
en el Camino de Santiago,
no tradujo al Nuevo Mundo,
y en el país de donde vengo
nadie intenta dominarla,
excepto algún jinetero demasiado erudito
o el personal vinculado a la cancillería.
La lengua que tú hablas
es lo último que hubiese
esperado aprender.
Pero hoy quisiera saberla
sólo para decirte de manera
que te suene tan íntima o cercana
como canciones de cuna
del Conducător Ceaușescu,
que agradezco al buen Dios
(ese en que crees)
todo esto que me ofrece
al poner en mi camino
una mujer como tú.
EQ
Es capaz de enseñarte a ser feliz
aunque no quieras serlo,
pero igual a las mareas
se plegará sobre sí misma
si intentas retenerle.
Es capaz de llenar
de lujuria tus noches
y de amor también,
pero cuidado:
se burlará de tus poemas
porque
no cree en las palabras,
se burlará de tu angustia
porque le aburre el dolor,
se burlará de ti
si buscas comprenderle,
y ello va en detrimento
de que pueda sentir
tu poder
y esa inefable seguridad
que tanto necesita
su atribulado espíritu
para no deshacerse,
porque le gustas
solo si permaneces tibio,
sereno, apacible,
como un paisaje de verano;
si más que perdonar
puedes ser indiferente
a sus miserias incontables,
a sus probables traiciones.
Si te muestras, pongamos,
dueño de ti,
hierático,
inflexible,
impertérrito,
sin asomo de duda,
cuando apliques sobre ella,
si así indicasen o indicaran
las circunstancias,
como argumento final,
inexorable veredicto,
tus cojones esterlinos
y la infalible doctrina
de la pinga de palo.
Macho alfa, en fin,
no macho beta
y mucho menos gamma.
POEMA ESQUIZOFRENICO
CON MOTIVO CURSI
Teníamos tanto amor para entregar
y tanto tiempo
que sobraba la prisa.
Era tan obvia la certeza
que olvidaron los objetos
su papel de rehenes retroactivos,
de sutiles artefactos de nostalgia.
No nos dejamos nada
para podernos amarrar
al más burdo fetichismo,
porque era todo tan sencillo
como habernos encontrado,
como secarte los ojos con besos
sin palabras,
como sentir que el olvido
no podría alcanzarnos.
¿O es que soñé todo esto?
Le pregunto a las piedras,
a las pequeñas piedrecitas
en el camino del mar,
a los testigos mudos, discretos:
florecitas amarillas,
florecitas azules,
pedacitos de papel,
polvo del cuarto
y telarañas del techo,
sábanas que aún guardan
un poco de tu olor,
si es que ellas saben
por qué te habré perdido.
La respuesta es brutal;
la encuentro en otra parte,
no en las piedras,
no en las flores,
no en los pedazos de papel.
¿Es así como son las cosas?
Los sentimientos exaltados
no toleran otro espejo
que ellos mismos.
Bajo tales premisas:
sentimientos compartidos
pero muy diferentes grados
de exaltación,
el choque con la realidad objetiva
resulta inevitable
y queda el corazón sin adjetivos,
burda irrisión de sí mismo,
como un conejo muerto
en el sombrero de un mago.
KEILI
Este inútil poema habla
de una mujer a la que quise mucho más
de lo que pensaba
cuando, por suerte para ella, me dijo:
esto no va a ninguna parte.
Ella se fue para Europa
algún tiempo después;
ahora es muy feliz, según parece.
Pero en aquel entonces
era la linda guajirita
que recuerdo, huyendo del destino
provinciano:
ser la esclava de una casa,
un racimo de hijos,
un paisaje verde intenso
y vaquitas de fondo.
Ella siempre buscaba
una manera nueva de decirme
“am, Adrían (sic), rabuja”
y otras cosas que he olvidado.
Yo le llamaba, simplemente,
la niñita querida.
No teníamos lugar,
no teníamos dinero,
no teníamos futuro;
la verdad es que resistimos bastante.
Durante más de un año
estuvimos implicados
algo más profundamente
que dos parásitos intestinales.
Cuando encontré un alquiler
para vivir La Habana juntos,
ya era tarde;
fue entonces que habló
y yo no supe retenerle.
Se sabe: una mujer
no es algo predecible,
se sabe,
pero aun así,
nunca estás completamente preparado.
Acordamos una tregua
y toda vez que volvía
yo esperaba sus visitas
como siempre,
como si nada hubiese cambiado.
Es un lugar común decir
que el rencor es una planta
que necesita cuidados,
y un día ya no quise
velar más mi parcela de odio,
y fui civilizado
y entendí que, en efecto,
ella podía dejar
y había dejado de quererme,
y que no solo eso,
sino que incluso
no le iba a ir mal sin mí.
Es duro,
es fácil cuando le pasa a otros,
pero es duro.
Puedes bromear con eso,
pero en el fondo
te jode,
a pesar de todo el tiempo transcurrido,
a pesar de las mujeres
a las que quise después
y me quisieron.
Uno llega a asumirlo
con cierta filosofía:
las mujeres se consumen
hasta donde no hacen daño,
pero yo no era tan sabio entonces
y el dolor lo sentí
físicamente.
Fue como si un dios estúpido
me privase de entrañas,
y el dolor
no alcanzara a redimirme,
como contarle a otras mujeres
que no podía olvidarle
y entender que esperaban
el final de mi inoportuno
desahogo
para seguir alimentándose,
cosechando mi semen.
Llegué incluso a llorar en público,
como un alcohólico
o un loco.
Keili, con su nombre de ciclón,
no parecía gran cosa.
La vi por última vez
poco antes de que se fuera;
yo estaba con otra mujer
y procuraba hacer las cosas
correctamente.
No regresé a mi casa
hasta unos años después;
los alquileres resultaron
una aventura incosteable.
BERLINDASTRASSE I
Tú, tan expresiva como un muro,
tan distante como la esfinge,
tan ajena al sinsentido común,
y sobre todo tú,
imagen fija de un paisaje
con aviones y pañuelos,
ya debes haber oído poemas
de este corte,
poemas donde se habla de una mujer
y la trivial circunstancia
de no poder tocar su culo.
