A MODO DE DEDICATORIA
Son mis poemas migrantes,
como su nombre lo indica,
testimonio que me implica,
compendio de mil instantes
de una vida, trashumantes
estéticas, obsesiones
donde he habitado, pasiones
de esas que no tienen cura,
el beso de la locura,
del amor las decepciones.
Entiendo que te cuestiones
si es que le falta coherencia
a este espejo de impaciencia,
luto, gozo, transgresiones.
Viví así mis migraciones
de país, creencia, verso.
Le parí con mucho esfuerzo
al libro que está en tus manos;
versos de exilio y cubanos
isla, patria y universo.
No lo entrego al multiverso
ni tampoco al activista,
al voraz proselitista
o a la moneda y su anverso.
Este libro tan diverso
lo entrego para leer
a aquel que sienta placer
todavía en la poesía,
al hijo del alma mía
y a la próxima mujer.
Y si a cosas del querer
es a lo que uno dedica
el libro que se publica
despues de darle taller,
se lo doy como ha de ser
a aquel que partió conmigo
su pan, y que me dio abrigo
en lo crudo del invierno.
Mi libro, abrazo fraterno,
entrégolo al buen amigo.
PRÓLOGO
Para contar, uno siempre necesita deconstruirse. «¿Cómo llegamos hasta este punto donde estamos?», nos preguntamos. A partir de ahí, el pensamiento nos lleva por los vericuetos de la memoria, y con ella vamos a los momentos, los retazos que nos hacen ser quienes somos. Como diría Milán Kundera: ¿qué somos, si no este poema? Este conjunto de textos que tienes en las manos, poemas de A ningún sitio, es precisamente la materia que queda después de esa deconstrucción; son los ecos de las experiencias de Adrián Valdés Montalván, un poeta que conocí hace más de veinticinco años, en medio de la prestidigitación de la supervivencia a la que estábamos condenados.
Compartimos durante años libros, análisis y libaciones, y he tenido el gusto de participar en sus lecturas, incluso ya fuera de nuestro país de origen. Como observador privilegiado, he visto su periplo personal y literario, y he seguido su creación desde aquellas caricaturas que esbozaba rápidamente en papel, al borde del malecón habanero; su descarnalidad bukowskiana, sus desarraigos y su desaprender, hasta la sublimación de su orfebrería poética, un inesperado abrazo a la rima y la consonancia.
Todas las miradas de la poesía son siempre muy íntimas, y aquí no será menos. Adrián nos lleva en su odiséico viaje y nos deposita en ese mismo punto en el que está él ahora, para cuestionar todo nuestro derredor. Esa resistencia al olvido, mediante el eco de lo vivido, se configura esta vez en la conjunción de lo que veo como cuatro poemarios en uno, que hilan el tejido de la contemporaneidad, al vaivén del nóstos y el algos, atrapando los instantes de nuestros seres actuales.
En humildísimo homenaje a sus ancestros poéticos, estamos en presencia de una simbiosis de su poesía conversacional trashumante en constante mutación que halla su mejor nicho en versos “insistenciales”, ultraexplícitos, tálamocéntricos, postmofóbicos y antisociales.
El uso de grafismos, presentes en ese quevedesco El asterisco y en el guiño girondesco de Muchacho, corroboran el estilo visual de Valdés, como confesando su temprana formación como artista gráfico graduado en la prestigiosa Academia de Bellas Artes San Alejandro de La Habana. Así desfilarán ante ti pseudo-haikus, décimas espinelas, sonetos, romances, cuartetos, ecos de octava real apócrifa y hasta una silva (estructura que alterna versos heptasílabos y endecasílabos), perfectamente imperfectos como la vida misma, carne a punto de cancelación.
En estos tiempos en los que tan de moda están los modelos de lenguaje natural y otros algoritmos anti-creatividad “diabólicos”, la poesía, en ocasiones métrico-transgresora, contenida en A ningún sitio, es una suerte de menú degustativo para contrarrestar los síntomas de la nueva barbarie de la que Alessandro Baricco nos avisaba.
Félix E. Varela
A Coruña, Diciembre de 2025
TORONTO NO CREE EN LÁGRIMAS
Poemas insistenciales
Toronto no cree en lágrimas
POEMAS DEL DESEO INDISCRETO
No aptos para menores
Poemas del deseo indiscreto
POSTMOFOBIA
Poemas antisociales
Postmofobia
EL HAMBRE DEL CORAZÓN
Poemas talamocéntricos
El hambre del corazón
ADRIÁN, EL OTRO
Hace casi veinte años que nos conocemos. Nos vemos poco, pero hablamos todos los días. Él me envía sus poemas y quiere saber qué pienso de ellos; rara vez los encuentro menos que brillantes. Ahora me ha pedido que escriba un texto para su tercer libro. Y acepté con gusto, porque es un privilegio presenciar la evolución de alguien que ama su oficio hasta el extremo de dedicarle todo su tiempo, toda su energía, toda su obstinación a ese ejercicio tan inútil —y tan necesario— que es la poesía. Hay oficios que dan dinero. Hay ejercicios que otorgan fama. Y otros, simplemente, dan placer. No sé en cuál de estas categorías caerá este nuevo libro para el querido Adrián. Tal vez el futuro le regale alguna de esas recompensas, o tal vez ninguna. Pero de algo estoy seguro: ninguno de estos poemas fue escrito con esas gratificaciones en mente. Fueron escritos porque Adrián no puede, ni quiere, ni sabe —ni quiere aprender— a hacer otra cosa que escribir poesía. Y en esa obstinación, a veces, se encuentra la llave de la excelencia.
Pedro Carbajal
Quebec, Diciembre de 2025

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