Yo, ni siquiera estoy seguro
de que valga la pena,
pero insisto en esta calle,
obcecado como un topo,
como si aún me quedara
todo el tiempo del mundo
para ascender a tu nariz
y contemplarte.
Berlindastrasse se extiende
más allá de tus ojos;
vivo en la décima casa,
justo al borde del delirio.
Sobre la cama de este cuarto
que construí para otros,
rodeado de pertenencias
que ya casi me despertenecen,
nombro al objeto de mi deseo,
nombro al objeto
y procuro asir tu cuerpo
desnudado de palabras.
Febril y enloquecida,
como habitas en mi mente,
te conjuro a que aparezcas.
Una vez más,
la magia no funciona.
EROS Y THANATOS
Eran esos días
en que nos desnudábamos,
tu padre podía ser el paraguas y el
revólver,
pero encontrarnos era el deseo
y la imprudencia:
cerrar ventanas, el balcón,
abrir suspiros.
Desliza el deshabillé,
la tarde asfixia
el émbolo que vibra en tus entrañas.
Casi al borde de tu cama
pienso en tus ojos,
una estela,
un secreto
y un planeta en equinoccio.
Espuma doblándome en el vientre,
las campanas y el silencio
de Eros y Thánatos.
Un día no volví más
y llovió sobre el mundo
desde entonces
el ácido,
el rencor
y yo estoy mudo
para decirte al oído
que esas tardes
me surcan a veces
la víscera latiente,
como esas balsas
y el vacío flotando
a la deriva
en la corriente del golfo.
IRIS
Se fue de viaje
y aún no ha regresado
la que era mi mujer.
Lloró en el aeropuerto
al despedirnos.
Yo no,
pero tampoco estaba,
lo que pudiera decirse,
exento de emociones.
La que era mi mujer
necesitaba fuerza
y yo debía darle
toda la que pudiese.
OTRA VEZ GATSBY
Si uno pudiera volver
al punto exacto
donde todo se hace una mierda,
y, en consecuencia,
esa mujer que nos quería un poco
dejó de querernos definitivamente;
el punto exacto
donde su boca pronunció
con todas y cada una de sus letras:
«no es mi problema si me quieres,
lo siento»,
y no encontraste la dignidad suficiente
para callarte tu pobrecito,
tu lastimero,
tu miserable dolor,
y te extraviaste
en absurdas, entrecortadas,
inútiles palabras,
¿podría ser diferente?
¿Serviría de algo?
¿Ayudaría al menos
a detener ese grotesco
sentimiento residual
que se va por el tragante hacia la Nada?
ELLA
Pienso en una muchacha
a la que tal vez no vuelva a ver.
Pienso en una muchacha
a quien busco, casi sin darme cuenta,
cuando detengo mis ojos
en algún rostro.
Pienso en una muchacha
a la que tal vez sea preferible que no vea.
De todos modos, no depende de mí.
No sé incluso si desea volverme a ver.
Pienso en raras combinaciones de
números
surgidas al azar de un billete de ómnibus.
Pienso en causas pequeñas
de pequeños fenómenos.
Tal vez causas pequeñas
nos encontraron.
Tal vez causas pequeñas nos separan.
Tal vez hay un dios
que lee esas causas
en la palma de su mano.
Si ofrezco al dios cristiano
creer en él a cambio
de que pueda volver a verle,
ese dios no va a tomarme en serio.
¿Qué puede ganar Dios
en un negocio semejante?
ANÁLISIS
Yo solo tengo el desierto
y no es una parábola:
analítico,
anárquico,
aplanado,
anacoreta,
anatemático,
analéptico,
anagramático,
anacrónico
y análogo,
anaquel anaranjado,
anacoluto,
anamorfósico,
anatómico,
analecta,
anal.
En cana sin una cana,
como una rana,
como badana sin la banana,
en primera plana,
como una anciana,
como su hermana,
o como una enana,
una campana de porcelana,
nada cristiana,
casi fontana,
menos manzana
y algo hortelana,
una membrana tras las persianas.
Cada semana bebo tisana.
Tú, mi villana,
mi cruel tirana,
me da la gana,
no doy la aduana
ni oigo la diana.
Con tantas ganas,
en caravanas casi paganas,
también mundanas,
algo livianas pero tempranas,
un poco ufanas por lo profanas,
cuando desgranas
así tú emanas,
nunca subsanas
aunque engalanas.
Mi querida Ana,
tienes cincuenta y una razones
para anarte.
Yo solo tengo el desierto,
el estoicismo de Hierocles
y la duda y la esperanza
de tus ojos.
ESA
Muchacha linda,
como un pájaro que huye de la noche.
El amor es para ella
y pare de hojas.
El amor es–pera ella,
nadie sabe bien qué.
El amor ex–pira, igual
ella que todas las mujeres.
El amor es–pina.
El amor es pena saludable.
El amor es paranoico,
y yo también.
Esa hija de puta
que me aúlla licántropicamente
a la luna,
a las dos
y a las tres.
Esa muchacha la vitrina.
Esa muchacha la letrina.
Esa, la que gusta a todos,
y a mí también le gusta a todos,
y a mí tampoco gusta a nadie,
y ni siquiera a mí.
Sigo su rastro ocaso,
sigo su rostro acaso,
un lebrel afgano,
y pierdo,
poco importa.
El amor es para mí,
siempre lo mismo da a una puta
que a una santa,
donde el miembro erectado
y el alma son equis distantes.
Entre un hombre y una mujer
hay una puerta cerrada.
Entre un hombre y una puerta
hay un espacio.
Entre un hombre y un espacio
hay un abismo.
Entre un hombre y un abismo
existe,
y más,
persiste la palabra.
Muchacha linda,
como un pájaro que huye de la noche,
es una paradoja innecesaria.
Las mujeres no son su deseo:
hay que acostarse con ellas
y no con su deseo.
Amor trajeado yo de ti,
amor tajada tú de ti,
y tan típicamente,
como un orgasmo cultivado
a fuego lento,
hábiles manos,
dedos,
cuerpo,
como una cama rota,
como un orgasmo,
pétalos y espinas,
como un orgasmo nunca del color de tus
ojos.
Ponlo en el jarrón de la sala.
Cuidado:
no lo vean los vecinos,
mejor entre tus piernas
para que no se seque.
Nada más apropiado
que el calor de tus muslos
y esa tibia humedad de tu garganta.
Entre tu seno y el otro
están mis ojos.
Entre tu escote y mi escroto
está mi pene.
Entre tu sexo y mi boca
está el deseo.
Hay que saber aislar ese deseo tuyo,
hay que saberlo diseccionar,
hay que saberle sonreír.
CUARTO MENGUANTE
Era un cuarto creciente,
era un tiempo menguante,
de entrega aquí y ahora,
de urgencia insobornable.
Era la última vez que nos veríamos.
Tu avión no esperaría por nosotros.
Hace un cuarto de siglo,
en un cuarto de La Habana,
no sé cómo ocurrió,
pero de pronto no teníamos ropa.
Tu vestido de flores
desparramado en el piso.
Tu vestido de flores
desamarrado a tu cuerpo,
hundíéndose,
hurgando en lo profundo
y desde allí clamando a mí,
tan memorioso de esas flores,
amándolas,
amándote,
equivoco gerundio excusable,
dislexia de raíces,
aferrándose a la tierra,
la florecida tierra de la común memoria.
Ay, mi gata, mi gatesa...
como chillabas de placer,
con qué gusto relamías tu lujuria
compartida,
con qué gusto me dejabas montarte,
penetrarte una vez y otra vez
hasta que el siguiente orgasmo
nos separase,
con qué gusto me nombrabas “tu animal”.
No “tu dueño”,
no “tu príncipe”.
Simplemente tu animal.
Era la última vez que nos veríamos.
O al menos, eso fue lo que creímos
hace un cuarto de siglo
en un cuarto de La Habana.
LO QUE ME DIJO UN LOCO
No intentes demostrarle cuánto le amas,
mucho menos cuánto la necesitas.
Ella lo sabe,
pero dejó de importarle.
No compres flores.
Respira hondo.
No te cuestiones por qué te ocurre esto
si eres tan bueno,
si alguna vez
(y aún no hace tanto)
eran felices.
Por supuesto,
bajo ninguna circunstancia
le reclames aquello que hayas sacrificado,
o cuánto dejaste atrás por ella.
Eso sólo podrá hacerte daño,
y además no tiene la menor relevancia,
porque créeme:
si una mujer llega a asumir
que se merece algo mejor
que el hombre con quien se acuesta,
ya no hay bajeza que no pueda cometer,
ya no hay delirio al que no siga.
Dirá que ya nadie va a quererte,
se jactará de que no vas a poder
vivir sin ella,
te gritará en su último portazo,
y vaciando sus pulmones de arrogancia,
que sólo por un error de Dios
es que ella estuvo contigo.
Tú, escucha sus palabras
como quien escucha caer la lluvia,
con la certeza de que al final,
eventualmente, terminará por escampar.
TODAVÍA
Casi la mitad de un siglo en mis costillas,
y todavía soy capaz de pensar
como un adolescente
en una mujer a la que apenas conozco,
de quien solo sé un nombre o dos,
y poco más,
muy poco más que eso.
Todavía soy tan pendejo
de poder alegar
que recuerdo haberla visto
en un remoto paraje de mis sueños,
que naufragué en sus labios hace miles
de años,
que la busco desde entonces
sin alivio ni consuelo,
como si el mismo tribunal
de mi inclemente razón
fuese capaz de absolverme,
como si fuera aceptable
tanta nostalgia del cielo.
ENVIDIA
Tu gato no lo sabe,
pero yo siento envidia
de su más que feliz y felina condición.
Él puede ser testigo de lo que yo
solo intuyo;
puede acompañar tu soledad
desde un rincón,
dormirse a tu vera,
a la vera de tu sueño,
esperarte hecho un ovillo,
escucharse en tu canción,
desperezarse al fin
cuando regreses a casa.
Puede incluso maullar
para decir: te he extrañado,
preguntarte cómo estás,
cómo fue,
cómo ha sido tu jornada,
cómo ha
de ser tu noche.
Puede mirarte de soslayo,
y, cómplice,
escuchar tus profundos silencios,
tus sutiles alaridos,
ronronear de puro gozo,
ronronear complacido
mientras tú le acaricias
y le brindas tu amor.
Observa tu ropa
aterrizar en los muebles,
y te ve andar desnuda
o a medio desvestir,
libre al fin de la farsa
y miradas ajenas.
Impunemente puede engatusarte
y existir
con esa dualidad
de ser otro
y tú misma.
Tu gato marca voraz
su innegociable territorio
al restregarse (todo él)
entre tus piernas,
al lamerte mimoso,
al dejarte su olor
y sus pelos.
Tu gato…
quien fuera tu gato,
tu amante gatuno,
para olvidar por ti
mis nocturnas correrías
por tejados y callejas.
No aceptaría castrarme,
pero sí podaría gozoso
mis espinas
para no lastimar,
y al final de una séptima vida
lamentaría aún el momento
de dejarte.
Tu gato no lo sabe,
pero yo siento envidia.
MISMIDADES
«No tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol»
—Falú y Dávalos—
Tu mismidad
y los recuerdos de ti
no son la misma cosa.
Ella, tu mismidad,
se habrá independizado
de mis recuerdos
en un punto del tiempo y el espacio
que no alcanzo a precisar.
Tal vez nunca vuelvan a sentarse
a la misma mesa
de aquel bar tan nuestro:
tu mismidad,
yo mismo
y mis recuerdos de ti.
Por eso protejo tus recuerdos.
Levanto un muro de defensa,
un muro de piedras tan alto como alcanzo
para que tu impredecible mismidad
no me los mate.
Porque eso es lo importante,
lo realmente importante.
No que seas tú misma,
sino aquello que fuiste,
todo eso que fuiste para mí
alguna vez
y no hace tanto.
VIEJO AMOR
Como un golpe de luz,
así es tu recuerdo,
viejo amor de juventud,
de futuros insensatos e imposibles,
de promesas incumplidas,
de ilusiones que no fueron.
Tan ajeno a esta gris noción de realidad
que la vida nos graba
con un hierro candente.
Mejor tenerte así,
en este no tenerte,
bañada de luz
como un ave en su vuelo.
Mejor reinventarte
en miles de ucronías,
bitácora infinita de saudades.
Como un río,
ese Tajo donde nunca nos vimos,
transcurre
hasta ser mar,
y ser océano
ajeno a nuestra cita
delirante y suicida.
Otro río,
aquel entre tus piernas,
todavía me invoca
justo ahora
cuando empiezo
a transitar el otoño en mi camino.
Como luna creciente,
así es tu boca austral cuando sonríes.
Como erizo de mar,
así es el bosque de tu vientre.
Como el sol al mediodía,
así el calor que abrasa mi memoria
cuando yo me pienso en ti,
mi viejo y dulce amor,
junto a tu piel.
MUCHACHO
Muchacho,
que has estado esperando todo este
tiempo
con tu carita de amigo comprensivo y
sincero,
con tus gestos tan cuidados de cortesía
almibarada,
con tu sonrisa atenta a su más mínimo
capricho,
el momento tan injusto
en que esa hembra quede libre
para lanzarte sobre ella
como lo hace un lobo hambriento,
como lo haría yo mismo
si estuviese en tu lugar.
Muchacho,
que incluso tal vez ni existas todavía,
pero habrás de existir eventualmente,
no hay reproche posible.
Cuando yo la encontré,
ella estaba tan rota
que debí componerle su confianza
y sus sueños
con toda esa ternura que tenía
guardada,
y un poco más aún
que inventé para ella.
Fue mía
y fui de ella
con una entrega
in
so
bor
na
ble.
Sé que estás esperando.
No tendrás que curarle:
yo la curé con creces,
y ella a mí.
Muchacho,
haz lo que tengas que hacer,
pero sobre todo,
y por favor,
nunca,
pero nunca de los jamases,
le hagas daño.
DISTANCIA
Cada día se hará un poco más fácil
extrañarte un poco menos.
Hasta en esto debo darte las gracias;
hasta en este paradójico proceso
de desenamorarnos
por común acuerdo,
de una manera suave,
pactada,
paulatina,
que pudiéramos casi llamar adulta,
minimizando el daño para ambos.
Distancia.
Yo no tenía el estómago preciso
para alejarme de ti de un día para otro.
¿Soy acaso un cobarde?
No lo sé.
Solo constato un hecho,
y es que va siendo más fácil,
tal y como lo pensamos,
lo planeamos.
Distancia.
Entiendo que pudimos disfrutar
de mucho más de todo eso
que creímos al inicio.
Entiendo.
Lo agradezco,
pero igual me cuesta un poco
la distancia.
Me llevará su tiempo todavía
dejar de pensar
en si dormiste bien,
o si sentiste dolor al levantarte,
en si has comido
o si la estás pasando bien.
Distancia.
Me llevará su tiempo
no llamarte “mi amor”
u otras palabras similares
cuando te nombre.
Siempre voy a quererte de algún modo,
y esto,
muy a pesar
de que cada día que pase
se haga un poco más fácil
extrañarte un poco menos.
PARA ESA VIDA QUE RESTA
Dieciséis meses
tratando de separarnos sin mayor éxito,
lamiéndonos las heridas uno al otro,
queriéndonos contra toda esperanza,
fue todo un récord.
Y bueno, finalmente
se impuso el sinsentido común
o un altruismo suicida de mi parte.
Yo declaro,
ante el dios que quiera oírme
a estas alturas,
la muy tremenda obviedad
de que no siempre,
cuando una historia termina,
el dolor está prescrito
como único e inexorable precio
de haber sido feliz.
A veces es más la gratitud.
A veces parte
de esa felicidad
no se evapora,
sino que se recicla
y permanece de algún modo
a tu lado,
sutil y misteriosa,
como un extraño perfume,
como un mantra de paz,
como una luz invisible para todos,
pero dulce, tangible y muy real
en tu alma.
Ha de seguir allí,
sentada a tu vera;
ha de hacer más llevadero tu camino,
como un báculo de ciego,
una brújula,
un poema
o un café compartido en la mañana.
Ha de ser tu casi compañía;
sonreirás al recordar
cuando despiertes solo
y te mires al espejo
y reconozcas en ti
a ese hombre con el don
de inspirar sentimientos tan hermosos
en tan hermosa mujer.
Y sobre todo,
a ese hombre capaz de ser aún leal.
Y no has de pedir menos para ti,
ni habrás tampoco de aceptarlo,
pues no mereces nada
de menor calidad
para tus noches y tus días,
para esa vida que resta
y aún te queda por vivir.
PALABRAS, CUERPO, MEMORIA
Palabras
que pasan a nombrar eso,
hasta entonces innombrado:
lo vivido,
lo sentido,
lo incorporado,
lo incorporeizado
con fuego
en la memoria del cuerpo
despalabrado
que te busca.
Cuerpos desalienándose,
desextrañándose,
desentrañándose,
somatizándose
hasta dejar de ser el uno y el otro;
desmemuriéndose
para volverse unívocos
a vivir.
Memoria
redescubriéndole al fin,
redescribiéndola
y reescribiendo
con el verbo
y por el verbo:
palabras,
cuerpo,
memoria.
A ESTAS HORAS
Mañana, a estas horas,
tocarás a esa puerta
con un suave sonido,
con un toque espaciado,
tal y como lo haces siempre.
Un toc… toc… toc…
poco más que imperceptible.
Abriré sonriendo,
como siempre lo hago
cuando sé que eres tú,
y entrarás en mis brazos,
y el mundo volverá a ser hermoso.
Te quitaré el abrigo,
te quitaré la ropa,
te quitaría la piel si es que pudiera.
Dejaré que mis manos
se extravíen en tu cuerpo.
He de comer tus tetas de paloma
sin temor a indigestarme.
Dejaré que mi lengua
se entremezcle con la tuya.
Luego el cuarto,
luego el lecho,
luego la insobornable ley de gravedad.
Y allí, entre las sábanas,
cabalgaremos
hasta que uno de los dos no pueda más,
y finalmente encontraré sosiego.
Volveré a ser esa persona
llena de amor a la vida,
que no recuerda el dolor ni la amargura,
capaz de sonreír,
capaz de volver a amar…
mañana, a estas horas.
EL QUE AMANECE CONTIGO
Recordaré todo el amor
que me has dado
cuando ya no lo buscaba,
cuando casi había asumido
no merecerle.
Tú,
que sin duda deberías haberte
encontrado
un hombre mejor que yo,
y que tan solo has recibido
la mitad,
o tal vez menos,
de todo eso que soy capaz de dar.
Ante ti,
no sé muy bien cómo excusarme
por ser, en tu experiencia de usuaria,
un producto defectuoso
que no se puede devolver al vendedor:
un hombre cincuentón y sin cuenta,
lacerado por la vida
y con cargas familiares,
para colmo.
Te he podido dar tan poco
y aún me dices que te basta.
Recordaré todo el amor
que me has dado
cuando ya no le buscaba,
y pediré a ese Dios
que está en los cielos,
aunque no creas en él,
que te provea de todo el amor
que no te pude devolver
por circunstancias ajenas a mi propia
voluntad,
cuando esté lejos de ti,
cuando ya no nos podamos apapachar,
cuando sean demasiados los kilómetros
para un abrazo,
cuando yo ya no esté,
cuando ya no sea más
el que amanece contigo.
RÉQUIEM
Déjame recordarnos
en ese punto
en que la vida
tomó la decisión de separarnos,
muy lejos aún
de ese tramo del camino
en que la pasión se extingue
y solo quedan cenizas.
Y acuso a la vida…
en realidad, por decir algo.
Déjame recordarte
en aquel cuarto surrealista,
como si un hada de cuentos
hubiese petrificado nuestras risas,
las comidas,
nuestro vino,
tanta complicidad,
nuestras tareas y obsesiones comunes,
los proyectos incumplidos,
la alegría de vivir
que uno al otro remendamos
con paciencia y cariño.
Déjame recordarme
como si aquel disfraz
que me ayudaste a crear
para alguno de mis locos aquelarres
se me hubiese quedado incorporado a la
cabeza
y ya nunca más hubiera podido
removerlo.
Déjame recordarte
en tus guitarras colgantes de Babilonia,
en tus versos,
tu café
y en tantas pequeñas cosas
con las que acostumbrabas asombrarme
sin ton ni son,
tan a menudo,
y que siempre me dejaban intrigado
de que a ti se te ocurriese
mejor que a mí
lo que podía servirme.
Déjame recordarnos
en tus besitos de buenos días,
que ya no llegan,
y que siempre voy a echar de menos.
EL HAMBRE DEL CORAZÓN
Es una triste verdad
que buscar es la mejor manera
de no encontrar nada.
Es esta la lucidez
que nos aporta aceptar
que no tendremos aquello que nos falta;
aquello cuya ausencia
podemos incluso llegar a olvidar.
La gente lo disfraza de mil maneras,
pero el hambre del corazón persiste,
y está allí,
como el polvo bajo la alfombra.
El amor es una extraña serendipia.
Al hambre del corazón
no se la puede saciar
con migajas.
ESAS
Me gustan las mujeres,
las de ovarios bien puestos,
maltratadas por la vida
o, al menos, curtidas,
bien curtidas por ella.
Esas,
las rotas,
las rehechas,
las que tienen alguna historia
que contar de redención personal
e intransferible.
Mujeres
que conozcan el precio,
a veces justo
y a veces tan injusto,
del amor.
Mujeres
que estén dispuestas a pagarlo.
Respeto sus cicatrices,
me conduelo en sus miserias.
Me gusta aprender
de lo que hayan aprendido.
Esas,
las que vienen de vuelta.
No me acuesto con pendejas.
UN CAMBIO DE HÁBITOS
Todo es cuestión de desacostumbrarse,
un cambio de hábitos,
una nueva rutina.
Por ejemplo, esta mañana,
sin ir más lejos,
al despertarme
tuve aún como el eco de tu nombre.
Ya sabes,
soy un zombi si me falta el café,
y soy no sé muy bien qué cosa
ahora que ya me faltas
a tiempo completo
y sin ningún atenuante.
Procuré levantarme de la cama
con el fin de preparar el cafecito
que nadie nos traerá,
ya que el criado Jaime (no sé si te conté)
sigue de vacaciones.
Pero, instintivamente,
busqué el teléfono
mucho antes de poder
llegar
a hacerlo (levantarme)
y… nada.
Ningún mensaje tuyo.
Ni siquiera por error,
ni siquiera borrado.
Nada.
Durante el resto del día
me consta
que habré de hacerlo varias veces
con distinto pretexto
pero idéntico fin:
buscar el puto teléfono
a ver si tienes algo nuevo que decirme.
Pero sé que no habrá nada,
y ni siquiera estoy
lo que se puede decir triste;
solo digo lo que intuyo.
Tal vez mañana
y el día después de mañana,
y ese que venga después del día después
de mañana,
volveré al mismo ritual,
hasta que tu carita,
en alguno de esos tantos
mañanas venideros,
no represente más
que una de tantas caritas
en el infame libro de las caras.
Y yo…
solo un idiota
que no cree en los milagros,
pero a veces los espera.
Todo es cuestión de desacostumbrarse.
ANTITERAPIA
Termina de asumir
que no está mal
necesitar de alguien,
extrañarle si no está,
sufrir su ausencia
si esa persona te falta.
No se está enfermo por eso.
No sientas vergüenza.
No te autoayudes.
No te inmunices de la tristeza.
Acéptala:
es tu adversaria existencial,
y lucha (sí, por supuesto, lucha)
contra ella,
porque debes vencerle,
ganarle a pulso.
Pero no seas tan arrogante,
tan comepinga,
tan poca cosa
como para suponer
que ella no debe existir.
Porque ese estado
de beatitud postmoderna,
aséptica,
emoticona,
sonripendeja,
no es sostenible
y ha de pasarte
la más vil de las facturas.
Lo normal (si es que hay algo normal)
es que la gente se necesite
los unos a los otros
la mayor parte del tiempo.
Es eso,
y no otra cosa,
aquello que te hace humano.
A ESA MUJER
Si por alguna de esas casualidades de la
vida
usted se la encontrase,
no me juzgue,
no malgaste su tiempo.
Yo tampoco puedo darle una razón
de por qué he dedicado un poema tras
otro
a esa mujer,
ni cómo pudo,
con tan poco,
tan poquísimo
esfuerzo de su parte,
volverme a hacer sentir
cosas de adolescente
en la quieta inquietud,
en la modorra
post-relativa del otoño.
Solo me le dice,
por favor,
que una parte de mí
se lo agradece.
MAÑANA
Mañana,
cuando estés encamada con otro
y yo descubra una mujer cualquiera
entre mis brazos,
puede pasar quizá
que de repente,
de pronto,
out of the blue,
como quien dice,
lleguemos a acordarnos
el uno (sin) del otro.
Es posible,
totalmente irrelevante,
pero sí,
es muy probable
que ese eco en la memoria nos visite:
eco de lo pasado,
de un tiempo ausente,
que no va a servirme de nada
ni a ti tampoco.
AL MENOS ESO
«Con este amor clavado en mí
como una maldición».
En mis horas de vigilia
no hay nada que te recuerde.
Hace mucho
que perdí la costumbre de buscarte,
de indagar cómo te ha ido,
incluso de preocuparme
si estás bien
o, al menos, de si estás.
Sufrí mucho por vos,
mucho más de lo que puedas imaginarte.
Transité cada metro de dolor,
cada tramo de calvario,
luchando contra mí mismo
al obligarme a desear para ti
toda esa felicidad
que nos quitaste
en alas de otro amor,
abrupta,
casi alevosamente,
en el momento en el que más ardía
eso que luego tendrías tú a bien definir
como un tórrido romance.
Algunas mujeres
que hayan sufrido un aborto espontáneo
después de haberle dado incluso nombre
a la criatura que no llegó a nacer,
después de haberle dormido entre sus
brazos
cantándole alguna nana
en un futuro destinado a no ser,
podrán darte una idea
de lo que pude haber sentido.
Tratamos de ser amigos:
lo intentamos,
no pudo ser.
Fue meritorio el empeño,
pero hay cosas que nos trascienden.
En mis horas de vigilia
no hay nada que te recuerde.
Tu nombre es un eco muy lejano
de alguien que conocí,
de una mujer a la que amé
y que tal vez también me amase
antes de sacar sus cuentas.
El resto es historia antigua.
Sé que no hay nada en ti de esa persona,
que ha llovido mucho,
como en la tarde gris
de aquel último tango.
Sé que no hay nada.
Solo cuando me duermo,
de vez en cuando,
apareces.
Mis ojos al cerrar
te ven igual que ayer
y volvés a sonreír,
y volvemos a cebar
mucho más que mil besos,
mucho más.
Volvés a devorarme
con esos ojos tuyos
que al mirar acarician.
No,
no quiero que aparezcas en mis sueños.
No tenés mi permiso para estar.
Y si acaso no podés dejar de hacerlo,
al menos vestíte (sic), por favor.
Al menos eso.
TABLAS
Qué regalo me brindas
al entregarte así,
tan limpia,
tan entera,
tan hembra,
y no dejarme otra opción
excepto amarte,
mujer,
excepto amarte.
Y mientras te piensa
exhaustiva mi mente
divaga y vuelvo a ser martillo
hundiéndome en tus grietas,
y vuelvo a estar en ti,
volvemos a ser uno,
en este mismo sofá
donde ahora juegan mis hijos.
Excluyendo la cama de dormir
donde el resto de mortales
usualmente se aparea,
hicimos el amor en cada sitio
que se pudo
de esta casa.
Atado a mi su cuerpo,
atado al suyo el mío,
volamos,
hay que aceptarlo,
aunque sea un lugar común,
ardimos
como la vela
y el fuego
sin llegar a consumirnos.
Fui Odiseo sin amarras
y dejé atrás mi barco,
y olvidé mi reino.
Me entregué a la sirena
y cantamos sus canciones
mientras tuvimos aliento.
Fui devorado palmo a palmo
por su hambrienta,
por su amorosa boca,
fui devuelto a la vida
y no la quiero sin ella.
Qué cosa tierna
verte en el fondo
de sus ojos que acarician
y escuchar su hermosa voz
nombrándote,
pidiendo
entre susurros más amor,
papi,
más amor,
todo el que tengas
allí donde la bestia y lo divino
son ya uno
y para siempre
sin dejar de ser dos,
hombre y mujer,
como al principio.
Qué circunstancia deliciosa
sentirte tan viril
como un potro salvaje
machiembrado a su yegua enfebrecida
y a la vez tan pequeño
y a la vez tan frágil
como un niño
al que su madre
da cobija en el abrazo.
Qué gramática feliz
amarte así,
rotundamente,
en el pretérito perfecto (no puedo decir
menos)
compuesto (por nosotros)
del modo indicativo
y no en ese elusivo,
nebuloso,
antipático,
tiempo pluscuamperfecto
del modo subjuntivo.
Lo declaramos tablas, amor,
lo declaramos tablas.
POEMA DE AMOR A LA MUJER
X201711A71M04D10
Mujer equis dos cero uno siete
once á siete uno eme
cero cuatro
dé diez:
como tú bien decías,
si queremos a alguien,
ello implica muchas veces
tener que apartarnos
si sabemos que no será feliz
con nosotros.
Yo he cumplido mi parte,
mujer equis dos cero
uno siete
once á siete
uno:
busca,
lleno de esperanzas,
miro en otra dirección cada vez que se
cruzan
nuestras miradas,
y no es que te tenga miedo,
ni mucho menos,
mujer equis dos cero
uno,
va arrastrándose entre espinas,
eme cero cuatro dé
uno diez
se quedó sin corazón,
pero sí,
me tengo miedo.
Como dos perros, mujer,
como dos perros
tendrían que echarnos agua,
agua caliente, mujer,
como dos perros,
para poder separarnos.
TE DEJO IR
Hoy ya lo puedo decir:
que al fin te dejo ir
en paz y sin duelo.
Nuestras horas de amor
han dejado de hacer sombras
en los muros de mi mente.
Los días en que ese espacio común
era habitable y habitado
anochecieron.
Son un lejano rumor
en su trayecto hacia el olvido.
Silencio casi,
espejismo de futuro,
cicatriz del pasado.
No hay otra mujer.
Mi soledad
se estira como un gato
para que le acaricie.
Ya no huyo de ella.
Puede quedarse
todo el tiempo que desee.
Hoy terminé por entender
lo que hace rato debía:
que no puede hallarse vida
en un cadáver.
Buen viaje hacia la nada, amor.
Te dejo ir
en paz y sin duelo.
SOLEDAD
Dije a mi soledad:
no te esperaba,
no te he echado de menos,
no pensé volver a verte.
Tonto, mil veces tonto, —respondió—
yo no soy una mujer de carne y hueso.
Puedes llamarme tu sombra,
si eso te place,
tu mismísima sombra llamarme puedes.
Nunca habré de abandonarte,
nunca,
y muy a pesar de ti.
Yo siempre estaré a tu lado.
GRACIAS
Me basta que estás ahí afuera,
en algún sitio,
exactamente tal y como has siempre
habitado mis sueños,
los más indomesticados,
los más hermosos y absurdos.
Que eres palpable,
corpórea,
que podrás ser entre mis brazos,
que ocupas un lugar
cuantificable del universo.
Que aún podré mirar tus ojos
y verme allí,
feliz,
un hombre quizá mejor
o al menos,
más que posible,
real
en ese jardín secreto
de tus pupilas.
TAL CUAL SON TUS OJOS
Tantas veces lo habremos dicho
que en cierto punto
parecería francamente banal
volver a repetirlo.
Cierto.
La misma frase,
las mismas cinco letras,
no importa cuánto fueron ya usadas
y en ese mismo preciso orden sintáctico,
apocalíptico,
paradigmático,
nos vuelven a decir,
intentan expresar eso que sólo
ellas pueden.
Es esa la magia
de haber sido verdad todas las veces.
No leas más de lo que dice
cuando yo digo que te amo.
No soy Dios,
sólo siento las cosas
y me ocupo de escribirlas
del mejor modo que sé.
No puedo demostrarlo científicamente.
No encuentro una mejor manera
que estas toscas,
dulces palabras.
La misma frase,
las mismas cinco letras
en nuestro idioma
para contarte la palpable
sensación
de que es hermoso el mundo,
un lugar tan hermoso
tal cual son tus ojos.
Y quizá un poco menos.
Definitivamente un poco menos.
TAN LEJOS COMO TU BOCA
Como un muñeco de cuerda
estoy parado en el medio
de mis obligaciones
cuando no sé de ti.
Me siento incómodo sin razón aparente,
volátil e irascible
como una mujer menstruante.
En teoría,
el operario
de una máquina de imprimir serigrafía
automática
no debiera tener más pensamientos
que aquellos relacionados con su empleo.
Y sin embargo,
no me puede importar menos
todo aquello que normalmente
me importa.
No es tu culpa
ni la mía.
No quisiera extrañarte
pero te extraño.
Ni me quejo tampoco,
sólo informo de este hecho
a las instancias pertinentes.
Te informo
por si un día
se te ocurriese pensar
que no te pienso.
Me dedico a tejer anagramas
con las letras de tu nombre
mientras mis manos ejecutan
la operación mecánica
y repetida hasta la náusea
de colocar la prenda
que habrá de ser impresa
de inmediato
en la paleta
que impaciente me espera
para recomenzar su frenética danza.
Es incómodo tener la mente lejos
del trabajo.
Se necesita la atención
de que ahora mismo carezco.
Mi cabeza está tan lejos,
tan lejos como tu boca,
sorteando el precipicio de tus labios.
Aquí se le conoce a tal estado mental
con el aséptico nombre de dependencia
afectiva.
Allá lejos
tiene un nombre más vulgar.
En cualquier caso
voy a tener que poner de mi parte.
DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
Y sí,
por escrito lo confieso,
me erotiza mucho más
(pero muchísimo más)
ver tu blúmer colgando,
cara al sol,
mudo testigo de humedades,
detonante perverso
de innombrables fantasías,
puesto a secar con sus huequitos
consabidos,
casi, casi imperceptibles,
diminutos,
indiscretos,
provocados por el uso de tus días
y tus noches,
por el tiempo
y sucesivos restriegues de rigor
en una gris lavadora
rusa y más que rusa,
soviética,
por no decir antediluviana.
No me creerías, amor.
Lo sé, lo acepto, entiendo.
Seguramente pensarás
que ya deliro,
que me falta algún tornillo, tal vez dos,
que aún no he visto esa hermosa lencería
con finísimo encaje,
esa muestra tan perfecta de seducción
erectógena
adquirida por ti en algún descuento
de tu boutique favorita
y que guardas tan celosamente
para ocasiones especiales,
para aquel afortunado al que permitas
habitar de polizón en alguna de tus
noches.
Soy de la vieja escuela.
Quizá deba decir retrosexual
para poder entendernos,
ya que la fiebre de la taxonomía
está de vuelta en ese espacio
intaxonomizable del deseo.
Soy anterior a la industria
del pornomegapixel,
no me cuido las uñas,
y me importa un comino
lo que se pueda estar llevando
este verano.
Dentro de este humilde cuarto
sólo se estila la carne
violentamente desnuda.
Desvístete,
tengo hambre.
SIN IR MÁS LEJOS
¿Dónde se encuentra ese límite impreciso
entre el poema y eso otro,
lo impronunciable,
lo indecente,
lo meramente vulgar,
lo (...) explícito?
Me faltan las respuestas,
aunque puede existir en mi defensa
una especie de hilo conductor,
una pequeña y diminuta piedra,
después otra
y aún otra
quizás hasta llegar a ser camino,
hasta llegar a ser costilla
y un vacío a mi costado.
Y es que en todas y cada una
de esas palabras
que he escrito
sobre,
bajo,
dentro
y aún más adentro
(hasta perderme en su médula,
en sus huesos,
y en la más última de sus células)
y afuera, ¿por qué no?,
también afuera y en torno,
acerca de las mujeres que nunca tuve,
que me quisieron,
a las que quise,
y esa a quien siempre
voy a amar,
a la mujer sin ir más lejos,
hay siempre una pregunta,
una implícita pregunta por su alma.
No es sólo carne,
aunque haya sido
y aunque sea carne
también.
PARA LLEGAR A BUEN PUERTO
La triste realidad
es que si amas a una mujer
probablemente terminarás por perderla,
porque para amar a una mujer
no bastan los sentimientos.
A veces también se necesitan,
para llegar a buen puerto,
la astucia de una alcahueta veterana,
el desapego relativo de un maricón
y la maldad de un macarra.
RECURRENCIA
De un sueño:
la flamígera puerta,
la herida palpitante,
el caricioso tajo
abierto al sur de tu monte,
también llamado de Venus.
PARADIGMAS
Mantenida como una reina,
adorada como una diosa,
follada como una puta.
Tales son tus paradigmas de bienestar,
mujer.
Haré lo que pueda
con semejante trilema.
DEL MISMO MODO
Me imagino
que de ese mismo modo
en que aprendieron los judíos
a vivir con la triste,
la dolorosa consciencia
de que el templo
ya no existía,
me imagino
que también,
del mismo modo,
aprendí a vivir
yo sin ti.
NOCHE
Vivo en el sueño
de una mujer dormida.
Vivo en su sueño
y cuando se despierta,
muero
y aún renazco otra vez
en cada una de sus noches.
POEMA A UNA MUJER DE OLVIDADO NOMBRE
Menos tu nombre, vuelve todo a mi mente
menos tu nombre; y trato, de recordarle
mas en vano. Me esfuerzo por encontrarle.
Se me pierde, se diluye entre la gente
que alguna vez conocí y hoy desconozco.
Ese nombre repetido que yo amaba
eco antiguo de una voz donde habitaba
tu presencia, el mutuo ayer. Yo le conozco
pero piérdense las letras si me acerco
a atrapar aquel deseo que hoy me muerde
absurdo y voraz, anacrónico y terco,
primavera, memoria, otoño del hombre.
Que increíble la ironía, que recuerde
tantas cosas, oh mujer, menos tu nombre.
PIEDRA EN EL AGUA
Como una piedra en el agua
hoy cae, digo tu nombre,
sale así, no es que me asombre,
rompe el líquido cristal;
ondas concéntricas traza,
más amplias según se alejan,
desaparecen, no dejan
huella ninguna al final.
Aún tu fantasma está en casa,
desnudo sobre mi lecho,
duele tu ausencia en mi pecho
tan Malenamente mal.
Mucho más ha de doler
sin que ya espere respuesta,
y aunque olvidarte me cuesta,
piedra y nombre traga el agua,
desapareces, mujer.
TERAPIA CONDUCTUAL
Aunque al final,
por estar solo,
te comas todo
(lo tuyo y lo de ella),
siempre prepara
dos platos.
Así tu yo,
que no es consciente
de sí mismo,
no olvidará
que estamos hechos
para eso:
para ser dos,
muy a pesar de ser uno.
Come despacio,
disfrútalo,
imagina su sonrisa
agradecida
y saciada
después del mañanero.
Recuerda
cuán agradable es compartir
la vida y las mañanas
con alguien,
y ve al trabajo
con la mejor actitud,
pues la comida
no se compra ella sola.
LEJOS DEL EDÉN
Si, como el Génesis cuenta,
fuimos un día creados
hombre y mujer, expulsados
del jardín como una afrenta;
la Biblia así lo comenta,
aunque es preciso anotar
que, reinventando el amar,
a aquel Edén retornamos
cuando, uno al otro, nos damos
razón para respirar.
Paradoja donde el dar
es recibir a la vez,
donde morir al revés
semeja un resucitar,
perderse para encontrar
tan simple y supremo bien
que se articula en el quién
más que en el cómo y el cuándo,
gerundio de amar, amando
cerca y lejos del Edén.
IMPERFECCIÓN
Hombres perfectos
no buscan a mujeres,
ni buscan a los hombres
las mujeres perfectas.
Quedamos a mano.
LA SOLEDAD DE DIOS
Cuando dicen que creó
al hombre a su semejanza
pareciera una esperanza
pensar que aquel nos moldeó
como un espejo y nos dio
algo de esencia divina,
que la materia mezquina
tiene un algo de su huella,
que guarda un poco de estrella
nuestra ilusión peregrina.
Como el artista imagina
y busca la perfección
no se olvidó la afección,
forma le dió femenina
el Dios, que igual dictamina
que en vez de uno sean dos.
Al sufrir por cada adiós
y aún sentirte miserable,
piensa que habrá comparable
a la soledad de Dios.
EPÍLOGO PARA LLEGAR A ALGÚN SITIO
Para a algún sitio llegar
salimos un día al mundo
y en ese andar vagabundo
buscábamos algo hallar.
Serendipias del andar,
confundimos un molino
con un gigante; el camino
nos entregó su enseñanza:
que la pluma sea tu lanza
si escribir es tu destino.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment